Declaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen.
Advertencia: AU. Contiene lenguaje obsceno.
Mi Guardaespaldas
2. Tú lo sabías
Verdes. Tus ojos son verdes, y me miran. Negros. Los míos son negros, y te taladran. Me observas atónita, dolida, desaforada, transmitiéndome todo y nada con esa estúpida mirada. Y…mierda, me envenenas. No me mires. ¡Maldita sea, no me mientas! No finjas sorprenderte. No te voy a creer.
El sol entraba por la ventana, juguetonamente, algunos rayos calentaban partes de su piel descubierta y Sakura se removió, perezosamente, en la cama, tratando de encontrar una postura cómoda. Necesitaba dormir un poco más, sólo un poco más. Apenas había podido dormir escasas ¿cuatro, cinco horas? No estaba muy segura. Lo único que sabía era que valió la pena. Oh, sí.
Una sonrisa distraída adornó su rostro ante el recuerdo de ese apasionado encuentro con el espécimen denominado Sasuke. Ciertamente, ella no estaba acostumbrada a irse acostando con cualquier tipo que no conocía de nada, pero una conversación con su mejor amiga, Ino, esa misma tarde, logró motivarla y alentarla a probar. Y la verdad, no se arrepentía de nada. Lo disfrutó, claro que lo disfrutó. Maldita sea, él era ardiente. Quizás demasiado.
El teléfono comenzó a sonar, cortando su línea impura de pensamiento. Frunció el ceño, abriendo los ojos con dificultad para divisar el reloj de su mesita de noche. Las nueve en punto. ¿Quién demonios llamaba a esa hora tan temprana un jodido sábado por la mañana? ¡Hola! Ayer fue viernes. La gente salía los viernes. Bueno, ella todos los viernes no salía, todo había que decirlo, pero aún así…. ¡era fin de semana, carajo!
Malhumorada, se incorporó en la cama y descolgó el incesante aparato, deseándole una gastroenteritis aguda al idiota que la llamaba. Pero, claro, eso fue antes de saber quién era la persona al otro lado del teléfono.
– ¿Sí? –preguntó cortante.
– ¿Sakura? Buenos días, princesita. –la saludó una melosa voz varonil.
–Papá, te he dicho miles de veces que no me llames así.
–Pero, mujer, no te pongas así, sabes que tú siempre serás mi princesita adorada y herm…
–Papá, ¿qué quieres? –lo cortó Sakura, irritada.
Amaba muchísimo a su padre. En serio. Pero lo conocía. Que la alagara tanto no significaba nada bueno, quería pedirle algo y ella no tenía la suficiente entereza como para soportar todos estos preliminares. Si, normalmente, no tenía mucha paciencia, los días como hoy, en los que había dormido poco, su humor, ya de por sí, malo y bipolar, se volvía extremadamente, malo y bipolar. Peligroso.
–Duch, que mala.
Escuchó como chasqueaba la lengua y Sakura casi se lo pudo imaginar haciendo un mohín.
–Papá, ya dilo–pidió, frotándose el puente de la nariz.
–Quiero que vengas a la casa, tengo que hablar contigo –y añadió, antes de que pudiera protestar–es urgente y prefiero hacerlo en privado.
Por un momento ambos se quedaron en silencio. Él esperando y suplicándole a cualquier dios en turno, que su pequeña accediera a su pedido. Ella barajando sus posibilidades y meditando la oferta. Si no iba, su padre era capaz de ir. ¡Arg!
–Está bien, nos vemos a las diez y media. –consintió, resignada.
–Te espero. Nos vemos, cariño.
Sakura colgó el teléfono, bufando. ¿Y ahora qué quería Takeshi? A veces le molestaba ser hija única por este tipo de cosas. Su padre era demasiado paranoico y sobre protector con ella. También influía en él, el hecho, de haber perdido a su esposa pero… ¡demonios! Él era demasiado.
Suspiró. La mañana iba a ser muy larga.
A la hora citada, Sakura apretó el botón del telefonillo para que la dejaran entrar con el coche. Pronto, al saber de quién se trataba, las grandes puertas de metal se abrieron, dejándola acceder al camino que la conducía a la casa Haruno, o quizás debería de decir, mansión. No por nada su padre era el Primer Ministro de Japón.
