Infidelidad


Todo gran amor no es posible sin pena. (Proverbio Italiano)


La sala permanecía vacía. Quedaban algunos globos en vilo rodando en el suelo relleno de serpentina. La música estaba a bajo volumen y solo quedaban rostros en silencio. Naruto miró la mejilla de la joven que estaba hinchada y roja, se sintió mal por ella, no parecía ser una mala chica, más había tolerado todo lo ocurrido en el ascensor con un buen gesto y amabilidad; era tímida y se aprovechaban de esa cualidad para hablar por encima de ella, empujándola a malos entendidos.

Ella no tenía por pagar todo ese gran espectáculo que perpetro su padre y mucho menos la madre de Sakura. Era penoso cruzar ojos con la mujer sin no poder verla con resentimiento, la agresión física estaba muy descolocada y sobre todo el insulto. Hablar por encima de alguien que desea excusarse de una actitud era un hecho muy ruin; pensaba ahora que no estaban más que los involucrados presentes a hablar, el sollozo de Sakura le desconcentraba, una parte de su corazón le dolía. Haber "traicionado" su confianza era lo peor que pudo habérsele ocurrido en el día de su boda. Negó; no, todo había sido un muy mal entendido, debía ser sincero tal vez si fijo de más los ojos en la amiga de Sakura pero se debía a que era tan inocente que su instinto animal no se contuvo, pero no por eso dejaba de amarla y atesorarla; Sakura era la mujer de su vida.

Fijó la mirada en Sasuke que estaba al borde del círculo esperando con los brazos cruzados y la mirada confundida en su persona. Era la única persona que no lo miraba con resentimiento, alguna idea clara pasaba por su cabeza en ese momento porque sus ojos estaban limpios dejándose ver sin problema. Le extrañaba la actitud sobre-protectora con Sakura, la había llevado al baño y dejado a cargo con Ino, se tardo un mundo regresar a la sala y tenía en la boca cierta sonrisa agria, como si se hubiese equivocado sobre algo, sin embargo, en los ojos de su amigo no había duda, mucho menos recelo, una parte del Uchiha confiaba ciegamente en que Naruto no había hecho tamaña idiotez el día de su boda. Abrió la boca:

— Quisiera poder hablar con Sakura primero —se excusó Naruto y luego dio una larga reverencia—, creo que es ella quien necesita las primeras palabras.

— ¡Yo…! —la chica Hyuuga había atraído toda la atención hacia su persona, bajo la mirada apenada, más el padre la obligo a callar chitándola.

— Nos debes una explicación a nosotros primero —siseó el padre de Sakura—. No dejare que hables con mi hija si vas a decirle alguna patanada.

— No pienso…—trató de excusarse Naruto pero lo interrumpieron.

— ¡Yo también exijo una respuesta! —exclamó Kushina Uzumaki molesta. Tenía el rostro algo coloreado por el alcohol precoz y la sorpresa que se había llevado.

— Y la merecen —volvió a decir Naruto pero ahora viendo hacia el baño donde el llanto había cesado momentáneo—, pero, enserio, necesito hablar con Sakura primero que nadie, los dos.

Esta vez miró a Hinata que había tenido la mirada perdida en el aire. El encuentro de miradas le sorprendió, mas sus buenas intenciones para con ella le hicieron sonreír. Estaba muy apenada con él así que procedió con una gran reverencia.

— Lo siento realmente, Namikaze-san —murmuró ella ante la mirada sorprendida de Naruto. — Yo arruine todo, la boda de Sakura… la tuya.

— No…—cuando estuvo por excusarla pudo escuchar la voz potente de su padre. Había visto a Hiashi Hyuuga una o dos veces; tampoco es que hubiese mantenido una conversación completa con él, era un hombre demasiado chapado a la antigua como para interesarle sus temas de conversaciones, también, según su percepción, era amargado.

— ¡A buena hora que te das cuenta de lo que has hecho! —La miro cuando ella aún no había levantado la cara de la reverencia— ¿Con qué rostro vas a mirar a tu amiga? ¿Con qué rostro podrás mirar a tu familia? ¡Avergonzaste a los Hyuuga! Jamás habíamos visto semejante comportamiento en uno de nuestros descendientes, mucho menos en una heredera.

— Espere, estás siendo… —Naruto fue fulminado por la mirada gélida de Hiashi Hyuuga.

— Usted no se meta, no tiene potestad sobre mi hija…—lo indicó con un dedo tembloroso mientras la garganta se movía por su tragar—, tú, fuiste tú el que daño a mi hija.

— ¡Mire usted! —chilló Kushina escandalizada por la declaración. La pelea de miradas entre el jefe de la casa Hyuuga y la madre Uzumaki duro unos cuantos segundos pero ninguno se atrevió a dirigirse una palabra más, nadie quiso intervenir porque las aguas se avisaban turbias.

La más conmocionada era Hinata. No solo sentía unas ganas irremediables de hablar con Sakura y arreglar todo ese embrollo; arruinar una boda completa no solo le traería una culpabilidad gigantesca, si no una suerte terrible. ¡Su torpeza siempre dañaba todo! Por eso prefería quedarse en casa para no irle a arruinar la felicidad de los demás, ahora el día que tanto habían esperado esos dos estaba en un total fracaso y peligrando en convertirse en una tragedia. Nunca había visto a Sakura tan alterada; dudado de ella y de su novio en las circunstancias más bien risibles, casi ridículas.

¿Quién haría algo así en un ascensor de camino a su boda? ¡Un gran idiota! Y pues, no conocía a Naruto pero podía asegurar que aunque fuese un gran idiota no hubiese perpetrado tal acto sabiendo que iba a producir tanta infelicidad en su amada novia. ¿Qué sentido tenía engañarla el mismo día de su boda? Claro, tampoco es como si la situación dentro del elevador fuese fácil de excusar, decir la verdad iba a ser como una gran mentira de mala monta. Pero era lo único que tenían, no se conocían desde antes, solo habían sido dos completos extraños con una suerte de los mil demonios.

Podía jurar que la mala suerte se la había echado ella a él; Hinata se sentía tan miserable que por un momento pudo comprender la rabia desatada de su padre. Un hombre tan recto y moral como Hiashi Hyuuga degradado a ver a su hija en "un acto inmoral" frente a más de la mitad de sus conocidos. No era una idea que pudiese lidiar en menos de unos minutos; después de todo Hiashi se había dado por vencido con Hinata en cuanto a su torpeza y su falta de tacto en conversaciones interesantes pero jamás se le hubiese cruzado por la mente que ella cometiese un acto sexual en un lugar público, mucho menos que en ese mismo acto estuviese contenido infidelidad hacía una amiga en plena boda. Hiashi Hyuuga estaría debiéndole la vida por el resto de sus días a Sakura Haruno con tal de recompensarle la irresponsabilidad de su hija. Nunca había sido un padre muy amoroso pero la violencia no era su característica más resaltante; los crío a todos, incluso a Neji, a base de valores y entrenamiento, la disciplina era un buen lema para una familia que venía de los más altos prestigios desde los tiempos del samurái. Las historias de ninjas y emperatrices eran las favoritas del repertorio Hyuuga y aún mantenían las costumbres en sus rutinas para no perder los buenos modales característicos de una familia pudiente y bien formada.

No tenían problemas monetarios, mucho menos escándalos innecesarios. El último escándalo que se había tenido en la casa Hyuuga fue hace unos cincuenta años, cuando la madre Kasako había decidido casarse de nuevo. Ahora Hinata Hyuuga, la primogénita del hombre que había resaltado todos los buenos valores de las familias tradicionalistas, cometía semejante burrada frente a todo aquel que alguna vez lo había respetado. No la podía perdonar.

— ¡Discúlpate, Hinata! —Sentenció mirando a su hija temblar de miedo y un llanto renovado—, debes disculparte con todos los presentes y mucho más con la familia Haruno. No eres digna de portar el apellido Hyuuga.

