Capitulo 2: "Cuando conozco a mi enemigo tan bien como para derrotarle, le quiero. Y entonces, cuando le quiero, le destruyo." Los juegos de Ender.
Ya no podía detenerse, deseaba poseerla… pero el empujón de Emma la dejó crispada. ¿Estaba jugando con ella? Cuando observó a la rubia, confusa, ésta le devolvió una mirada imprecisa.
-Esto no… no está bien.- Murmuró la rubia avergonzada, mirando sus manos.
-Está bien que lo digas, ¡puesto que empezaste tú!.-Le gritó la morena molesta. Luego se dio la vuelta y se dirigió hacia la cripta donde su padre estaba enterrado. En ese preciso momento, la lluvia comenzó a caer, primero tímida y luego con mucha más virulencia.
Regina no entendía nada. Todo era irreal, era increíble que la única persona que la hacía sentir un deseo tan fuerte fuera una mujer y encima fuese Emma Swan. La había dejado atrás, donde Graham seguía enterrado, prefiriendo ignorar lo sucedido. ¿Es qué no había ningún hombre en Storybrook que le hiciera sentir tales deseos carnales? Empezó a pensar en los posibles candidatos, y su rostro se encogió de horror tan solo de imaginarse con ellos. Ninguno estaba a la altura… ninguno excepto Emma, la nueva Sheriff e imaginarse haciendo el amor con ella no hizo sino acrecentar sus deseos y volvió a sentir la humedad entre sus piernas por segunda vez. Musitó una palabrota irritada por lo que acababa de ocurrir. Si Emma no la hubiese besado, jamás habrían descubierto que se atraían y se deseaban. Ella creía que conocía a Emma, pero lo cierto es que no dejaba nunca de sorprenderla y eso, pensó con una sonrisa picara, le encantaba. Se sentó y miró la tumba de su padre, iba a hablar, cuando unos golpes la hicieron incorporarse con velocidad.
-¿Puedo?.- La voz de Emma se escuchó tímida al otro lado de la puerta.
- ¡Márchate!.- Gritó Regina irritada. Deseaba seguir con aquello, pero por otro lado, quería que la rubia se alejase de allí y olvidase todo.
- Creo que te debo una disculpa, Regina.- Hizo una breve pausa.- No debí hacer eso, no sé en qué estaba pensando.- Su voz sonaba terriblemente apenada y a la alcaldesa de repente le invadió un sentimiento harto olvidado, compasión.
- Tranquila, señorita Swan, ha sido solo un beso, ni siquiera digno de recordar.- Sabía que no había sido la mejor manera de contestar, pero al oír los pasos de Emma alejándose, se dio por satisfecha.
¿Había sido sólo un beso? ¿Ni siquiera digno de recordar? Emma no dejaba de pensar en aquellas palabras dichas con mucha crueldad mientras se dirigía hacía su coche. Ella lo había sentido, ¡ambas lo había hecho!, Emma lo sabía, la atracción era mutua y el deseo palpable. ¿Cómo podía decir que era "sólo un beso"? ¿Cómo podía decir que no era digno de recordar? Se detuvo de repente, cuando la tumba de Graham quedó de nuevo frente a ella. Su cara se crispó presa de la ira y la rabia ¡Ni hablar! No iba a permitir que Regina se saliera con la suya, tenía que detenerla por su crimen, no podía quedar impune una vez más. Minutos después y como una fiera, abrió la puerta de la cripta, Regina estaba medio adormilada, sobre la tumba de su padre... no, no era adormilada, tenía los ojos hinchados y el rostro lleno de lágrimas.
-¡Tengo que detenerte!.- Dijo Emma con menos ímpetu de lo planeado, verla así le había desarmado. Regina alzó una ceja.- Por el asesinato del Sheriff Graham. – Finalizó.
- ¿Tiene pruebas de esa grave acusación?.-Regina se levantó amenazadora.- Verá, señorita Swan, no estaba con él en el momento de su muerte, es más, era usted la que estaba con él; fue una muerte natural, su corazón se paró. Escuché el informe del forense de los labios del propio forense.- Emma se dispuso a detenerla igualmente.
