Smiles
Disclaimer: Percy Jackson y los olímpicos no me pertenece. Ya saben, reclamen a Rick Riordan.
Rachel supo que las cosas andaban mal desde el preciso instante en el cual Nico descubrió su retrato sonriendo. No había podido evitarlo cuando, con un carboncillo en mano, había esbozado el retrato. Esa tarde, semanas antes, había visto al joven sonreír en medio de una reunión de reencuentro luego de un chiste de Leo sobre Piper. Mientras todos miraban a la reina de belleza responder con buen humor, ella se fijó en Nico. Él sonreía a la luz de las llamas de la fogata y ella sintió el impulso artístico de fotografiarlo.
No sabría decir con precisión qué fue lo que hizo que su estomago diera un tirón tan fuerte esa noche; si sus ojos negros reflejando la intensidad de las flamas, o la sonrisa inexacta en su rostro por lo general sombrío ¿La luz en medio de la oscuridad que era Nico Di Angelo?
¿La escasez de esos gestos de auténtica felicidad en alguien tan introvertido? ¿Su estupidez por no contemplarlo antes a pesar de haber crecido a su lado? Rachel se sintió confundida dos días, con el recuerdo de la imagen fresca en su mente, antes de decidirse a dibujarlo.
La primera idea fue hacer un sencillo dibujo a carboncillo. Pero terminó sombreándolo, y luego pintándolo sin poder contenerse. Era casi imposible reflejar la profundidad de la dicha y la tristeza de los ojos del italiano a menos que lo intentara con el oleo. De todas maneras, se dijo, mientras terminaba la mirada, lo más difícil era la sonrisa.
La imagen aún le molestaba en lo hondo del estómago, porque tenía un ojo de artista y reconocía la inusual belleza de Nico. Oscura y sutil. Había que mirar con énfasis para encontrar la abrumadora realidad de sus rasgos simétricos y su sonrisa avasallante pero tímida. Rachel bajó el pincel y retrocedió varios pasos para apreciar al proceso de su obra. Terminó apoyada en la pared con el retrato de Nico mirándola desde el otro lado de la habitación.
Contempló los reflejos del fuego en su cabello negro brillante y despeinado, la forma de sus cejas definidas pero lineales como si quisieran ponerle más seriedad a su semblante. La nariz recta adornada con una curva graciosa cuando sus mejillas se levantaban para sonreír, ligeramente hacia un costado. Con aquel hoyuelo apenas descubierto en su mejilla, debajo de la altura de sus comisuras.
¿Cómo era posible que un hombre tuviera las pestañas tan arqueadas y frondosas? ¡Qué envidia! Percy había dicho una vez que la hermana de Nico, no media hermana, había sido hermosa y agradable de una forma parsimoniosa. Claro, con sus propios términos, pero ella entendió el mensaje.
Rachel se sentó en el suelo frente al retrato, el día se consumía en el atardecer y ella se encontró inmersa mirando la pintura. Era confuso como Nico con su aura melancólica y sombría podía embelesarla con una sonrisa y tal despliegue de belleza. No quería mostrarle esa pintura a nadie, no porque la avergonzara admitir que había pintado a Nico, sino porque de cierta manera quería guardar esa belleza efímera para ella.
Nadie más había reparado en Nico esa noche ¿Por qué debería ella enseñárselos entonces? Rachel observó los ojos del retrato, mientras la noche nacía, y pensó que Nico era melancólicamente hermoso. Como Jonny Deep, pensó. Entonces se encontró a sí misma recordándose que, aunque supuestamente no lo sabía, Di Angelo era homosexual. Por ende, encontrar bello a un chico melancólicamente hermoso que era homosexual era la cosa más estúpida en la cual perder el tiempo. Pero terminó de dar unas pinceladas finales a sus labios ligeramente pálidos y firmó la esquina inferior con un sencillo "R.E.D"*
—Rojo. — Bromeó consigo misma.
Era gracioso que sus iníciales coincidieran con el color de su cabello. Ella abandonó el pincel en su vaso con agua correspondiente y lo limpió con paciencia.
La pelirroja dejó el cuadro en el trípode, incapaz de comenzar otro cuadro al oleo y limitándose a su cuaderno de acuarelas. Pasaron semanas antes de que se encontrara casualmente con Nico, aunque supuso que de casualidad no había nada. El hijo de Hades la sorprendió en la parte de atrás del bosque mientras ella caminaba en busca de algo bueno para dibujar.
