"Mama por favor, tienes que decirme a donde vamos. Sabes que odio no tener cierto control de la situación."

"Lo sé querida. Pero tu padre teme una posible reconciliación vía lechuza con el muchacho."

"Pero el no sería capaz de armar un lio ¿y que si me llegara a reconciliar con él? ¿Por qué habría de ser tan malo? Después de todo lo amo. ¿no dicen acaso los padres que su mayor deseo es la felicidad de sus hijos?"

"Tu tampoco pensabas que él fuera capaz de serte infiel y sin embargo mírate, aquí estas con nosotros porque lo fue. Y tal vez eso no tuviera nada de malo y pudieras reconciliarte con el después, pero a tu padre le ha dado mala espina desde el principio y no necesita ser brujo para darse cuenta de que algo no está bien con el chico."

Hermione suspiró. Estaba perdiendo la pequeña discusión verbal con su madre, en pleno centro comercial. Por más que trataron de no subir la voz, vio de reojo hacia su costado y varias mujeres las observaban, entre divertidas y escandalizadas.

Tomo un abrigo que hacía unos minutos se había probado y los puso junto al resto de los que no le gustaban o no le iban bien. Mientras sus ojos se llenaban de lágrimas silenciosas, de espaldas a su madre.

Pero aquella mujer la conocía demasiado bien para saber que a su hija la invadía una callada rabieta, tocó su hombro.

"Lamento no ser de mucha ayuda pero él se siente un mal padre ¿sabías eso?"

Hermione se limpio una lágrima y vio a su madre a la cara

"Eso es absurdo. ¿Por qué habría de sentirse así?"

"Pues porque siente que fallo. El fue el que más me insistió en tener más hijos. Pero yo ya no podía, ni puedo, tú fuiste un milagro. Y desde que supo que venias solo le interesaba la idea de protegerte, de guiarte en la vida, enseñarte todo lo que sabe. Creo que de cierta manera, quería que fueras como él y así poder hacer contigo lo que le pareciera mejor."

"¿y se siente mal por no haber conseguido hacerme como él quería?"

"No. Creciste demasiado rápido, y además vino este don especial. No eras la niñita que él quería proteger, pues pronto fuiste lo suficientemente lista y valiente para tomar tus propias decisiones y por eso estamos orgullosos. Es solo que él cree que no te gusta estar con nosotros. Que prefieres estar con los Weasley, porque no somos… como ustedes. Y nos salvaste en la guerra cuando nuestro papel como padres era salvarte a ti. Entonces él siente que hizo mal en darte permisos para alejarte tanto de nosotros. Que ya no nos amas ni nos necesitas. Pero a partir de lo que paso y de la culpa que siente, quiere protegerte de Ron, a su manera. Para ejercer cierta autoridad robada. Hacerte feliz a su manera y recuperar tiempo contigo, pues se siente mal de no conocer muchas cosas sobre ti ¿comprendes?"

Claro que comprendía.

"Así que, mi niña. Olvida lo que te dije en nuestra pequeña discusión y promete que vas a hacer lo posible para complacer a tu padre. Aunque sea por un rato. Después podrás pensar en reconciliarte con el muchacho sin que tu padre piense que no te importo su opinión."

"Lo prometo mama, haré lo mejor que pueda."

Cuantas promesas hechas, en tan poco tiempo. Pero de algo estaba segura. No sabía si perdonar a Ron tan pronto. Lo amaba y lo necesitaba pero no estaba tan segura de que aquello fuera reciproco. Ni que fuera a ser tan fácil olvidar.

Esa tarde terminaron todas las compras. Organizaron sus pertenencias y sus padres fueron a comprar los boletos dejándola a ella sola en la casa.

De pronto el teléfono sonó:

"Aló"

"¿Tía Melinda?"

Era la voz de un muchacho.

"No. Yo soy Hermione."

"¡Hola prima! Mucho gusto. Soy Nikolay. Hablo rápido porque mis padres están ocupados y solo querían que preguntara cuando llegan."

