—"¡Disfruta el fútbol!"


=2. Encuentros graciosos y dolorosos=

Había llegado a Italia hacía solo 1 mes. Tenía problemas para dominar el idioma y más para dar con alguien que comprendiera su peripecia, para su suerte, había encontrado en su camino a Alice Bossi y a Gino Hernández, quiénes desde el primer momento la habían ayudado y poco a poco le iban incorporando a la cultura italiana.

En el poco tiempo que llevaba en el país, luego de un viaje apresurado desde su país de origen, Jin había logrado grandes cosas. Buenas amistades, un fichaje para un equipo de voleibol internacionalmente bien calificado, un departamento a bajo precio de alquiler en una buen a zona y con buenas condiciones, compañeros de trabajos dedicados y amables. Pero en todo el tiempo que llevaba ahí, ni había visto a alguien cómo el chico que tenía frente a ella.

Cuando Gino había llamado la tarde anterior para pedirle ayuda, nunca había imaginado encontrarse con alguien como Aoi. Aunque si lo pensaba un poco, resultaba algo obvio, pues: ¿Qué problema podría tener un profesional para el juego aéreo?

La respuesta estaba ante ella. Aoi no era ni mucho menos, mayor o de la misma edad que Gino, su físico resultaba atlético gracias a su profesión, sus cabellos eran negros azabache y sus ojos oscuros como los de cualquier oriental. Su piel amarilla igual a la de ella, dejaba claro su procedencia, aunque no estaba segura si eran del mismo país, su sonrisa era alegre y llena de jovialidad, su mirar divertido y entusiasta. Su altura, sin embargo, rayaría en el 1.60 quizás, más o quizás menos, nada comparable con el 1.75 que respaldaba a Gino. Y a pesar de esa primera descripción, Jin se preguntaba: ¿Cuál sería la edad real, de aquel jovencito?

—Jin, él es Aoi. Aoi Shingo— le presentó Gino. El chico a su lado se adelantó unos cuantos pasos, con la mano ya estirada para estrechársela. Un gesto muy italiano si lo comparaban con las leves inclinaciones de los orientales. En su camino, Aoi tropezó con uno de los balones que por ahí seguían rodando gracias al viento y tras ello, el suelo fue lo único que alcanzó a saludar. Por supuesto, Gino y Jin no tardaron en reír, Aoi se sonrojó más que un semáforo en alto, pero abrió grandes los ojos al escuchar la tan hermosa risa de la chica.

—Es-un-pla-ce— dijo Jin con un poco de dificultad, mientras su mano reposaba en sus labios queriendo ocultar su sonrisa.

—El placer es mío— respondió Aoi una vez de pie y lo suficientemente cerca como para saludarla con la mano— Vaya… En serio eres pequeñita, tenemos la misma estatura, ¿cuánto mides?— comentó al estar frente a ella. Jin lo miró, tratando de descifrar sus palabras, Aoi estuvo a nada de pensar que su comentario había sido grosero cuando una disimulada risa de Gino les llamó la atención.

—Aoi, habla algo despacio. Jin tiene problemas para manejar el italiano y también el inglés. Estoy seguro que el japonés no figura en sus lenguas…— ante ese último comentario, Aoi se giró apresuradamente, sorprendido.

—Pero ¿qué no es japonesa? Tú dijiste que lo era y si lo es ¿por qué no habla japonés?— inquirió rápidamente.

—No, yo no dije eso. Dije que comparten origen asiático. Jin es de China. Por eso no habla japonés. Ella habla chino— aclaró el rubio. Aoi puso cara de aterrado.

—Pero ¡Gino! ¡Yo no sé ni un poquito de chino!— exclamó. Gino rió.

—Ja, ja, ja, ya lo sé Aoi. He sido tu amigo desde hace 6 años, lo sé bien. Pero yo sí sé, al menos un poco y una amiga mía, otra amiga más bien, nos ayudará a los dos. Hablando de ella, está algo tarde… permítanme, iré a llamarla— se excusó. Aoi lo vio salir de la cancha y aspiró profundamente antes de darse la vuelta. Jin lo miraba algo confundida, obviamente sin haber entendido nada de lo que él y Gino dijeron.

