Capítulo 2

Se sentaron frente a la mesa del jardín y John no pudo evitar seguirlos. Sabía que su hermana estaba molesta por su presencia y quizás también un poco confundida por su comportamiento... pero no podía evitarlo. No sabía si aquello era un síntoma de una enfermedad o era a causa de las continuas transformaciones, sin embargo, no iba... no podía alejarse de él. Los observó sentarse el uno junto al otro y aunque era una distancia que podría considerarse normal entre dos compañeros, a John le incomodó un poco. Así que él se colocó en medio de ellos y descasó su hocico sobre el regazo del joven. Sherlock le sonrió y le acarició la cabeza. Y John se dio cuenta de que podía quedarse así todo el día si era necesario.

Tal vez se estaba volviendo loco.

Ya vete. Insistió su hermana. Puedo cuidarme sola.

No. Se sintió más molesto de lo que debería e instintivamente, se acercó más a Sherlock. Con su hermosa voz profunda, comenzó a explicarle a Harry cómo resolver una de las ecuaciones que tenía en un problema.

Creí que habías dicho que te agradaba. Espetó ella, una vez que terminó de hacer el ejercicio correctamente. Sherlock le sonrió y el malhumor de John aumentó; se suponía que esa sonrisa era sólo para él.

Sí, me agrada. Le respondió él, quizás con demasiada brusquedad.

¿Entonces? ¿Por qué no te vas de una vez? Volvió a insistir Harry.

No quiero. Soltó, tenso. Sin embargo, cuando sintió que Sherlock lo comenzaba a acariciar de nuevo se relajó. Observó atentamente su rostro, olvidándose de que estaba hablando con su hermana. Casi podía sentir que lo miraba con curiosidad.

¿Por qué quieres quedarte sola con él? Le preguntó, de pronto, después de un rato. No había podido contenerse, por más que quiso.

Casi la escuchó gruñir mentalmente.

No me interesa quedarme sola con él, ¿por qué no lo entiendes? Sólo quiero que me trates como un adulto. Dijo ella, molesta.

Eso lo hizo sentirse mucho más tranquilo.

Aún así no me voy a mover de aquí. Respondió él; Harry frunció el ceño y cerró la conexión mental.

John se la pasó el resto de la tarde, escuchando la profunda voz de Sherlock, aunque sólo la usara para hablar con su hermana.

-Es suficiente por hoy -dijo Sherlock cuando se dio cuenta de que se acercaba el anochecer-. Creo que si regreso la próxima semana, podremos avanzar más con las derivaciones e integraciones.

¿La próxima semana? John se sintió un tanto extraño al saber que tendría que esperar todo ese tiempo para volver a verlo.

Dile que regrese pasado mañana.

¿Qué? Harry se sobresaltó al escuchar aquella voz en su cabeza, apremiante, desesperada. Se giró para observar al lobo que, permanecía cerca de Sherlock.

John se alegró de estar en aquella forma, porque si estuviera en su cuerpo humano probablemente se habría ruborizado en ese momento.

Quiero decir... tú misma me comentaste que pasar esta materia era muy importante para ti, así que es mejor que lo tomes con seriedad. Es necesario que todo te quede claro para puedas aprobar tus exámenes. Esperaba haber sonado convincente, esperaba que su mentira funcionara y que su ansiedad no se notara en sus palabras.

Harry arqueó una ceja hacia él, dubitativa. Sin embargo, ella debía sentirse un poco insegura con respecto a sus conocimientos, porque le concedió la razón.

-Estaba pensando... que tal vez sería mejor si vinieras pasado mañana. Todavía tengo problemas con las ecuaciones diferenciales -dijo Harry.

Sherlock pareció pensarlo unos momentos.

-Está bien -dijo, al final. Se despidió de ella y se agachó nuevamente para acariciar a John. A él le costó toda su voluntad para contenerse y no seguirlo hasta su casa.

-¿Me podrías decir qué fue todo eso? -Preguntó Harry, una vez que el abrigo de Sherlock desapareció de su vista-. ¿Qué es lo que te sucede, John?

Nada, no es nada. Dijo y se dirigió a la casa, para transformarse de nuevo y encerrarse en su cuarto. Lo cierto era que ni siquiera él sabía lo que le pasaba.


Síntomas. Sí eran síntomas de... No, no podía ser. John se removió en la cama, estaba terriblemente cansado; no había dormido en toda la noche pensando en Sherlock. Se levantó bruscamente y se dirigió al baño a mojarse la cara.

-Te ves muy mal.

-Gracias, Harriet, yo también te quiero -gruñó John, antes de sentarse a la mesa. Ni siquiera tenía hambre, pero quería esforzarse; necesitaba energía.

-No, lo digo en serio -insistió ella-. ¿Estás enfermo?

-No -respondió, aunque ya no estaba seguro. Tal vez sí.

Harry se encogió de hombros; podía insistir, pero sabía que su hermano no le confesaría nada. Al ser el mayor, sentía que todo podía resolverlo solo.

-Ya me voy, te veo luego -dijo ella, antes de darle una última mordida a su pan tostado.

-¿Lo vas a ver otra vez? -Le preguntó John, antes de que ella pudiera salir. Se mordió el labio, sabiendo que no debía de ser evidente. Pero no podía controlarse, sentía envidia de Harry porque ella tenía oportunidad de verlo todos los días.

Ella resopló.

-¿Otra vez con eso? Ya te dije, es sólo mi tutor. Además ni siquiera va en mi grupo, está un grado más abajo que yo.

-Si es así, ¿entonces por qué lo asignaron como tu tutor?

-Porque, por si no te has dado cuenta, es brillante. Es por eso por lo que tiene tantos problemas, se aburre demasiado. Bueno, eso es lo que he escuchado.

