De secretos y entidades

Capitulo 2

Secretos recelosos

Se observó detenidamente en el espejo, dándose cuenta de que el gran morado que anteriormente tenía en su ojo izquierdo, ya había desaparecido.

Daba gracias a que en el mundo mágico existiera el hechizo glamour, al igual que las pomadas que quitaban esas marcas en unos instantes.

Suspiró, totalmente frustrado y algo contrariado.

–Merlín, esto solo me pasa a mí. –farfulló reprochándose. Pero no se arrepentía, para nada, de lo que había hecho. Al contrario, ese puñetazo que recibió bien valía la pena, sobre todo si había conseguido tocar con sus labios los del rubio engreído.

–No fue la gran cosa, pero un beso es un beso –claramente estaba alegre. Su sonrisa boba y descomunal lo demostraba.

–Harry…no sé que tanto piensas, pero… ¿No crees que ya estuviste mucho tiempo en el baño? Nosotros también queremos ducharnos –se quejó Seamus, asomándose por entre la puerta del baño.

–¡Lo siento! –se disculpó avergonzado.

Se había levantado temprano y desde que dejo la cama, se encerró en el baño para tomar una relajante ducha. Su relajación no fue más que puros pensamientos sobre su pequeña salida que hizo el sábado por la noche. Nadie sabía que fue a un antro muggle y gay, ni tampoco que se pasó toda la noche bailando junto con Malfoy, y la verdad, así estaba bien de momento: todo en secreto.

Tomando sus cosas y sin esperar a ninguno de sus amigos, salió de la habitación con dirección al Gran Comedor, le urgía ver al Slytherin, deseaba saber como se encontraba, si es que aún seguía molesto sobre el beso que le había robado, aunque no lo sabría, porque dudaba que Malfoy se le acercase a contar sobre su aventurilla y escape, y menos sobre el chico Henry y el beso recibió de este.

–Definitivamente no.

Quería hacerse el desinteresado, desayunar tranquilamente y mandar una o dos miradas al rubio, simplemente para cerciorarse de que ya no estaba enojado. Ni bien atravesó las grandes puertas de madera y sus ojos ya estaban posados sobre la esbelta figura de Draco Malfoy.

Ceño fruncido, movimientos suaves al tomar el tenedor, bocados pequeños, masticadas imperceptibles, elegancia al limpiarse con la servilleta y delicadeza al beber el zumo de naranja; resultaba ser una mañana normal como todas las demás, aunque ese leve tic en la ceja izquierda indicaba irritabilidad.

Malfoy se está exasperando –anunció su mente con voz cantarina al ver como el tic nervioso se hacia más visible–. Si yo fuera Parkinson, guardaría silencio.

Ante sus pensamientos, un escalofrío le recorrió.

Así estoy bien gracias. Con multitudes de fans, pero prefiero ser el jodido niño que vivió, que Pansy Parkinson.

–¡Harry!

–¿Ah? ¿Ginny?…

–No, el calamar gigante. –Rodando los ojos–. ¿Qué haces a mitad de la entrada del Gran Comedor? –pregutó extrañada. Desde hace más de cinco minutos que el moreno estaba ahí parado con la vista perdida.

–Y-yo…b-bueno –más que sonrojado y apenado estaba. Había perdido la noción del tiempo al estar baboseando con sus pensamientos. Aún sonrojado, optó por la mejor respuesta:– Nada.

Sin más, Harry se alejó de la pelirroja, dejándola preocupada ante su actitud, y se sentó en la mesa de Gryffindor como debió de haber hecho hace minutos atrás.

No era la primera vez que le ocurría esto, siempre se abstraía y parecía más retraído que de costumbre, logrando así preocupar a sus amigos.

–Algo te sucede Harry…y descubriré que es –susurró para si misma, determinada a saber que tanto guardaba recelosamente el joven de ojos verdes.

*****

–Señor Potter, hoy a las ocho de la noche para cumplir su castigo, no se le olvide. –Habló adustamente el profesor Snape, su rostro mostraba una sonrisa burlona.

