Capítulo 2: Más problemas para Akane
Miró la carta por enésima vez y la analizó. Era muy fina y delicada, poseía un símbolo chino que no logró comprender hasta que la señora Furukawa lo tradujo para ella y, bajo éste, figurillas que parecían más de adorno que algo que tuviese significado.
Dejó la carta boca abajo sobre la cama y comenzó a tomar su ropa para darse un baño, lo necesitaba después de ese largo día.
— ¿Te has dado cuenta que lo que hiciste hoy fue hurtar, Akane?
Se miró con decepción reflejada al espejo.
No podía negar que lo que había hecho no era correcto, y más por las razones por las que lo había hecho, dándose cuenta que había sido completamente egoísta y necia a las palabras de la señora Furukawa, que solamente intentaba guiarla por un mejor camino que el que ella quería seguir.
Pero lo necesitaba, necesitaba que las cosas volviesen a ser como antes, sin los Saotome, sin Ranma. Aunque le dolía, aunque sabía que podría arrepentirse, ya no quería seguir sintiendo esa horrible presión de su familia y las pocas ganas de cooperar de su prometido. Habían pasado sólo algunas semanas, pero la cercanía entre Ranma y ella seguía siendo la misma; tal vez ambos eran igual de escépticos, no pensaban aceptar algo que se les imponía y por eso las cosas eran así.
O tal vez no era necesario que Ranma saliera de su vida, podrían seguir siendo conocidos, mas no futuros esposos. Ella lo único que buscaba era tranquilidad; llegar diariamente a su casa y sentir que su única preocupación era hacer tarea y tal vez ir con la señora Furukawa.
Entró al baño y se desprendió de su uniforme. Esos últimos días había tenido un dolor de senos increíblemente fastidioso, sabía que era normal a su edad, pero era difícil soportarlo. Entró cuidadosamente a la bañera y se recostó para relajarse. Sentía cómo sus hombros se destensaban y sus oídos dejaban de percibir el eco del agua moviéndose en el baño.
— Si tan solo Ranma fuera más caballeroso…
De pronto, escuchó un ruido cerca de la ventana del baño que conectaba con el jardín de la casa. Abrió los ojos sorprendida al notar que un pelinegro joven con una pequeña trenza en su nuca se encontraba sobre el marco viendo sigilosamente hacia afuera sin percatarse que Akane estaba ahí.
— ¿Disculpa? ¡Se puede saber…!
—Espera Akane— puso la palma extendida en su dirección en señal de que no interfiera en sus asuntos.
La peliazul, tapando sus partes íntimas superiores con una mano, se acercó al marco y lo tomó del cuello de su típica prenda estilo chino.
— Te pregunto. Se puede saber qué haces aquí, ¡mientras yo me estoy dando un baño!— gritó exaltada. En ese interesante, Ranma pareció entender la situación y se ruborizó al sentir tal cercanía con su prometida en esas condiciones.
—A…Akane, yo no sabía… quiero decir, no me percaté de… pero, no te vi…— y antes de que Ranma pudiese terminar lo que intentaban inútilmente decir para librarse de aquel lío, un puño aterrizó sobre su rostro que lo hizo perder el equilibrio, lanzándolo fuera de la ventana y de la furiosa mirada de Akane.
Una hora más tarde, se encontraba en su cuarto, recostada en su cama. ¿Era posible ser tan distraído como para entrar al baño sin fijarse que ella estaba ahí? Se lo preguntaba una y otra vez. Y aunque para ella lo más lógico sería que Ranma era un pervertido que no tenía respeto por la privacidad de los demás, sabía que esa no era la situación.
Ranma no era precisamente el ser más caballeroso de Nerima, pero estaba segura de que sus defectos a veces nacían de ser tan distraído e infantil.
Sonrió.
No lo culpaba por ello. Parecía una gran persona y le había demostrado en algunas ocasiones lo sensible que podía llegar a ser.
Suspiró aliviada, quería olvidar aquel suceso y pensaba que la mejor manera era ir por un bocadillo a la cocina. Salió de su cuarto y comenzó a bajar las escaleras. A mitad de ellas, algo detuvo su andar.
—Akane…— era Ranma, que se encontraba ligeramente sonrojado y con la mirada desviada.
—Ranma…— se limitó a decir la joven. Realmente no sabía cómo continuar aquella plática.
—Quería decirte que… pues que…
—No hace falta.— sonrió sincera, no quería seguir hablando de ello. Ella misma había sacado sus conclusiones cuando estaba en su cuarto.
