DISCLAIMER: STAR WARS pertenece a Disney.
Toth.
El Espacio Salvaje es nombrado así a un gran grupo de sistemas estelares desconocidos, ubicadas en la orilla del borde de la galaxia.
Territorio inexplorado, aquí se encontraba el planeta Toht, un lugar con un ecosistema variado, de grandes valles y bosques como también desiertos ardientes.
La raza predominante eran los tothers, humanoides de piel magenta y cabellera negra; quienes vivían en aldeas y sin mucha tecnología, pero muy religiosos. Ellos no eran de explorar la galaxia, pero recibían con las manos abiertas a los extranjeros que visitaban su territorio.
Mil años antes de la Batalla de Yavin, una nave se estrelló en el planeta, era evidente que aquel yate estelar había escapado de algún conflicto, el metal quemado y las marcas de los disparos de los turbo láser no dejaban ninguna duda a los lugareños.
Curiosos y con cierto temor, se acercaron a la nave siniestrada pero un hombre salió de la nave, totalmente herido y con una extraña arma en el cintillo.
Habló, pero nadie de los tothers sabía el básico estándar, pero él señalaba la puerta de la nave, un tother se armó de valor e ingresó a la nave y encontró cuerpos humanos en el suelo, respiraban, pero estaban muy heridos.
El extraño grupo fueron auxiliados, curados y el que parecía ser el líder estaba muy agradecido, pero no tenía intención de salir del planeta. Estaban siendo perseguidos y había logrado escapar por los pelos, se percató que no tenían mucha tecnología y decidió mostrar sus habilidades: movió sillas, controló la mente de un enfermero y los tothers se impresionaron.
Ellos no eran normales, eran seres "mágicos" y el líder de la tribu lamentó que ellos no pudieran hablar su idioma. Pero para los humanos, no era un problema, tenían un traductor modular y al ponerse al oído, pudo escuchar el deseo del líder del lugar.
A pesar de que recibían amablemente a los viajeros, no podían evitar ser asaltos por piratas y mercenarios, el hombre le prometió protección.
A un mes después del accidente, el hombre y su grupo de sobrevivientes, esperaron a los piratas que se acercaron al planeta, tenían la orden no dejar a ningún vivo para no ser descubiertos.
—Esta es nuestra nueva casa—exclamó uno de ellos.
Los piratas fueron sorprendidos, el grupo de humanos encendieron sus armas, sables de luz cuya hoja escarlata brilló con intensidad y los piratas fueron desmembrados sin piedad.
Los tothers estaban impresionados.
— ¿Quiénes son ustedes?
—Somos Sith—exclamó el hombre girándose lentamente, sus ojos amarillos brillaban y apagó su sable de luz—Le prometí protección y eso haremos si nos permite quedarnos permanentemente aquí.
El local agradeció la ayuda y los Sith se asentaron en el lugar, como protectores y posteriormente, los Señores del planeta.
Los Sith de Toth tuvieron mucho cuidado a la hora de reclutar humanos y otras especies en su Orden Sith, pero ellos nunca olvidaron su verdadero objetivo: derrotar a la Orden Jedi y encontrar a una entidad de la Fuerza, que se decía que habitaba en el Espacio Salvaje, con un incomparable poder de la Fuerza, con lograr dominarla, tendrían a la galaxia bajo sus pies.
Mil años después desde que se estrellaron, sentían que estaban listos para emprender en la búsqueda de la entidad.
Dos mujeres, una mayor que la otra, caminaban por el verde campo del planeta, cubiertas con una túnica negra que ocultaba sus rostros e iban en dirección al hangar donde la nave transporte los esperaba. La joven estaba ansiosa y eso captó su maestra.
—Mantén tus nervios al margen, Vesky—exclamó Kanrey, Dama Sith.
—Lo siento, maestra—exclamó Vesky Varth, una joven de veinte años y que estaba punto de ascender al siguiente rango: Dama Sith y el viaje era una prueba de fuego: irían a buscar a la entidad misteriosa.
Delante de ellas, estaba el yate estelar, el Gran Señor Sith llamado Seimos Cron, se hallaba de pie, las mujeres se detuvieron, a espaldas de los Sith presentes.
