CAPÍTULO DOS: ACERCAMIENTOS
Rosalie caminaba distraída por los pasillos del instituto. Estaba bastante acostumbrada a ser ignorada por sus compañeros…
- Eh pringada.
… o no. Rosalie apretó los ojos fuertemente antes de continuar andando hasta su taquilla.
- Eh – insistió el chico mientras caminaba hacia ella.
- ¿Qué quieres? – dijo Rosalie bruscamente sin siquiera volverse para mirarlo.
- Nada, solo quería saber cómo haces para estar cada día más fea.
Emmett observaba la escena de lejos, apoyado en una de las paredes. Rosalie simplemente hizo como si no hubiese escuchado nada y siguió guardando los libros en su taquilla, mientras que los dos chicos se reían de ella.
La chica cerró bruscamente su taquilla y siguió su camino.
- Rosalie – la llamó Emmett al tiempo que la alcanzaba y le cogía el brazo- he oído lo que te han dicho esos dos capullos. ¿Estás bien?
La chica lo miró extrañada. Se deshizo de su brazo y siguió andando.
- ¿Rosalie? – Emmett siguió tras ella, hasta que se paró en seco y se volvió bruscamente.
- ¿Qué quieres?
- ¿Cómo?
- ¿Qué quieres, Emmett Cullen? Has sido el mejor amigo de mi prima toda la vida. El mismo tiempo que me has ignorado. Ahora, ¿qué quieres?
- Solo quería saber si estabas bien. No es un crimen.
- Es…toy bi… - carraspeó para aclararse la garganta. – Estoy bien.
- Vale – asintió Emmett.
- Vale.
- Nos veremos en clase – dijo el chico para interrumpir el silencio incómodo que se había formado.
- Supongo.
El timbre sonó, dando por finalizada la conversación. Si se le podía llamar así.
Aquello iba a ser más difícil de lo que esperaba.
Entró en la clase de literatura y se sentó en su sitio habitual, soltando bruscamente la mochila en el suelo.
- ¡Qué genio! – dijo Alice a su lado - ¿Qué te ha pasado?
- Tu prima me ha pasado – Alice enarcó las cejas, instándole silenciosamente a continuar. – Es… totalmente inaccesible y antipática.
Emmett le contó lo que había pasado en el pasillo mientras esperaban a la profesora, que no llegó.
- Bueno, y ¿qué esperabas? Tiene razón. – Emmett se giró hacia ella y le dio un suave pellizquito en el brazo – Au.
- Tss. – chasqueó la lengua el chico
- Solo digo que es raro que nunca le hayas hablado y ahora le preguntes si está bien cuando alguien le insulte.- continuó Alice- Prácticamente le pasa día sí y día también.
- Sólo intentaba ser amable. Además sí que le he hablado.
- Emmett, asentir con la cabeza en forma de saludo cuando vas a mi casa y ella está allí no es hablar.
- Entonces, lista, si sabías que iba a ser tan complicado, ¿porque me elegiste a mí? Creo que nos equivocamos al intentar esto. Será mejor que lo dejemos.
- No puedes dejarme colgada, lo prometiste. Además, Victoria lo vale, ¿no?
Otra vez volvería a convencerlo.
- Y no puedo escoger a un tío así como así. Sé que a Rosalie no le eres del todo indiferente. - Emmett la miró con una expresión interrogante.
- Al, tu prima no muestra ninguna emoción, es como si estuviera muerta. Si la insultan, lo ignora, si le hablas, se aparta de la gente.
- Solo es su forma de defenderse de los demás. Por favor…
Otra vez ese dichoso puchero.
- Por favor… - intentaba no mirarla, pero ese pucherito me atraía como un imán. – por favor…
- Está bien, está bien. Seguiré con el plan.
- Sí… - dijo Alice efusivamente mientras abrazaba a Emmett por el cuello – cuanto te quiero.
- Sí, sí, ya. Me vas a deber una muy gorda Al.
Alice soltó una risotada y sacó su lengua.
Emmett echó una rápida ojeada al amplio comedor mientras esperaba en la cola del almuerzo. Rosalie estaba en una esquina, sola, con la cabeza agachada y entre sus manos, y los codos apoyados en la mesa. Tenía la comida apartada a un lado y no prestaba atención al bullicio de la cafetería. Sólo al libro que tenía delante.
Emmett compró una manzana de más y se acercó a ella.
- Para ti – dijo, poniendo la manzana encima del libro de Rosalie.
La chica levantó la vista, mientras cogía la manzana y la echaba a un lado, junto al resto de su almuerzo.
