Defecto #2
Eres un vago
###
De saber de antemano lo que te esperaba en el parque aquel domingo, nunca hubieses ido. No solo no pudiste hacer todo lo que tenías que hacer durante aquel día, sino que además corriste la mala suerte de tener que aguantar a Aomine desde la mañana hasta la tarde. Kise, definitivamente, iba a hacértelas pagar por encolmarte semejante muermo con la excusa de tener un trabajo inesperado…
—Vamos, no ha sido para tanto —rió Kise al otro lado de la línea telefónica.
—¡No he hecho nada en todo el día! —acusaste, mirando la gran montaña de papeles no rellenados que había sobre tu escritorio—. Hoy debería haber terminado de recoger los resultados, leches.
—Tómatelo como unas vacaciones, ¡las necesitarás o te saldrán arrugas!
Inmediatamente colgaste. Era inútil tratar de razonar con aquel rubio veo-la-vida-de-color-rosa-y-soy-feliz. Te sentaste sobre la cama y miraste hacia el techo, pensando que el azul que habías disfrutado durante el día era infinitamente mucho mejor que aquel blanco, la tranquilidad del parque no era comparable al ruido que hacían tus vecinos de arriba y que el olor de tu cama simplemente no era ni de lejos tan bueno como el Aomine.
…
…
…
—¿¡Pero qué diablos estoy pensado!? —chillaste abriendo los ojos y pensando que ya alguien te había envenenado el cerebro—. Que no, que no, olvida esa última parte.
La cosa había ido así: Tras llegar temprano al parque, te habías topado con el dúo dinámico entrenando en las pistas. Nada raro, la verdad. Sin embargo Kise recibió unas inesperada llamada que le obligó a retirarse dejándote con un adormilado Aomine, quien no dudó ni un segundo en cogerte como un saco de arena y dejarte no muy suavemente sobre la hierba para posteriormente acostarse sobre tu regazo.
"Quédate quieta, se está muy bien" había dicho. Y, por algún motivo, obedeciste y dejaste que tus párpados descansasen. Diez minutos. Media hora. Dos horas. Tres horas. Cinco horas. Ocho horas.
"Achoo."
Abriste los ojos algo confusa, no sabiendo de dónde provenía aquel extraño ruido. Viste que Aomine estaba ya despierto, pero hacía poco porque aún sentías caliente tu regazo. Le miraste interrogativamente, pero el atardecer te hizo reaccionar. MIERDA. Te habías echado una siesta exageradamente larga. ¿Cómo era siquiera posible que durmieses tanto? Definitivamente no debías quedarte hasta las tantas jugando a videojuegos…
—¡AHOMINE! —le gritaste, lanzándole lo primero que tenías a mano—. ¡Si quieres perder todo el día durmiendo hazlo, pero no involucres a los demás!
—¿Eh? —respondió, con su mirada de recién despertado—. He descansado durante todo el día.
—¡Eres un puto perezoso, tío! —replicaste, sintiendo la rabia crecer dentro de ti por hacerte perder el día así.
¡El segundo, el segundo! Me ha costado un poquito y siento que no lo he desarrollado como quería. Si tenéis cualquier sugerencia/crítica, adelante. ¡Me encantará saber vuestra opinión!
Con cariño,
Wonderful Mess.