—Ustedes fueron escogidos para esta misión importante para nosotros— exclamó Seimos Cron, un hombre de pelo canoso y ojos amarillentos— Nuestros antepasados levantaron esta nueva Orden Sith y ha llegado el momento de revelarnos ante la galaxia. Escondidos, vimos las guerras e invasiones, ajenos a ello. Ahora, nuestro momento ha llegado: debemos hallar a Mortis, donde se halla la milenaria criatura y destruir definitivamente a los Jedi, cosa que los Sith de Bane ni los Caballeros de Ren no han podido. Es hora de emprender el viaje.
Quince Caballeros Sith se pusieron de pie y avanzaron hacia la nave transporte, Vesty sintió que alguien le tocaba el hombro, se giró y vio a su padre.
—Mantén sus sentidos enfocados, Vesky—exclamó Jeron Varth, Caballero Sith.
—Lo haré, padre.
—Si te encuentras con un Jedi, extermínalo sin miramientos.
Vesky se inclinó respetuosamente, Jeron la observó por un momento, su rostro serio no emitió ningún tipo de emoción, se giró y se apartó, Vesky vio a su maestra que la esperaba en la rampa y la siguió, entre el grupo de Sith también se encontraban algunos tothers sensibles a la Fuerza y también eran señores Sith.
El piloto encendió la nave, los Sith se ubicaron en sus posiciones, la nave alzó vuelo mientras el césped se agitaba bruscamente en el suelo y desapareció entre las nubes.
Jeron Varth le hubiera gustado acompañarlos, pero sabía que el Gran Señor Sith le tenía otra tarea encomendada.
Coruscant, oficina de Maris Gale
La tranquilidad de la oficina fue interrumpida por sonido de su Holo comunicador.
—Señora, ha llegado Tarus Crol.
—Que pase—exclamó la mujer, un hombre de mediana edad ingresó, vestido con un traje simple de piloto, se acercó lentamente; Maris señaló el asiento y él se sentó.
—Cuando me informaron que la Jefa de Estado necesitaba mis servicios, sinceramente me sorprendió.
—Pensé que ustedes iban con sus armaduras todo el tiempo—exclamó Maris Gale secamente, Tarus no se ofendió.
—No pretenderá que todo el planeta sepa que un mandaloriano ingresó a su oficina.
—No, no pretendo.
—Entonces hice bien en vestirme como un civil— y entornó los ojos—Y debería sentirse afortunada, usted es la primera que me ve sin casco.
—Y supongo que seré la última ¿verdad?
—Haré una excepción con usted. No solo es la Jefa de Estado, si no también fue General de la Primera Orden ¿Cómo fue posible eso?
—El Senado me eligió después de que la Primera Orden haya sugerido mi postulación. Nadie más se presentó, por lo tanto, era la única candidata. Entiendo el temor después de lo que pasó.
Tarus asintió lentamente.
—Shemyazza Ren ha cometido muchos delitos—exclamó el mandaloriano— Uno de ellos es el asesinato de uno de los nuestros.
—Sí, escuché sobre ello, una mandaloriana murió mientras era interrogada.
— ¿Por qué ha solicitado mis servicios?
—Quiero que usted y sus soldados vigilen a los Jedi—exclamó Maris Gale juntando los dedos— Después de lo que pasó, ya no confío en ellos; ahora que no está la Gran Maestra Dameron, quiero evitar un golpe de estado por parte de ellos y que quieran apoderarse de la Alianza.
— ¿Espiar a los Jedi? ¿No tiene su Servicio de Inteligencia?
—El Servicio de Inteligencia está a cargo de Kaydel Ko Connix, ex miembro de la Resistencia, amiga de Rey Dameron por lo tanto también tiene simpatía por la Orden Jedi. Si se lo digo, ella les contará. Sé la fama que tienen los mandalorianos, sus guerreros se harán pasar como auditores y seguirán a los Jedi.
—Ya veo, si traman algo.
—Lo sabré y le daré la orden de atacarlos.
—Vaya, aún tiene algo de imperial en usted.
—Fui formada por los restos del Imperio, pero soy tolerante en ciertas cosas y los Jedi colmaron mi paciencia.
—Así se hará, señora. Yo me encargo de los detalles y será informada por medio de holos.
Le extendió la mano y Maris Gale se la estrechó.
—Entonces así quedamos, Crol.