- Gracias – dijo frunciendo el ceño.
- ¿Puedo sentarme? – dijo señalando el asiento vacío frente a ella.
- No voy a ayudarte Emmett. – el chico abrió los ojos sorprendido.
- ¿Qué?
- Yo no…- suspiró derrotada- no tengo buenas notas. No puedo ayudarte, si es eso lo que quieres.
- Rosalie, tengo una de las mejores notas de la clase.
- ¿En serio? – dijo extrañada.
- Sí.
- Y entonces, ¿qué quieres conmigo?
- Solamente quiero hablar. No sé, pienso que eres una chica… interesante.
- ¿Interesante significa rara?
- No – contestó demasiado alto y rápido. Rosalie empezó a reír.
- Vale.
La risa de Rosalie era fresca y melodiosa. Emmett sonrió.
- Tener compañía de vez en cuando no es malo. – dijo al tiempo que se sentaba.
- Lo sé.
- Tú siempre estás sola.
- Suelo espantar a las personas. ¿A ti no?
- Eres una chica difícil Rosalie, pero eso no quiere decir que no logre mi cometido.
- ¿Y cuál es tu cometido?
- Que seamos amigos.
- Amm- se quedó callada y miró hacia otro lado.- ¿Por qué ahora?
Rosalie miró a Emmett profundamente, y este pudo admirar el azul intenso de sus ojos. Nunca había estado tan cerca de ella para apreciarlo, eran realmente preciosos.
- Porque ya es hora de que conozca a la prima de mi mejor amiga.- Rosalie asintió en acuerdo. Emmett le sonrió de nuevo. - ¿qué lees?
- Es un libro de arte. Estoy buscando nuevas técnicas con las que trabajar.
- ¿Arte?
Eso explicaba la pintura de sus camisetas.
- Sí. Estoy trabajando en un nuevo cuadro, pero no consigo plasmar lo que quiero.
- ¿Quieres que te ayude con eso?
- ¿Tú sabes de arte? – dijo con una mueca escéptica en la cara.
- Aún no. Pero no hay nada que Emmett Cullen no logre saber o hacer, si se lo propone.- dijo con una sonrisa seductora. Rosalie sonrió también. – Podríamos ir este fin de semana a Port Angeles y te ayudaría a buscar materiales, ¿qué te parece?
Rosalie vaciló un instante.
- Está bien.
- Genial.
Emmett descubrió que Rosalie no era tan antipática como aparentaba y Rosalie se dio cuenta que Emmett no era tan engreído como parecía ser.
El plan de Alice parecía que iba a funcionar mejor de lo que esperaba.
El sábado llego antes de que Emmett se diera cuenta, y trataba de coger fuerzas para aguantar a Rosalie durante todo el día. Siendo como él era no sería difícil. Sólo tendría que mostrarse tan simpático y encantador como él sabía que era y la tendría entretenida.
Para cuando Emmett llegó a recoger a Rosalie, esta ya estaba esperando en la puerta, sentada en los escalones del porche.
Llevaba unos vaqueros holgados y una camiseta que se ceñía un poco a su cuerpo. No se veía demasiado mal, en comparación a como solía vestir los días que iba al instituto. Pero tenía un cuerpo normalito, sin curvas, bastante plana y algo sosa. Todo lo contrario a Victoria.
Rosalie se acercó vacilante hacia Emmett.
- Hola.
- Hola Mona.- dijo sonriendo de lado, e instándola a subirse al coche.
- ¿mona?- preguntó devolviéndole la sonrisa.
- Como el pintor.
Rosalie empezó a reírse. Una risa fresca y despreocupada.
- ¿Qué pasa? – dijo el chico riéndose también.
- Es Monet, Emmett. – siguió riéndose.
- Ya. Un fallito lo tiene cualquiera. – Rosalie lo miró sonriendo aun mientras se mordía el labio y negaba con la cabeza. – Además Rosalie es muy largo y decirte mona es como decirte guapa.
La chica se sonrojó.
- Puedes llamarme Rose, si quieres.
- Está bien.
Emmett prestó su atención a la carretera.
- Y bien Rose. ¿Dónde quieres que vayamos?
- Siempre voy a la misma tienda a comprar los materiales para pintar. Está justo en el centro.
- Muy bien. Y después.
- ¿Después?- Emmett la miró, pícaramente.
- Claro. No pensarías que íbamos sólo a comprar los materiales, ¿verdad? Podemos… comer algo o ir al cine. ¿Qué te apetece?
- Amm…comida. No he visto ninguna peli buena en la cartelera.