Apagó el motor delante de la residencia y observó que todo estaba como siempre. Pulcro y limpio, dándole ese toque de sofisticación. No tuvo ni la necesidad de tocar el timbre, con sólo dar dos pasos, ya uno de los empleados le había abierto la puerta. Tan serviciales como de costumbre. Una de las razones por las que dejó la residencia familiar fue justo por eso. No la dejaban mover ni un dedo. Y sip, eso podía estar genial, así la manicura seguro no se te jodía, como bien apuntaba Ino, pero podía llegar a ser bastante molesto, sobre todo si tú querías valerte por ti mismo.
Subió las escaleras del hogar con parsimonia, en realidad no le apetecía saber qué era eso tan urgente que quería comunicarle su padre. Seguramente sería otra de sus paranoias. Ella comprendía que Takeshi quisiera protegerla, era lo único que le quedaba en la vida. Su madre murió en un atentado que iba dirigido a él. Su padre siempre se sintió muy culpable por el fallecimiento de Suzume, y quizás por eso, trataba de tenerla entre algodones y seda fina.
Tocó a la puerta de su despacho y escuchó un breve y amortiguado pase desde adentro. Con un suspiro se adentró en la habitación, encontrándose, de lleno, con los brazos protectores de su padre.
– ¡Sakurita! Mi niña linda ¿Por qué no habías venido antes a ver a tu papá? Me tenías preocupado, ya ni me llamas. –la abrazó con fuerza y Sakura, aunque no lo viera, podía adivinar el mohín gracioso que estaba haciendo.
Y aún preguntaba por qué no iba….
–Papá, me estás asfixiando. –la soltó de golpe, asustado de haberle hecho daño. Ella se tambaleó un poco. –Y te llamé el jueves por la noche.
–Sí, pero no me llamaste ayer. –le recriminó, cruzándose de brazos.
El cabello castaño oscuro de su padre, caía graciosamente, sobre su cara, dándole un aspecto infantil a su rostro, pese a sus rasgos duros y marcados. Incluso, sus ojos jades, idénticos a los de ella, reflejaban esa alegría y dulzura típica de un niño. Sobre todo, amor y terquedad, mucha terquedad. Sip, ellos dos se parecían mucho en eso.
Sakura negó con la cabeza y sonrió, sólo un poquito. Takeshi le devolvió la sonrisa y la hizo pasar completamente en la estancia.
La pelirrosa se sentó en la silla y esperó a que su padre se acomodara y decidiera hablar. Al parecer no sabía cómo soltarle la bomba para que ella lo aceptara. El caso era que, lo dijera como lo dijera, Sakura siempre le iba a encontrar un fallo a su estupendo plan.
– ¿Y si te digo que te pago un viaje a donde tú quieras? –soltó de sopetón con actitud de vendedor de márquetin.
Ella alzó una ceja. – ¿Unas vacaciones? ¿En verano?
–No, un viaje para que te vayas ahora.
Sakura lo miró como si estuviera loco. ¿Pretendía que se fuera de vacaciones, ahora? ¿Qué clases de mierdas estaba consumiendo que jodían así su sistema neuronal? Porque, definitivamente, él no estaba pensando. ¿Pretendía que, simplemente, se fuera a un país desconocido a echarse al sol mientras dejaba aquí su carrera de medicina a medias?
– ¿Y la universidad? Papá, no me puedo ir de viaje ahora. –contestó en su tono más razonable, tratando de no alterarse.
Takeshi se quedó callado, sin argumentos para rebatir su postura. Ya sabía él que ella no estaría de acuerdo, es más, sabía que su idea era una estupidez. Su hija quería ser medico desde que tenía seis años y curaba a sus peluches de enfermedades con nombres inventados. Pero con esto sólo pretendía encasillarla. Pretendía. Sólo rezaba para que funcionara su estrategia.
–Papá ¿qué pasa? ¿A qué viene esta oferta?
