Este es un drabble de una frase que aparezca en las películas pero no en los libros.
"Las cosas que más amamos son las que nos destruyen". –Snow.
Disclaimer: Todo pertenece a Suzanne Collins. Este fic participa en el Reto Especial "Ave atque Vale", del foro "Hasta el Final de la Pradera".
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Amaba controlarlo todo. Cada vez que una persona trataba de verlo con respeto, ocultando su temor hacia él lo hacía sentirse más grande. ¿Y cómo no hacerlo si ha gobernado una nación por varias décadas?
Ninguna arruga se encontraba en su atuendo. Su barba siempre bien cortada, sin algún corte por la navaja. Por eso, cuando su peluquero le ha visto sangrar tuvo que eliminarlo. Solo era un pequeño rasguño, que realmente no se notaba a menos de que se pusiera mucha atención a los detalles. Era un error insignificante, pero a fin de cuentas un error.
Coriolanus Snow no aceptaba errores. Se podría decir que era un perfeccionista. Tan fanático de los detalles. Tan pulcro. Verlo sangrar se convertía en un recordatorio; era un mortal como ningún otro. Nunca permitía que alguien lo viese débil, porque él era poderoso, indestructible.
Sin embargo, sus rosas favoritas decidieron que era su final. Moriría vilmente como cualquier otro. Adiós al respeto, adiós al poder. Pero no podía dejar de amar a sus flores. Lo hacían verse mejor que nada.
Su muerte fue desgarradora. ¿Cuántas personas no lo apalearon hasta cansarse? Él realmente no lo sabía, y no es que le importara de todas formas. Lo único que podía pensar en ese momento es que su propia pirámide había acabado con él. El control lo había derrumbado.
Afortunadamente, no había sido su única víctima.