—Enseguida vuelve… este… yo…— titubeó. ¿Qué se hacía cuando persistía la duda para ver si la otra persona te entendía? Cuando él había llegado a Italia, había sido difícil y molesto no poder hablar con las demás personas, comprendía como debía sentirse Jin. En aquel entonces, Gino también había ayudado a Aoi en la comprensión del idioma. El portero resultaba siempre un buen amigo, capaz de comenzar a estudiar idiomas distintos para comunicarse a todo dar con sus compañeros extranjeros.

—Aoi…. Shingo…— murmuró Jin— ¿Eres-chi-no?— le preguntó. Aoi negó con la cabeza.

—Japonés— respondió tranquilo, lento, amable.

—Ya… bo-ni-to pa-ís—

—Hermoso. El lugar donde yo nací, Nankatsu, es maravilloso. Y...— Aoi se detuvo, su perorata de siempre iba a comenzar. Solía hablar mucho, necesitaba muy poco para soltarse a hablar. Pero Jin, no lo entendería.

—¿Y?— cuestionó Jin, con una sonrisa.

—Nada. ¿Este… tienes 25?— preguntó el chico. Lo dudaba, pero quería saberlo con certeza. Ella pensó un momento y negó con la cabeza.

—22… ¿Tú?— Aoi iba a responder, cuando por la puerta, Gino y su amiga, Alice, la famosa artista italiana cruzaron la entrada. Ambos, Aoi y Gino, habían conocido a Alice un año atrás en una exposición de arte donde casualmente también se había presentado el artista japonés, Ichiro Misaki, padre, de un amigo de Aoi, Taro Misaki.

—Hola Aoi— saludó la rubia

—Que hay, Alice— respondió el chico— ¿Tú serás le intérprete?

—Así es. Lamento el retraso. ¿Cómo van?

—Fatal. No sé nada de chino, no puedo hablar y hablar… tardaré años, en hacer amistad con Jin…— se lamentó el japonés. Alice rió.

—No será así, yo los ayudaré. A ella le enseñaremos a manejar el italiano y tú podrás conocer el chino. Será divertido. ¡Venga, vamos!

Y la mañana continuó. Entre Alice y Gino, Aoi y Jin pudieron mantener un buen trato. Jin lo puso esa mañana a realizar pruebas de salto, lanzándole balones a baja altura y haciéndolo que se los devolviera por encima de la red de voleibol que ella misma había llevado. Entre sus pequeños diálogos, ella supo que Aoi tenía 22 años y que era menor que Gino porque su talento se descubrió a pequeña edad y por tanto su desarrollo deportivo comenzó temprano. Él, supo que ella no llevaba más de 1 mes en el país y en la ciudad, también que ni sus amigos sabían el porqué de aquel viaje tan repentino en su vida.

Fue solo una mañana, pero esa mañana sirvió para muchas cosas. Aoi practicó mucho, Jin hizo un nuevo amigo. El japonés, sintió un nuevo impulso, conocer a su entrenadora. Acercarse, saber qué era eso que ella estaba ocultando. Porqué lo intuía, la china, tenía dentro de ella, un gran misterio… y los misterios incluían aventuras. Las aventuras, eran el pan diario de la felicidad de Aoi.