"En 8 días exactamente."

"¡Muy bien! Los esperaremos con ansias. Y espero que vengan bien equipados, los climas en Sofía son extremosos."

"Sí, no te preocupes Nikolay."

"Llámame Niko, prima. Nos vemos en ocho días."

"Sí, hasta pronto."

¿Sofía? La ciudad misteriosa se llamaba así. Pero no podría ser de…

"¡ya se a donde voy!" grito jubilosa, la vecina se quedo pasmada viéndola tras la ventana.

"Hola señora McGrew"—saludó ruborizándose.

No podía creer su suerte, Sofia era una ciudad muy bonita y sin duda disfrutaría mucho viviendo ahí ¿Cómo podrían creer sus padres que ella iba a presentar oposición para irse a vivir a semejante lugar? Solamente imaginaba Sofia por relatos emocionantes que le habían sido contados por un muy buen amigo…

Una hora más tarde llegaron sus padres con los boletos en la mano. Ella pidió verlos, pero al ver que no la dejaron sonrió.

Paso una semana escuchando a sus padres planificar en voz baja y llenando un montón de cajas, dejando lista y limpia la casa, despidiéndose nostálgicamente de su enorme habitación y yendo a visitar por última vez a los vecinos cercanos y amigas de su madre.

Detestaba tanto que la trataran como una niña pequeña. ¿Por qué no podían decirle de una vez a donde iban? De todas maneras, ya lo sabía. ¿De verdad la creían tan estúpida como para no darse cuenta?

Llego caminando para relajarse a un pequeño parque. Se sentó en la banca más alejada que encontró y comenzó a leer "habitaciones sombrías" una reciente investigación que hablaba de cómo y por que las almas de algunos muggles ya fallecidos se aparecían en casas de sus familiares. También explicaba la manera cordial de recordarles a estos fantasmitas que ya estaban muertos, y no debían seguir apareciéndose con muggles pues les podrían causar un paro cardiaco.

Bajo cada descripción de las situaciones más extrañas se leían entrevistas a cubierto a muggles y magos que las habían vivido.

"El tío Walter murió en el inodoro"—confeso un muggle. "En realidad fue una muerte bastante estúpida y difícil de creer por lo que sus familiares decidimos no hacerlo público. Pero lo cierto es que murió al vomitar al estar sentado en el inodoro y los médicos atribuyeron su muerte a un ataque al corazón causado por su sobrepeso, tal como el loco de Elvis Presley. Salvo que el tío no era adicto a las pastillas."

(Nótese que el tal Elvis mejor conocido como el rey… Reino con la música y su disparatado peinado durante muchos años y váyase a saber porqué causó tanto revuelo)

Así pues el fantasma de aquel tío salía del inodoro de la casa sin falta a las 11:00 pm. Y salpicaba de agua todo alrededor. Cosa que espantaba horriblemente a los muggles viviendo ahí que cada mes o algo así pedían que se revisaran de nuevo sus tuberías y al no encontrar solución inmediata cambiaban de servicio y acusaban al antiguo de inútil, aunque la realidad era que no se atrevían a repararlo ellos mismos…

El martirio de los pobres muggles se había solucionado cuando la comisión de control de fantasmas decidió ir a hablar cordialmente con el señor Walter y explicarle su situación, lo cual no fue fácil.

Los agentes llegaron completamente empapados pero muy satisfechos de su trabajo aquella tarde.

Su mal humor se había disipado. Ahora estaba concentradísima en un capitulo muy interesante que hablaba de las posibles causas del retorno de las almas y la manera más común en la que los fantasmas muggles morían.

De pronto. Sintió que algo le tapó la luz.

Miro hacia arriba y se encontró con unos ojazos verdes que subieron la ceja al toparse con los suyos.

"¡Hermione!"—dijo el muchacho.

"Harry" ambos se envolvieron en un prolongado abrazo.

