El arrepentimiento sólo llega a los corazones que reparan en sus errores y hacen lo posible por corregirlos y no volver a cometerlos. Por muy difícil de creer, Hans lo ha hecho, él sólo carecía de amor. Los años han pasado y, volviéndolo a ver, Elsa sabe que él sigue deseando no haber seguido el impulso equivocado. "La Reina de las Nieves ablandó mi corazón" dijo sinceramente mirándole a los ojos.
Disclaimer: Nada me pertenece, tristemente.
Aclaraciones/advertencias: Post Frozen. Helsa. Si no te agrada la idea, puedes volver a la página principal. Lo admito, crecí con Disney, es la justificación para hacer esta historia. FLUFF.
La precuela de la historia se llama Paso a paso. Se encuentran cordialmente invitados a leerla.
Fiebre
Dos
Tres meses pasaron desde aquella escena, el pelirrojo se instaló en Arendelle, pero no en zona terrestre sino marítima, pernoctando en el barco de vapor que navegó muchas aguas antes de llegar al territorio gobernado por la Reina de las Nieves. Aquellos meses estuvieron plagados de un cortejo romántico por parte de Hans, muy distinto al tiempo en que se consideraban amigos. Llegaron las rosas, las cartas, los paseos y cabalgatas, los almuerzos en forma de picnic, los obsequios 'inofensivos', la patética demostración literaria de Hans en la escritura de poemas, en fin, una pequeña formalidad para los dos, porque desde hacía largo tiempo que sus sentimientos habían aflorado, siendo que lo único que necesitaban era olvidar aquellos amargos años de separación para recuperar la relación que existió en el pasado.
Una relación fortalecida por la distancia y la madurez de la edad, consolidando un amor joven, tornándolo en un sentimiento humano y verdadero, con los defectos de ambos, y sus propias virtudes. No resultaba una tarea sencilla, pero Hans y Elsa habían puesto todo su empeño en ella, porque si cuatro años atrás se querían, en ese momento se amaban completamente.
Ella no cambiaría su acostumbrada reserva producto de la soledad de los años vividos -aunque hacía esfuerzos por apartarla cuando era necesario- y él no eliminaría la arrogancia que él mismo había utilizado para enfrentar al mundo -a la cual la rubia estaba habituada, pero que reconocía se apartaba cuando se trataba de ella-.
Así eran ellos dos juntos, una pareja aparentemente seria y, sin embargo, no lo eran. Podían disfrutar de momentos divertidos que los demás desconocían, gastarse bromas y hacer escapadas de sus obligaciones.
Sólo tres meses les habían bastado para lograrlo.
Y les quedaba una vida juntos.
Elsa llevó uno los chocolates a su boca y disfrutó el sabor dulzoso en su lengua, cómo amaba aquellos placeres de los dioses del inmenso territorio de Occidente, uno de los mayores beneficios de la conquista, sin duda -y uno grato, siendo que la esclavitud no lo era-. Su compañero en el jardín rió al escuchar el gemido que provino de su boca, causando que Elsa se moviera ya que se encontraba apoyada en su pecho.
-Disfrutarías mucho de las delicias en un país en medio de Europa -le dijo Hans tomando un chocolate para él, realizando una exclamación de placer al probarlo-. Aunque juro que extrañaba las creaciones de tu cocinero.
Ambos rieron.
-Me parece que él te extrañó mucho más -admitió Elsa mirando correr a la nueva adquisición de Olaf, unos conejitos blancos a los que les fue muy difícil aprender que las zanahorias de sus amiguitos de nieve no eran comestibles.
-¿Entonces Iain fue quien te dio pequeñas señas sobre mí todo este tiempo? -comentó Hans de repente y la rubia comenzó a reír ante las palabras del pelirrojo-. ¿Quién diría que un rey de casi cincuenta años se dedicaba a chismorrear con la joven reina de otro territorio?
-¿Cómo te has enterado? -preguntó con interés.
