¡Hola a todos, gracias por los reviews y los MD!
Bueno, como dicen por ahí, año nuevo, vida nueva y capítulo nuevo.
Espero que lo disfruten tanto como yo.
"Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que sea el padre o la madre de tus hijos… Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella…
Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderéis siempre. Alguien que con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y os impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejaréis de intentarlo… Os rendiréis y buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando.
Pero os aseguro que no pasaréis una sola noche, sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más… Todos sabéis de qué estoy hablando, porque mientras estabais leyendo esto, os ha venido su nombre a la cabeza.
Os libraréis de él o de ella, dejaréis de sufrir, conseguiréis encontrar la paz (le sustituiréis por la calma), pero os aseguro que no pasará un día en que deseéis que estuviera aquí para perturbaros. Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien a quien aprecias"
-Paulo Coelho.
El camino desde la cafetería hasta la iglesia le pareció un tanto corto, como si sólo hubieran transcurrido un par de segundos cuando habían pasado 30 minutos entre el momento en que ella y Rachel salieron de la cafetería hasta cuando apagó el motor del automóvil alquilado en frente de la iglesia. Ambas se apresuraron para llegar a tiempo a una cita –a la cual ya estaban llegando tarde- con el párroco, Brody y el misterioso padrino que aún no conocía.
"Hola, soy Rachel Berry y el padre Mark me está esperando con mi novio y el padrino de mi boda" dijo su amiga a toda velocidad cuando una monja les abrió la puerta.
"Ah Señorita Berry, pase, el padre empezó la cita hace sólo un minuto. Es la puerta al fondo" le dijo la joven religiosa con una sonrisa.
"Muchísimas gracias hermana" dijeron las dos jóvenes, caminando más lentamente hacia la oficina. Rachel abrió la puerta y ambas pasaron a la habitación contigua, sonriendo al padre y a Brody; que era el primero que se encontraba en la habitación, ambas saludaron primero a ambos y luego ella se volteó a saludar al padrino cuando vio una cara muy familiar.
Noah hijo de puta Puckerman. El tipo por el que se había largado de esa ciudad en la mitad de la nada hacía casi 6 años, el tipo que la había humillado, el tipo que le rompió el corazón. Quería insultarle, gritarle, golpearle, tirarle por unas escaleras, hacerlo sufrir físicamente lo que ella había padecido emocionalmente.
Pero de su boca no salían palabras, estaba boquiabierta en la mitad del despacho de un cura mirando al tipo que le había arruinado la vida hacía tanto tiempo, mientras él sólo la miraba arrepentido. Se sentó en una silla a su lado todavía mirándolo, sólo susurrando: "Noah…". El padre decidió interrumpir en ese momento aclarando su garganta, y dirigiéndose a ella le preguntó: "¿Usted es la madrina de este matrimonio?".
Ella volvió a la realidad y sonrió al padre, diciendo: "Si padre, mucho gusto en conocerlo, soy Quinn Fabray". El padre le respondió la sonrisa y buscó entre unos papeles una pequeña carpeta azul, la cual se la entregó haciéndole énfasis en que debía realizar un curso para poder hacer parte del cortejo nupcial y los requisitos para realizar el dichoso curso. Pero ella no escuchaba, sólo intentaba con todas sus fuerzas no mirar a Noah y especialmente no recordar todo lo que había sucedido hacía ya 5 años, 11 meses y 27 días.
La reunión terminó al cabo de una hora, con ella prometiendo asistir por una semana al dichoso curso y llevar en un par de días todos los documentos concernientes a los requisitos del curso; cuando el padre los dejó ir, ella se despidió y salió corriendo hacia su auto, obviando los gritos de Rachel, Brody y Noah mientras ella arrancaba a toda velocidad con rumbo desconocido.
Mientras conducía, intentaba poner sus pensamientos en orden y no recordar lo que acababa de suceder en la iglesia. Se había reencontrado con Noah, Noah Puckerman, el tipo que la había destruido por completo cuando era una adolescente todavía, el que había hecho que se autoexiliara a Madrid por casi 6 años y que sólo hasta ahora decidiera volver. ¿Cómo se atrevía Brody a ponerlo de padrino? ¿Cómo Rachel no le había dicho? ¿Se lo había ocultado o no lo sabía?; todas esas preguntas, todos esos pensamientos revoloteaban por su mente, intentando encontrarle una respuesta a ese mismo dolor de pecho que estaba sufriendo, ese mismo que era tan familiar y tan extraño al mismo tiempo: el dolor por el sufrimiento causado por amor. Por amor a él, y todo volvía a lo mismo, el mismo círculo vicioso.
Cuando volvió a la realidad, se dio cuenta que estaba en un lugar familiar, estaba cerca del malecón en que tantas veces habían pasado juntos; el mismo donde tantos besos se habían dado durante tantos atardeceres. Y de pronto, se encontró en esa banquita, en ese farolillo donde tantas canciones habían cantado juntos con el suave sonido de las olas y su guitarra de fondo; donde en sus épocas de rebeldía empezaron con las canciones de los Rolling Stones, The Who y Nirvana.
La brisa del mar la bañaba, la rodeaba mientras parqueaba el auto en la acera frente al farolillo; se sentó en el banquillo sacándose los tacones y guardándolos en el bolso que había traído consigo, mientras sacaba un paquete de cigarrillos mentolados y un encendedor. Tenía tiempo sin tocar un solo cigarro, mucho menos fumarlos, pero sabía que cedería ante la tentación de sentirse un poco más llena por dentro continuando con su vicio más frecuente.
Miró al atardecer aún intentando resolver tantas preguntas y pensamientos que rondaban su cabeza sin solución alguna, mientras el viento frío del mar la envolvía cada vez más y la noche caía sobre el malecón. Cuando había oscurecido completamente decidió irse a casa, y subiéndose al auto manejó de regreso a casa, aún sin comprender por completo en esa extraña tarde.
Cuando paró para comprar comida para llevar a sus padres, vio cuantas llamadas y mensajes tenía, la mayoría siendo de Rachel, Brody y un número desconocido. Guardó el número desconocido como Noah Puckerman y luego mandó mensajes a Rachel y Brody que debían estar preocupados por ella.
Llegó a casa, saludó a sus padres y comió con ellos sentada en la misma mesa en la que 6 años antes había llorado mientras tenía la última cena en familia con sus padres, antes de que todo cambiara radicalmente. Finalmente deseó a sus padres buenas noches, se dio una ducha, se puso su pijama y se fue a su habitación, donde buscó su móvil entre sus cosas; sentándose en la cama marcó un número.
Le contestó una voz masculina con un acento fuerte: "¿Quinn? ¿Estás bien?". Ahí rompió en llanto y susurró: "Lo vi, Josema. Lo vi.".
Bien, hasta aquí el capítulo 2.
Esto es sólo una prueba, diganme que les parece y sus sugerencias.
Por ahora, sólo utilicen este box y envíenme reviews y MD.
Ms. Crazy Chick.