:-:-:-:-:

=Al otro día…=

=Departamento de Aoi=

El despertador llevaba ya un rato sonado, la alarma de las 7 de la mañana lo molestaba sin cesar, aun cuando era consciente de que quizás desde el primer toque ya habrían pasado 20 o 30 minutos. Tiempo que había utilizado sabiamente descansando, meneándose de un lado a otro en la cama, enrollando el pie en las sábanas. Una vez más, se giró en la cama con las piernas enredadas en las mantas y por una leve rendija que apareció cuando sus pestañas se despegaron, alcanzo a ver el despertador. "07:56 Am…"

—5 minutos…— susurró para sí. Estaba cansado. Tenía sueño. Quería dormir… Soñar, imaginarse en medio de la cancha, festejando la victoria de la Champions League, Gino abrazándolo orgulloso, Conti saltando de la felicidad en algún extremo, Tsubasa, capitán del Barcelona riendo por la victoria que uno de sus amigos acababa de conseguir… Un buen sueño, una buena meta…

Para llegar a ella, solo tenía que entrenar. Practicar. Superar el juego aéreo. Y Gino no se molestaría…

Entonces, abrió los ojos de par en par.

07:56 AM.

Cuatro minutos para que el entrenamiento diera comienzo. Saltó de la cama de un momento a otro, buscó en el suelo sus calcetines, salió disparado al armario, tomando el pants del Inter, los tacos, corrió al baño, dentífrico, agua, enjuagar, cabello algo mojado, camiseta, sudadera, mochila deportiva. Todo con él.

Apresurado y distraído como estaba alcanzó a tomar una tostada de la cena de la noche anterior y dio un trago al cartón de leche, tomó sus llaves y salió dando brinquitos por las escaleras del edificio, para su suerte, vivía en el tercer piso. No tardó demasiado en llegar a la planta baja y al salir, la casera del lugar solo alcanzó a gritar sus saludos:

—Buenos días. ¡Ve con cuidado, Aoi!—

—Gra-cias— tartamudeó él, desapareciendo por la salida del lugar. Ya estaba montado en la bicicleta que tanto le gustaba conducir, cuando se dio cuenta que esta seguía sujeta al bastidor para bicicletas. Algo apenado consigo mismo, abrió el candado y sacó la bicicleta, conduciendo a toda velocidad por la ciudad. ¡Gino iba a matarlo!

:-:-:-:-:

—"Buongiorno" "Pane e latte" "¿Quanto?" "Grazie" "Ciao"— una tras otra las frases se repetían en su cabeza y salían de su boca en un leve susurro mientras caminaba por las calles de Milán, en pos de la tienda.

Alice, cómo todas las mañanas, desde hacía una semana, la había enviado a la tienda, para comprar el desayuno, con las frases que necesitaría. La primera vez que había hecho aquello, el señor encargado de la tienda, le había mirado tan feo como si lo hubiera insultado, tras tres ocasiones había comenzado a manejar más el idioma, pero seguía teniendo algunas dificultades.

Giró en la esquina, la tienda estaba a dos locales, pasando la barbería y un local de películas. Una vez más repitió las frases en mente y estaba tan concentrada en ello, que no se dio cuenta de que al dar la vuelta una bicicleta se acercaba a gran velocidad. Cuando sus ojos enfocaron el vehículo que se aproximaba, se detuvo en seco, aterrada.

Aoi trató de frenar, apretó los frenos, bajó los pies de los pedales, tenía que esforzarse por no estrellarse contra la chica frente a él, tenía que evitar aquel accidente. Y gracias a Dios, lo logró. Cuando la bicicleta se detuvo, el movimiento lo obligó a salir volando, por el frente del vehículo. No pudo hacer más que meter las manos para tratar de amortiguar su caída, pero por el impulso que llevaba no advirtió el nuevo accidente que se iba a provocar. Antes de ser consciente, su cuerpo ya estaba sobre el de la chica, ella estaba en el suelo, adolorida y con un chico encima.

Se puso de pie tan rápido como pudo, sin importarle los golpes que sus rodillas y manos habían recibido, estaba apenado, apresurado y lastimado, pero sobre todo, preocupado. No podía ser. ¡Todo le pasaba por despertar tarde!

—Perdona, perdona de verdad. ¿Estás bien? ¿Te he lastimado? Lo siento, yo…— Aoi no pudo continuar. La chica se puso en pie, estaba roja de coraje y las palabras surgieron de su boca, antes de darse cuenta de ello.

