I ¿Alternados?
No estoy asustado.
No estoy asustado.
No estoy asustado.
Feh. Nada que no haya hecho antes, será como rajar el estomago de un demonio… ¡Ough!
Definitivamente NO estoy asustado.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Inuyasha…
Ahí estaba de nuevo, la voz que era capaz de sacarlo del más profundo de los letargos. Incluso un tipo como él, con la sensibilidad de una roca, podría describirla como el canto de una sirena.
¿Nani?
No, no, no, no ni siquiera ÈL en su lecho de muerte compararía la voz de Kagome con el canto de una sirena ¿es que se había dado un golpe en la cabeza o qué? Esas majaderías parecían más de la clase del monje pervertido Miroku.
Inuyasha…
Kuso ¿Había hecho algo verdad? ¿Algo malo? Porque solo una de sus típicas metidas de pata podría ser la causa de que el tono de Kagome estuviese teñido de preocupación. Demonios ¿Y ahora QUE hizo?
Inuyasha, despierta…
Sintió la calidez de sus dedos en la mejilla y su instinto le llevo a ladear el rostro para que el contacto fuese más estrecho, quería que la palma de ella cubriese todo su rostro. Aspiro el delicioso aroma a flores silvestres que exudaba la mujer, y entonces…
…sus alertas se dispararon…
Abrió lentamente los ojos, ignorando los nubarrones de color a su alrededor, solo le interesaba vislumbrar una figura nítida en especifico, y esa se encontraba justo frente a él.
- ¿Kagome? – se forzó a detallarla bien, pero sus malditos ojos estaban tardando más de lo normal en acostumbrarse a la luz. Inspiro hondo, reuniendo paciencia. No tenía porque desesperarse. El mundo de Kagome era muy diferente del Sengoku Jidai, allí no había monstruos acechando cada cinco minutos (excepto tal vez por las bestias de metal que corrían a velocidades inimaginables en el exterior, si bien Kagome aseguraba que no eran peligrosas él no se fiaba de ellas, ¡las miserables chillaban sin ninguna razón!, y luego estaban esas cajas atrapa almas que echaban luces cegadoras para distraer a la gente, y enormes pájaros de hierro que cortaban el aire con las cuchillas que les salían de la cabeza, empero, del resto…no había TANTO de lo que angustiarse.)
Y además estaba el Ramèn, el rico y jugoso manjar que lo hacía todo soportable.
Ñam, Ñam… Ramèn.
Sip, quería comer Ramèn instantáneo de soja. Sus tripas rugían como leones enjaulados, lo cual era extraño, desde que se había devorado veinte envases de fideos para el desayuno.
- Inuyasha… ¿Estas…bien? – las yemas de ella le apartaron el fleco hacia atrás, en un gesto de… ¿Compasión?
- Feh. ¿Y porque no iba a estarlo? – estaba a punto de soltarle su clásico discurso de "¿quién te crees que soy? Mi cuerpo es especial y bla-bla" cuando noto ciertas peculiaridades en el aspecto de Kagome.
Como por ejemplo, el matiz azul eléctrico que había suplantado sus irises de color chocolate y la ausencia de orejas humanas a ambos lados de su cara.
Thump-Thump, Thump-Thump, Thump-Thump. El corazón de Inuyasha parecía estar corriendo un maratón a medida que acercaba una de sus manos a la coronilla de la chica…
Gulp.
Palpo suavemente el peludo y puntiagudo montículo que sobresalía de la cabeza de Kagome…
Shf, Shf, Shf
… Los dos gritaron, e Inuyasha tuvo unas urgentes ganas de descargar la bilis en fregadero.
OOOOOOOO
- ¿U…una hanyou? – Repitió Kagome, admirando su reflejo en el espejo del baño.
Tienes que estar bromeando.
Miro de soslayo.
Inuyasha no parecía más convencido que ella, sentado junto al inodoro, con las manos metidas en las mangas de su aori rojo. Su expresión era de un hastió absoluto mientras apretaba los puños y maldecía mentalmente la ausencia de sus garras.
Humano. Era un debilucho y frágil humano. ¿Qué infiernos había pasado?
- ¡Ough! – musito la pelinegra, cubriéndose nariz y boca con una mano y sosteniendo su peso con la otra en el tocador.
- ¿Te sientes mal?
- ¿Cómo puedes manejar tantos olores? – se quejo con un débil mohín.