Hinata sentía el corazón salírsele del pecho y la cara enrojecérsele de las palabras de su padre. Sentía los ojos del novio de Sakura encima de su cuerpo y el de su padre, algún presente la miro con compasión más que con resentimiento pero los ojos de los Haruno eran los únicos que les importaban: quería hablar con Sakura y aclarar las cosas; no podía terminar con la felicidad de su noviazgo por un tonto malentendido, no iba a permitir que volviese al punto de retorno; podía estar embargada de la mala suerte pero no pensaba contaminar a los demás con la cantidad de radicales libre que desprendía su cuerpo. Ella no era Sakura; ella siempre se había negado a ser feliz, Haruno siempre había buscado desesperada la felicidad, se la merecía.

Se lanzó al suelo con un dolor intenso en el pecho, sin dejar de pensar una y otra vez que debía disculparse, sin dejar de sentir el bochorno que le embargaba desde que los descubrieron en el ascensor, su cabeza era una maraña de problemas, pero debía de tener el valor de poder pedir perdón.

— Lo siento, yo no quería que todo terminase así…—Hinata tenía la frente apoyada en la sucia alfombra del salón, podía respirar polvo cada vez que su boca se abría dolorosa para contener el llanto—, todo ha sido un gran malentendido, jamás hubiese querido hacerle daño a Sakura, nosotras…

— ¿Nosotras qué? —zapateó la madre de la novia—… no te atrevas a decir que eres su amiga. ¡No te atrevas!

Los ojos llenos de lagrimas de Hinata se alzaron, tenía los hombros caídos de la decepción y un fuerte dolor en la garganta. No quería seguir llorando; no quería mostrarse tan miserable y victima delante de todas esas personas que en su mayoría eran desconocidos, pero solo pensar que el perdón y la razón no pudiesen entrar en la familia Haruno le daba miedo.

Sakura debía escucharla.

— Usted ha equivocado todo, nosotros… —pero la voz del novio la calló por completo, una de sus piernas se había interpuesto entre su cuerpo y el de su suegra.

— ¡Nosotros ni nos conocemos! —Naruto enjuagó una sonrisa nerviosa en el rostro—, nos acabábamos de conocer en el ascensor, es una locura pensar que tendríamos algo.

— Muy bien se conocieron… ¿No? —Replicó Neji Hyuuga mientras uno de sus pómulos se alzaba, tenía la mano cerrada con fuerza y el rostro constreñido—. Mi prima es una mujer intachable, es ejemplo de familia…—hablo esta vez refiriéndose a la familia Namikaze y Haruno— todas las buenas costumbres las ha aprendido muy bien y estoy seguro de que todo esto es un gigantesco malentendido o un ultraje.

La madre Haruno se hincó en el cuerpo del padre tratando de sostener su ignominia; la familia Namikaze asintió más convencida. Neji ayudó a levantar a su prima que le agradecía con los ojos y los labios. Naruto agregó:

— ¡Tiene razón el estirado! —una sonrisa de locura le iluminó la cara, más a Neji no le dio mucha gracia—, yo no sabía que ella era la dama de honor…

— Y así que te enredaste con ella ¿No? —interrogó el padre de Sakura dando un paso hacia delante.

— Déjele terminar —susurró Konohamaru con la voz cabroneada, había estado detrás de Kushina todo ese tiempo, los ojos de los hermanos se cruzaron formando una sonrisa de agradecimiento. No le había visto después de tanto alboroto, sabía que él estaba muy decepcionado de que la boda no se hubiese dado.

— No es eso, suegrito —la cara de pocos amigos del hombre le hizo aguardar silencio para tragarse sus palabras—, Sakura me había hablado mucho de su amistad con los Hyuugas, decía ser muy amiga de las dos hijas, sobre todo de la mayor, pero jamás tuvimos el momento para presentarnos formalmente. Nunca hubiese pensando que ella fuese Hinata Hyuuga —indicó a la chica que asintió vehemente—, la verdad los dos nos sorprendimos cuando nos enteramos de quienes éramos...

— ¿A dónde va toda esta historia? —la madre volvió a interrumpir esta vez veía con ojos desconfiados a su posible hijo legal— ¿Quieres hacernos olvidar lo que ha pasado? ¡Lo vimos con nuestros propios ojos! Una actitud inmoral en público; menos mal que mi preciada hija no se va a casar con una persona como usted.

— ¡Para nada, allá voy! —jadeó. Sabía que su suegra era tan terca como su novia así que decidió no contradecirle demasiado—, el punto es que cuando Hyuuga-san —indicó a Hinata que volvió a asentir con la cabeza— dio una muy respetuosa reverencia su pinza se trabo en mi pantalón y fue una gran odisea sacarla de allí, entiendo que la posición que vieron fue algo comprometedora… ¡Pero era solo eso! ¡Estábamos intentando resolver el problema de la pinza!

— Es una pinza de nácar de mi madre —susurró la aludida dando una pequeña reverencia de vergüenza—, no quería romperla así que tuve excesivo cuidado en sacarla, parece una excusa tonta pero es la verdad, Naruto Namikaze y yo no tenemos ningún tipo de relación, no nos conocemos y nuestra única relación es de novio y dama de honor.

El rubio asintió feliz ante el temple que había conseguido la chica. Ahora con la mirada un poco menos afligida y la voz suave se sentía más convincente su discurso.

— ¡Es cierto ttebayo! —exclamó con fueras recuperadas. En ese instante solo quería terminar con ese incomodo interrogatorio e ir a hablar con Sakura, ya no se escuchaban sus sollozos pero podía jurar que su voz armónica llenaba las paredes del vestuario, estaba también la voz de Ino algo más alterada.

— ¡Esta es la excusa más barata que he escuchado! —Gritó la mujer mientras se retiraba del círculo de escuchas, recogió su cartera, pañoleta, ramo de flores y se acercó histérica—, ¡Eres un hombre maldito, Naruto Namikaze! ¡Hacerle eso a Sakura, te ira muy mal!

— Señora Haruno, seamos razonables —habló esta vez Minato que se había calmado y se le veía el semblante más distendido— deberíamos dejar que esto se arregle entre ellos, le deben esta misma explicación a su hija, no vale de nada alterarse si es la verdad de la historia.

— ¿Y le cree a su hijo? —la mujer parecía anonadada—, yo no quisiera recordarle todas las cosas que ha hecho su hijo, como aquella vez que beso a esa chica llamada Shion.

— ¡Fue una broma para Sakura-chan! —corrigió Naruto semi-sonreido mientras se llevaba la mano tras la nuca.

— ¿Una broma? —La mujer alzó las cejas negando— ¿Lo de hoy también fue una broma?

— ¡Lo de hoy ha sido un terrible malentendido! —Imploró Hinata no pudiendo contener su culpabilidad—, realmente lo siento, todo ha sido mi culpa, yo soy demasiado torpe y lo he enredado a él también. La boda no tiene que sufrir por mi culpa.

— Yo hare que mi hija pague por lo que ha hecho —Hiashi jaló a Hinata de la mano derecha demandando su atención y retrocediéndola—, te vas a disculpar también con Sakura Haruno y luego hablaremos del resto.

— ¿No me cree, padre? —farfulló sin mirarlo a los ojos.

