Los personajes don de S. meyer…yo solo me adjudico la historia
Dedicado a mis amigos del liceo (instituto para los de otros países) que me alegran la vida.
También dedicado a mi prima llamada Bárbara (igual que mi amiga del liceo jejejeje) solo puedo decir que la valentía no es la ausencia del miedo, si no la decisión de que ello no te detenga. Tengo fe en que puedes lograrlo.
Los chismes.
La ciudad parece estar en calma- se dijo bella mientras caminaba por el parque. Era una tarde de primavera y no parecía haber mucha gente en las calles.
A Isabella le gustaba esa ciudad, la gente no la había acogido muy bien en ese pequeño pueblo, pero le gustaba, aunque se sentía aterrada. Extrañaba la seguridad que le daba la distante, pero innegable presencia su madre, pero como una adulta responsable que era no podía dejar que el dolor de la muerte de su madre la dominara, tenia que luchar, luchar por sus pequeños hermanos y su sobrino. Emmanuel y Bárbara, sus hermanos mellizos, tenían apenas dos años cuando habían quedado huérfanos de padre y después de tres años de madre.
Isabella sentía que les estaba fallando y no sabía como remediarlo, estaba perdida. Se sentía dolida consigo misma, sus pequeños estaban sufriendo y no sabía como ayudarlos. Podía ser un eficiente medico pero no podía cuidar a sus hermanos como se requería, no sabía cómo. Caminó más rápido pensando que alcanzaría a verlos antes de que se fueran a dormir. Detestaba tener esos turnos, pero pronto tendría su consulta, en una semana o dos, aunque ganaría menos tendría menos turnos y podría pasar más tiempo con la única familia que le quedaba en el mundo, era eso o dejar la medicina, lo último era lo más impensable, era su sueño, su paz, lo único que había decidido por si misma en muchos años.
¿Que estoy haciendo?- suspiró mientras caminaba entre los paseos de rosas del parque, hablaba sola. Una suave brisa acarició su rostro, como consolándola.
Ella apenas tenía 26 años, per era, usando un eufemismo enorme, muy lista, extremadamente lista, una superdotada; manejaba las empresas familiares; cuidaba a sus dos hermanos y a su sobrino que a veces también lo incluía en esa categoría, y era medico. No sabía de donde sacar tiempo, ni como pasarlo con sus pequeños.
Además debía lidiar con las responsabilidades de ser la heredera de una eminente familia con muchas empresas. Había liquidado casi todas las acciones y empresas menos las de la empresa que había fundado su padre, la que ahora ella co-dirigía. La verdad era que la empresa había estado en banca rota cuando había muerto su madre y le había costado mucho que produjera algún beneficio, durante un tiempo solo habría suficiente para cubrir los pagos de las inmensas deudas de la constructora Swan, aunque tenía como reserva la inmensa fortuna ahorrada por generaciones y generaciones de la poderosa familia Swan, además de los millones que le habían pagado por la venta de las otras empresas, era multimillonaria, pero por alguna razón odiaba ese dinero y no lo tocaba, era el recordatorio de que su familia se había destruido por codicia, que se había extinguido en medio de ese montón de millones.
Llegaba a la esquina de su calle cuando cruzo un auto deportivo, suspiró recordando su relajada y vacía vida anterior llena de lujos. Se sintió avergonzada de su pasado. Había sido, en su opinión, una real imbécil.
Isabella Swan era en las categorías convencionales y superdotadas, extremadamente inteligente. Tenía un título de administración de empresas que había obtenido muy joven mientras estudiaba al mismo tiempo mainors en arquitectura, diseño grafico y ingeniería civil. Todo por petición de su madre, porque como decía ella- era su deber como la heredera de la familia Swan- al igual que las otras muchas cosas que detestaba hacer pero hacia por complacer a su madre. Bella era muy inteligente y muy complaciente, hasta que su relación con su madre se había quebrado, su padre le había permitido cumplir su único sueño, estudiar medicina, al mismo tiempo que continuaba con sus otros estudios, una tarea titánica, pero posible para alguien como ella. Su madre se había negado y había hecho su vida y la de su padre miserables. René Swan estaba acostumbrada a hacer su voluntad, a manejar a su familia como marionetas, hasta que sus dos hijas mayores se rebelaron. Entonces sus obsesiones con el honor y el que dirán habían terminado en tragedia, primero Marie, la hermana gemela de Isabella (con su esposo e hijo), luego Charlie, todos habían muerto indirectamente por culpa de René y Isabella se enteró de ello, pero René nunca lo reconoció, ni siquiera a sí misma.
