Desde hace tiempo que me dije que publicaría el segundo capítulo, pero por azares de mi neuronita no pude escribir nada relacionado con el tío Oscar.
Agradecimientos a LucyWIilliams por su hermoso review.
Sin más que decir, ¡a leer!
2. Un anillo (Viñeta)
Sostuvo el anillo entre sus dedos. La preciosa gema transparente brillaba con los reflejos del sol, formando un efecto visual de que, varios de los rostros de la piedra estuviesen coloreados de distintos colores. Suaves en su mayoría, algunos parecidos al verde pistache, mora, durazno y amarillo. Otros un poco más opacos como el rojo carmesí o el verde musgo. Inclusive un morado casi irreal.
Soltó un suspiro al tiempo que observaba el aro debajo de aquel diamante. Oro por supuesto, era especial para ella. Sonrió melancólicamente.
—Sarah… —Murmuró. Escuchó risas venir del otro jardín y se apresuró a guardarlo en el dobladillo de uno de sus bolsillos, no se sorprendió cuando encontró que las personitas dueñas de la risa eran Oz y Ada, llegando corriendo—. ¿Qué hicieron ahora?
—Gilbert está huyendo del gatito de Ada. —Respondió Oz aun tapándose la boca para que su tío no escuchara la ligera risa que salía de sus labios. Oscar soltó un suspiro al darse cuenta que el menor había hecho eso sólo para molestar a su sirviente.
— ¿Y quién de ustedes se lo lanzó? Me pregunto. —Inmediatamente, la muy inocente Ada señaló a Oz quien dejó de reír al saberse descubierto. Tragó grueso y el tío negó con la cabeza—. Podrá ser tu sirviente pero eso no quiere decir que sea tu fuente de diversión. O al menos una que tenga que ver con las fobias de Gilbert… —Se paró un par de minutos cuando escuchó un gemido provenir de la lejanía seguido de un maullido—. Ya tuvo suficiente, ¡ve y quítale a ése gato de encima, Oz Vessalius!
El niño refunfuñó, pero después de dos miradas reprobatorias de su tío se fue en busca de su asustadizo sirviente para ayudarle a con el gato. Dejando al tío Oscar y a Ada solos.
El mayor soltó un suspiro y sacó el anillo de nuevo para examinarlo. No se esperaba que la pequeña observara curiosa el objeto en manos de su tío.
— ¿Qué es eso? —Preguntó.
El mayor abrió los ojos por la sorpresa de encontrarse con la pregunta de la pequeña. ¿No se había ido con su hermano? Después de todo, era su sombra. El mayor volteó a ambos lados para ver que nadie más de la familia se encontrara presente.
—Es una forma de comunicarme con la tía Sarah. —Obviamente, todos en la familia sabían quién era. Pero no la mencionaban por miedo a hacer sufrir a Oscar. La pequeña Ada sólo tenía noticias de que 'Se encontraba lejos de aquí'pero no tenía una ubicación exacta. Por eso, apenas y sabía quién era ella.
La rubia se asombró. Soltó un gemidito de asombro.
— ¿De verdad? —Su tío le guiñó el ojo como afirmativa. Una enorme sonrisa apareció en los labios de la pequeña y se acercó al regazo de su tío—. ¿Puedo hablar con ella?
Oscar se vio desconcertado por un minuto. ¿Debería dejarla? Bueno, no perdía nada al hacerlo.
—Por supuesto. Mira, dame tus manos. —La pequeña, obedientemente alzó ambas preparándose para lo que sea que su tío le fuese a decir a continuación. En su rostro aniñado se encontraba la excitación, todo el tiempo le habían hablado de la tía Sarah pero siempre a escondidas de Oscar por supuesto—. Ahora, tómalo.
Lo hizo.
—Tía Sarah, ¿estás ahí? —Le habló al anillo como si fuese un intercomunicador. Abrió los ojos con sorpresa—. ¡Sentí algo tío!
— ¿De verdad? —Preguntó risueño. Probablemente fuese la pura imaginación de la pequeña por lo que la dejaba ser. Al fin y al cabo, un poco de imaginación no puede matar a nadie.
—Sí tío, sentí moverse al anillo. Mira, tócalo. —Tomó una de las enormes manos de Oscar (comparándola con las suyas por supuesto) y la posicionó en un extremo del anillo—. ¿Lo sientes?
Oscar negó.
—No, no siento nada. —La carita de Ada se desconcertó. Sus labios se fruncieron de una manera divertida haciendo que Oscar sonriera.
—Tía Sarah es linda. —Dijo concentrándose en el anillo—. Y es perfecta para el tío Oscar.
— ¡Tío Oscar! —Escucharon ambos en la lejanía. La pequeña le regresó la reliquia a su tío y se bajó de sus piernas—. Aquí está el gato de Ada.
— ¡Cloe! —Dijo la pequeña extendiendo los bracitos para tomar al gatito quien, al instante que tocó los dedos de Ada, volvió a su temperamento dócil.
— ¿Y dónde se encuentra Gilbert? —Inquirió curioso el mayor. Los labios de Oz se separaron, pero no salió ningún sonido de ellos. Para su buena suerte, el mencionado apareció por uno de los lados con varios rasguños en su camisa—. ¿Te encuentras bien, niño?
El miedo en los ojos de Gilbert habló por él. En un par de días y ya se encontraría repuesto. Ada, observó a su tío y éste le guiñó el ojo.
—Será nuestro pequeño secreto. —Le susurró a lo que la pequeña asintió.