Neji colocó sus manos en las muñecas de su prima y sin dejar de mirar con respeto a su padre le escoltó hacia la puerta del baño. La familia Haruno estaba alterada más no interrumpió el proceso, mantenían aún cierto respeto hacia la familia Hyuuga, después de todo no eran el clan más antiguo de Akita en vano, sus ceremonias tradicionales y cargos políticos y culturales eran muy reconocidos en la prefectura, hurgar en el deshonor de aquella ancestral familia de samuráis y ninjas era como buscar piedrillas de oro en un pozo sin fondo donde habita un dragón, en algún momento ibas a dar con la cubeta en su cabeza. Respetaban por sobre todas las cosas a Hiashi Hyuuga pero podían testificar que Hinata Hyuuga se había perdido; Mebuki siempre había tenido cierto recelo a la perfecta señorita tradicionalista, su risa cubierta por sus manos, su cálidas reverencias y las manos delicadas para servir té, la habían criado como una señorita del período Edo. Sabía recitar poemas y el Tao; cantaba canciones patrimoniales, realizaba la ceremonia del té sin ningún error, también practicaba el Ikabana y cuidaba bonsáis; nada en la perfección que primogénita parecía alterarse, era en extremo tímida pero como tenía un perfil de señorita decorativa no desentonaba en las cualidad de una pudiente familia religiosa. Era buena en las artes marciales, aunque no daba la talla para entrenar a alumnos, era en extremo inteligente y se había graduado con facilidad de administración. En toda su vida de "perfecciones" solo osó a presentar a un novio el cual duro un largo año de relación estable. Pero como podía predecir Mebuki: tanta perfección no puede ser natural, después de todo esas inclinaciones anormales de una chica moderna solo tenía incidencias en que su padre deseaba que como primogénita diese el ejemplo; Hinata Hyuuga muy en el fondo debía sentir la necesidad de liberarse de el atraso y hacer alguna travesura.

¿Por qué no esa travesura la hacía en la boda de su mejor amiga con el novio? ¡Tenía tanto sentido para Mebuki!

Tal vez no estuviese tan equivocada. Hinata Hyuuga si sentía la necesidad de independizarse del yugo de pertenecer a un clan acicalado y pudiente, tenía tantas responsabilidades que a veces sentía que iba a desvanecerse como un papel pergamino y empezar a ser parte de una época completamente distinta a la suya. En la mansión no había más que un teléfono, se habían prohibido los televisores y todo tipo de artefacto tecnológico que no fuese un electrodoméstico. Tenía celular, pero eso era un secreto, lo guardaba en una tabla bajo su tatami, se lo habían regalado Ino y Sakura en su cumpleaños así como una gran cantidad de labiales y ropa intima "atrevida". Ellas dos siempre habían sido un contacto con el mundo real, aquel que se movía afuera evolucionando y cambiando a cada minuto mientras los Hyuugas se resistían a la modernidad. Lo que más disfrutaba de la mansión era poder ver a los niños practicar en el dojo, había tanta disciplina y respeto en el aire sobre unos cuerpecitos aún muy jóvenes para pensar en más que corretear por sus calles; sin embargo, se comprometían a hacer estiramientos y estrictos entrenamientos diarios. Conocía a todos los niños que el instituto Hyuuga había recibido como pupilos. Se sentía decepcionada en parte por su vida, veía en casa de Sakura todos los doramas que se estaban prohibidos en su casa y lloraba de felicidad cada vez que la heroína conseguía conquistar el amor del guapo chico de turno. Era una romántica que no podía abrir la boca para si quiera pronunciar un "me gustas". Era un caso perdido.

Pero una cosa que jamás lamentaría fue haber conocido a Sakura Haruno e Ino Yamanaka. Habían sido sus amigas desde la preparatoria básica. Las conocía mejor que a ella misma, podía saber cuando estaban molestas o tristes; sus personalidades no eran muy parecidas, al menos entre ellas parecía haber una similitud de comportamientos, Hinata siempre había desencajado y por eso la llamaba amistosamente la oveja negra. Varias veces había recibido invitaciones de vivir junto a ellas para dejarse de la vida opresiva en el clan; le habían organizado citas a ciegas y uno que otro goukon; jamás había asistido a sus ideas alocadas pero siempre se los agradecía de corazón. Eran las personas, además de su familia, que se preocupaban genuinas por ella.

Por eso — y su educación— nunca se le hubiese pasado por la mente engañar a su amiga, mucho menos arruinarle la boda. Cuando estuvo cerca de la puerta se dio cuenta de que era su oportunidad, se abalanzó con pesadez a ella mientras tocaba frenética.

— ¡Sakura! —tocó de nuevo luego de que cundiera el silencio dentro del baño. Solo había pasos muertos— ¡Sakura, por favor! ¡Necesito hablar contigo!

— ¡Vete Hinata! —algo se partió dentro de la estancia. Unos pasos corriendo hacia su dirección y la puerta se abría dejando entrever la cara comprimida de Ino. Tenía los ojos molestos y los labios resecos, miro a Hinata con la tez llena de confusión. La Hyuuga retrocedió asustada de que también su amiga rubia dudase de ella.

— No es buen momento, Hinata —susurró tratando de que la voz no llegase a los oídos de nadie más—, Sakura está muy alterada. Es mejor que te vayas a casa y luego, cuando este más calmada, vengas a hablar con ella.

— ¡Pero necesito explicarle! —Se le atoró la preocupación en la garganta, estrangulándola— Ella no puede simplemente anular la boda; no es justo para nadie aquí, todo fue un malentendido. ¡Sakura!

Ino le tapó la boca con fuerza mientras negaba nerviosa.

— No te pongas intransigente —barbulló—. Yo te creo, creo que fue un malentendido, pero Sakura solo está repitiendo la dolorosa imagen, déjala que razone.

— ¡Ino! —Suspiró Hinata con la cara desfigurada del dolor, quería tirarse a llorar en el piso y pedir disculpas, las mayores disculpas de su vida—. Yo no quería, no quería arruinarlo todo, quiero que nada de esto hubiese pasado.

— Lo sé… —miró dentro del baño con la mirada dubitativa—. Ha sido una jugada sucia.

— ¿Jugada sucia? —sintió de nuevo la sonrisa sobre su rostro. Ino tenía una buena forma de reconfortar a los demás, viéndolos sin prejuicios te hacían pensar que habías hecho algo bueno. Su rostro era limpio y sus dientes blancos. No había ningún rastro de odio en sus facciones, preocupación sí.

— Olvídalo…—negó—, no tienes porque pensar en ello más. Trata de venir más tarde, dile lo mismo a Naruto.

Cerró la puerta en silencio. Podía escuchar un grupo de murmullos que lleno la habitación del baño, una silla que se mueve y luego alguien que quiere gritar algo pero es callado en el acto. Tragó fuerte aunque el dolor de la garganta aún no pasaba. No podía dar crédito a lo que sucedía; juraba que Sakura Haruno tenía la firme convicción de que la había engañado, que su novio y ella —una de sus mejores amigas— había perpetrado un acto de ese tipo frente a sus propios ojos. Negó aturdida. Podía, tal vez, desconfiar de ella aunque eso no tenía sentido tampoco —se conocían, después de todo, desde la preparatoria y bien podían describirse una a la otra—, pero lo que no le encontraba pies a cabeza era que ni dejase hablar a su novio. ¿No se iban a casar? ¿No confiaba en él pero pensaba formar una familia?

Eso no tenía sentido.

Sintió los pasos de hombre tras de ella. No era la forma calmada en que caminaba Neji, siempre silencioso, tenía la respiración pesada y los pasos torpes pero rápidos, zancadas fuertes. Sintió la mano desesperada dar golpes sucesivos en la puerta de madera; su cuerpo casi tocaba el suyo, tuvo que retroceder para darle espacio.

— ¡Sakura! ¡Sakura-chan! —gritaba Naruto mientras colocaba su cara muy cerca de la puerta. No compartía ninguna mirada con Hinata, no tenía pensamientos para más nadie que para la persona que permanecía dentro. Estaba seguro de que podría sacarla de allí, explicarle calmado y luego todo sería un montón de risas, tal vez lo golpearía por no decirle antes— ¡Sakura, por favor! ¡Debo hablar contigo…! ¡Es un gran malentendido!