John sonrió. Por supuesto que había notado que era muy inteligente.

-¿Qué te sucede? -Preguntó Harry, de pronto, mucho más preocupada que antes.

-¿De qué hablas?

-Tu cara.

-¿Qué tiene mi cara?

-Estás sonriendo, John.

-¿Y? ¿Ni siquiera puedo sonreír?

-Sí, pero nunca te había visto así... -ella hizo una mueca- Estás sonriendo como idiota. ¿En qué estabas pensando?

John se ruborizó.

-En... nada. Nada importante -dijo, aclarándose la garganta.

-Mientes.

-¿No se te hace tarde para llegar a la universidad?

Harry suspiró.

-Tienes razón. Pero eso no significa que esta conversación se acabó, hermano. Tú me estás ocultando algo.

-Adiós, Harry. Te veo en la tarde.


No pudo soportarlo mucho tiempo. Habían pasado dos horas, quizá más, pero ya no podía concentrarse. Así que se transformó nuevamente. Tal vez salir de caza lo animaría un poco, pensó... Sólo que su cuerpo lo traicionó y cuando se dio cuenta, había llegado a la universidad donde estudiaba Harry, sólo que no la estaba buscando a ella.

Sin dar tiempo a que los estudiantes reaccionaran a su presencia, logró entrar. No necesitaba saber dónde se encontraba Sherlock; tenía grabado su delicioso aroma en la memoria, sólo tenía que rastrearlo. Y resultó increíblemente sencillo, como si aquel aroma lo invitara a seguirlo, era como seguir un hilo dorado, incandescente, entre muchos otros grises, opacos, que no le interesaban.

-¿John? -Harry parpadeó varias veces al ver al lobo gris, en los pasillos de la escuela-. ¡No puedo creer que me siguieras hasta aquí!

Pero ella no pudo decir más, porque el lobo siguió trotando, olfateando el aire, como si tuviera una presa fija en la mente. Tal vez, después de todo, sí era como ir de cacería.

Entró a una de las aulas; escuchó la risa y la sorpresa de los alumnos y ninguna de aquellas reacciones le importó. Se colocó al lado de una de las bancas y subió sus patas delanteras sobre las piernas de un joven de cabello oscuro y rizado.

-Hola, John -lo saludó Sherlock, divertido. El lobo agitó la cola y le lamió el rostro. Muchas de las jóvenes a su alrededor se enternecieron.

-Señor Holmes, podría sacar a su perro del salón de clase...

-¡Es mío, profesor! -Exclamó Harry, trastabillando al entrar. Tenía el rostro encendido-. ¡Lo siento, lo siento! ¡John, ven aquí!

Pero el lobo no parecía tener intenciones de separarse de Sherlock. La joven se acercó a él, pero éste no hizo por moverse.

-John, por favor...

Sherlock se puso de pie, al ver que el lobo parecía dispuesto a ignorar a Harry, así que se dirigió a la salida. Inmediatamente, el animal lo siguió.

-Gracias, Sherlock. De verdad no tengo idea de lo que le sucede últimamente -dijo Harry, una vez que se encontraron en el pasillo-. Siento que te haya causado molestias.

Sherlock negó con la cabeza, como si le quitara importancia al asunto y acarició al lobo nuevamente.

-¡Sherlock! -exclamó una chica rubia al otro lado del corredor-. ¡Te he estado buscando todo el día!

-¿Qué sucede? -Preguntó él sin darle mucha importancia.

La joven se acercó a ellos y saludó a Harry rápidamente, sin prestarle mucha atención al lobo que se encontraba cerca.

-Ya que ahora te convertiste en tutor, me preguntaba si podrías ayudarme uno de estos días -dijo ella, acomodándose su largo cabello-, no soy muy buena en matemáticas y pensé que tú...

Pero pasaron muchas cosas en ese momento. La joven, que se iba acercando a él conforme hablaba, extendió su brazo hacia Sherlock, para tocar su mejilla, sin embargo, antes de que su palpa hiciera contacto con la piel de él, el lobo gris se puso entre ellos y le mostró una hilera de sus afilados dientes.

John, detente. Le advirtió su hermana, pero él no le hizo caso. No quería lastimar a la joven, sólo quería que se alejara.

Y funcionó, porque ella soltó un grito y se hizo hacia atrás.

-No te asustes -le dijo Harry-, no te va a morder.

Te estás comportando como un cachorro, John. Por favor, basta.

-Creo que tengo que irme -dijo la rubia y se marchó lo más rápido que pudo.

Sherlock observó todo atentamente, como si estuviera fascinado por aquel comportamiento.

El lobo todavía estaba tenso, como si esperara que alguien más se acercara en cualquier momento. Sherlock se agachó para tocarlo de nuevo y Harry trató de detenerlo.

-No, no creo que se un buen momento para... -pero se quedó callada cuando vio que las caricias de Sherlock eran exactamente lo que John necesitaba para calmarse.

John tenemos que irnos de aquí pronto. No creo que la chica a la que asustaste se quede tranquila. Probablemente pronto llegará el equipo entero de...

No me importa. Le respondió él, sin dejar de ver a Sherlock.

¡John!

De acuerdo... Soltó a regañadientes. Pero era tan difícil separarse de él, sobre todo en aquellos momentos que le sonreía tan intensamente.

Sherlock se puso de pie en ese momento, al notar que Harry estaba desesperada por irse.

-Nos vemos mañana -dijo ella. Sherlock asintió y volvió a entrar a su salón de clase. A John le costó trabajo resistir el impulso de seguirlo.

Definitivamente, se estaba volviendo loco.