Disclaimer: The story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the plot belongs to Payton79. I just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la trama de Payton79, solo me adjudico la traducción.


Este capítulo lo betearon Yani y Meli, betas de Élite Fanfiction ( www facebook com / groups / elite . fanfiction / )


Capítulo 2

Después de un domingo de hacer planes para mi futura casa con una diseñadora de interiores, quien resultó ser mi tía, tenía muchas ganas de ir a trabajar el lunes por la mañana. No solo era el primer día que iba a ver a mis propios pacientes, sino que esperaba encontrarme con Bella nuevamente.

Para asegurarme de que tenía una amplia oportunidad, fui temprano a la cafetería. Luego, en lugar de pedir mi café para llevar, me senté en una mesa cerca del mostrador para no perderme a Bella cuando entrara.

Unos cinco minutos más tarde, llegó con un par de jeans ajustados, una blusa roja con cuello en V y unas balerinas. A diferencia de las otras veces que la había visto, su cabello estaba en una coleta baja, mostrando su cuello delgado y blanco. Me tragué la baba que se acumulaba en mi boca ante la idea de besar, lamer y chupar su piel sedosa.

Con la mirada fija en la barista, entró de prisa, sonriendo mientras pedía un latte de vainilla. Cuando la joven detrás del mostrador comenzó a preparar su pedido, Bella dejó que sus ojos vagaran y su sonrisa se ensanchó una vez que se fijaron en los míos.

—Buenos días, Edward —saludó, caminando hacia mi mesa—. ¿Me estás acosando de nuevo?

Dejé el periódico que había estado leyendo, como una excusa para sentarme solo.

—Claro. Eso es lo más destacado de mi día. Tenía la esperanza de que me dieras un par de consejos más en cuanto a dónde más podría esperarte.

Bella le hizo señas a la barista, para hacerle saber dónde estaba, sacó una silla y se sentó frente a mí.

—Has descubierto mi horario de café. No puedo hacer nada al respecto. Ahora, ¿por qué querría verte más a menudo que unos minutos cada mañana?

Si no hubiera sido por su sonrisa coqueta, podría haber confundido sus palabras con rechazo. Cruzando una pierna sobre la otra, le sonreí seductoramente.

—Porque soy una compañía encantadora.

Su risa melódica llenó el aire a nuestro alrededor y, cuando echó hacia atrás su cabeza con diversión, expuso aún más su delicioso cuello.

—Eres muy arrogante —respondió ella con un brillo en sus ojos.

—En cualquier momento, si te hace reír así.

Podría estar imaginándolo, pero había un zumbido a nuestro alrededor, llenando el aire de emoción. Demasiado pronto, su café estaba listo y, después de echar un vistazo a su reloj, Bella suspiró.

—Lo siento, pero tengo una cita esta mañana. Necesito irme. ¿A la misma hora, en el mismo lugar mañana?

El tono esperanzado de su voz me hizo sonreír ampliamente.

—Claro. Estaré aquí todas las mañanas. Solo puedes evitarme si no apareces.

Bella regresó al mostrador y pagó su café con leche, saludándome mientras se iba.

Ese fue un gran comienzo para mi primer día real en mi nuevo trabajo. Tal vez sería un buen presagio.

****ITaV****

Esperaba que trabajar en un consultorio privado fuera muy diferente de mi experiencia en el hospital y tenía razón. Acostumbrado a ver a niños con fiebres, fracturas de huesos o diarrea aguda, fue un placer hacer chequeos, vacunaciones o diagnosticar resfriados simples. Los niños relativamente sanos eran mucho más divertidos de tratar que aquellos agotados o con dolor intenso.

La mayoría de los padres estaban un poco aprensivos, considerando que yo era nuevo en la ciudad y habían conocido al doctor Gerandy durante años. Algunos incluso habían sido sus propios pacientes cuando eran jóvenes. Sin embargo, todos fueron amistosos y abiertos, escucharon lo que tenía que decir y tomaron en serio mis diagnósticos.

Me sorprendió descubrir que era hora de cerrar antes de saberlo. Cansado, pero con una sensación de satisfacción, me dirigí a la casa de Carlisle y Esme, esperando una ducha, una cerveza y una buena noche de sueño.