— No quiere hablar con nadie, Namikaze-san —susurró Hinata sin tener la suficiente confianza o voz para ser demandante. Naruto no podía escuchar sus palabras estaba tan concentrado en que Sakura le escuchara que solo vio a Hinata cuando esta le jaló por el traje—. Sakura dice que quiere pensar sola; Ino nos ha recomendado venir más tarde a hablar con ella.

El rostro de Namikaze estaba relleno por una sonrisa tonta esperanzada, espiraba grandes bocanadas de aire de la boda debido a los nervios, sus ojos estaban llenos de decepción y sus mejillas pálidas por el miedo. Una parte de él quería odiar a la chica que tenía a su frente, después de todo si ella no hubiese hecho esa incomoda reverencia nada de eso estaría ocurriendo, pero su voz era tan calmada y arrepentida que de inmediato ese pensamiento era desechado, ella también sufría al ser una amiga tan cercana de su novia se sentía muy responsable, ella era víctima de todo lo que había pasado, su familia estaba muy molesta y la madre de Haruno la había desacreditado aún más.

Cayó en cuenta. Su familia le había perdonado a penas abrió la boca para explicar los pormenores de la situación acontecida en el ascensor; pero ella, era totalmente distinta su situación. Era la hija de los Hyuuga; la familia más respetable de Akita, la primogénita y heredera, tenía una reputación que cuidar. Lo que había presenciado todos los invitados iba a ser un tema muy en boca. En una familia tradicionalista las habladurías eran deshonra. Vio por el rabillo a Hiashi Hyuuga que estaba inquebrantable y con los ojos rabiosos fijos en su hija. No iba a tener piedad con ella.

Volvió a tocar ahora más desesperado.

— Sakura, tu amiga Hinata Hyuuga y yo queremos hablar contigo, necesitamos explicarte lo que has visto en el ascensor…—no hubo respuesta, cerró los ojos con un dolor intenso en el pecho, ya entendía a que se debía todo eso. La mala suerte—. ¡Por el amor de dios no me escuches a mí pero al menos escúchala a ella! ¿Cómo puedes dudar de una persona como ella? ¿Ah? ¡Sakura!

Los golpes que daba a la puerta cada vez eran más fuertes. Hinata pensaba que si seguía siendo tan intenso se rompería los nudillos, estuvo a punto de avisarle pero parecía poseído por las ganas de hablar y explicarse.

— Mira… yo ni siquiera conocía a Hinata Hyuuga, recuerda…—tragó gordo sin perder la sonrisa de devoción. Estaba sudando copioso— tu no me la presentaste. Nos conocimos en el ascensor, no de la manera que piensas, nosotros simplemente tuvimos un percance, su pinza se amarró a mi pantalón cuando dio una reverencia. ¡No podíamos desatarnos! ¿No es gracioso? —Rio nervioso hasta que su cabeza se apoyó en la puerta con las ganas de llorar azotándole todo el rostro, susurró triste—… ¿No es gracioso? Sakura, por favor, por lo más sagrado… abre la puerta y escúchala al menos a ella, tiene un gran lío con su familia, por favor.

Los ojos de Hinata se abrieron sorprendidos. Él pedía por ella; un total desconocido tenía la molestia de pedirle a su novia que hablara con ella para que su familia no confundiera la situación. Quiso reprimir el llanto, muy pocas personas habían hecho algo así por ella. Ahora cuando se sentía más sola que nunca y decepcionada de sí misma no podía ser ingrata y solo pensar en lo que debió hacer o no. Debía ayudarlo también a él. Quería poder ser como él y pensar en los demás antes que ella, no solo ser modesta, si no preocuparse genuinamente.

— ¡Sakura! —Tocó también ella a la altura de su rostro, sorprendiendo a Naruto— ¡Por favor, Sakura! ¡Namikaze-san desea hablar contigo! ¡Habla con él, por favor! ¡Amiga, te lo pido, no ha pasado nada entre nosotros! ¡Es como él lo ha dicho! ¡No tires la boda que tanto has estado esperando!

Unos pasos sonoros se robaron todos sus gritos, la puerta se abrió empujándolos. Ino cubría con un pañuelo la cara de Sakura que caminaba rápido sin querer verlos. Naruto fue el primero en lanzarse a su encuentro más la mirada distante de Ino le negó el paso:

— Ya había dicho que se fueran…—farfulló dejándolo plantado.

Siguieron el paso. Hinata no les siguió, había hundido sus ojos con las manos y sentía que el mundo se le estaba derrumbando. Sakura de verdad no los quería escuchar, no pensaba dar su brazo a torcer y los iba a crucificar por lo que había pasado.

— ¿A dónde la llevas? —preguntó Naruto siguiéndole el paso a las dos mujeres. Sasuke se atravesó a su paso negándole con todo el cuerpo.

— No lo hagas, dobe —susurró—. Mejor déjala pensar.

— ¿A dónde la llevas, Ino? —gritó tratando de pasar la barrera que creaba Sasuke.

— Lejos de aquí —los padres se habían apiadado de su hija y la agarraban de los brazos seguidos de Ino que miraba a Naruto, no podía comprender qué clase de miraba le regalaba Yamanaka; era una de odio y compasión. Negó cuando estaba dispuesta a subir al ascensor. Naruto se zafó de Sasuke para acercarse corriendo al elevador, la madre Haruno tecleó varias veces a planta baja. No quería verle la cara más nunca a ese ser.

¡Había avergonzado a su hija y dañado para todos en Akita!

— ¡No puedes hacer esto, Sakura! —rugió molesto por la actitud de su novia. Podía entender su molestia más no su comportamiento; negarse a hablar cuando se lo había suplicado. Un golpe directo a su rostro lo hizo desistir de perseguirla hasta el elevador. La alfombra le raspó las manos. Sasuke le había golpeado de pleno a la boca manteniéndose muy cerca de sus pies. Naruto estaba aturdido en el suelo con el dolor en la boca y un fuerte sabor a oxido en los dientes. Hinata tuvo que reprimir las ganas de ayudarle a pararse ya que su madre fue la primera en reaccionar reprochándole al moreno.

— ¿Qué haces, Sasuke? —reclamó llevándole la bufanda la boca de su hijo que sangraba. Naruto se escudó en el trapo para ocultar su rostro y el dolor. Escuchó la voz ácida de Sasuke.

— No creo que seas lo suficiente idiota como para hacerle eso a Sakura —le lanzó una mirada juzgadora a Hinata—, a ti no te conozco. Por esa premisa no significa que tengas el derecho de perseguirla e imponer tu versión.

— ¡Cállate! —bramó Naruto descolocado. Lo miraba con rabia, algo en sus ojos se había partido. Se paró rechazando la ayuda de su madre— ¿Crees que es justo simplemente irse y no escuchar a nadie? ¿Es justo comportarse así con una amiga? ¿Conmigo? Lo siento, Sasuke, tienes las maneras muy retorcidas.

— Hijo, basta —esta vez habló Minato que había dado un paso hacia Naruto—. Sasuke tiene razón, debes esperar a que Sakura esté lista. Igual con Hyuuga-san —miró a Hiashi que tenía los ojos entrecerrados escuchándole—, debería usted escuchar a su hija; me han dicho que es una jovencita excepcional.

— Pensaba lo mismo de ella —la mirada recayó en una Hinata que tembló de miedo, quiso abrir los labios pero su padre siguió hablando—, ella bien sabe lo que es el deshonor, lo que es la familia y la inviolabilidad de las promesas. Hacer algo así, destrozar la vida de las personas y querer simplemente excusarse. No la conozco.

— Padre…—gimoteó herida.

— Creo que está siendo muy duro con Hinata —esta vez habló Kushina que se acercaba a la joven. Había hablado unas tres veces con ella y no tenía nada que reprocharle—. Me parece una jovencita muy educada; y estoy segura de que mi hijo y su hija no tuvieron absolutamente nada en ese elevador.