- En tal caso, la detengo por golpear a un agente de la ley. – Sonriendo victoriosa, Emma se situó detrás de ella para ponerle las esposas.
Al tomarla por las manos con fuerza, Regina forcejeó molesta y sus cuerpos se pegaron con la lucha. Sintió los pechos de Emma en su espalda, una de sus piernas se había colocado entre las suyas, apretando sus nalgas. Regina suspiró, necesitaba un hombre ¡Ya! o acabarían haciendo alguna locura. Regina forcejeó una segunda vez, haciendo que el muslo de Emma se apretara más contra ella. La morena no pudo evitar gemir, mientras cerraba los ojos y se dejaba invadir por aquella sensación tan placentera. Emma gimió de vuelta, sintiéndose enormemente excitada también. La oprimió contra la pared, haciendo que Regina quedase atrapada y haciendo que ésta volviese a gemir. Emma sonrió perversa, parecía ser que a la Reina Malvada le gustaba que la dominaran, pensó sorprendida por su descubrimiento.
-Ves como lo sientes, te atraigo, Regina. – Regina abrió los ojos molesta, y chasqueó la lengua.
De nuevo la Reina malvada forcejeó y Emma supo que no podría con ella mucho tiempo. De vez en cuando las nalgas de la morena rozaban su parte más intima y Emma contenía los gemidos a duras penas. Si las guerras eran así, ya podrían durar toda la vida. El cuello de Regina incitaba a ser mordido, chupado, lamido… y Emma se dejó llevar por el deseo de escucharla gemir más y más. Lamió primero lentamente toda la yugular y parte de la oreja, haciendo que Regina contuviese el aliento temblorosa y gimiera de una forma mucho más gutural que antes. Emma mordió luego sin presionar, en su nuca, provocando que la alcaldesa se arquease y gimoteara de nuevo. La morena no podría aguantar más, le dolía incluso su bajo vientre debido a la excitación, y mientras cavilaba esto, Emma pareció leer sus pensamientos, porque una mano vigorosa y algo furiosa, se coló en su pantalón. Desde detrás, Emma la intentaba penetrar y su mano resbalaba con la humedad, haciendo que el punto más sensible de la Alcaldesa se endureciese y creciese con cada roce. Emma se concentró en penetrarla, mientras seguía besando su cuello y oyéndola gemir. Ahora si sentía que Regina era suya, ahora si entendía lo que significaba querer poseer algo de verdad. Cada vez era más excitante, más aventurado y Regina no la había detenido. Estaba tan húmeda, que la sola idea de saber que ella misma provocaba eso en la Reina Malvada, le hizo desear investigar más con la mano libre, que había permanecido casta, en la cintura de la morena. Se aventuró por debajo de su camisa que había quedado fuera de su pantalón y le desabrochó el sujetador. No le quitó la camisa, no tuvo paciencia, simplemente apretó lujuriosa los pechos de Regina, le sorprendió su suavidad, su pezón endurecido y el tamaño, perfecto para sus manos. Regina no dejaba de gemir y se convulsionaba como si estuviera poseída y bailara una danza bajo la luna. Sus manos de repente se apoyaron en la pared y con fuerza se impulsó hacia atrás, haciendo que Emma cállese al suelo. Emma la miró desde su nueva postura confusa, aun estimulada por aquel afán de poseerla, y Regina tenía la misma cara de deseo expectante. No se hizo esperar, se sentó a horcajadas sobre Emma, cara a cara y la golpeó, le dio un sonoro cachete y luego la besó, con furia, con impaciencia. Agarró la mano derecha de la rubia y la llevó a su entrepierna, obligando a Emma a seguir con lo que estaba haciendo antes. Regina enseguida se arqueó y Emma abrió los ojos excitada, ver la cara de Regina no tenía precio, ver como se tocaba los pechos, como apretaba sus pezones entre los dedos, ver como su lengua humedecía una y otra vez sus rojos labios… ¡dios mío, iba a correrse! Tan solo con el roce que la Reina Malvada había ejercido sobre su intimidad, Emma había explotado y ahora era la alcaldesa quien se convulsionaba y gritaba, mordiéndose los labios de puro placer.