Bella se dedicó de lleno a sus estudios luego de la muerte de su padre, pues era lo único que había logrado mantener a raya el dolor. Se había sumergido tanto en su mundo de libros y su carrera de medicina que apenas había visto a sus hermanos una vez en vivo antes que el agente de servicios sociales llegara a su departamento en una gran ciudad en el extranjero a decirle que sus hermanos estaban en un orfanato en el pequeño pueblo que vivían con su madre, pues Kate, ese era el nuevo nombre de su madre, había muerto hacia unas semanas y ella no tenia ni idea. Había volado esa misma noche con el alma hecha trizas. Había llorado por horas en el avión privado que le había facilitado la eminente clínica en que trabajaba. Se culpaba a si misma que había traicionado a su padre, había descuidado su familia, a su madre, sus hermanos y la empresa, pero había estado tan dolida por la muerte de su padre y su hermana que no podía mirar a la cara a su madre. Sus padres se habían amado mucho, seguramente para su madre habría sido aun más doloroso se recriminaba, pero ella había sido egoísta en extremo y eso la había separado de su madre al extremo de que no le extrañara que dejara de llamarla por cuatro semanas.
Pero no todo había estado tan mal, pensaba. Kate, a pesar de su frialdad no se había rendido la había ido a buscar a la ciudad donde vivían y había llevado a sus hermanos de cuatro años con ella y había dejado caer un par de indirectas sobre tragedia, fortalezas y que debía cuidar a su hermanos. Bella no lo había comprendido las indirectas de su madre. La había malinterpretado pensando que su madre quería que volvieran a estar unidas como madre e hija, como habían sido antes de que su hermana se fugara, su padre muriera y Marie, su hermana, muriera junto con su esposo e hijo. En ese entonces Bella había estado superando la tragedia, el dolor, la ira y había estado esperando un acercamiento con su madre porque extrañaba a su familia, deseaba volver a refugiarse en su regazo y sentirse segura. Su madre había sido sutil, poco a poco le había dicho que la amaba y que quería volver a ser como antes y le había pedido perdón. Su madre había llorado y ella la había arrullado diciéndole que la amaba esperando que se durmiera, había verificado a sus hermanitos y se había marchado. Al día siguiente había recibido una llamada de su madre, de la nada, contándole que se iría de viaje al extranjero con los niños por un tiempo. A Bella le había sorprendido en un principio pero había pensado que su madre había cambiado mucho y lo había dejado pasar, pero resultó que no era más que una escusa para cubrir su peor época, el cáncer de su madre se la había llevado en un mes y aunque ella había hablado con ella una vez a la semana cuando dejó de contestar no le extraño pues había deducido que estaba de viaje. Casi murió cuando llego aquella mujer de traje azul con cara de desprecio, juzgándola. Ante los ojos de la gente había dejado a su madre morir sola en un lugar lejano y ella ni se había enterado o no le había importado. Bella había salido hecha trizas del departamento y su eficiente asistente había tenido que prácticamente arrastrarla al avión en un estado deplorable, sus hermanitos de 5 años estaban en un orfanato, que como ella descubriría más tarde, era espantosamente horrible.
Cuando había llegado a la enorme casona blanca y azul donde funcionaba un orfanato lo primero en que había reparado era que era espantosamente frio y espantosamente feo.
Isabella Swan cruzó el umbral del orfanato saint james pareciendo un zombi. Las prominentes ojeras y los ojos rojos de llanto, además de hinchados le daban un aspecto frágil, pero la elegancia y pulcritud con que iba vestida la hacían lucir segura y fuerte, lo que más tarde agradecería.
La encargada del orfanato, la señora Sue, era amable, pero Isabella apenas reparó en ella.
¿Dónde están mis hermanos?- había preguntado inmediatamente. La habían guiado por los pasillos del orfanato hacia el patio mientras Ángela se encargaba de los papeles de custodia. No podía fallarle de nuevo a su padre. Debía proteger a su familia.
El patio del orfanato era un cuadrado de unos diez metros de tierra yerma, allí en una esquina sentado tomados de la mano estaban sus hermanitos, ambos con sus ojos verde agua, herencia de su madre y su cabello chocolate como el de Bella, herencia de su padre.
Bella contuvo un sollozo en la garganta, se arregló su pulcro conjunto de dos piezas y llamó suavemente:
Emmanuel, Bárbara- dijo, no fue tanto su voz, como el alboroto que formaron algunos niños a su llegada lo que hizo que los niños se voltearan. A Bella se le partió el corazón al ver la cara de alivio que pusieron al verla.
Caminó hacia los niños dejando atrás a Sue, iban pobremente vestidos y Emmanuel portaba un evidentemente largo cabello.