— Media Akita no pienso lo mismo —ni siquiera vio a la mujer, solo tenía ojos para torturar a su hija.

— Cuando hablen con Sakura Haruno y todo se arregle estoy seguro que las personas comprenderán que ha sido un terrible malentendido, no hay un porque para hablar mal de la familia Hyuuga —Minato hizo silencio para sonreírle a la jovencita Hyuuga—, mucho menos hay pruebas que comprueben un comportamiento amoral en su hija. No puedo decir lo mismo de mi hijo…

Naruto no tenía cara para ver a nadie, estaba con los ojos clavados en el piso y la cara modificada entre el dolor del golpe y el de su corazón. Se sentía inseguro, una parte de él creía que todo iba a ser un mal trago, pero otra sentía que su vida había terminado desde ese momento, todos sus esfuerzos se desperdiciaron. Y el "maldito" —como le nombraba— de Hiashi Hyuuga quería agarrarla con su hija porque sí.

— No me diga como juzgar a mis hijos o no, Minato —escupió resentido Hiashi—. Acércate Hinata.

Ella obedeció de inmediato con la cabeza gacha. Cuando estuvo al frente de su padre comprendió de inmediato que debía agacharse en el suelo con las rodillas y el cuerpo hincado en la alfombra. Tal reverencia de disculpas sorprendido a todos los presentes, incluso a Sasuke que no esperaba que el padre fuese tan estricto y poco misericordioso. Naruto se indignó. Hinata estaba acostumbrada a hacer ese tipo de reverencias como disculpas, solía equivocarse a menudo, aunque, nunca pegaba la cabeza al piso. Ya era dos veces en el día que se degradaba a ese extremo.

— Hinata-sama —farfulló Neji escandalizado. Miro a su tío que no se inmutaba. Entendía que eso era lo que deseaba. Extendió la mano hacia Neji pidiéndole "aquello". Se negó a entregárselo, no pensaba permitir que hiciera algo así al frente de la familia Namikaze e Uchiha.

— Has sido una hija inútil desde el principio, Hinata —escupió. Hinata asintió resignada—, pero siendo un buen padre lo he soportado por amor a Hanako, por amor a Hanabi, por respeto a Neji y Hisashi, por amor a ti como mi primogénita, he soportado las tantas veces que has traído deshonor a mi nombre, he sido paciente. ¿Lo sabes, no?

— Sí, padre —susurró Hinata seca pero clara.

— He sido misericordioso. He sido un buen padre. Tu siempre me has traído decepciones —siguió hablando. Kushina quiso interrumpir tan horrible escena, pero Minato la detuvo. No estaba de acuerdo con ese tipo de medidas pero tampoco creía correcto detenerlo—. Has sido una hija ingrata, egoísta y muy idiota… ¿Lo sabes, no?

— Sí, padre —volvió a tragarse Hinata un jadeó de sollozoso.

Volvió a pedirle a Neji que se lo entregara. Pero este retrocediendo se negó:

— Hágalo sin eso, tío —dio una ceremoniosa reverencia de respeto—. Por favor, por mi padre, no le haga esto a Hinata-sama.

La mano seguía extendida a su rostro aún cuando había hecho una larga reverencia para salvar el pellejo de su prima. Tragó gordo dolido. No podía hacer nada por la siempre amable Hinata, por aquella que lo había tratado como parte de la familia, quien le llevaba el té luego de las prácticas con una sonrisa de felicidad, orgullosa.

— ¿Qué tienes que decir con eso, Hinata? ¿Crees realmente merecer ser parte de la familia Hyuuga después de lo que has hecho? ¿La infidelidad y el adulterio es acaso un valor que debas mostrar a la sociedad orgullosa? —Negó encolerizado— ¡Si te viera tu madre!

— ¡No nombre a mi madre! —gritó ella levantando esta vez la cara llena de lagrimas. Los ojos molestos sorprendieron a Hiashi—. ¡No se atreva! ¡Haga lo que quiera menos nombrarla!

Los colores se le fueron a la cara. Demandó con más insistencia la mano de Neji sin quitar la mirada de su hija, ante la negativa de su sobrino tuvo que gritarle encolerizado:

— ¡Dame esa mierda, Neji! —le subió la mano dispuesto a pegarle. Neji esperó el golpe seguro en el rostro. Más fue su costado el ultrajado, el viejo jaló la Shinai que había traído Neji para la demostración de Kendo que pidió Sakura como regalo de bodas por parte de la familia Hyuuga. Forcejearon un momento hasta que Hiashi venció por su tenacidad.

— ¡Deténgase Hiashi! —bramó Minato mientras sujetaba a su esposa que estaba a punto de intervenir.

Hinata agachó la cabeza sabiendo lo que venía y cerró la boca para que el golpe no fuese tan fuerte en sus dientes. El primer golpe fue insoportable y directo a la cabeza; le hizo timbrar todo el cuerpo, se quedó con una sensación de aturdimiento inmensa. El segundo golpe fue en el hombro y la hizo quejarse considerablemente; le había dado directo en un nervio que le hizo resbalarse sobre sus codos. El tercero golpe lo oyó más no lo sintió, Neji había intervenido con su propio cuerpo, su rostro sangraba sobre el de Hinata. Se levantó anonada pero con el cuerpo todo magullado. Podía ver por el rabillo del ojo que Minato también había tenido que retener a su hijo que la miraba pasmado, Kushina se había empezado a acercar a ella.

— ¿Qué haces, Neji? —Hiashi estaba sorprendido del comportamiento de su sobrino. Jamás lo había contradicho.

—Solo dígaselo, Hiashi-sama —Neji bajo la mirada—. Pero, por favor, no la golpee.

Sintió las manos de Kushina y su voz suave cerca de su oído:

— ¿Estás bien, Hinata? —Revisó la herida de la cabeza, no había ninguna rotura pero estaba segura de que le había dolido un contacto directo con el Shinai —la espada de madera— le acarició la herida sin dejar de mirar al padre.

Hiashi miró por un largo minuto a su sobrino y al final a su hija, frunció el cejo al ver las largas lágrimas dignas rondando todo su rostro. El resentimiento creció. Hanabi que había presenciado la escena horrorizada se pegaba a la camisa del padre y susurraba:

— Padre, solo perdónela. —Negó al punto del llanto—. Hinata nunca ha dado demasiados problemas.

— Cállate, Hanabi —ordenó sin apartar la mirada de Hinata. Movió a Neji de un empujón pero no caminó más de esa posición, solo quería ver de frente a su hija. — No quiero verte de nuevo en mi casa. ¿Entendido? No pienso seguir criando a una deshonrosa como tú.

— ¡Usted! —Minato tuvo que contener con todo el cuerpo a Naruto que estaba a punto de lanzarse sobre Hiashi. No podía aguantar la rabia de lo sucedido con Sakura y ahora sentía ignominia rayana a la locura con lo que acababa de presenciar con esa chica. ¡Ella no había hecho nada! ¡Ella lo había ayudado! Había sido amable, atenta y nunca irrespetuosa. Él era el que no se había sabido explicar y no pudo salvarla de las lenguas de todos.

— Hiashi debería pensarlo…—Minato se quedó callado cuando el hombre caminó hacia el ascensor ignorando el quejido de su hija menor que le imploraba agarrándose del Hakamael perdón de su hermana.

— Padre, por favor, padre —repetía sin derramar una sola lagrima pero con el rostro desfigurado del miedo—, Padre… ¿A dónde se supone que vaya a parar Hinata? ¡No podemos dejarla en la calle!