****ITaV****

El martes por la mañana, encontré a Bella sentada en mi mesa del día anterior, con una gran taza en sus manos. Pedí un café negro y luego me acerqué a ella.

—¿Soy solo yo o soy el que está siendo acosado hoy? —Con una sonrisa torcida, me senté, mirándola expectante.

—Pensé en cambiarte los roles, por una vez. ¿Te quejas? —Su sonrisa de respuesta hizo que mi corazón saltara en mi pecho.

¿Qué tenía esta mujer que me hacía actuar y sentirme como un colegial?

—No me atrevería. ¿Qué tomas hoy? —pregunté, señalando la taza de café en su mano.

—Bueno, para ser honesta, no me gusta mucho el sabor del café, pero realmente disfruto del aroma y necesito la cafeína. Así que siempre lo disimulo en mucha leche. Un recreo con un latte macchiato es un ritual del que no puedo prescindir. El sabor es algo que decido por capricho. Es un macchiato de caramelo esta mañana.

Su confesión fue tan linda, su expresión casi avergonzada cuando admitió que no le gustaba el café. Me encontré inmerso en cada una de sus palabras, ansioso por aprender más.

—No te gusta el café. Interesante. ¿Hay algo más para poner en mi santuario para ti? Como, ¿qué te gusta?

Mi comentario la hizo reír a carcajadas.

—Entonces, ¿un santuario? No creo que nadie me haya dedicado un santuario.

Me reí con ella y continué con mi broma.

—Todo acosador que se respeta tiene un santuario.

Tomando un sorbo de su excusa femenina de café, ella siguió el juego.

—Entonces dime, Edward, ¿dónde está ese santuario?

—Bueno, por ahora, es en la casa de mi tía y mi tío, pero estoy en el proceso de comprar mi propia casa, así que pronto me mudaré.

Aunque me hubiera encantado seguir coqueteando con Bella, se estaba haciendo tarde.

—Lo siento, pero necesito irme. Mi primera cita para hoy es en cinco minutos. —A regañadientes, me levanté—. ¿Te veré mañana? —pregunté con esperanza.

Sonriendo dulcemente, Bella respondió:

—Estaré aquí. Que tengas un gran día.

****ITaV****

Mi día fue genial, aparte del hecho de que cada madre soltera que entró en el consultorio coqueteó conmigo. Aparentemente, se había corrido la voz de que Port Angeles tenía un nuevo y joven médico, y tuve que rechazar más de una oferta no tan sutil para una cita o simplemente para una aventura.

Solo me interesaba una mujer: mi chica de la cafetería. Mañana no podía llegar lo suficientemente rápido.

****ITaV****

El miércoles llegó, pero Bella no lo hizo. Esperé un total de cuarenta y cinco minutos, pero ella no se presentó. La barista se encogió de hombros, disculpándose, pero nada cambió el hecho de que este día apestaba desde el principio.

Con diez minutos tarde para mi primera cita, mi día prácticamente fue cuesta abajo. Tom se quedó en casa debido a alguna crisis y tuve que encargarme de sus pacientes durante el día, lo que resultó ser una catástrofe. Un niño de tres años me mordió cuando traté de inspeccionar su boca en busca de úlceras, un bebé me dio una lluvia dorada durante una cita de rutina y un par de gemelos vomitaron sobre mí.

Estaba contando los minutos hasta la hora del almuerzo cuando escuché una conversación familiar en la recepción.

—Lo siento, pero el doctor Gerandy no está hoy. Si no le importa, ya que es una emergencia, puedo derivarla con el doctor Cullen —explicó Jessica, nuestra recepcionista.

—¿Doctor Cullen? —La voz apagada de la otra mujer entró por la puerta cerrada—. ¿Por qué llevaría a Maddie a un ginecólogo si algo se atasca en su nariz?

—No el doctor Carlisle Cullen. Nuestro doctor Cullen es su sobrino. Es el nuevo socio del doctor Gerandy y los niños lo aman.

Después de una breve pausa, una pequeña voz se quejó:

—Mamá, me duele la nariz.

—Vamos, te mostraré por dónde es.

