Hola a todas y todos.
Aún no me he muerto. Pero no he escrito casi nada porque me la he pasado cuidando a mi sobrino, y también porque he estado jugando Overwatch y me consumió. Un poquito. Tampoco he logrado escribir como me gustaría, creo que es el óxido pero espero poder actualizar un poco más seguido.
Gracias por leer :D.
II.
Luxanna observó el rostro sonriente de su padre con calma, dejando que también una sonrisa se pintara en su rostro pero jamás revelando sus verdaderas emociones.
-¿A Ionia?
-Temporal hija. El antiguó embajador presentó una solicitud para regresar inmediatamente, de extrema urgencia según el informe de nuestro Rey y sería un honor para nuestra familia proveer un embajador temporal. Muraha es una pequeña ciudad costera, estoy seguro que será de tu agrado, un mes como máximo y estarás de regreso en Demacia.
Lux asintió al tiempo que hacía una reverencia.
-Por supuesto padre, sería un honor para mí actuar como embajador, así sea temporal. Empacaré algunas cosas y partiré al caer la noche, así llegaré a puerto en la madrugada y con suerte en dos días estaré allí.
Retirándose Luxanna no se molestó en mirar nuevamente a su progenitor. Ya la situación, la solicitud, la premura y por encima de todo el momento le hacían sospechar que algo no andaba bien. Si de todos, la elegían a ella como reemplazo temporal para un embajador solo podía significar que la salida del anterior suponía un problema para Demacia, así que la enviaban a ella para que lo solucionara en el plazo de un mes. No era el tipo de misiones a las que estaba acostumbrada, pero no podía negarse a una petición de su rey, menos si su padre estaba directamente involucrado. Por ello, al llegar a su habitación preparó ropa para su nueva posición y encantando un fondo falso para su equipaje metió allí elementos extra que le serían de mucha utilidad si la misión se tornaba compleja.
Al caer la noche, luego de comer algo y notar que estaba ya su escolta esperándola pensó en la asesina y lamentó no tener tiempo para enviarle algún mensaje. Seguramente Katarina entendería, con el correr de los días, su ausencia y ambas sabían bien que en ocasiones sus deberes las obligaban a desaparecer sin previo aviso. Aun así, deseo la joven maga tener una manera de contactar con la pelirroja antes de partir, más una vez en su caballo simplemente miro hacia el cielo y prometió volver mucho antes de cumplirse el plazo máximo.
Casi cuatro días después llegó al fin a la ciudad, ya un grupo de soldados la esperaba para escoltarla hasta la embajada, esa noche una fiesta fue dada en su honor y la bienvenida a la cuidad transcurrió sin mayor complicación.
Durante los días que siguieron, Luxanna cumplió sus labores como embajadora revisando los recientes acuerdos mercantiles, la legislación Ionia era bastante permisiva en cuanto al aspecto comercial pero quizá más rigurosa que la Demaciana en tantos otros aspectos que Luxanna se sintió casi libre al pensar en su patria. Sorprendentemente, había un apartado particularmente interesante para la maga, con todo y lo rígida que parecía la vida en Ionia la gente lucía satisfecha, alegre incluso. Cada día las personas, desde las más humildes hasta aquellas con alguna posición de poder o cierta comodidad inundaban las calles y las llenaban de una alegría sutil pero palpable. Al caer la noche, la mayoría de habitantes regresaba a sus hogares y las solitarias calles interiores contrastaban con el puerto que continuaba siendo un bullicioso hervidero. Tras varias noches de investigación no encontró mucho la maga en las posadas, salvo marineros que llegaban junto al cambio de marea buscando un plato de comida y una cama donde terminar la noche. Algunos buscaban más, pero aquel aspecto de la vida nocturna parecía parte de un secreto ritual, uno en que solo aquellos verdaderamente interesados podían acceder y Luxanna asumió que el antiguo embajador, con lo altivos y orgullosos que eran los Demacianos, no hubiera siquiera considerado la posibilidad. Por tanto, al final de la primera semana abandonó sus expediciones nocturnas y decidió centrarse entonces en las altas esferas que la rodeaban.
Dos semanas pasaron pero Luxanna no encontró ningún indicio evidente, aquello comenzaba a desesperarla. El gobernador ofrecía banquetes casi todas las noches, algunos menos públicos que otros y si bien Luxanna estaba invitada solo había asistido a un par, pues con la mayoría de nobles fuera era una oportunidad de oro para hacer uso de sus habilidades menos conocidas. Sin embargo, al no tener pista alguna pensó que quizá asistir podía refrescar su investigación y con suerte llevarla por un camino productivo. Esa noche entonces, no brinco tejados, encantó muros y desvió reflejos para esconderse entre las sombras sino que se movió al ritmo de la música, sonrió y compartió con sus semejantes hasta que fue hora de regresar a la cama. Al cabo del tercer día se encontró disfrutando la paz, la alegría y la despreocupación que la constante celebración le producían, jamás en su vida había Luxanna experimentado un periodo desprovisto de peligro y por ello cada mañana sospechaba más y más que algo realmente malo debió ocurrir con el anterior embajador para decidirse abandonar el idílico lugar. Tampoco identificaba sospechosos, todos parecían tan comunes que las pequeñas diferencias entre ellos podían bien pasar desapercibidos si sus sentidos no fueren tan diestros en su labor, en sí solo el gobernador le parecía en algo extraño: su tendencia a celebrar casi todos los días le hacía cuestionarse si no era aquello una fachada para que nadie se molestara en mirar más allá, en quizá preguntarse cómo es que financiaba sus constantes jolgorios.