- Ven aquí. – la mirada de él era comprensiva…y levemente apenada. Kagome se sentó delante del humano esperando un sermón o la revelación de algún truco para frenar la avalancha de aromas en el ambiente, pero, Inuyasha siempre había conseguido pillarla con la guardia baja debido a esa impredecible personalidad suya…
La abrazo.
De pronto, todos sus sentidos se centraron en el ojiazul, y el mundo dejo de ser mundo para convertirse en Inuyasha.
Su agudísimo olfato captaba a la perfección el fresco aroma a bosque del humano, que estaba unido a una esencia adicional con olor a flores que reconoció como suya, no lo entendía. Sin embargo, le encantaba.
El tacto de su piel era puro fuego bajo su cachete, hundido en el hueco de su cuello. Sus oídos registraban cada latido de corazón, cada palpito de sangre circulando por las venas, cada eco de su respiración.
Solo faltaba su sabor…
Kagome trago saliva inconscientemente, la boca se le hacía agua.
Por supuesto que había probado antes el gusto de esa piel nacarada. ¿Cómo se habría quedado embarazada, sino?
No obstante, se preguntaba como sabría el tacto bajo su lengua con estas nuevas habilidades.
Dulce, como churros crujientes bañados en sirope de chocolate…
Tuvo que morderse el labio para evitar lamerle la manzana de Adán que brotaba de su garganta, y jadeo.
- ¡Auch! – había olvidado los colmillos.
- Feh. Tonta, ten más cuidado. Esos son colmillos de youkai, no los flojuchos caninos humanos. – le riño, acunando su cara entre sus manos.
Inuyasha se inclino, y chupo su labio lastimado dentro de su boca. El cuerpo de Kagome se estremeció con una descarga eléctrica.
Oh, no recordaba la última vez que Inuyasha se hubiese portado de esa forma con ella…porque las pocas ocasiones en las que lo hizo no tuvieron buenos desenlaces, como aquella vez en que la abrazo luego de un encuentro con Sesshomaru del cual él había salido gravemente herido y la había conducido hasta el pozo para quitarle los fragmentos de la perla y regresarla a su época.
No era una memoria agradable, por una parte al menos.
Se separo bruscamente del torso masculino, asiéndolo por los hombros.
- ¿Qué? – dijo ella, mirándolo inquisitivamente.
- ¿Qué de qué? – espeto él, con su ceño fruncido arrogantemente.
- ¿Qué te sucede? No es usual en ti comportarte…así.
Inuyasha bufo, ladeando su sonrojada tez hacia otro lado. – Feh. Claro que no estúpida, fue solamente para que dejaras de sangrar. No era en plan romántico ni nada por el estilo.
- Oh, en serio. – los humos de Kagome se encendieron. Humano o no, ese macho testarudo se merecía un escarmiento…pero se contuvo, si lo que sospechaba era cierto, sentar a Inuyasha no traería buenas consecuencias.
Feh. Esa idiota de Kagome…justo cuando trataba de ser amable.
Su estomago se retorció, y los fluidos le quemaron la garganta, la sangre abandono el rostro de Inuyasha. Que se puso repentinamente tenso.
Kuso, no otra vez.
Nuevamente le embargaron las nauseas y tuvo que abalanzarse sobre el excusado en contra de su voluntad. Kagome le sostuvo el pelo con la misma comprensión que él había tenido anteriormente para con ella, acariciándole la espalda.
- ¡Ag! ¡Qué mierda me está pasando! – exclamo, echando chispas, y recargándose en los azulejos blancos del baño.
- ¿No lo has adivinado aun, Inuyasha? – el semblante de Kagome se puso serio. – Dijiste que de poder "cambiar de lugares" lo harías ¿o no?
- ¿Y que con eso?
La pelinegra rodo los ojos.
- Mírame y mírate – dijo, señalándolos el uno al otro respectivamente. – Tengo tus poderes y tú estas experimentando un caso de malestar matinal, por no mencionar que te hallas en tu forma humana. ¿Te dice algo eso?
El pelinegro parpadeo.
- Funciono. – explico ella, clamando paciencia. – Eso es lo que significa. Tú y yo hemos cambiado de lugares.
Demasiada información.