Él se desperezó en su silla y se frotó el puente de la nariz, cansado. Entonces, Sakura pudo ver la tensión y estrés con el que su padre estaba cargando y que trataba de ocultar a su pequeña, no tan pequeña, para no preocuparla.
–Espero que te tomes en serio lo que te voy a decir Sakura y no como una más de mis "paranoias" –hizo comillas al pronunciar la última palabra y la miró con atención, con seriedad. Ella asintió, no muy convencida. –Alguien quiere hacerte daño.
Bufó, exasperada. ¿Otra vez el mismo cuento? ¿Cuántas veces le mandaron falsas amenazas? Oh, por favor. Si apenas y conocían de su existencia en los medios. Claro que sabían que el Primer Ministro tenía una hija, pero su rostro no estaba en todas las portadas de las estúpidas revistas de farándula y cotilleo. Su padre era el importante, no ella. Sakura se alejaba totalmente de la vida pública o de los asuntos de Estado. ¡Ni siquiera era política! ¡Arg! Simplemente era un proyecto de medico con dejes bipolares. Nada más.
–Papá, no es la primera vez que pasa algo así y nunca ha sido nada grave. –le restó importancia la mujer, hastiada.
–Esta vez es diferente, Sakura. –sentenció su padre. –No es una broma de mal gusto, esos tipos van en serio. ¿Recuerdas el accidente del Ministro de Finanzas?
Se quedó callada, pensando. Sí, había salido en las noticias. Ryu Katayama había sufrido un accidente de tráfico en el que resultó herido grave. Permaneció durante casi un mes en el hospital y cuando le dieron el alta tuvo que estar, igualmente, en reposo. ¿Pero que tenía eso que ver con…? El cerebro Haruno hizo click y todas las piezas encajaron.
–No fue un accidente, fue algo provocado ¿no es así?
Takeshi asintió.
–Lo tapamos ante la prensa para mantener a la población tranquila, pero digamos que fue un atentado. Y ahora esos tipos van a por ti, no hace falta que te diga por qué ¿o sí? –le lanzó una mirada significativa.
Nop, no hacía falta. Gracias. Su padre era el Primer Ministro, si la atacaban a ella, lo jodían a él. Y uno más uno era dos. Tan simple como eso. Todo el mundo sabía que Takeshi Haruno tenía un punto débil con nombre y apellidos y ese era su pequeña y consentida hija, Sakura Haruno. Mierda.
– ¿Qué tienes en mente? –preguntó, recelosa.
–Quiero que tengas un guardaespaldas.
Y al mirar los orbes verdes, tan parecidos a los propios, supo que no podía negarse. La terquedad era heredada, su padre la superaba en eso y ella no tenía paciencia. Se consoló diciéndose a sí misma, que por lo menos, no tenía que regresar a la casa familiar, que ya era algo.
Además, si no aceptaba la oferta era capaz de mandarla de viaje y ahí, si que estaría rodeada de muchos hombres vestidos de negro y con pistolas. Con este trato, conseguía algo más de libertad. Claro, toda la libertad que te da tener, todo el día, detrás de tu culo, a un hombre. Un ser humano del sexo opuesto que no está cortejándote, sino siguiéndote. La idea era morbosa. De película. El sueño de toda mujer, ironizó.
–Y supongo que ya tendrás al susodicho ¿no es así? –se cruzó de brazos, enojada.
Si había tenido la perspicacia de hacerla venir y, prácticamente, venderle su oferta, también de contratar al guardaespaldas perfecto, según su criterio. A una mala que ella no aceptara su idea, podía obligarla a aceptarlo, mandando al tipo con ella. Fácil y cómodo. Debía reconocerlo, su padre tenía un gran intelecto, cuando quería. Takeshi 1 Sakura 0.
–Así es. –llevó su mano hasta el teléfono y apretó un botón para comunicarse con su secretaria. –Ayumi, dile al chico que pase, por favor.
–Ahora mismo, Sr. Haruno.
Sakura tamborileó los dedos sobre la mesa, aburrida de la situación. Conociendo a su padre, como presumía que lo hacía, seguro había contratado a un hombre con muchísima experiencia, pero feo. Oh, sí, feo. Takeshi Haruno era muy celoso, extremadamente celoso. Un macho atractivo cerca de su hija era una amenaza para su territorio, y si el macho alfa se siente amenazado, elimina al contrincante. Ley de la selva. Joder, encima que la mayor parte del tiempo iba a convivir con ese sujeto, no podría, más quisiera, alegrarse la vista.