"Me dijeron que te has puesto muy mal. Y se te nota mucho en la cara…. Yo en serio, no sé qué pasó por la cabeza de Ron, pero después de un rato estaba muy apenado y comenzó a dar puñetazos contra todo lo que encontró. Dice tampoco tener idea de por qué paso lo que pasó y el también ayudo en tu búsqueda pero al parecer lo hicimos mal y no te encontramos y me siento mal por eso"

"Tranquilo Harry, no tienes que excusar a Ron por sus estupideces. Y no te sientas mal, pues después de todo, estoy bien ahora, a salvo en casa."

"Pero se supone que debí haberte encontrado muy rápido. No somos novatos en encontrar cosas perdidas."

"Ya deja de culparte por eso. Y descuida, no protejas a Ron pues de todas maneras, no volveré con él."

Paso toda la tarde platicando con Harry, más bien discutiendo, pues el argumentaba que debería de darle a Ron una segunda oportunidad y ella contestaba que ya le había dado demasiadas. Cosa que era cierta.

"Pronto me mudaré a un lugar muy muy lejano donde el no podrá encontrarme, Harry. Para volver a hacer una vida y reponerme de todo. Para cuando lo vuelva a ver, estar a las alturas de las circunstancias. Prometo escribir seguido, si prometes no decirle a Ron ni a nadie a donde fui hasta que me sienta preparada."

Harry se quedo un momento pensativo, pero después le dio otro abrazo largo y se desapareció antes de decir.

"Entonces espero que encuentres la estabilidad que buscas. Te deseo mucha suerte y cumple tu promesa y escribe pronto".

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Llegó a su casa mucho más relajada.

"¿Dónde estabas?"—pregunto su padre.

"Tomando un poco de aire. Ah y llamó Nikolay la semana pasada."

Vio a su padre pasmado. Se había animado a decir esto pues ya no sentía la presión atormentadora que había sentido antes. Ahora ya había visto a Harry y se sentía muchísimo mejor. Más poderosa.

¿Le preguntaste donde vive?

No fue necesario. Lo menciono él solo. Dijo que el clima en Sofía era extremoso. Y yo sé en qué país esta esa ciudad. descuiden, me agrada la idea.

¿y por qué no nos avisaste antes que tu primo había llamado?

Se fueron temprano y lo olvidé. Además, quería dejarlos que pensaran un rato más que yo no tenía idea de a dónde vamos. Pero ya ven que sí.

Ese fue el golpe más cruel que alguna vez les había dado a sus padres.

Conocía vagamente la historia de sus tíos. Miranda, la hermana de su madre, se había casado con un hombre algunos años mayor que ella, un viudo adinerado que ya tenía un hijo con su fallecida esposa, y que vivía en un país remoto.

Años después nació Niko, así que debería ser más o menos de su edad.

Habían ido de visita solo dos veces a su casa, y era demasiado pequeña para recordarlos bien.

Sabía por unas fotos que por fin habían ido a vivir al país de Vladimir (su tío político) y que también ahora tenían una niña de unos 8 años.

Sonrió. De verdad anhelaba mucho conocerlos mejor.

Miro hacia todos los lugares de la casa. Hasta los más insignificantes tratando de recordarlos momentos felices que había pasado allí.

Aunque había muchos momentos lindos de jugar a las escondidillas con su padre cuando era niña o hacer dibujos lindos y manualidades que le enseñaba su madre cayó en cuenta que los mejores momentos de su vida habían ocurrido en otro lugar que nada tenía que ver con ese.

Recordaba con nostalgia sus amplios pasillos, el gran comedor, los dormitorios, las aulas, el aroma a pergamino nuevo, los consejos de la profesora McGonagall con quien tenía menuda correspondencia todavía y supo de inmediato que esa era la etapa que mas extrañaría de su vida.

Tantos años de diversión y peligro con Harry y Ron y aquel último y horroroso en el que la guerra había estado con más intensidad.