El día pasó entre las ocurrencias de Emmett, que siempre hacían reír a Rosalie.
Cuando volvían a casa, Emmett se dio cuenta que no solo había disfrutado el tiempo junto a Rosalie, si no que además se le había hecho muy corto.
Rosalie le estaba contando sobre la técnica que usó en uno de sus cuadros. Le apasionaba hablar de arte, y el empezaba a apreciar algo que nunca había tenido en cuenta.
Un ruido le sacó de sus pensamientos.
- ¡Mierda!- empezó a rascarse la cabeza en señal de nerviosismo. – Creo que mi coche ha decidido dejarnos tirados. – Se volvió hacia Rosalie con una sonrisa culpable.
- Está bien – dijo la chica al tiempo que se quitaba el cinturón- abre el capó.
- ¿Qué? Espera, ¿dónde vas? – contestó Emmett al tiempo que la chica se bajaba del coche.
- Tú solo abre el capó, ¿vale?
Emmett hizo lo que le pidió y se unió a ella en la parte delantera del coche. Rosalie miró hacia dentro, adoptando una pose muy sexy sin siquiera proponérselo que a Emmett no le pasó desapercibida.
- Por favor…- suspiró Emmett.
- ¿Qué has dicho?
- Nada- contestó rápido- ¿Qué se te ha perdido por ahí?
- A mí nada, pero tú parece ser que has perdido una correa de distribución. – Emmett fijó su atención en el motor del coche.
- No me lo puedo creer. ¿Sabes de coches?
- ¿Qué esperabas? Me gusta el arte. Soy buena con las manos.- Emmett le sonrió. – Puedo hacerte un apaño, al menos para que volvamos a casa, pero tendrás que llevarlo al taller.
- Bien.- sonrió.
Y lo hizo muy bien.
Después de dejar a Rosalie, Emmett llegó a casa. Entró sigiloso para no despertar a nadie, pero no contaba con que Edward estaría esperándolo en su habitación.
- ¿Qué haces aquí?
- Te estaba esperando.
- ¿Y eso?
- Quería hablar contigo. Te he visto esta tarde en Port Angeles. - Emmett lo miró serio, esperando a que continuara.- Con Rosalie Hale.
La expresión de Edward se tornó más seria aún si podía.
- ¿Te la encontraste por casualidad?
- No.
- ¿No? ¿Entonces?
- Le pedí que saliera conmigo.
- ¿A Rosalie Hale? ¿En serio?
- ¿Qué tiene de malo?
- Emmett, por favor. Si es la tía más antisocial que existe.
- Venga Edward, no seas así.
- ¿Que yo no sea…? Em, en serio, ¿qué le has visto? No es precisamente tu…tipo.
- Era una salida de amigos. Yo solo quiero conocerla un poco. Tampoco es que vaya a salir con ella en plan cita. No me gusta de ese modo.
Edward arqueó las cejas, negando con la cabeza. ¿Por qué diablos saldría Emmett con Rosalie si aparte de que no parecía agradarle, no habría cruzado con ella en el pasado más de dos palabras?
- Está bien, es solo… Alice me pidió que la entretuviera un poco. Su padre la ha obligado a llevar a Rosalie cada vez que sale y ella quiere estar a solas con Riley, eso es todo.
- Ya. ¿Y tú qué sacas de todo esto, Emmett?
Emmett lo miró serio, apretó los ojos y agachó la cabeza. Suspirando le miró y terminó contándole todo sobre el trato que Alice y él habían hecho.
Edward entrecerró los ojos.
- No hay favor que Alice no consiga que le hagas, ¿verdad?
Emmett frunció el ceño.
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Estás seguro que no sientes nada por Alice?
- Edward, venga ya. Alice es como mi hermana. Además, la única razón por la que empecé todo esto es por Victoria.
- Sí, tu sigue repitiéndotelo, que a lo mejor algún día te lo crees.
Edward se dirigió a Emmett antes de abandonar la habitación.
- Ah, y tened cuidado Emmett. Rosalie no merece que le hagáis daño, por rara que sea. No creo que quieras lastimarla por una tía que no te da ni la hora.
- No vamos a hacerle daño – susurró Emmett para sí cuando se quedó solo.
Y eso esperaba realmente, porque después de ese día no volvería a ver a Rosalie de la misma manera.
Bueno, pues aquí está el segundo cap. Espero poder subir al menos un capitulo por semana, aunque dependera del tiempo que tenga para escribir. Tania, reina, gracias por comentar y ser la primera. Te contesto por aquí porque no tienes cuenta.
Un beso a todas