-Me lo ha dicho en una carta que llegó hace un día, debería castigarte por no tratar -con evidente esfuerzo- de encontrar a alguien más, Elsa, pero fue un gran beneficio que no lo hicieras -expresó él arrogantemente-. Cualquier bastardo habría hecho lo imposible por estar contigo.
-Tuve mis dudas, Hans -manifestó en voz baja. Pensando en que, realmente, ninguno se aventuró a intentar algo con ella; y también en cuando se convencía que debía dejar atrás el amor al pelirrojo como él probablemente lo había hecho, siendo una de aquellas veces aquel viaje que hizo algunos meses atrás. Que cambio tan radical fue escuchar que él la seguía queriendo. Con el rey nunca había tocado el tema de las relaciones amorosas que Hans pudiera haber tenido.
-Lo sé, amor. Estoy contento por ello, pero me pregunto cómo es que Anna no las aprovechó para meter a cualquiera en tu familia, quizá fue excelente que tuviera de quien ocuparse.
-Creo que se habría sentido muy mal, y ahora se lamenta más porque el pequeño Henrik te adora.
-Es mi encanto -aclaró el joven de ojos verdes riendo antes de tomar seriedad.
Apartando su brazo derecho del hombro de Elsa, extrajo el objeto que había llegado en el envío de su hermano y decidió hacer un acto extremadamente cursi -y nada acorde a su persona- pero que valía la pena, por la única mujer que había existido para él después de conocerla. Esperaba no tener más ojos observadores que los pertenecientes a los animalillos. Se arrodilló en el pasto del jardín, que había sido testigo de su declaración del pasado, el mismo en que habían compartido bonitos momentos juntos. Respiró y se preparó para una escena que no habría creído posible casi cinco años atrás cuando le dijo que la quería, pero que en ese instante era más verdadera que cualquiera de los años en que estuvo apartado de Arendelle.
Los espléndidos ojos azules de Elsa brillaban y su boca mostraba una sonrisa amplia, que él amaba tanto; todas las palabras que planeó se desvanecieron de su mente, sólo tenía la imagen de la reina de Arendelle, la ya no tan delicada criatura del pasado sino el ave que alguna vez pensó alzaría el vuelo. Aun teniendo su inseguridad, pensó que los cuatro años no le hacían merecedora de ella, pero recordó que a Elsa no le importaba aquello sino sólo él. El hombre sin título alguno, el que ella ayudó a formar.
Tomó su delgada mano izquierda y la llevó a sus labios para besarla. Le mostró la banda plateada con un zafiro en el centro y diamantes diminutos a los costados, asemejando un copo de nieve. Un diseño extremadamente complicado -y que demostraba lo sentimental que se había vuelto-.
-Me gustaría poder decir que este anillo permaneció a mi madre, pero no tengo ese privilegio -el pelirrojo sonrió de lado-. Sin embargo, le pedí hace tiempo a un joyero que hiciera un diseño especial para la mujer más maravillosa del planeta, espero que te guste. No sé hacer propuestas románticas y, para terror mío, no eres la primera a quien se la hago, pero deseo que tú seas la única mujer con la que llegue hasta el final. Elsa, te amo, tanto que no sé expresarlo con las palabras indicadas, sólo sé que quiero casarme contigo y ser tu compañero, tu amigo, tu confidente y muchas otras cosas más, me harías extremadamente feliz si me aceptaras para hacer todo eso, ¿me concederías el honor de ser tu esposo?
Unas diminutas lágrimas abandonaron los ojos de Elsa, que se inclinó para besarlo con dulzura, dejándole saborear brevemente el néctar dulce de sus labios antes de separarse y responderle.
-Claro que sí -susurró, permitiéndole colocar el anillo en su dedo.
-¿Harías una última locura antes de casarnos? -preguntó abrazándola.
-¿De qué tipo? -interrogó curiosa.
-Las Tierras del Cardo (2) no están muy lejanas -comunicó con una sonrisa ladeada.
Comenzaron a reír.
-Pero tendré que darles una ceremonia aquí en Arendelle.