Incluso aquel año que paso sola por los largos pasillos sin Ron ni Harry, al no querer ellos concluir su último año en Hogwarts pero que mantenían contacto con ella casi todo los días. Y con Ron que le enviaba lindas cartas de amor, rosas y montón de cursilerías más que tanta alegría le daban en sus tardes solitarias. Recordó sus tiernos detalles y se le llenaron los ojos de lágrimas.

También recordó que durante ese último año comprendió más que nunca a Harry pues ahora era a ella a la que todos observaban con morbo y respeto, era la consentida de la directora McGonagall y tenia ella ahora que responder a las inquietantes preguntas que le hacían sobre las aventuras del trio.

"¿Cómo hicieron para domar el dragon tan rápido y que los sacara de Gringotts"?

"¿Bathilda Bagshot en verdad estaba muerta cuando ustedes llegaron a Godric Hollow?

Y esas y muchísimas preguntas más a veces repetidas que ella contestaba detenidamente cuando tenía tiempo.

La mayoría de las chicas estaban al pendiente de sus movimientos y abrían en camino o el grupo de conversación cada vez que se acercaba ella, y aunque todo esto resultaba alagante al principio comenzó a ser un poco abrumador tiempo después.

Dejo sus reflexiones a un lado y se puso el suéter nuevo que se había comprado cerca de casa, un par de jeans ajustados y se lavo los dientes meticulosamente, feliz de no haber encontrado ningún tipo de nostalgia excesiva o demasiado triste para dejar esa casa muy probablemente para siempre.

5 horas después, estaban ya los tres en sus asientos de avión. Donde una atractiva azafata estaba dando muy sonriente, las instrucciones de despegue.

"Favor de cerrar las ventanillas, apagar sus teléfonos celulares o ponerlos en modo de vuelo, ajustarse los cinturones y prepararse ya que el vuelo 213 de Londres, hasta la ciudad de Sofía, durará en aproximación tres horas y veinte minutos. Gracias"

Hermione se quedó rápidamente dormida. Ni siquiera miró hacia la ventanilla que tenía al lado. Donde las majestuosas nubes comenzaban a quedar abajo. Aunque no estaba sobre una escoba, ni un Thestral, seguía odiando volar, y no se habría quedado dormida si no hubiera estado tan cansada y si su madre no le hubiera escondido y molido píldoras para dormir en el zumo de naranja.

La razón era el horrible aspecto que aún conservaba su hija. Un rostro blanco y pálido contrastando con unas enormes ojeras y los ojos rojos. El cabello lucia completamente opaco y mucho más dócil de lo normal. Y parecía haber adelgazado 5 kilos de un solo tirón. Era preocupante ver su aspecto, por lo que su madre pensó que un factor de ello era la falta de sueño, pero después de hacer ese ligero experimento descubrió que no era asi.

El señor Granger estaba angustiado y muy expectante acerca del próximo progreso en su hija al haber decidido mudarse a un lugar tan lejano. Pero confiaba que por el clima y el ambiente sano del lugar su pequeña se viera beneficiada y pudiera ser al fin la misma de antes.

Su madre la despertó, cuando el resto de los pasajeros estaban ya bajando.

"Ya llegamos."

"¿Tan rápido?"

"Dormiste casi cuatro horas como un tronco ¿Qué mas querías? Incluso tuvimos un poco de turbulencia, y aun así no despertaste."

"¿Enserio? Eso es nuevo."

"Lo sé. Algo raro te debió de haber sucedido hoy. Vamos, bajemos rápido, deben estar esperándonos."

Al bajar del avión, casi inmediatamente de encontrar su equipaje, conoció al hijo mayor de su tío. Un muchacho alto, delgado y de cabello largo y negro. Que los estaba esperando pacientemente recargado en un pilar. Y después de verla algo en él se sacudió rápidamente.

Mucho gusto, tú debes ser Hermione. Yo soy Mijail. Pero me dicen Misha.

Mucho gusto Misha.

Me mandaron por ustedes. La familia esta esperándonos en casa con la cena. Por desgracia la pequeña Nastia ya se quedó dormida.