Nico estaba sentado en un árbol cercano y ella aprovechó la oportunidad para tomarle una foto. De alguna manera, Nico siempre era buen material para pintar.
—¿Me has fotografiado? — Preguntó él, confuso.
Aparentemente, no estaba demasiado familiarizado con las cámaras digitales ni con las fotografías a color de alta calidad. De modo que ella asintió y le mostró la foto antes tomada en la pequeña pantalla de su cámara Lumix. Nico la tomó de entre sus manos pequeñas y la observó minuciosamente.
—No tiene nada de especial. — Nico dijo. — ¿Para qué querrías una fotografía mía tan simple?
Rachel dio un suspiro dramático y se rió.
—Es una imagen artísticamente bonita; inspira… algo confuso. No sabría explicarlo con palabras.
—¿Inspirar? — Nico repitió, negando con la cabeza.
La pelirroja lo contempló en silencio, mientras él parecía discutir consigo mismo sobre cómo comenzar una oración. Rachel lo dejó en paz, dándole el tiempo necesario para hablar de lo que quisiera, y tomó asiento a su lado a una distancia prudente pero cercana. Sin ánimos de incomodarlo se cruzó de piernas y comenzó a dibujar un par de flores cercanas.
—¿Hace cuánto que… lo sabes? — Él preguntó, finalmente.
Rachel no quiso mirarlo a los ojos, pues con muchos más años encima de los que su cuerpo demostraba sabía que él se sentiría incómodo o cohibido con ello. Los chicos no necesitan cruzar miradas para conversar a diferencia de las mujeres. Era parte del confuso lenguaje corporal.
—Bastante, más o menos me di cuenta durante la guerra contra los gigantes. — Contestó. — No se lo he dicho a nadie, Nico.
El joven asintió, y se quedó a su lado aunque no tenía mucho más para decir. De vez en cuando dirigió sus ojos a la flor que de a poco cobraba forma en la hoja de dibujo. Rachel permitió a Di Angelo sentirse cómodo a su alrededor antes de volver a hablar.
—No tienes que contestar si no quieres. — Introdujo, librándolo de cualquier obligación y sin dejar de dibujar. — Pero no estamos en el siglo veinte. Nadie va a mirarte mal por ser homosexual o lo que sea ¿Por qué aún lo escondes?
Nico no contestó en ese preciso instante y Rachel tuvo tiempo de terminar de sombrear los pétalos de la flor antes que él le respondiera.
—No tengo motivos para compartirlo, simplemente no quiero. No le temo al rechazo. — Admitió.
—Oh, eso es bueno, porque de todas formas nadie va a rechazarte. — Expresó, dejando su cuaderno a un lado. — Trata de ser feliz, no hay dos vidas… bueno, al menos no por lo general. Y sonríe más, vamos, que me ha costado muchísimo hacerte un buen retrato.
Rachel se levantó de su lugar y recogiendo sus cosas le dio una corta mirada al joven a su lado.
— Si un día no tienes nada que hacer… bueno, siempre eres un buen modelo.
Nico asintió, viendo como el oráculo guardaba sus útiles de dibujo en el bolso gastado que llevaba a todas partes. Éste estaba roto en un costado de las tiras y Rachel lo había engrapado porque, simplemente, le daba pereza ir a comprar otro y no quería salir del campamento. La muchacha sonrió antes de irse y se despidió con un movimiento enérgico de la mano.
El muchacho se quedó allí un largo rato.
La oráculo había guardado su secreto sin que él siquiera se lo pidiera, y él valoraba eso. Era, de una u otra forma, lealtad y respeto. La observó irse, y su melena rojiza brillar bajo el sol.
Rachel Elizabeth Dare.
¿Cuánta tristeza había detrás de esa sonrisa?
Muchas gracias a Samanta Black y a amandacastellanos por sus amables comentarios, siempre es bueno recibirlos.
Actualizo ahora porque me voy de viaje uno o dos días, de modo que no podré subir capítulo mañana, creo. Y como ya está escrito estimo que es correcto subirlo ya. Teóricamente pronto será pasada la medianoche así que bueno, acá está.
De nuevo, espero que les guste ¡Besos!