Bastion, capital de la Primera Orden
Bastion no difería mucho de Coruscant, ubicada en las Regiones Desconocidas, sirvió como refugio de los imperiales tras la derrota en la batalla de Jakku. De grandes rascacielos y rodeada de montañas, Bastion es un planeta militarizado, sus ciudadanos no tienen ningún problema con el tipo de gobierno de los antiguos imperiales, siempre cuando tengan la protección que necesitan.
Actualmente es el planeta capital de la Primera Orden y el gobernante recibía el nombre de Gran Moff, su brazo derecho es Jazzon Irard, un hombre de treinta y cuatro años, quien se aprestaba a viajar a Coruscant ya que el Gran Moff quería un enlace entre la Alianza con la Primera Orden.
Jazzon Irard, hijo de un piloto de la Primera Orden y uno de los héroes de la Gran Invasión que asoló la galaxia, se encontraba saliendo en dirección al hangar, acompañado de una Dama Jedi, llamada Shara Dameron.
El yate estelar los esperaba, plateado y elegante.
—Me gusta la idea de regresar a Coruscant—exclamó Shara subiendo por la rampa del yate.
—Sí, yo también he echado de menos Coruscant—exclamó Jazz colocando las maletas en el suelo y subiendo la rampa— Por cierto, después de que el Gran Moff me haya asignado Coruscant, he conseguido un apartamento.
Shara se sorprendió.
—Vaya, que bien. No tendremos que alojarnos en un hotel—exclamó sonriente la Dama Jedi.
Shara Dameron es la hermana melliza de Han, mayor por cinco minutos, conoció a Jaz siendo adolescentes, en plena guerra con los grysk, una raza proveniente de las Regiones Desconocidas y que mantuvo a la Galaxia contra las cuerdas. Ella al igual que su mellizo fueron los héroes de la Invasión Grysk. Poco antes del final de la guerra, empezaron a salir y la relación se detuvo nada más terminar la guerra, ya que él sentía que su pueblo lo necesitaba y ella necesitaba estar al lado de su familia y amigos. Solamente pasaron cinco años sin verse para reanudar su amistad y reanudaron su relación tras la derrota de Shemyazza Ren.
Shara Dameron era el guardaespaldas de Jazz debido a que solicitó un guardia Jedi y ella no dudó en ofrecerse.
— ¿Hablaste con tu madre? —preguntó Jazz encendiendo la nave, Shara se estiró y se reclinó en su asiento.
—Sí, me contó que tuvo que renunciar a la Orden Jedi. Gale solo le dio dos opciones: exiliarse o irse a prisión.
Jazz frunció el ceño.
—No recuerdo a Maris Gale ser tan dura—exclamó el piloto de la Primera Orden—Mi padre siempre me habló bien de ella. Siempre se preocupaba por su gente y por sus soldados.
—Bueno, la trastada que hizo mi hermano debió colmarle la paciencia.
—O el Senado la ha presionado.
—Puede ser—exclamó Shara. — Me apena no haber estado ahí con mamá.
—Lo siento—exclamó Jazz, la nave poco a poco dejaba Bastion, las nubes ocultaban los grandes rascacielos y las estrellas empezaban a aparecer en el transpiacero.
—Creo que lo primero que hare será visitar a papá, debe estar mal y quiero estar a su lado.
—Te entiendo, Shara— exclamó Jazz— ¿La Maestra Dameron tiene restricciones?
—No puede acercarse a ningún planeta perteneciente a la Alianza Galáctica—exclamó Shara apretando los dientes— Eso solamente les deja sistemas pertenecientes a otros gobiernos. Pero puede hablar con la familia y amigos.
—Eso es bueno.
Shara asintió y se reclinó en el asiento.
—Ha sido un día muy largo, Jazz.
—Descansa un rato, el viaje será largo así que después del salto hiperespacial pondré la nave en piloto automático.
Shara cerró los ojos, dejó que la Fuerza fluyera dentro de ella y sintió que alguien intentaba enlazar su mente, supo quién era y se cerró ante esa presencia. Aún estaba molesta con él y sabía que su madre iría a Hapes hablar con su mellizo.
No necesitaba hablar con él, todo lo que hizo, todo lo que permitió que hicieran, era demasiado doloroso y recordar el dolor al enfrentarlo, recordaba el miedo de matarlo y de quedarse sin hermanos.
Suspiró, a pesar de que su madre le pidió que no intentase nada que pudiera perjudicarla, trazaría un plan para dejar sin efecto el exilio.
Sería difícil pero no imposible, para la Fuerza nada era imposible.
