Antes de poder volver a levantarme, otra punzada atroz atravesó mi frente. No tenía ningún sentido: todos los horrocruxes estaban destruidos, yo mismo había acabado con la vida de Lord Voldemort. Y sin embargo, mi cicatriz ardía.
Cerré mi mente para proteger mi conciencia y detener los constantes ataques, pero aún así no podía evitar sentir pequeñas punzadas que incrementaban mi miedo.
-Tenemos que irnos, hay que avisarle a tu hermano y a Hermione- Le dije a Ginny, quien se había puesto pálida del miedo. Ella asintió con la cabeza y corrimos a vestirnos. En un bolso, metí mi capa para volverse invisible, un par de abrigos extra por si el clima cambiaba y el kit de preparación de pociones básicas. Tomé mi varita y mi monedero de piel de moke de la mesita de luz mientras Ginny organizaba sus cosas. En menos de cinco minutos estábamos listos.
¿Y Ahora qué? No podíamos desaparecernos, la presión que eso ocasionaba podía dañar al futuro bebé, y tampoco podíamos usar los polvos flu porque Ginny podría golpearse. Una escoba tampoco sonaba muy seguro para una mujer embarazada, así que no quedaba otra opción más que el auto.
Decidí que, por las dudas, lo mejor era enviarle un mensaje a Ron para que esté alerta.
-Expecto Patronum!- Exclamé una vez que salimos de la casa. Un ciervo plateado surgió de mi varita, iluminando gran parte del parque que rodeaba mi hogar. Le ordené al ciervo que se acercara y escuchara el mensaje:
-Ron, algo va muy mal, Ginny y yo estamos en camino, levanta hechizos protectores y estate alerta. Creo que el innombrable ha vuelto.
Cuando terminé de recitar el mensaje, el ciervo se transformó en una bola de humo plateado y se proyecto a la velocidad de la luz hacia el este, donde Vivian Ron y Hermione.
Acto seguido, Ginny y yo nos metimos en el auto y nos dirigimos hacia a la carretera. Tenia la horrible sensación de que algo malo iba a pasar si nos quedábamos en casa, todavía no podía sacarme el sueño en el que torturaban a Ginny de mi cabeza.
Una vez que nos alejamos de casa y ya habíamos avanzado unos cuantos kilómetros por la carretera, Ginny tomó mi mano y la apretó con fuerza. Era una suerte que su padre hubiese modificado al auto para que se maneje solo, porque había estado tan preocupado por llegar a un lugar seguro que me sobresalté en ese momento.
-Harry… no lo entiendo. Se supone que Él había muerto- Me susurró con voz temblorosa.
-Yo tampoco lo entiendo. Dumbledore estaba seguro de que Voldemort sólo había conseguido hacer 5 horrocruxes antes de la noche en la que mató a mis padres… claro que sin proponérselo dejo una parte de su alma en mí aquella vez, y luego estaba la serpiente, a quien convirtió en horrocrux después de recuperar su cuerpo. Él debería estar muerto.
-¿Crees que haya otro horrocrux del cual no teníamos noción?- Preguntó Ginny.
-Lo dudo mucho… Dumbledore tendría que haberlo descubierto. Aunque supongo que si Voldemort realmente regresó, esa es la única explicación.
Pero había algo más que me preocupaba… Se suponía que la parte de Voldemort que se había albergado en mí había sido destruida aquella vez en el bosque prohibido. Se suponía que aquella parte había sido la razón de mi conexión con la mente del Señor Tenebroso… Pero, si había sido destruida ¿Por qué me volvía a doler la cicatriz? ¿Acaso Voldemort había regresado porque seguía anclado a la vida gracias a mí? Necesito respuestas, y rápido.
Miré a Ginny, seguía pálida y tensa. Ella sabía lo que suponía el regreso de Lord Voldemort: Él vendría por mí e intentaría asesinarme… "ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida",
-Todo va a salir bien- Le dije, mientras extendía mi mano y acariciaba su rostro.
Una explosión impidió que su respuesta llegara a mis oídos. Algo había estallado en el asfalto justo delante nuestro. El auto intentó esquivar el cráter que la maldición había dejado en el asfalto pero no llego a tiempo, y perdió el control. Dando giros sobre si mismo, el auto se chocó contra un árbol en la banquina. Aturdidos, Ginny y yo intentamos ver que era lo que sucedía.
-Ginny, ¿estas bien?- le pregunté preocupado
-Algo mareada, pero bien- repuso. Si había algo que amaba de mi esposa era una mujer fuerte. Nunca lloraba.
-Quédate en el auto, no salgas- Le ordené con un tono que no iba a admitir protestas, al
tiempo que bajaba del auto.
Afuera reinaba un silencio inhumano, no había autos a la vista, ni nada que delatara el origen de la explosión. Algo andaba mal, muy mal.
Un movimiento capto mi atención. Desde el otro lado de la carretera, una figura enmascarada se acercaba hacia mí varita en mano.
Yo saqué mi varita y apunté hacia el extraño.
-Si yo fuera tú, no haría eso, Potter, estás rodeado-Dijo un voz familiar.
En ese momento, cinco figuras más aparecieron detrás de la primera, todas enmascaradas y con sus varitas apuntándome a mí.
Tenía que pensar rápido. Necesitaba sacar a Ginny de allí.
La primer figura se adelanto y se quitó la mascara.
-Bueno, bueno…Potter, ha pasado un largo tiempo- Dijo Lucius Malfoy.
