LOS FUNDADORES
Por Cris Snape
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Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Esta historia participa en el Reto de Aniversario "Lo bueno viene de a cuatro" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black"
II
Godric
—No importa cuál sea mi propuesta que Salazar siempre dirá que no.
Godric pasea por la estancia dando grandes zancadas. La pesada capa roja se agita tras de él mientras su mano derecha descansa sobre el puño de esa reluciente espada de la que tanto presume. Rowena, sentada junto a la ventana, parece no prestarle atención alguna, cosa que a él no le importa lo más mínimo. O eso es lo que aparenta.
—¿Tan grave es que quiera traer unos cuantos leones al Bosque Prohibido? Son animales nobles y fuertes. Apuesto lo que sea a que sobrevivirían sin problemas. Y si alguien teme que fueran a comerse a algún estudiante, me encargaría personalmente de tomar las medidas necesarias para preservar su seguridad —Godric se aproxima a la bruja, agachándose frente a ella para que no le quede más remedio que mirarle—. ¿Qué decís vos? Siempre habéis sido la más juiciosa de los cuatro.
Rowena no se mueve. Godric permanece junto a ella, observándola con los ojos entornados. Nunca ha sido un hombre paciente y está harto de que sus tácticas para captar su atención no surtan efecto. Así pues no le queda más remedio que asirla suavemente por la barbilla para hacerse ver.
—Sé que me estáis escuchando.
Aunque con debilidad, lucha contra él. Intenta apartar la cabeza, pero Godric no se lo permite. Sigue mirándola a los ojos hasta que ella parpadea y frunce las cejas, claramente molesta. En otro tiempo, Rowena le hubiera hechizado por invadir su espacio personal. Esa noche apenas tiene fueras para moverse.
—Soltadme, Godric —Su voz suena tan débil como todo en ella.
—Ni hablar.
—Os lo advierto.
—Es bueno que me amenacéis, milady —Godric sonríe con satisfacción—. Eso prueba que sois la misma de siempre.
Luchadora, independiente, fuerte, poderosa. Godric ansía recuperar todo lo que ella fue antes de que la tristeza rompiera su corazón y oscureciera su alma. Helga comparte el mismo objetivo y afirma que son los mimos los que traerán a Rowena de vuelta. Él no está de acuerdo. Y a la vista está que no se equivoca al afirmar que lo que le hace falta es dureza.
—Soltadme.
Rowena es más demandante en esa ocasión. Godric le mantiene la mirada y es entonces cuando lo comprende. Ve en sus ojos muertos que no hay marcha atrás y se aparta de ella con espanto. Aunque coma, camine y respire, su querida amiga ya está muerta.
Terriblemente compungido, Godric se levanta y va hacia la puerta dando trompicones. No quería creerlo. No quería escuchar a Helga cuando le hablaba de lo grave de la situación y ha podido comprobar personalmente que no se equivocaba. Y duele como muy pocas cosas han dolido en toda su vida.
Sale de la habitación sin despedirse, mudo y roto por dentro. Sin esperanza.
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