Hola gentecilla os tarigo algo para matar el hambre de leer y dar una advertencia. Si veis símbolos raros es que en está en base del alfabeto Ingles, es decir, no existen la mayoría de signos de exclamación.


Hermano y Serpientes.

En mi vigésimo primer cumpleańos, empecé a escuchar voces dentro de mi mente. Me llamaban. Parecían estar muy cerca de mí. żQué querían? żDe dónde provenían? Quise que pararen ya. No lo conseguí. Seguían allí. No supe donde estaban. Ni que hacer. No podía ayudarlas. La cabeza me iba explotar. żQué fue eso? Una de tantas voces se alzo sobre las demás. Me llamaba como si me conociera. żCómo sabia mi nombre? Yo no conocí a nadie en días anteriores. żCómo era posible? Seguía insistiendo aquella voz. No lo soportaba. Debía ignorarlos. Sino… żQué paso? Algo tiro de mí.

Cuando sucedió eso, yo me encontraba en mi habitación. Estaba a punto de ponerme el calzado. Ese algo me tiro con brusquedad al suelo. Al levantarme, como estaba frente al espejo, me mire. El iris de mis ojos tornó de color marrón a un dorado. Me sorprendió. Entonces una luz blanca inundo mi cuarto. Me llevo a un hermoso bosque. Los arboles alcanzaban el cielo. Sentí un cosquilleo bajo mis pies. La tierra estaba húmeda y la hierba crecía a su ritmo. Ya no escuchaba las voces. Además no sabría cómo explicar con palabras esta nueva sensación.

-¡Ahí va!- Exclamo alguien tras mi.

Me asuste. La voz sonó muy cerca. Me puse en alerta instintivamente. De un arbusto salió un hombre de cabellos blancos o plateados. Muy raro era ese tono de pelo. Sus ojos oscuros me estudiaban de arriba abajo. Me aleje un poco, porque igual era un pervertido. Además podía leer su edad en el rostro. Tendría unos treinta ańos. Se rasco la nuca.

-¿Eres un dios?- Fijo su mirada en la mía.- Te pareces a mi amigo.- Llevaba una azada en la mano y se la puso al hombro.- ¡Anda! ¡Tus ojos son dorados como los de la abuela de mi amigo! – Se le encendió la bombilla.- ¡Ah!- Me agarro del brazo.- Ven.- Sonrió. Había recordado algo.- Mi amigo te ha estado esperando mucho tiempo.- Inicio el camino.- No me he presentado. Mi nombre es Takashi Hatake.

-¡Ahm!- Una punzada en la cabeza me cegó. Las voces regresaron. A partir de ahí no recordé nada.

-¡Hijo al de aquí! –Grito en la entrada de una oscura habitación.- ¡Ve a jugar con tu hermano!

-¡No quiero!- Se quejo. Era la voz de un nińo. Me incorpore y la asuste al tocarle. Estaba de espaldas a mí. Salió corriendo.- ¡Papi! ¡Papi!

-Buenos días,- Saludo el hombre al coger al crio en brazos.- Mi amigo te trajo aquí en brazos. Te desmayasteis.- Se acerco. El pequeńo se abrazo más a él. – Oíste las voces y me llamado, żno?-No me salía la voz. Así que afirme con la cabeza.- Bueno, entonces me toca contarte algunas cosas.

Dejo al pequeńo encima de la cama junto a mí. Se hizo ovillo. Aquel hombre encendió una vela y se la acerco un poco al rosto. No se le veía mucho. Suspiro y le llama de la vela tembló. Se puso más o menos a mi altura.

-Soy tu hermano…-

Me quede perpleja. ˇYo un hermano! ˇImposible! Luego recordé una cosa, una pequeńa historia sobre mi nacimiento. Naci con un mellizo, pero este nació muerto. En ese momento, entendí las palabras de aquel hombre.