—Zhè dàodǐ shì zěnmeliǎo? (¿Qué demonios te pasa?) Nǐ bù kàn nǐ yào qù nǎlǐ? (¿Acaso no miras por dónde vas?) Zhēng kāi nǐ de yǎnjīng, shǎle! (¡Abre los ojos, tonto!) Nǐ shìgè dà lǎnchóng! (¡Eres un baboso!) Gāngà! (¡Torpe!) Shǎguā! (¡Tonto!)— Aoi la miró atónito, no había entendido absolutamente nada de lo que la chica le había gritado, pero la voz, la persona, la conocía. Jin estaba frente a él en todo su esplendor, gritándole cómo loca, indignada por lo que había ocurrido. Aoi, se coloró tan rápido como ella habló.

—Yo…. Jin, lo siento— dijo en un murmullo. Y su voz, fue el detonante perfecto para que la chica dejara de arremeter contra él y lo mirara sorprendida. Los ojos bien abiertos.

—Aoi…— susurró la pelinegra.

—En serio, yo, lo, siento, no, quise, es, solo, que, fue, un, accidente…— repitió el japonés lentamente para que ella lo entendiera. Y justo cuando Jin captó las palabras, cayó en la cuenta de sus acciones. ¡Lo había insultado! ¡Le había soltado un gran discurso en chino! Por un accidente.

—No… no… excuse…— comenzó a decir ella, colorada tanto o más como Aoi, hacía solo unos momentos, el chico formó una pequeña O con sus labios, sorprendido del acento italiano que acariciaba el paladar de la chica.

—Me gusta más cuando hablas en chino— la interrumpió y dio gracias por haberlo dicho rápidamente porque en breve, notó el significado de sus palabras y una vez más se sonrojó— Este, yo… ¿Ibas-a-la-tienda-o-a-los-DVD?— preguntó viendo el lugar dónde se encontraban. Jin tardó un poco en entender sus palabras, pero finalmente, señalo la tienda con una mano.

—Ya… ¿necesitas…ayuda…para…comprar?— Jin sonrió y negó con la cabeza.

—Dove stai andando? (¿A dónde vas?)— le preguntó cuidadosamente, Aoi, tardó un poco en descifrar su acento tan peculiar, pero acabó palideciendo al comprender el mensaje.

—¡Por el soccer! ¡Cierto! Disculpa. Debo irme, Gino me matará. Nos vemos después… cuídate— sin más que decir y volviendo a la carrera, Aoi se montó nuevamente en la bicicleta y comenzó su viaje al campo de entrenamiento. Jin lo miró alejarse a la distancia, sin poder evitar sonreír con la actitud del japonés.

—"Aoi Shingo… que chico tan peculiar"— pensó, antes de volver a su perorata, tratando de repasar lo que diría en la tienda.

:-:-:-:-:

=Por la tarde… (3:00 PM)=

=Campo de entrenamiento del Inter=

—Pareces cansado Aoi— se mofó Conti cuando el japonés se detuvo a orillas del campo para tomar aire. Lleva casi 15 vueltas al campo de juego y solo le faltaban 5 para terminar con su castigo. Por el retardo, el entrenador y Gino, lo habían condenado a dar vueltas al campo al final del entrenamiento diario.

—Cállate…— murmuró Aoi con un hilo de voz, mientras se esforzaba por aspirar todo el aire que pudiera. Conti rió.

—Bueno, eso te pasa por quedarte dormido, amiguito— siguió con la mofa.

—Conti ¿quieres hacerle compañía?— preguntó Gino detrás de Conti con una sonrisa de autosuficiencia. Su compañero dejó de sonreír y negó con la cabeza, Aoi le sacó la lengua.

—Ya basta Aoi, puedes irte. Pero antes… ¿por qué llegaste tarde el día de hoy?— inquirió el rubio ojiazul

—Bueno… la alarma no sonó— mintió el japonés, Gino lo miró como si estudiara su respuesta. Aoi se dio cuenta que Gino sabía que mentía, pero no dijo nada.