— Que se las arregle —determinó ya dentro del elevador que se abrió luego de unos minutos del llamado. Miró a Neji y demandó su pronta venida. Este ofreció una lánguida mirada a Hinata que le asintió silenciosa. Comprendió que no podía quedarse allí sin hacer sufrir a su prima más de lo que ya había pasado. Una corta reverencia hacía Hinata y un disculpe a los Namikaze le hizo entrar al ascensor. Cuando las puertas se cerraron algo se partió dentro de Hinata, sintió que todas las fuerzas se le iban y caía un poco en los brazos de Kushina que se alarmaba. Un joven Konohamaru, corrió a su lado para también atajarla.

— ¿Se siente bien? —preguntó el chico pero Hinata no se sentía cansada o estropeada. Solo desconsolada. Algo también se quebró en el salón, el florero con las rosas había sido desgarrado por Naruto y esparcido por el suelo ante la mirada atónita de los cinco individuos que quedaban en el salón. La sala estaba sola y los pedazos de vidrio brillaban bajo la alfombra mojada y repleta de pétalos que empezaban a marchitarse, la respiración de él era frenética.

Sasuke miró a otro lado. Naruto estaba destrozado como nunca lo había visto. Se arrepentía de algunas decisiones apresuradas que había tomado, también tenía cierto recelo de que la boda se hubiese celebrado tan pronto. Miró a la chica golpeada, se formaba un gran morado en su hombro, estaba seguro de que Naruto se apiadaría de ella como lo había hecho con Sakura.

Podía jurar que Naruto poco conocía sobre el amor y sus disyuntivas, solo reconocía la coraza externa: estar enamorado de alguien y comportarse tan egoísta como para quererla a su lado toda la vida significaba estar perdidamente enamorado, pero… ¿Eso era lo único del amor? ¿Solo querer pasarte toda la vida al lado quien amas? ¿O el amor significa sacrificios? Para Sasuke el amor representaba muchos sacrificios, era la toma de decisiones difíciles, era dejar a un lado la actitud egoísta y velar por la seguridad del otro. Claro, el tampoco conocía eso ser egoísta que experimentaba Naruto, después de todo él nunca había estado junto a la persona que amaba.

El amor era egoísta y sacrificado.

— Hijo…—Kushina no se separó del lado de Hinata, le apretó los hombros fuertemente—. Todo va a estar bien. Conseguirás hablar con Sakura.

— Debo —fue lo único que murmuró como un loco hablando solo. Minato se le acercó con precaución.

— Debes primero ir a casa y relajarte —miró a Hinata sonriéndole cálido—, puedes también venir con nosotros.

Los colores se le fueron al rostro aunque no tenía mucho pensamiento para avergonzarse. No quería molestarlos más de lo que ya había hecho. Naruto había alzado la mirada hacía ella, la hizo removerse incomoda en las manos amigas de Konohamaru y Kushina. Tragó gordo, había algo en esa mirada que quería comprender y tenerle compasión, también quedaba una sombra de tristeza.

— Lo siento… —murmuró ella.

— ¡No! —Naruto sonrió con nostalgia. No muy convencido— Iremos a hablar más tarde con Sakura, iremos y luego podrás regresar a tu casa. ¡Me vas agradecer, no a pedir disculpas!

Estas últimas palabras las entonó con tanta vehemencia que parecieron reales. Los dos se quedaron mirando sorprendidos de sí mismos. Una sonrisa sincera fue arrancada de su rostro, como un niño, sonreía como un niño. Eso le achicó aún más el corazón pero esta vez de compasión.

— Vale…—fue lo último que pudo susurrar.


La casa Namikaze era tan grande como la mansión Hyuuga pero occidentalizada. Había tecnología hasta para ir al retrete. Hinata se sentía desencajada. Comió incomoda, suspiró incomoda y no quiso mirar mucho a las personas. Nadie hablo mucho, a decir verdad. Por primera vez los Namikaze tenían un almuerzo extraño e inhumano, hasta Konohamaru se sintió sofocado. Tenían un mayordomo, Tobi, y un ama de llaves, Rin. La cocina era de mármol y la mesa del comedor de vidrio y patas altas, se comía en sillas acolchadas y un gran plato de pavo que se había horneado para festejar con los Haruno. Sabía agrio por todos los sentimientos que traían consigo.

El único que se trató de comportar normal fue Naruto Namikaze, para sorpresa de Hinata. Hablaba de vez en cuando para comentar la tiesura de la carne o el sabor del vino; le preguntó en varias oportunidades a ella si le gustaba la comida a lo que tuvo que asentir y dar unos sinceros agradecimientos. Se enteró por algunos comentarios que esa no era la casa en donde vivía Naruto y que los padres aún criaban al menor, mas, no quiso hacer comentario alguno porque sentía que comentar o preguntar sería demasiado informal para el curso de las cosas que había tomado el día.

Naruto no dejaba de sorprenderla. Jugó con su hermano video-juegos. Vio televisión con su familia, la cual estuvo obligada Hinata a sentarse también. Kushina parecía haberse encariñado con ella porque siempre la invitaba a sentarse junto a ella y le pedía que apoyase su cabeza en sus hombros para poderle hacer cariños maternales en la cabeza. Hinata se negaba y cuando lograba la Uzumaki convencerla se tensaba tal cual una tabla de madera haciendo reír a la esposa Namikaze. Minato era el más serio, imaginaba Hinata que como ella no podía adaptarse a hacer como si las cosas estuviesen normales, superado por su hijo que no había vuelto a colocar una mala cara por un recuerdo o hablado sobre el tema, es como si esa mañana no se hubiese arruinado su compromiso con Sakura.

— Deberías ir a la casa de los Haruno a pedir el respeto, Naruto —dijo el padre cuando vio el cielo oscuro de la calle—, así mañana Hinata Hyuuga podrá resolver los problemas en su casa.

Hinata se levantó convencida mientras miraba a Naruto. Estuvieron caminando en la calle solitaria una hora después de aquel comentario de Minato Namikaze, para mayor sorpresa, Namikaze hijo no solo se comportaba como si nada hubiese pasado si no que realizaba todas las actividades tan ruidosas y lentas como de costumbre. Se tuvo que cepillar los dientes dos veces, comió, correteó por la casa buscando las llaves de su apartamento y recogió unas flores para Sakura, aún cuando a Hinata no le pareció una buena idea, según él era sus flores favoritas y sería un lindo detalle. No hablaba con tristeza, siempre le cruzaba una fresca sonrisa por el rostro.

Hacía esa brisa húmeda tan molesta de verano. Unas cuantas luces amarillas en los pórticos de las casas iluminaban pobremente las calles. Un poste a la lejanía empezaba a aclarar la avenida con una violenta luminiscencia blanda. Pocas personas estaban a esa hora en la calle. Hinata nunca deambulaba a esa hora, estar acompañada lo hacía menos temeroso. La brisa pasaba por la madera de las cercas, sus ventanas de bambú se mecían; el olor que levantaba a mar y comida frita le hizo recordar el festival. Pronto se celebraría la ida del verano con fuegos artificiales y un bazar; era una actividad muy típica en Akita que ameritaba los mejores trajes y máscaras. Se hacía un baile tradicional y presentaciones de arte marcial. Lo que más le agradaba del verano era saber que el festival estaba pronto a festejarse. Naruto estaba mascando un dango cuando ella le miró por casualidad, una sonrisa fácil le salió del rostro haciéndola sonrojar:

— ¿Preocupada?

Ella negó sin querer abrir los labios, creía que le iba a salir la voz débil. Naruto asintió entendiendo que no tenía ganas de hablar, seguramente se sentiría rara hablando con un completo extraño. Él se sentía distinto; no es como si tuviese un repertorio de temas para entablarlo con una persona seria como ella, pero en el fondo sentía que la forma en que hablaba y pensaba era muy parecida a la de él. Le agradaba poder verla a los ojos y entender lo que quería hacer o no, como si no hubiese dobles intenciones en sus acciones. Tenía la voz clara como el agua y los modales aún refinados no parecían prepotentes, si no en excesivo modestos. Sentía pena por ella, un gigantesco morado se había formado en la base de su cuello, negó sin apartar la mirada de su cuerpo, aún cargaba la yukata para la ceremonia, el cabello se lo había arreglado y solo vislumbraba una limpia mirada en el rostro. Parecía algo preocupada por la forma en que su cejo se unía doloroso, pero cuando la sonrisa de él se consiguió con los labios tiesos de ella, no pudo reprimir un gesto de cordialidad.