No hable. Aun seguía en shock ante esa pequeńa revelación. Él intuyo mis dudas. Puso su mano en mi hombro y deposito la vela cerca de la cama. Me empezó a contar su historia. En cierta forma yo estaba ligada a ella como la abuela. Meses antes de morir la abuela, trajo su espirito de mi hermano aquel mundo. Lo crio y entreno como si fuera uno de los suyos, un dios. Pues le servirían para sobrevivir en ese salvaje mundo. También le impartió otras clases de enseńanzas, para transmitírmelas a mí. Porque un buen día le dijo que su fin estaba cerca y debería regresar a su hogar. Esto último sucedió cuando alcanzo la mayoría de edad. Antes de despedirse, le dio una misión. Aun no la podía revelar al mundo. Sonrió y me cogió de la mano. Me guio hasta el exterior. Vivía en una pequeńa aldea y me la quería enseńar. Estaba llena de paz. No era así. Más allá de los grandes árboles había una gran guerra interminable. Todavía no los había alcanzado, porque esos árboles los protegía. Más bien fue la abuela quien los protegía. Por su parte él se estaba preparando como otros tantos, para hacerla frente si hacía falta. Mi hermano les enseńo las enseńanzas de la abuela. La misión de mi hermano era que la paz reinara en todo el mundo, pero solo era un sueńo.

Me presento a todos los aldeanos, desde los más pequeńos hasta los ancianos. Descubrí que el pequeńo al cual asuste, era mi sobrino. No, en realidad tenía dos sobrinos gemelos. Eran igualitos, pero se les podía distinguir. Tenían distintos caracteres. Desde ese día mi pequeńo sobrino no quiso separarse de mí. Me perseguía por todos lados, en vez de ir a jugar con su hermano. Era un curioso nato como yo. Me enseńo todos los recovecos de la aldea y quien vivía en cada casa. Fue raro, pues lo leía en la fachada de las chabolas. No me hacía falta preguntar nada.

El día se me hizo corto. La noche llego. Me ofrecieron algo de comer. Lo rechace. No tenía hambre, ni sueńo. Las horas para mí son como minutos en mi mundo. Quería curiosear aquel nuevo mundo por explorar. Así lo hice, pero no me aleje mucho de la aldea. Fui a ver los grandes árboles del bosque crecer. Allá donde pisase las flores crecían con colores vivos y dulces aromas. Llego a un pequeńo lago con su cascada. Allí una anciana con una gran trenza apareció salida de la nada. Su sonrisa era cálida, pero su mirada era helada. Agarra un bastón con las dos manos.

-¡Oh!-Se hizo la sorprendida.- La joven Dragón por fin ha venido. ¡Ya has tardado!

-¡Cómo!-Me había llamado como los aldeanos en cuanto me vieron.

-¡Jajaja!- Se rio.- Eres igual a tu abuela, pequeńa.- Dio un golpecito al suelo con el bastón.- Ahora podre llamar a esa perezosa y jubilarme con tranquilidad.

Con el golpecito del bastón, trajo consigo a una joven de pelo ondulado. Se agarraba a la almohada como si de un salvavidas tratase. Bostezo ignorando todo.

-Abu, -Se frotaba un ojo sin abrirlo.- ¿No se suponía que hoy dormiría un poco más?

-Debías estar preparada para esto.- Le regańaba a mala gana.- Abre los ojos, chiquilla.

-¿De qué hablas, abu?- Abrió los ojos y se quedo con la boca abierta.- ¡TU!

-¡Lo que faltaba! – Me queje.- También te tengo que aguantar aquí.

-¡Te voy a matar!-La amenazo, pero se vio goleada por el bastón de su abuela.- ¡Ay!

-Bien, ya os conocíais.- Volvió a dar otro golpecito en el suelo.- Discúlpala, aun no le ha crecido la trenza.- Después desapareció dejándome con la pesada esta.

-Por tu culpa mi abuela me arreo,-La golpeo fuerte con la almohada.- siempre lo estropeas todo. Ahora soy la maldita serpiente y tu una maldita escupe fuegos.

-¡Y a mí que!- Me encogí de hombros y me aleje de ella por no aguantarla. – Esta amaneciendo tengo que regresar o mi hermano…- Salí corriendo.

-¿¡Hermano! ¿De qué hablas?- Su voz sonaba lejana.- ¿¡A DONDE HAS IDO! ¡NO ME DEJES AQUÍ!