Si, es tarde ya. Es comprensible. Hermione vino dormida todo el camino.

Mijail le dedicó a su prima postiza una sonrisa y mirada un tanto inapropiada.

Eres muy bonita.

Le dijo cuando nadie los estaba escuchando.

Ella no supo qué hacer, sólo sonrió y siguió caminando.

Subieron a un lujoso y amplio automóvil donde su equipaje cabía sin problema alguno. Al subir temieron ensuciar la alfombra con alguna porquería que hubieran pisado en el camino… Misha conducía un poco a prisa, pero muy cuidadosamente.

De vez en cuando miraba a Hermione por el espejo retrovisor y ella tenía que fijar la mirada hacia otro lado menos incomodo.

En camino de la carretera a la casa había un letrero enorme, que decía francés, alemán e inglés:

"Bienvenidos a Sofía, capital de la República de Bulgaria"

Al llegar a la casa de sus tíos, comió una cena deliciosa, ni siquiera supo ni preguntó qué era, pero estaba magnífica.

Y la casa ni se diga. Era una mansión. Estaba hermosa por dentro y por fuera, y era tan espaciosa que por un momento Hermione recordó el castillo de Hogwarts.

Al lado de la casa de sus tíos, estaba una casa igualmente hermosa, aunque un poco más pequeña. Era su nueva casa. Y al terminar de cenar, irían ahí a dormir.

La tía Miranda era muy hermosa y parecía más joven que lo que ella se había imaginado. Ella y su madre se veían casi iguales en muchos sentidos, salvo por el carácter. Pero físicamente tenían un parecido impresionante, como si fueran gemelas.

Miró por tercera vez en su vida después de muchos años el rostro de su primo Nikolay, quien resulto tener un sentido del humor encantador y una personalidad arrolladora muy diferente a la de su medio hermano.

También era un muchacho alto. De dientes largos, delgado, aunque no tanto como Misha, y un cabello tan alocado como el de Hermione, pero corto y rubio, y los mismos ojos marrones de la familia Griffin. (Apellido de solteras de las hermanas Melinda y Miranda)

De pronto, Misha comenzó a hablar.

"Ma… Miranda. ¿No va a llegar papá?"

"No, Vladimir se disculpa. Hace unas horas le surgió un viaje de negocios urgente. Llegará en un par de días."

"Pero el prometió, ir con nosotros, a… tu sabes dónde."

"Lo siento Misha. Lo mismo le recordé yo. Pero dijo que era algo muy importante. Dile al tío Vienes que los acompañe."

"Pero a él no le gusta el…"

"SHH… A dormir."

"¿Qué haremos con el boleto que sobra?"

"Después hablamos de eso. Hasta mañana Misha."

Los tres Grangers se miraron curiosos. Algo escondían.

Hermione vio un dibujo hermoso pegado en la nevera. Que decía con mala caligrafía, Anastasia Yovanovich. Su pequeña primita Nastia. Era una gran artista. Lástima que llegaron cuando ya estaba dormida. Suspiró.

"Hermana, muchas gracias por la cena. Estuvo deliciosa, pero tenemos que despedirnos, estamos muy cansados". —dijo su madre.

"Por supuesto que lo están, hasta mañana." Respondió la tía Miranda.

Hermione no podía dormir, y lo peor de todo es que no encontraba razón para no poder hacerlo. Había sido un viaje cansado, pero aun así no podía conciliar el sueño.

Decidió ir a dar una vuelta por los jardines. Y por costumbre, tomó su varita con ella.

"Lumos"—susurró.

Paseó un momento por su nuevo jardín. Estaba lindo aunque algo descuidado, ya arreglaría eso después.

Hizo un pequeño plano mental con macetas y flores por todos lados, y hasta podría agregarle un toque mágico sin que resultara demasiado evidente. Pero su enorme curiosidad la hizo rápidamente decidirse a explorar el jardín del enorme caserón de al lado.

Caminó con cuidado, sin hacer ruido. Y por medio del hechizo alohomora logró entrar.