—Mañana no te quiero en la práctica. Tienes entrenamiento personal— anunció Gino sin más— Pero si llegas tarde, hago que participes en las dos prácticas, ¿vale?— Aoi lo miró y sonrió. Asintió con la cabeza y salió corriendo a la banca, tenía hambre y le dolía el cuerpo por su caída matutina, quería llegar a casa y recostarse un rato. Gino y Conti lo observaron hasta que dejó el campo, ambos con un solo pensamiento en la cabeza: "Ya está creciendo…"

Aoi siempre había sido el pequeño. Por estatura y por edad. Siempre el chiquillo del equipo, siempre el novato, siempre la pequeña criatura. Pero el tiempo ya había pasado y era claro para Gino que su pequeño hermano menor, comenzaba a crecer, quizás poco a poco en actitud, pero ya pasaría lo que tuviera que pasar. De vez en vez, añoraba al japonés de 15 años, despistado y optimista, pues aquellos días, Aoi realizaba más de una travesura o más de un puchero en los entrenamientos y esas muecas y esas experiencias, eran invaluables.

Cuando Aoi salió del campo, decidió hacer una pequeña parada en algún mini súper pues se encontraba deseoso de comida asiática. Quizás un poco de ramen instantáneo o tal vez sushi para calentar. Condujo con cuidado la bicicleta hasta el primer súper que encontró camino a casa y tras aparcar su vehículo, entró campante al lugar en pos de su comida.

Recorrió unos cuantos pasillos, buscó por los anaqueles, encontró sushi y ramen, también palomitas de maíz para botanear y soda de limón, su favorita. Se encontraba en los frigos de sodas y bebidas, dispuesto a conducirse hasta las cajas, pagar y marcharse, cuando tras sacar sus sodas y cerrar, dio la vuelta descuidadamente y recibió en la cara el portazo de una puerta de cristal.

El impacto le lanzó contra el suelo y gracias lo que fuera as sodas no volaron de sus manos, porque de haber sido así, seguro y acaban encima de él. Le dolía la nariz y la frente, aun sentía el cristal helado en su rostro, cuando una voz conocida lo hizo alzar el rostro:

—Jin…— suspiró— Debemos encontrar otras formas para encontrarnos— bromeó y para su sorpresa, Jin rió. Cuando Aoi se sentó en el suelo y miró donde la chica, se sorprendió de ver, que no estaba sola. Alice estaba ahí y al parecer, ella había traducido su comentario. Jin le susurro algo a la chica rubia y Alice habló alegremente al transmitir el mensaje:

—A ella le gusta verte de este modo— Jin volvió a susurrar y Alice rió— Sobre todo si es ella la que te tira a ti y no al revés— Aoi, sonrió y se llevó una mano al cabello.

—Entonces estamos a mano…— susurró.

—No— espetó Jin, Aoi la miró con los ojos bien abiertos sin comprender. La china volvió a hablar con la italiana y el mensaje final de Alice, declaró lo que Aoi esperaba: bromar y risas, el inicio de una amistad.

—Jin dice que una bicicleta vale por dos. Le debes una, aún.

Continuará…

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

NOTAS:

*El texto en chino no lo traduje yo, sino un amigo, si alguien sabe chino y me han estafado, disculpadme. Prometo ponerme a estudiar.

*"Me enamore de mi entrenador" pone a la venta el nuevo despertador de larga duración. Programa tus alarmas más necesarias y escúchalas por horas hasta que te hayas levantado. Envía un SMS a 55-ALARMA-SHINGO y recibe tu propio despertador en la puerta de tu hogar. ¡Aprovecha la promoción! Si eres de los primeros 5 mensajes, el propio Aoi lleva tu pedido a tu hogar incluyendo en el paquete, un viaje en bicicleta. ¡No esperes más! ¡Envía 55-ALARMA-SHINGO! Promoción válida hasta agotar el fic.

Con cariño,

JulyPotter31.


¡El balón es nuestro amigo!—