–Si, señor. –Claramente estaba furioso, era principio de semana y el pocionista ya había conseguido meterlo a detención durante una semana, por el simple hecho de que su caldero había explotado –llevándose con eso media aula– y de haber provocado que la poción de Zabini y Nott –y también el de Hermione, pero a Snape eso no le importaba– se echase a perder.

Dando un portazo caminó a grandes zancadas hasta donde sus amigos lo esperaban, ante la muda pregunta de Ron, negó con la cabeza a la vez que soltaba un suspiro.

La puerta del aula de pociones se abrió nuevamente, el hombre de vestimenta negra avanzó con su singular arrastre de túnicas y se detuvo frente al moreno, con cinismo patente en sus facciones y voz, habló:

–Diez puntos menos para Gryffindor, por la falta de respeto del Señor Potter.

–¡¿Qué?!

–No, Harry. –Suplicó Hermione mientras lo jalaba de la mano y con una significante mirada hacia el pelirrojo, entre los dos se llevaron a su amigo.

–P-pero es que… ¡No es justo!

–Tú azotaste la puerta, ahora te aguantas.

–Pero…

–Ya hermano, si hubieras dicho otra cosa más, Snape te castigaría por todo un mes.

–No es justo –golpeándose la cabeza contra la pared. Su día estaba resultando ser un asco y apenas comenzaba, ni siquiera era medio día.

–Vamos, Harry, no te desanimes.

–Mejor concentrémonos en el partido de quidditch que tendremos este fin, Ravenclaw estará muerto en el campo –como siempre, el animo de Ron conseguía levantarlo.

–Gracias, chicos, siempre estoy causándoles preocupaciones.

–Para eso estamos, para preocuparnos por ti.

–Desearía que así no fuera.

Ya más tranquilos, los tres se dirigieron a su sala común, tenían una hora libre antes de ir a su clase de Cuidado de Criaturas mágicas junto con los Hufflepuff.

–Por cierto Harry, tengo una duda. ¿Podrías decirme a donde fuiste el sábado en la noche?

Abruptamente se detuvo, procesando la pregunta que la joven le había lanzado. Aún no tenía algo planeado para decir en cuanto uno de sus amigos llegase a saber de sus salidas. Parece que no estaba listo está vez y no se le daba bien el mentir, aunque uno siempre debe intentar y esforzarse.

–Andaba…por ahí.

–¿Dónde es ahí?

–Oh, vamos Hermione, deja al pobre de Harry…a mi tampoco me gustaría andar contando mis intimidades.

–¿Qué?… Harry, ¿estas saliendo con alguien?

–¡No! Bueno, yo, no con alguien, sino…

–Ya lo sabía –por primera vez, Ron se mostraba comprensivo, sabedor de todo.

Palmeó el hombro de su más que amigo y con un guiño de ojo dio a entender que por él no había problema–. Espero que después nos la presentes.

–Harry, yo no estoy en contra…solo preocupada, no quiero que salgas herido, ¿si? –Como si fuera una madre cariñosa, Hermione hablaba tranquilamente, con voz suave–. Cuando lo creas necesario y gustes presentárnosla, estaremos dispuestos –terminó diciendo con una radiante sonrisa.

Siguiendo caminando, lo dejaron atrás, sin darse cuenta que Harry seguía con los pies anclados, hombros caídos y cara de sufrimiento.

Sí, estaba saliendo –Pero no con alguien– y claramente no sería un nos la presentas o un presentárnoslaSino un nos lo presentas–. Ningún ella, sino un él.

Alzó los ojos con mirada suplicante hacia algún ser divino y mentalmente se preguntó si sería el momento adecuado para decirle a sus amigos que él era gay.

Bajó su mirada y la fijo en aquellas dos personas que valían mucho, que daría la vida por ellos. Los dos iban bromeando, platicando de cosas triviales, Hermione haciendo pequeñas insinuaciones sobre citas, novios, etc.

–Creo que será en otro momento –sentenció con voz cancina. No estaba preparado para recibir lo que sea que digan, aunque sea bueno–. Primero debo aclarar mis… ¿pensamientos?

Se preguntó titubeante al recordar a cierta serpiente.