La cabeza de Inuyasha daba vueltas y su panza era un autentico colador. Se sentía pesado, muy pesado, asqueado por el olor de sus fluidos, frustrado por combatir el deseo de tumbarse allí mismo, enojado porque todavía no había comido su ramen y confundido por creer que Kagome era la criatura más hermosa que hubiese contemplado jamás en su forma hanyou.
¿Querría alguien explicarle en que lio se había metido?
...
Cinco minutos más tarde, al lograr mantenerse en pie sin temor a desfallecer y caerse por las escaleras, Inuyasha se precipitaba a la velocidad de una tortuga rumbo a la caseta del pozo.
Necesitaba respuestas, y el único ser capacitado para dárselas estaba 500 años en el pasado.
No le extraño toparse con una Kagome cerrándole el paso. Ella sonreía radiantemente, mostrándole su perfecta dentadura, en la que destacaban dos filosos colmillos.
La muy perra lo estaba disfrutando.
- Quita de en medio, Kagome.
- No.
- Por favor. – pidió, arrastrando las silabas.
- Lo siento, Inuyasha. – la muy descarada osaba burlarse de él, desde luego que no lo lamentaba para nada. – "Debes guardar reposo, si te esfuerzas mucho podrías dañar al cachorro" – dijo, citando las palabras que el mismo había empleado en una ocasión.
Maldición.
Sus manos volaron a tripa con la rapidez de un rayo ante la mención de su cachorro. Kuso, Kuso, Kuso. ¿De verdad el pequeño había sido transferido a su interior?
Bien, no había que ser un experto para darse cuenta que su abdomen plano, antaño duro como una tableta de chocolate, (así lo había descrito Kagome la primera vez que ellos…ammm, si…bueno, lo que sea.), estaba ahora hinchado como…
…como una serpiente indigestada…
Oh, mierda.
Un fugaz pensamiento cruzo su mente. ¿Qué tal si ya no le parecía atractivo a Kagome?
Sus miradas se encontraron y el corazón de Inuyasha sufrió una inyección de adrenalina.
Su hembra estaba endemoniadamente sensual con esa apariencia prestada.
Tan sensual como para atraer la atención de un lobo sarnoso si se le ocurría seguirle a la época antigua. (Y Vaya que lo haría, con lo testaruda que era.) No podía arriesgarse. Ni hablar. Sus preguntas tendrían que esperar.
- Feh. – berreo. Dando media vuelta y enfilando hacia la casa.
Podría sacar provecho de la situación, se dijo, después de todo, Kagome haría lo que fuese necesario con tal de asegurar la estabilidad de su cachorro…y la de él.
Sonrió maliciosamente…
Mas el gusto no le duro mucho, pronto se descubrió sostenido en vilo por la pelinegra y trasladado en brazos directo al familiar trono blanco de mármol, donde una nueva tanda de arcadas le hicieron desistir de cualquier artimaña para acaparar la atención de la chica.
De momento, la única cosa que podía querer era acurrucarse en el colchón de la habitación de Kagome y morir.
¿Con que facilidad podía trocarse el curso de su raciocinio verdad?
Él y su bocota.
Un día de estos, seguro lo encauzaría a su fin…
Otra arcada.
Si es que ese día no había llegado ya…
Continuara…
Hola! A ver, que tenemos aquí, parece que no soy la única con los tornillos sueltos ¿eh? xDDDD bueno, aquí está el primer cap. Probablemente no les parezca muy gracioso, pero cuando se desata un acontecimiento como este, asimilarlo siempre es difícil. No obstante, considero que la retahíla de pensamientos de Inuyasha y la rapidez con la que pasa de uno a otro, son una clara evidencia de que el youkai "hormonas" esta comenzando a hacer de las suyas en su sistema.
En fin, díganme ¿que les pareció? Estaré esperando ^^
Hasta el próximo Capitulo.
PD: A aquellos que están leyendo los fics de La Amazona y Sadame no Koi, he de decirles que estoy trabajando en los diez caps que prometí para el primero, por lo que me tomare algún tiempo extra antes publicar el siguiente capítulo de SDNK. Lento pero seguro xD
PD2: Mil gracias por todos sus reviews, alertas y favoritos. ^^ Son mi mayor alegría, de veraaaaassss. Wack!
Nota: Una de ustedes comento que el fic le recordaba a la película Junior! xDDDD Es una comparación interesante, pero te confieso que esta historia dista bastante de parecerse a la peli…^^
Saludos a todas(os).
Belleclipse.