-Después de casados no me importará -manifestó antes de besarla con fiereza.
Desde dentro Ebba observó la escena a través de una ventana, acompañada de su amiga Anna y de Olaf, que sólo los veía con una sonrisa en su cara.
-¿Quién ganó la apuesta? -le preguntó a Anna Bjorgman, que sonrió apartando su flequillo anaranjado de su cara.
-Eres demasiado lista Ebba, claro que fuiste tú -admitió la joven madre y princesa de Arendelle.
-¿De qué apuesta hablan? -preguntó el otro muñeco de nieve apartando la mirada de la escena en el jardín.
-Anna creía que Hans tardaría más de tres meses en pedirle matrimonio a Elsa, yo dije que serían tres o menos -afirmó con rotundidad.
-¡Oh! -exclamó emocionado-. ¿Se puede hacer una sobre sus hijos? -interrogó moviendo sólo una parte de su boca.
Anna y Ebba intercambiaron una sonrisa traviesa.
Años más tarde aquella apuesta no llegó a conocimiento de algún otro fuera de ellos tres.
-Mamá -llamó la pequeña rubia princesa de Arendelle, que regresaba de una visita con su padre a los habitantes del pueblo que alguna vez gobernaría-. ¿Por qué la gente se refiere a papá por su nombre? -cuestionó con el interés brillando en los ojos del mismo color que su abuelo Adgar y la misma sonrisa curiosa de su tía Anna.
-Porque papá era malo -reveló el rey consorte desde la puerta, observando a sus dos rubias favoritas sentadas en el salón de la soberana de Arendelle. La de ojos azules negó divertida.
La niña abrió la boca con una expresión semejante a la de Olaf, corrió a abrazar sus piernas y él alzó a la pequeña de cinco años que pronto sería hermana mayor. Las dos coletas rubias se movieron ante la acción.
-¿Te gustaría conocer la historia, Iona? -preguntó caminando hacia su esposa, en reposo por los últimos meses de embarazo.
-No -confesó ella con timidez-. Cuando sea más grande para que mi hermanito o hermanita sólo tengamos que escucharla una vez. Y juntos nos enfrentaremos a quien hable mal de papi -Iona protegía a los suyos como su madre y creía en ellos como su tío el Rey.
El pelirrojo rió besándola en la frente, recordando todo lo que vivió a partir de ese primer año en Arendelle, para después acercarse y acariciar el rostro de su bella esposa, apartando el mechón rubio que se había escapado de su lugar.
Tomó el libro que comenzarían ese día. La costumbre impuesta en su salón especial.
Su madre alguna vez le dijo que no dejara ir a las personas que quería, fue muy bueno que reparara en ello antes de que fuera tarde.
La fiebre es una respuesta natural del cuerpo que actúa en favor de la persona.
La batalla interna había sido ganada.
"La máxima victoria es la que se gana sobre uno mismo" - Sidarta Gautama (Buda) [Sabio oriental]
2. Escocia. Las parejas acostumbraban a fugarse a Gretna Green, donde no se necesitaba tener la autorización de los padres para casarse, o donde se iba para realizar matrimonios apresurados.
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¡Hola!
Decidí hacer la continuación de esta forma porque todo el drama debía quedar en Paso a Paso, aunque fui mala y no era tan necesario haberla leído para comprenderla completamente XD. Además que no quise cambiar el título, por lo que me fui a lo literal de la enfermedad, para las frases finales, la fiebre es una forma del cuerpo de demostrar que algo está mal dentro de él por lo que es en favor de la persona, para su bien. Y la batalla interna también en relación a lo que trabajan nuestros anticuerpos XD. No se relacionen con el área de salud ;) mucho menos porque no se quedarán con esa explicación.
Bueno, puede que queden muchas preguntas, pero hay que dejar volar la imaginación :3, volvieron juntos, se casaron, hijos, ¡tarán!
Un gran saludo, abrazos,
HoeLittleDuck
PD: Espero se harten de mí en el fandom;)