—Uh…— Ranma la miró a los ojos por primera vez, sorprendido. Aunque en unos segundos esa sorpresa se convirtió en enfado. Cerró los ojos y frunció el ceño —Bien, uno viene a disculparse por una tontería y prefieren no escucharlo.— tal vez él no había entendido la sonrisa que Akane le había dado.
—¿Qué?
—Eso me pasa por entrenar con un viejo idiota como mi padre, que sólo me mete en problemas. Parece que lo hace a propósito.— Ranma ya no estaba ahí. Se encontraba mentalmente peléandose con un panda y gruñendo al exterior.
—Yo no fui quién entró sin permiso al baño mientras alguien se encontraba en él. Creo que merezco esas disculpas y, aún cuando te estoy dando la oportunidad de olvidarlo todo, ¿te enojas?
—¿Me das la oportunidad? ¡Nadie te pidió una oportunidad!
—Tal vez me equivoqué contigo.— espetó Akane con algo de dolor deflejado en sus ojos —Eres un pervertido,— lo miró con decisión y empujó uno de sus hombros, haciéndolo bajar un escalón en reversa —un degenerado,— volvió a empujarlo para que siguiera bajando —un depravado, infame, ruin, sinvergüenza y un tirano.— llegó al último escalón — Y no quiero volver a verte en mi vida.
Akane dio media vuelta y comenzó a subir las escaleras en dirección a su cuarto.
—¿Te digo algo?— la chica se detuvo a mitad de su andar al escucharlo, sin voltear a verlo él entendió que le estaba concediendo la oportunidad de que hablara — A mí tampoco me interesa volver a ver a una chica tan infantil, fastidiosa, agresiva y fea como tú.— posó sus brazos detrás de su cabeza, como solía hacerlo cuando se comportaba sarcástico —Además, me he visto desnudo cuando soy mujer, y te puedo asegurar, que mi cuerpo está mucho mejor desarrollado que el tuyo.
Comenzó a alejarse en la misma posición mientras soltaba una carcajada que hizo a Akane desesperar.
Sin pensarlo más de una vez, tomó una pequeña maseta que se encontraba al final de las escaleras sobre una mesita decorativa y la lanzó al pelinegro, logrando dejarle un gran golpe en su cabeza y la lección de alejarse rápidamente cuando hiciera enojar a su prometida.
Entró a su cuarto con exasperación. ¿Era posible que un hombre fuese tan irritante como aquel fenómeno? ¿En serio debía seguir aguantando pelea tras pelea sus palabras hirientes?
—No tengo que seguir con esto.— tomó la carta que se encontraba sobre su cama —Puedo cambiar las cosas.
Miró el pequeño objeto durante algunos segundos, lo analizó, y, como si tuviese vida y pudiese escucharla, Akane le pidió en voz alta:
—Necesito este cambio en mi vida. Lo que sea; te pido lo que sea, pero que Ranma deje de ser mi prometido. Haz lo que te dé la gana.
Dejó la carta bajo su almohada para que nadie la fuera a tomar sin que ella se diera cuenta y dejó caerse con brusquedad sobre la cama.
— Ahora sí Ranma, atente a las consecuencias.
Cerró los ojos fuertemente, y al instante, se quedó dormida.
A la mañana siguiente se sentía como si nada. Era de día, vio en su calendario que se encontraba a un lado de su cama que era la misma fecha, y ella se sentía la misma persona. Se sentó aún somnolienta.
— ¡Shin! ¡Shin ya está el desayuno!— escuchó a su hermana mayor gritar desde el primer piso.
Todo su mundo se vino abajo cuando quiso tomar su pelo para hacerlo una coleta y se encontró con que su larga cabellera ya no caía sobre su espalda, se había esfumado. Quiso tomar las puntas de su cabello y no cruzaban ni su nuca. Miró hacia abajo y se vio en una ropa que no era suya, ya no llevaba su típica pijama amarilla de gatitos, sino una color azul marino sin más detalles coloridos. ¿Qué estaba pasando? Estaba en su habitación pero algunas cosas eran completamente distintas.
Sin pensarlo una vez más, se levantó y lentamente se fue asomando al espejo que tenía en su cuarto. Maldijo mil veces esa carta y todas las cosas que le había dicho ayer. La señora Furukawa tenía razón, las Juìjiào Kâ no eran de fiarse, y si todo era como pensaba, su prometido era el último problema con el cual lidiar.
Estoy gratamente feliz por los reviews del primer capítulo. Espero les esté gustando la historia y no decepcionarlos con tan pocas actualizaciones.
Gracias a: Ivarodsan, Haruri Saotome y las tres personas que comentaron. Me alegraron la semana, ¡muchas gracias!
¡Los amo y nos leemos el siguiente capítulo!
Se aceptan comentarios constructivos y sugerencias.