— Yo tampoco —susurró confundido. Claro que lo estaba, estaba muy preocupado, pero no quería pensar en ello. Sintió el asentimiento de ella.

— Eso pensé…—Hinata tenía la voz embotada quería decir algo para no hacerlo sentir incomodo y hablar solo—. No pareces muy afectado.

Lo miró repentina nerviosa al descubrir que sus palabras podían ser mal interpretadas. El semblante de Naruto también estaba sorprendido, aunque, en su caso, se debía por el descubrimiento. Tal vez estaba siendo demasiado indolente actuando "normal", sentía tristeza pero no quería dejarla pasar, no quería darse por vencido en la depresión y no seguir luchando para conseguir el perdón de Sakura. Sonrió cuando Hinata se sonrojó toda:

— Yo… yo no quería decir —se trabó con la lengua. Era tan imprudente, nunca se había sabido explicar bien, se quedaba sin las palabras suficientes para darse a entender. Sentía miedo de hacerle sentir mal; después de todo él era quien había perdido más en toda esa situación. Perdió a la mujer que amaba. —, yo quería decir que eres una persona muy fuerte, permanecer entero luego de lo que ha pasado… ¡Es admirable!

Naruto negó. No tenía nada de admirable, era solo un cobarde. Un maldito cobarde que no quería perder a Sakura y hacía como si todo estuviese normal. No tenía un corazón limpio y sincero; siempre mentía para hacerle creer a los demás que era una persona llena de vivacidad; era ruidoso no por naturaleza si no para llamar la atención, era divertido para conseguir amigos y tonto por no querer comprender la realidad. La mejor palabra que lo describía era débil. No era bueno en nada, daba pena en los estudios, los negocios y las relaciones personales; no sentía ni siquiera que Sakura Haruno lo conociera bien, sus padres eran los únicos que podían comprender que Naruto era una persona que se tomaba las cosas muy a pecho con tendencias a permanecer lánguido. Había días, como el de hoy, donde hubiese preferido no nacer. Era un cobarde que se vestía de valiente.

— Estás equivocada —farfulló asustando a la chica—. No soy nadie admirable. Estoy muy preocupado por lo de Sakura-chan, no quería pensar en ello porque me hace tener ideas pesimistas. Siento que todo ha acabado aquí. Mi vida se arruinó y soy una persona inútil para resolver problemas. Ni siquiera pude ayudarte aunque tenía como hacerlo. ¿Ves? No soy nada admirable.

Estuvieron sumidos en un largo silencio. Hinata no le miraba. Solo vivía el sonido de los zapatos de él y las getas de ella. La madera de la sandalia contra el rodapié de piedras crea una bonita melodía, algo melancólica. Eran dos sombras caminando por el barrio viejo de Akita, como dos personas confesando sus pérdidas. Él con las manos tras su espalda y ella cruzando sus brazos sobre su pecho, alzando su cabeza dirección el cielo. La calle era tan oscura que el negro fulgor de la noche brilló con todas sus estrellas.

— Pienso que la valentía, al igual que la fuerza, no solo es poder enfrentar las situaciones y salir victorioso de ellas —empezó a decir luego de pensarlo seriamente. Hinata tenía una suave sonrisa en sus labios que en la oscuridad no podía ser distinguida—. La valentía se trata de saber lo que le afecta a uno, los errores y luego tratar de combatirlos. Me gusta tu manera de hacerlo, sonreír por cualquier cosa, sentir felicidad aunque realmente no se sienta, es algo sano. Es más sano que echarse la culpa en los hombros y no avanzar. Ser positivo. Eso es admirable, para mí.

Naruto no sabía que articular. Jamás pensó que alguien como ella le dijese eso, mucho menos que tales palabras pudiesen subirle el ánimo. Perplejo preguntó:

— ¿Realmente lo crees?

Hinata le miró. Estaban a unos pasos de la casa Haruno, era una róndela con una plaza central adornada por un árbol de cerezo que cuando florecía en primavera coloreaba toda la calle con una alfombra rosada tierna. Sonrió asintiendo. De verdad que creía que él era maravilloso, solo lo llevaba conociendo un día pero sentía los enormes deseos de querer que ese hombre fuese el esposo de su amiga Sakura por el resto de la vida. Sabía que solo Naruto Namikaze la podía hacer feliz, por la forma en que se empecinaba en amarla y comprenderla. Él no sentía resentimiento por Haruno; solo deseaba tenerla de nuevo en sus manos y eso, para Hinata, era lo único que un hombre necesitaba para convencer. El gran primer amor de Sakura Haruno podía ser Sasuke Uchiha, pero la persona que más la amaría en la vida seria Naruto Namikaze, lo veía en sus ojos.

— La amas mucho… ¿No? —Susurró débilmente con una sonrisa en el rostro.

— Claro —Naruto sacó una radiante sonrisa en su rostro—. ¡Es Sakura-chan, después de todo!

Con esa sonrisa Hinata tuvo toda la fuerza para tocar la puerta de los Haruno. Nada podía salir mal, lo sentía así. Abrieron la puerta luego de unos minutos. El pasillo de la casa era largo de madera con algunos cuadros en el fondo, una mesita del teléfono y una sillita de decoración. Mebuki Haruno se tensó al ver los dos personajes en la puerta.

— Suegrita…—empezó a decir Naruto resuelto—, quisiera hablar con Sakura-chan.

— ¡Lárguense! —gritó furibunda. La puerta estuvo a punto de golpear la cara de Hinata si no fuese porque Naruto interpuso su cuerpo para que no se cerrara.

— ¡Espere! —La mujer retrocedió ante la fuerza del joven, la puerta golpeó contra la pared— ¿Qué le pasa?

— ¿Qué me pasa? —su voz era chillona estaba al borde las lagrimas— ¡Kizashi! ¡Kizashi, ha venido este desvergonzado! ¡Kizashi!

El hombre corrió hasta la entrada y encaró con la mirada a Naruto, este estaba descolocado sin entender que ocurría.

— Tengo derecho a hablar con Sakura —ordenó esta vez molesto.

— Claro que no—Kizashi abrazó a su mujer mientras miraba de soslayo al novio de su hija—. No puedes.

— ¿No puedo? —Miró a Hinata confundido— ¿Qué significa esto? —Se internó en la casa subiendo las escaleras mientras gritaba— ¡Sakura-chan! ¡Sakura-chan!

Los padres se habían movido para dejarlo pasar. Tenía la mirada loca y los pasos rápidos, agiles. Se quedó estancado en la escalera con las manos engarrotadas en la baranda. Hinata no podía moverse, el piso se le movió cuando la casa sucumbió en el mutismo, solo quedo la reverberación de los gritos de Naruto. Todo se había muerto, hasta los ojos de los padres.

— ¿Dónde está… Sakura? —murmuró desconfiada Hinata. Naruto aún seguía mirando el vacio de las habitaciones, la parte superior de la casa estaba muerta. No se sentían murmullos, pisadas o respiraciones. Las luces apagadas y solo el leve vapor de unos panes cocinándose. El televisor en la sala prendido, pero ningún rastro de su novia. Sintió quedarse sin aire. Era real, era muy real que Sakura se había enojado con él, que estaba decepcionada, que habían roto el compromiso.

— ¿Dónde está? —se quejó privado del dolor. Naruto trataba de contener el dolor en su pecho pero solo le era posible con la cara golpeada y las manos cerradas.