Un momento después, la puerta se abrió en la sala de examen en la que estaba y entró Jessica, seguida de una niña de unos cinco años. Era adorable, con rizos oscuros y desordenados, ojos marrones profundos, y vestida con un top rosa brillante y una falda de jean.

Luego miré más allá de ella y mis ojos se abrieron en shock cuando reconocí a la mujer que entraba detrás de ella.

—¿Bella? —pregunté, aturdido.

—¡Edward! —Ella se quedó sin aliento por la sorpresa, luego sonrió culpable.

—Entonces, ustedes dos parecen conocerse —señaló Jessica felizmente—. Tu pequeña paciente aquí es Maddie. Te dejaré con ellas entonces.

Salió y cerró la puerta detrás de ella, dejándonos a Bella y a mí parados torpemente a poca distancia con la niña pequeña entre nosotros.

—Doctor Edward, ¿puede sacar el oso de goma verde de mi nariz, por favor? —Su dulce voz llevó toda mi atención hacia ella.

Bella se sonrojó y se inclinó hacia su hija.

—Maddie, cariño, su nombre es doctor Cullen.

—Doctor Edward está bien —la interrumpí, encantado por la forma en que Maddie se parecía a su madre. Tenía los mismos ojos color chocolate y el mismo cabello castaño, excepto que los suyos eran rizados, mientras que los de Bella eran más lacios. Su tono de piel era un poco más oscuro, mientras que Bella estaba elegantemente pálida. Aparte de eso, la niña era casi una réplica exacta de la mujer con la que había estado soñando desde que la vi por primera vez.

—Hola, doctor Edward. Soy Madison Suzanna Clearwater. Ahora, ¿puede por favor sacar el oso de goma? —Ella señaló a su nariz—. Duele.

Ella era tan dulce en sus intentos de ser una pequeña dama, pero tuve que recuperarme y ser el profesional médico que necesitaba.

—Está bien, Maddie, súbete a la camilla y acuéstate para que pueda echar un vistazo. ¿Cómo llegó el oso de goma ahí?

Luciendo arrepentida, se subió a la camilla y me explicó:

—Era el último y el estúpido Eric Yorkie quería quitármelo. Mi falda no tiene bolsillos, así que lo escondí en mi nariz.

Me esforcé mucho para no reírme de su racionalización, agarré una linterna y unas pinzas, y me senté en una silla giratoria, colocándome junto a la camilla.

—Maddie, ¿nadie te ha dicho alguna vez que no te metas nada en la nariz, las orejas u otras aberturas del cuerpo excepto la boca?

Tuve que evitar mirar a Bella para ver su reacción, pero como Maddie se mordió el labio inferior, culpable, casi hace que me olvide de su madre.

—Sí, mamá me dijo, y mi maestra, la señora Mallory, también. Pero Eric es un malvado y el oso de goma era mío.

Había tratado a cientos de niños en mi estadía en el hospital pero algo acerca de esta niña me cautivó de una manera que nunca había experimentado. No era simplemente el hecho de que ella era la hija de Bella. Ella tenía su propia personalidad pequeña y fascinante.

—Entonces, veamos si podemos sacarlo.

Levanté la punta de la nariz de Maddie para tener una mejor vista, luego apunté la linterna a su fosa nasal izquierda. Efectivamente, estaba el oso de goma verde, lo suficientemente adentro para que no pudiera sacarse sin la herramienta adecuada. Agarré las pinzas, insertándolas lentamente en la nariz de la niña, luego pellizqué el oso de goma, con cuidado de no lastimarla en el proceso. Cuando estuve seguro de que tenía un buen agarre, saqué con cuidado el objeto y lo dejé caer en un recipiente de metal, junto con las pinzas.

Maddie se incorporó al instante, mirando a su lado mientras arrugaba la nariz.

—Ewww, se ve asqueroso.

—Mira, este pequeño truco no resultó tan bien. Ahora, espero que hayas aprendido a no hacer eso otra vez.

Luciendo regañada, ella admitió:

—Si no puedo comerlo después, no voy a poner otro oso de goma en la nariz.

Bella y yo tuvimos que esconder una carcajada ante el razonamiento de Maddie. Con la esperanza de tener un momento a solas con Bella, le sugerí:

—Muy bien, Maddie, apresúrate y dile a Jessica en la recepción que te permita escoger algo del cofre del tesoro.