–Pasa, chico, no te cortes. –invitó Takeshi.
Sakura se giró en su asiento, preparándose psicológicamente para el horror, aunque no para ese horror. Se quedó totalmente petrificada, con sus ojos verdes abiertos de par en par y la boca ligeramente entreabierta. Joder. Jo-der. Tenía que ser una broma. ¿Dónde diablos estaba la puta cámara oculta?
Sasuke, cuando llegó esa mañana a la residencia Haruno, por llamado de Takeshi, no esperaba todo aquello. Nop, en serio que no. De hecho, tuvo un mal presentimiento al sentarse en él sillón de cuero del despacho. Y sus sospechas dieron sus frutos, al escuchar el trato del hombre, sintiéndose fastidiado, y traicionado. Cuidar de su pequeña hija. Golpe en su orgullo. Básicamente, tendría que hacer de niñera de la muchachita y seguirla a dónde quiera que su culo quisiera ir. Perfecto. Después de eso se convertiría en la próxima Mary Poppins. ¡Chupi!
Aunque, lo que más lo sorprendió fue el nombre de la joven. Sakura. La hija de Takeshi Haruno se llamaba igual a la mujer pelirrosa con la que, horas antes, había follado en los baños de una discoteca. Extraño. Pero la realidad lo golpeó con fuerza en el estómago, robándole todo el jodido aliento, al entrar en la estancia y descubrir, sentada delante del escritorio, una mota rosa. ¿Rosa?
–Sakura, este es Sasuke Uchiha, tu guardaespaldas.
Sakura luchó por hacer salir a su voz de su garganta, pero no pudo. Un nudo atravesado se lo impidió y lo máximo que logró hacer fue asentir, cohibida.
–Hmp–emitió Sasuke como toda respuesta.
Sus ojos ónixs la taladraron, haciéndola empequeñecer en el acto. Allí estaba ella. La mujer del local, la misma que se había follado. Una descarga de rabia recorrió su cuerpo, atravesándolo de lado a lado. Apretó los puños, emblanqueciendo los nudillos, enojado. Se sintió traicionado, engañado, utilizado. Y todas las piezas encajaron. Esa jodida mujer sabía quién era antes de que lo presentaran. Ella sabía que él sería su guardaespaldas. Había sido un jodido iluso, otra vez.
Sus ojos verdes lo miraban, confusa, con ese encantador sonrojo en sus mejillas, y sintió que la sangre se enervaba y bullía por sus venas, arrastrando consigo la ira. Mentira.
Sakura lo observó con atención, aún sonrojada. Joder, tenía que controlarse, si su padre notaba algo, cualquier indicio de que ella lo conocía estaba jodida. Sobre todo, él. Se pellizcó, disimuladamente, su brazo, y sip, estaba despierta. No estaba soñando. De verdad el tipo con el que tuvo sexo ardiente, la noche anterior, iba a ser su maldito y sexy guardaespaldas.
Holaaaa ^^
No tengo que decir mucho al respecto de este capítulo, bueno, sí...Amo a Takeshi, sé que está feo que yo lo diga, pero...me gusta su actitud xD Y sí, ya sé, parece un cliché, Sakura es la típica niña consentida hija de un padre poderoso, pero necesitaba que su padre fuera poderoso para justificar que Sasuke fuera su guardaespaldas, es más, con esta historia he tenido especial cuidado de hacer cada cosa por alguna razón, justificándolo todo porque no quiero que quede en un simple cliché, sino que esté justificado, sin cabos sueltos, y sea dentro de lo posible, creíble. Igual siento que las personalidades, las he cambiado (aunque yo siempre siento que las cambio xD)
Muchas gracias por sus comentarios, sinceramente no creía que les fuera a gustar la historia, más que nada era un capricho mio, un antojo, para satisfacer mis necesidades como intento-de-escritora-frustrada (?) xD
Nos leemos!