— Se fue —la madre le indicó la puerta—. Vete, por favor.

— ¿A dónde fue? —bajó las escaleras en un santiamén plantándose al frente de Mebuki, esta se resguardo en los brazos de su esposo que no se inmutó a la intromisión violenta del joven.

— No sé. Se fue con Ino, no me dijo a donde iba…—la mujer soltó el llanto mientras se hundía en el pecho de su esposo. Ella también estaba destrozada por todo lo ocurrido, tal vez, demasiado— ¡Es tu culpa que mi hija se haya ido! ¿Por qué hiciste algo así? ¡Quiero a mi hija de vuelta!

Los ojos de Naruto se dilataron, tenía un gran nudo en la garganta y muchas ganas de vomitar; fueron las manos de Hinata la que lo invitaron a salir de la habitación, ella dio una reverencia por él, disculpándose.

— Sentimos la intromisión—el padre era quien miraba a la Hyuuga con la cabeza gacha—. Trataremos de contactarnos con ella de otra forma, cualquier cosa les haremos saber.

No hubo despedida, solo la puerta se cerró. Hinata no emitió comentario, cuando Namikaze empezó a caminar dirección a casa con las manos en los bolsillos ella también le siguió. Suspiró al verle apretar las manos en la tela de los bolsillos. Se detuvo por un momento como dudando. Hinata sentía que si seguía fingiendo no tener lagrimas para lo acabado de ocurrir vomitaría, que se detuviese le llamó la atención. Tragó consiguiendo valor y le preguntó:

— ¿Estás bien? —fue solo un suspiró casi indistinto al resto. Naruto no volteó hasta luego de pasados unos minutos, sonriendo asintió enérgico.

— Claro, claro. —los dientes brillaban en la noche— Sakura-chan regresara en cualquier momento.

Naruto no creía lo que había dicho, pero una parte de él, aquella loca ganas de creer en que el mundo no puede ser cruel lo llevo a actuar así. Si Sakura no regresaba, la hiría a buscar, así fuese en el mismísimo infierno. Lo iba a escuchar diera lo que fuese y así conseguiría de vuelta a su novia; le arreglaría la vida a la chica que tenía a su frente y conseguiría la felicidad con la mujer que siempre había amado. No podía salir nada mal.

Hinata sintió una arcada entre el asco de lo que acababa de pasar con Sakura, la mentira fácil de él y el miedo a quedarse en la calle con el corazón partido en dos por su amiga. No tenía nada que decirle, sus ánimos no estaban como para reprocharle su comportamiento o subirle el ánimo. Podía sentir que toda esa sonrisa y buenas energías venían desde lo más profundo de sus pesadillas. Bajo la mirada y susurró apenada:

— Necesito ir al baño.

Corrió hasta los baños públicos del parque. Lloró desconsolada en el suelo sin importarle que estuviera sucio. No podía dejarse ver sollozando. Él había sido fuerte o demasiado débil para aceptar que todo se había estropeado entre ellos. Si quería seguir esperanzando en la figura de su amiga tenía todo el derecho, pero ella siempre había sido pesimista y no podía verle una buena salida a todo ese asunto. Ante la idea de haberle destrozado la vida a alguien tan amable como él tuvo que apurarse a vomitar. Se sentía la peor porquería del mundo, ni la sensación de vomito le quito la culpabilidad del alma. Lloró un largo rato más.


...

...Sí, pude actualizar pronto y todo es gracias a ustedes: SÍ A USTEDES. Gracias por dejarme tantos comentarios de apoyo que me inspiraron a seguir adelantando esta historia y rápido pude publicar este segundo capitulo; espero que les haya complacido, que no tenga demasiados errores ortográficos y que la narración se deje leer. Un abrazo a todos aquellos que me leyeron sobre todo a :

nova por siempre: Gracias por ser la primera en comentar! Espero que este capitulo también sea de tu agrado.

Pepinillo-chan: Gracias por el comentario en mi primer capitulo; estaba segura que este fic te encantaría y pues te dedico este capitulo por tanta emoción, espero que te haya gustado y que me sigas acosando (?).

FloorSHSU: Gracias por leerme!Espero que este capitulo no te haga llorar mucho, lamentablemente se vendra mucha tristeza y felicidad en este fic. Sobre Sasuke y Sakura; eso se desvalara poco a poco en los capitulos, sobre su relación. En este capitulo ya nos podemos formar más o menos una idea.

Diana Marcela Akemi: Gracias por tu comentario, Diana-chan. Linda foto, por cierto. Gracias por leerme y como has dicho, lamentablemente a Hinata siempre le toca las cosas fuertes; pero estoy segura de que nadie en este fic la esta pasando feliz (?).

Meme-chan: Siempre te agradezco por ser la que comenta en todos mis fics, un abrazote por siempre estar apoyándome.

Zoe-so: Un fan SasuSaku! Que nervios! Jamas había tenido un fan SasuSaku leyendo uno de mis fics, tratare de cumplir tus expectativas con las dos parejas; el SasuSaku en este fic esta de fijo, pero no sabría decirte aún como, el NaruHina es la pareja principal pero algunos plus por allí complementaran a los dos. Espero que te siga gustando mi fic, un abrazote. Si quieres leer algo de SasuSaku; mi fic Yo no soy tu fan se esta iniciando en ese tema, con esa pareja junto con otras tantas. (:

KuuroUsagi: Otra fan de SasuSaku! Esto es demasiado para mí, de verdad, tengo mucho respeto por esta pareja; no es mi OTP, pero sin lugar a dudas esta entre mis parejas favoritas de Naruto; no veo a Sakura con otro que no sea Sasuke, no se, esos dos tienen que estar juntos o solos. (Me pasa lo mismo con el NaruHina; aunque soporto a Hinata con otros...). Gracias por alabar mi narración y sobre todo por leerme. Espero que cumpla tu expectativa con las dos parejas y por supuesto, que encuentren divertido y emocionante el fic. Un abrazote.

FabianMTJ: Fabian, gracias por siempre comentar en mis fic e iniciarte con un comentario en mi primer capitulo; un abrazote. Tranquilo con los pollos; se que tengo más de un pollo en el horno pero también he adelantado algunos capitulos para que no se me quemen, cuando empiece a sentir que estan muy justos, me tomare algunos descansitos para terminar de adelantar; el Fornicador es un fic seguro, te lo juro, esta su final, esta todo, así que ese pollo no se me quema. Jajaja. Un abrazo.

Stella T. Whiteney: Stellaaaaaa! Gracias por dejar un comentario también por aquí y por leerte todos mis fics, muchisimas gracias, siempre estas al pendiente de mis fics lo que me hace muy honrada. Espero que el segundo capitulo haya estado a la altura del comienzo y que salde las espectativas; te estoy leyendo.

kikowrites: Chica, es un honor tener un comentario tuyo, en vista de la tremenda narración que tienes tu; me encanta como escribes, te deje un mensajito en tu fic que me encanto y me sorprendió. Muy bueno, me halaga que alguien tan buena como tú piense que mi narración es buena y que te haya gustado la idea; Pero qué te pasa? Tu narras genial; a mi más bien me cuesta ser "graciosa" con mis escritos, soy muy tiesa. Aquí esta la historia y te dedico este capitulo para que te inspires a seguir la tuya. También me pone feliz que te leas el Fornicador, un abrazo de verdad Kiko-chan. Sigue así! Espero que sigamos leyendonos.

De verdad, muchas gracias por los comentarios, espero la misma cantidad de lindos comentarios de ustedes para este capitulo, me inspiran, además no deben ser tacanos, ah, ah, eso es malo, deber es malo, no pagar es malo (?). Sus comentarios me hacen muy feliz, me inspiran, y con inspiración hay pronta publicación. JEJEJE, si eso es manipulación, pero quiero muchos lindos comentarios. Espero que les haya gustado!