Luxanna indagó amparada en la inmunidad diplomática, entre bromas y conversaciones ligeras pero no encontró más que evasivas y respuestas poco concluyentes. Por ello, amparada en la noche se infiltro en los aposentos del gobernador y con ayuda de su magia buscó entre los cajones algún indicio, pero no encontró mucho salvo un par de cofres sellados mágicamente y aunque no parecía complejo decidió ser prudente y no abrirlos esa noche, practicaría hasta copiar a la perfección el hechizo. A mediados de la tercera semana, ya con el tiempo justo Luxanna fue invitada a una ciudad vecina, según el gobernador quién se ofreció a ser su guía había un joven pintor cuyas obras se contaba ya entre las más hermosas y admiradas del reino.
Basto con mirar a los ojos al apuesto joven para que una sensación poco agradable se instalara en su pecho, en ellos veía algo tan familiar que le heló la sangre ser capaz de reconocerlo con tan solo verlo. Sus obras, además, estaban llenas de un aire melancólico y trágico que al parecer todos fallaban en descubrir, la verdadera naturaleza del sujeto fue obvia para la maga desde su primer encuentro y de igual manera sucedió para el sujeto. Pero el tercer participante de aquel intrincado plan por completo ajeno continuó su papel con impecable maestría.
El gobernador se retiró justo después de la cena, Luxanna probó apenas bocado, examinando con cuidado cada alimento en busca de veneno o algún narcótico. Parecía que el hombre se divertía más y más al descubrir en cada movimiento su paranoia, pero la maga no dejo que aquello la intimidara, su mente trabajaba tan rápido como podía imaginando tanto escenarios como los engranajes de su mente se lo permitían. Salir con vida era su principal prioridad, pero descubrir exactamente lo que ocurría era sin duda lo que más le atraía, pasaron apenas algunos minutos hasta que los dos quedaron por completo solos. Él sonrió, también Luxanna y en menos de dos segundos la maga levantó una barrera que desviaba sin mayor problema los proyectiles del asesino.
Tras varios minutos Luxanna escuchó el relinchar de caballos y sonrió, sabía que aquello pasaría por eso había debilitado las riendas y apenas intentaran apretar el paso estas se romperían causando que los jinetes cayeran de sus monturas, si tenían suerte no se romperían el cuello al caer pero sino serían un problema menos. La lucha continuó, las paredes del lugar a punto de colapsar y la maga decidió empezar a atacar con prudencia, sus hechizos débiles pero escandalosos justo para hacerle pensar que pronto se quedaría sin energía y entonces tendría su oportunidad para escapar. Pero cuando la batalla alcanzo los jardines de la enorme posada fue claro que aquel hombre no caería en su juego, tampoco él ponía demasiado esfuerzo en sus ataques limitándose a disparar de vez en cuando y dejando que los explosivos fueren debilitando sus escudos, pero jamás acercándose lo suficiente para quedar vulnerable.
-¿Por qué no temes niña?. No hay salida, no puedes escapar de mí – habló el asesino sonriendo con suficiencia.
Luxanna imitó el gesto, todos decían lo mismo y la amenaza ya no tenía efecto en ella, incluso era interesante encontrar en Ionia un asesino capaz de darle batalla pero su prioridad era salir de la isla con vida no sin antes confirmar sus crecientes sospechas.
El hombre aprovecho un segundo su descuido y logró que una mina aterrizara lo suficiente cerca para que la onda de la explosión la hiciera tambalearse, acto seguido un proyectil paso rosando apenas su brazo más hábil y un segundo le desgarro la piel, pero en ese momento el hombre se vió sin munición, y en los dos segundos que le tomaría recargar, Luxanna tomó la ofensiva lanzando un hechizo inmovilizador que alcanzo al sujeto quien apenas tuvo tiempo para intentar esquivar el devastador rayo de luz que la maga invocó en su dirección. Un agudo aullido de dolor rompió la paz de la noche, al aroma a piel chamuscada invadió sus sentidos obligándola a fruncir el ceño. Aullando de dolor, el asesino levantó la vista inspeccionando con horror su hombro al rojo vivo pero al fijar sus ojos en Luxanna sonrió. La joven demaciana no perdió tiempo, corrió tan rápido como sus piernas se lo permitieron y montó el caballo sin mirar atrás, exigió al animal tanto como fue posible y logro embarcarse sin contratiempo.