Hola- dio cuando se arrodilló a su lado
Hola- dijo Barby con una voz dulce como el trino de una golondrina
Hola- dijo Manu sonriendo- eres tú- dijo mientras tocaba la cara de Bella suavemente. A ella se le antojó tan deliciosa esa suave caricia que no pudo evitar cerrar los ojos y disfrutar
Tienes los ojos de papá- dijo Barby mirándola directamente- eres tú- dijo mientras se encaramaba de un salto en su regazo. Bella nunca había tenido a más de un niño en brazos pero se las arreglo para ponerse uno en cada cadera y volver adentro. Estaba en shock y no sabía que hacer o decir así que se limitó a hacer lo que hacia su madre, sobarle suavemente la espalda. Los niños parecieron reconocer el gesto porque se relajaron en sus brazos.
Estuvo toda la tarde firmando papeles en el orfanato mientras Ángela iba a rentar una casa, cosa difícil por la escases de tiempo, pero al lado del poder de Ángela con un celular misión imposible se quedaba corta. Cuando Bella esperaba sentada en la escalinata del patio conversando con la ceñuda asistente social que le reclamaba sobre la expresa orden de Bella de mantener todo en confidencialidad aparecieron sus hermanos con sus pequeñas valijas y de su mano un niño de ojos azules de unos diez años, con cabello ondulado de un color castaño claro. El niño se parecía al los mellizos pero lo más sorprendente era que se parecía mucho a Bella.
Isabella Swan había sufrido grandes impresiones en su vida pero ninguna como la que tuvo cuando vio al muchacho de ojos azules, se había puesto de pie para ayudar a sus hermanos y se había encontrado con aquel niño con los ojos de su padre. Siempre se había caracterizado por ser inteligente por lo que no le costó asociar la edad, el color de cabello, los ojos, el rostro. ¡Era su sobrino!
¿MAMÁ?- preguntó el niño sorprendido al ver a bella. Barby lo llevaba tirándolo de una mano.
¿Jacob?- preguntó bella-¿jake?- sollozo cayendo de rodillas. Jacob la miró sorprendido y haciendo gala de su inteligencia la reconoció. Había visto su tía antes del accidente y la reconoció e hizo la conexión, su madre; Marie, tenía los ojos verdes como los mellizos. Una sonrisa feliz se extendió por su rostro ¡tenia una familia! Si ella era su tía, eso significaba que Barby y Emmanuel también. Tenía una familia, ya no estaba solo. Caminó con una elegancia innata de los Swan y se arrojó a los brazos de su tía y se puso a llorar. Isabella lloraba en silencio como catatónica, solo reaccionó a sentir a Jacob en sus brazos.
Ya no estoy solo- dio Jacob en su pecho y solo ella lo pudo escuchar. Entonces explotó. Un sollozo desgarrador salió de su pecho. Por la mentira, por el engaño, por la cruel venganza de su madre. Se había vengado de su hermana por abandonar la familia, se había vengado utilizando a su pequeño nieto, a su propio nieto, le había hecho creer a todos que el niño estaba muerto y lo había querido condenar a una vida de huérfano. Lo había mantenido cerca como para vigilarlo pero no demasiado como para que sospecharan. Sintió un dolor tan grande que no podía respirar
Me dijo que estabas muerto- decía entre llantos histéricos mientras se aferraba a Jacob como si se fuera a desaparecer- me dijo que habías muerto…mi madre- sollozaba. Ante los ojos de todos los presentes se formó una historia muy diferente a lo real. Ante todos la historia era que Bella había tenido un hijo y por alguna razón Kate le había dicho que estaba muerto. El niño debía haber sido bastante grande cuando se había separa de su madre por que la recordaba, a si todo tomo un rumbo, erróneo, pero con sentido ante la mente de la cotilla señora sue. Kate había sido responsable de la muerte del hijo de Bella y por eso ella la odiaba, pero en realidad había dejado el niño abandonado en un orfanato mientras su hija la odiaba por la muerte de su hijo. Por alguna razón Kate se había vengado de su hija y había renegado de su sangre al nivel de despreciar a su nieto. Para desgracia de la paz mental de Isabella para sue todo pareció encajar y ella era la más cotilla de aquel pequeño pueblo.
Bueno….he aquí el primer capítulo de esta historia…llevo tiempo pensando en ella e incluso he escrito algunas escenas en mis cuadernos escolares mientras estaba en clases (a mi profesor de álgebra no parecía convencerle que escribiera tanto en su clase)
La verdad es que solo lo hago por probar, si quieren que la continúe (seria bastante más larga que mis otras historias) por favor dejen comentarios….para saber que opinan… y si merece la pena continuarla.
Bendiciones
Rosella Black.
