Cap.2 BELLA
Cuando por fin logré moverme, me dirigí de nuevo a mi casa, ahora la angustia era más fuerte.
Y si por fin Bella era feliz, ¿qué demonios haría yo? Tendría que irme, tendría que alejarme de ella para siempre, no para siempre no. Cuidaría de ella, a lo lejos, donde ella no me viera, en las sombras, en las malditas oscuras sombras que volverían a mi vida, como antes de conocerla.
Pero estaba elucubrando y tenia que ser razonable, me inundaba el pánico y juro que si no me solté a llorar es porque no tengo lágrimas.
Estuve pensando en muchísimas opciones, pero ninguna de ellas me permitía entrar en La Push, donde de inmediato sería detectado y se rompería el tratado. Eso significaba guerra, y mientras no supiera de ella, no podía arriesgarla.
Pasé un torturante mes dando vueltas y espiando por todos lados, no tenía ninguna pista. Hasta que, una tarde de sábado, me había quedado desde el jueves ahí, en el bosque, desde donde se veía la playa de La Push. Es obvio decir que con la vista que tengo, no hay problemas que no me pueda acercar ahí, es como si lo tuviera enfrente.
Estaba desesperado y realmente ahora estaba pensando en mandar al rábano el tratado. Entraría solo por Bella, aunque no supiera en donde estaba, no quería hacer daño a nadie, sólo necesitaba verla. Me levanté del árbol donde me había posicionado y me disponía a brincar al suelo, cuando una grácil figura conocida me detuvo en seco.
Era ella, era Bella y estaba aún más hermosa que en mi mente. Su pálida piel resaltaba contra los tonos más oscuros a su alrededor. Iba cargando algo. No veía bien, pues no estaba en una posición adecuada para observarla por completo. ¡Dios que bella es! Sentí un inmenso alivio al verla aparentemente sana.
Iria hacia ella y le hablaría, le pediría que habláramos fuera de La Push y entonces…entonces me quedé paralizado por la sorpresa. Ella llevaba en brazos un bebé.
No lo podía creer, un bebe en sus brazos, sentí que el suelo se abría a mis pies y me sumergía en un pozo de desolación absoluta. Para rematar esta indescriptible angustia que se apoderó de mí, segundos después un joven, aunque era muy alto y atlético se acercó a ella y la abrazó con familiaridad. Agucé el oído con mi corazón congelado roto en pedazos.
-Bella, olvidaste la manta, ¿donde piensas que vas a sentar a Joshua? –y le puso la manta en la arena de la playa, donde ella se sentó y luego puso al bebe acostado cerca de su regazo.
-Lo siento Jake pero ya sabes como se pone Joshua si no sale a dar su paseo matutino, es un diablillo y con sonrisas ambos muy amorosos con el bebe le hacían cosquillas y caras, mientras el bebé sonreía.
Era una típica escena familiar. Y era la manera de destrozar mis ilusiones.
Bella había hecho su vida. Ya no me amaba.
Yo tuve la culpa por alejarme.
Era lo que debía hacer para salvarla.
Yo le pedí que hiciera su vida.
Era lo mejor que podía hacer.
Yo la abandoné cuando ella me suplicó que no lo hiciera.
Nunca debí alejarme.
Yo soy un maldito idiota.
La perdí para siempre.
Y con el corazón, ahora si, muerto para siempre, me alejé de ahí. Tenia que irme, tendría que largarme de aquí y no volver.
Pero sabía que no podría hacerlo.