Durante el viaje la maga durmió poco y comió apenas lo necesario para no debilitarse, el nudo en su pecho estrujaba cada vez más fuerte su corazón. No encontraba una manera creíble de justificar lo ocurrido en Ionia, deseo encontrar al menos una excusa creíble para el comportamiento de su padre, pero su mente se negaba a disfrazar el atentado como otra cosa. La verdad, en esta ocasión, le fue imposible de disfrazar y con el correr de los días fue sintiéndose cada vez sola. Aunque en realidad, lo que hizo Luxanna Crownward durante ese viaje no fue más que darse cuenta por fin que no era ya de utilidad para su familia, y si bien pensó que ese día llegaría no se imaginó que con 17 años había llegado el fin.
Desembarcó cerca de Noxus, aferrada a una última esperanza se infiltró en la ciudad y recorrió el pasadizo que tan bien conocía, recorrió las desoladas calles escondida entre las sombras e hizo el camino hasta el departamento de Katarina. Con cada paso sentía más y más el peso de su inevitable futuro, pero en ese momento solo deseaba olvidar. Se escabulló y acostumbrando su mirada a la poca iluminación del lugar pudo ver a la asesina dormida en su cama, al acerarse sin embargo también alguien más en el otro lado de la cama llamó su atención. Sonrió con cierta amargura, pues no tenía tiempo para fingir sorpresa.
Tampoco se inmutó cuando la daga de Katarina se detuvo a milímetros de su cuello al estar lo suficiente cerca, e ignorando la mirada acusadora de la asesina acarició con ambas manos su rostro para besarla despacio. Aunque Katarina no demoró en responder e intentar tomar el control Luxanna se separó y reinició el beso tan despacio como la primera vez, repitió aquello sin decir nada hasta que la asesina la dejo ganar. Con una delicadeza impropia de la Noxiana despojó a la joven maga de sus ropas, aunque no era propio de Katarina se conformó con ir despacio, dejando pequeñas marcas en la piel de Luxanna y controlando sus movimientos con tal precisión que fue ella lo único que ocupada la mente de la joven Demaciana. Luxanna no notó en que momento había la otra mujer abandonado el lugar, ni mucho menos podía precisar el instante en que luego de agotar hasta su última reserva de energía se quedó dormida.
Cuando despertó la luz se filtraba por la única ventana, Katarina aún a su lado lanzaba distraídamente sus dagas a la pared frente a ellas. Sin moverse Lux observó a la noxiana durante algunos segundos, grabando en su prodigiosa memoria cada movimiento, cada detalle y luchando con todas sus fuerzas para no romper en llanto allí mismo. No era ni el momento, ni el lugar para desmoronarse, había tomado una decisión y ahora solo le restaba disfrutar los instantes que aún le quedaban.
-Es más de medio día – dijo Katarina lanzando otra daga-.
Lejos de contestar la rubia se acercó pasando una de sus piernas entre las de Katarina que solo levantó sus cejas mirándola curiosa, luego dejó que sus manos se acomodaran alrededor de la cintura de la asesina y finalmente se abrazó a ella escondiendo el rostro en su cuello expuesto. Trazó perezosos patrones en la piel tibia de la pelirroja que ignorando la extraña actitud de la maga la dejó ser hasta que nuevamente la rubia volvió a dormir pacíficamente. Al cabo de unas horas Katarina se levantó y fue por algo para comer, regresó para ver a la maga abrazada cómodamente a su almohada aún dormida.
Esa madrugada cuando Katariand esperó ante el repentino cambio en su cama encontró a la joven maga ya vestida y lista para partir. La miró extrañada, pero Luxanna solo sonrió sin que el gesto pudiera alcanzar sus ojos contritos y llenos de tristeza. Fue entonces cuando todas las alarmas en la cabeza de la asesina se encendieron, más con un último beso dulce y lento Luxanna se alejó llegando hasta el marco de la puerta. Al girar Luxanna dejó caer todas sus barreras, por primera vez permitió a Katarina verla tal y como realmente era: una niña asustada y enamorada. Pero no dudó un segundo en dejar que esas dos palabras salieran desde su corazón manifestándose apenas en un débil susurro lleno de afecto y devoción, la primera y única vez que lo decía y aun así parecía de lo más natural. No esperó respuesta, no la necesitaba, parte de ella prefería aferrarse aún a la ilusión que también Katarina, aunque a su muy rara manera, la amaba.
Hizo el camino de regreso en silencio, pero con el rostro bañado en lágrimas.
Al llegar a Demacia bastó con anunciar su presencia para que un contingente de soldados armados saliere a su encuentro, su hermano y su padre a la cabeza. No fue necesaria violencia alguna, Luxanna Crownward entregó su báculo y armadura mucho antes que le fueran exigidos. Caminó con las manos atadas y la frente en alto, enmascarada en la impasividad recorrió los pasillos abandonando con cada paso un trozo de su corazón.