—Oh, me encanta el cofre del tesoro. Gracias, doctor Edward. —Con eso, ella estaba saliendo por la puerta, sus rizos oscuros bailaban detrás de ella.

Sonriéndome tímidamente, Bella dijo:

—Así que… has conocido a mi hija.

—Sí, ella es maravillosa —respondí con sinceridad—. ¿Es ella la razón por la que no estuviste en la cafetería esta mañana?

Bella asintió en respuesta.

—Por lo general, me detengo en el camino de regreso a casa desde el jardín de infantes, pero justo cuando estacioné el auto, mi celular sonó y me llamaron para que la recogiera. La llevé a casa primero, tratando de sacar la gomita, pero tenía miedo de lastimarla o empeorar las cosas. —La mirada en su rostro era vacilante e insegura.

—Hiciste lo correcto al traerla aquí. Y me alegro de haberla conocido. ¿Vas a tomar café mañana?

Ante mi pregunta, su rostro se iluminó y ella respondió:

—Definitivamente lo estoy planeando.

Antes de que pudiera agregar algo más, la alegre voz de Maddie sonó desde el área de recepción.

—¡Mami, ven a ver lo que encontré en el cofre! —A pesar de que comenzamos a acercarnos a ella de inmediato, nos recibió a medio camino y nos saludó con su recompensa—. Cuando le muestre esto a Eric Yorkie, se pondrá verde de envidia.

Sus ojos oscuros brillaban de alegría cuando levantó un yo-yo.

—Mira, tiene luces parpadeantes. —Lo dejó rodar y apenas lo atrapó cuando volvió a subir.

—Si fuera un niño pequeño, lo haría —le dije con una sonrisa, luego me volví hacia Bella y le susurré—: Y es demasiado grande para caber dentro de su nariz, así que supongo que estás a salvo allí.

La risita de respuesta de Bella fue linda.

—¡Gracias a Dios! No estaba planeando traerla de nuevo aquí tan pronto.

Hice un puchero juguetonamente ante su declaración.

—No me importaría verla más a menudo.

Su rostro se iluminó de maravilla y sonrió.

—Tal vez lo harás.

Nos miramos el uno al otro por un largo segundo, hasta que la hija de Bella se puso la chaqueta, reclamando su atención.

—Mami, ¿podemos irnos ahora? Quiero jugar con mi nuevo yo-yo.

—Lo siento, pero supongo que tendremos que dejarte con tus otros pacientes ahora —dijo Bella con una nota de pesar.

—También lo siento —susurré en tono de complicidad—. Pero te veré mañana.

—A menos que Maddie decida tragarse un autito o se meta algo en la oreja, estaré allí.

Maddie se volvía cada vez más impaciente y comenzó a tirar a su madre hacia la salida.

—Adiós, doctor Edward —gritó, saludándome con su mano libre.

—Adiós, Maddie. Sé buena para tu mamá. —Le devolví el saludo, pero salieron por la puerta antes de lo que me hubiera gustado.

Decir que me sorprendió descubrir que Bella tenía una hija era una subestimación. Sin embargo, no me desanimó en absoluto de luchar por ella. Maddie seguro que no era un obstáculo, sino una ventaja añadida.

Mañana no podía llegar lo suficientemente rápido.


¡Hola!

¿Qué les ha parecido este capítulo? ¿Las sorprendió Maddie, que Bella sea mamá?

Me encanta que ya vamos adentrándonos en la historia y se vayan descubriendo cosas... ¿qué imaginan que pasará ahora?

¿Me cuentan en los comentarios sus opiniones de este capítulo?

Gracias por los comentarios en el primer capítulo de la historia a: Yoliki, Kriss21, Pao-SasuUchiha, Lady Grigori, Tata XOXO, sandy56, krisr0405, alejandra1987, patymdn, saraipineda44, Lissette, piligm, kaja0507, miop, Angie Muffiin, Labluegirl, tugarita, Mel. ACS, Yani B, Lizdayanna, BereB, Adriana Molina, Liz Vidal, caresgar26, Maryluna, cavendano13, freedom2604, Shikara65 y Tecupi.

¡Gracias por leer!