Era una cosa majestuosa. Con fuentes, rosas, girasoles, margaritas, petunias, lirios, y en la parte principal había una pequeña insignia de oro, claramente muy antigua con el apellido de la familia.

Hermione hizo a un lado algunas ramas con su varita y pudo ver lo que la insignia decía:

"Georgi Yovanovich, 1765"

"Yuri Yovanovich, 1789"

"Alan Yovanovich, 1800"

"Malcom Yovanovich, 1832"

"Vova Yovanovich, 1857"

"Kolia Yovanovich, 1870"

"Ivan Yovanovich, 1890"

"Vienes Yovanovich, 1914"

"Naveen Yovanovich, 1938"

"Andre Yovanovich, 1957"

"Mikal Yovanovich, 1973"

"Lucian Yovanovich, 1989"

"Vladimir Yovanovich, 2002"

"En unos años aparecerá ahí "Mijail Yovanovich" el más bobo." —dijo una voz a sus espaldas.

Hermione se sobresaltó, no había escuchado a nadie aproximarse. De inmediato apago su varita y la escondió.

"¡Niko! ¡Qué susto me has dado!"

"Así que eres curiosa prima, de las mías, no te culpo. No llevas linterna. ¿De dónde provenía esa luz por la que viste los nombres?"

"¿Luz? No había ninguna. ¿Cuáles nombres?"

"Sí que había una luz, la pude ver claramente desde la cocina, tengo una manía de levantarme por las noches a comer algo. Y vi una luz blanca afuera, y supe que alguien estaba ahí, al principio me asusté, pero te reconocí rápido. Y yo se que estabas viendo los nombres de los antepasados de mi familia. Es enfermizo ¿verdad? Desde 1765. Tal vez existían desde antes, pero al loco del tata Georgi se le ocurrió hacer línea del tiempo con todos sus descendientes a ver hasta donde llegaba."

"No. En realidad no vi nada."

"Claro que sí."

Niko Sacó una linterna y dio luz a la placa de nuevo.

"Pronto serán 14 generaciones consecutivas. Yo no entiendo la importancia de estar grabando nombres en una plaquita de morondanga durante casi 2 siglos y medio seguidos y sin interrupción. Claro que Misha y papá lo encuentran algo honorable por tener una de las familias más antiguas de toda Bulgaria. A mí en realidad no me importa. Soy mestizo…"

Hermione se alarmó ante esa palabra

"¿A qué te refieres con mestizo?"

Niko se puso nervioso

"¿He dicho mestizo? No me fijé…. Ehh me refiero, ya sabes, porque nuestras madres son inglesas y mi padre Búlgaro."

De pronto Hermione sintió una corazonada, y se dejó llevar.

"Yo soy una sangre sucia. Y la verdad tampoco me veo muy atraída hacia el concepto de una familia antigua y honorable. Pues una mujer sangre pura como tu padre, y tu hermano, me hizo esto."

Dijo enseñando la cicatriz que le había dejado la muy cariñosa Bellatrix Lestrange.

Su primo se quedó frío, tieso. ¿De qué hablaba? ¿Por qué habría alguien de hacerle una cosa como esa?

"Te enseñaré la mía si me muestras la tuya. Mi "linterna""

Tímidamente, Nikolay sacó de su bolsillo una varita negra y larga, y Hermione hizo lo mismo sonriendo.

Ambos se miraron a los ojos un momento, emocionados. Y Hermione lo envolvió en un efusivo abrazo.

"Lo sabía. Sabía que alguien en mi familia tenía que ser igual que yo. ¡mi primo de sangre también es un mago! No tendré que fingir contigo qué alegría."

Al separarse, Hermione vió caer de los ojos de su primo unas lagrimas silenciosas.

"¿Qué pasa?"

"Lo siento… es, solo, la… emoción. Emm... nos vemos mañana prima, ya duérmete y deja de leer nombres en placas extrañas. Nos veremos mañana temprano."