PIENSA ANTES DE ACTUAR, NO SABES CUÁNDO SE PODRÍA REPETIR LA HISTORIA
CAPÍTULO II
Su corazón había estado bombeando sangre de más durante toda la noche y eso era consecuencia de sus pensamientos por tenerlo tan cerca, tan cerca que solo les separaba una pared. Ella sabía que él si quisiera podría romperla, porque conocía su fuerza monstruosa fue testigo de ella como hace ocho años atrás.
Después de que fueran mutuamente presentados por su mejor amiga quedó prensada de su belleza y su infantil forma de ser. Qué cuándo él visitaba a su hermana por meras formalidades familiares ella siempre estaba con ellos. Al final de cuentas terminó enganchándolo a ella como un gato vagabundo que solo visita la casa en busca de alimento. Pero luego empezó a visitarla más a ella que a su hermana, tal vez eso se debía a que Kagura empezaba otro tipo de relación con Okita san y él ya no se sentía cómodo con ellos, por eso busco refugio con ella. Pero si se pone a pensar desde esas fechas ya habrán pasado unos tres años. Entonces ¿qué era ella para él? ¿La vería como un objetivo romántico o solo era la persona que le alimentaba?
Tenía el objetivo de sacarle información correspondiente a como la veía él y eso sería algo que ella conseguiría a cualquier costo.
Se detuvo un segundo para respirar una gran bocanada de aire, sus ojos marrón tenían debajo unas profundas ojeras gracias a aquellos pensamientos que no le permitieron dormir durante la noche. Se reprendió a si misma por aquello, ni siquiera quiso verse al espejo por más de dos segundos y es que, ¿cómo pudo permitirse verse en estado tan horrible cuando él estaba en la tierra? ¿Y justo cuando durante la noche había adquirido la determinación que tanto tiempo espero?
"Al mal paso darle prisa" pensó resignada mientras se adentraba al gran comedor donde sabía que estaba el a esa hora de la mañana. Lo vio, estaba devorando una olla llena de arroz al mismo tiempo que devoraba un trozo de carne con la mano derecha, lo había visto tantas veces haciendo lo mismo y aun le parecía gracioso saber que toda esa comida era simplemente el desayuno.
−Buenos días Kamui san −saludo la joven mientras se sentaba delante de él en el comedor.
−¡Ah Soyo! −le respondió el chico con sus mejillas llenas de comida−. Duermes mucho.− Agregó con una gran sonrisa.
−Si eso creo −respondió con las mejillas rojas, no importaba el tiempo que pasara, seguía sintiéndose avergonzada por los comentarios sin tacto del chico.
Ella le sonrió de igual manera y por un segundo Kamui dejo de comer clavando su vista en la joven quien procedía a servirse un poco de té.
−Tienes ojeras Soyo−. Señalo el chico con su dedo índice donde ellas se manifestaban en su rostro.
Ella enrojeció al instante. Debió suponer que el maquillaje no sería efectivo, tal vez los Yato tenían una vista más aguda o algo por el estilo.
−¡Oh! Eso es que... que... yo… yo tuve muchas cosas que arreglar y mucho papeleo−. Trataba de excusarse.
−Oh ya veo, Abuto también se pone así cuando hay mucho trabajo −respondió pensativo−. A veces no com...− El silencio repentino del chico desconcertó a Soyo, parecía pensativo, como si tratara de entender algo, entonces se acercó a la joven estirando una mano hacia ella.
−Ka... Kamui san −balbuceó sonrojándose cohibida−. ¿Qué estas… que estás haciendo?
El chico no dijo nada, coloco sus manos en las mejillas de la chica, ella solo atino a cerrar sus ojos mientras sentía como todo daba vueltas, entonces él colocó un pan en su boca.
−Tienes que comer −dijo el chico mientras regresaba a su asiento vanagloriándose como si su acción hubiera salvado a la pequeña chica−. Abuto a veces no come cuando hay mucho trabajo.
−Gracias Kamui san. −Estaba algo desilusionada con lo que acababa de pasar. Ella esperaba otro tipo de atención. Pero al final de cuentas le regalo una sonrisa porque ahí fue cuando se dio cuenta que se preocupaba por ella −. ¿Quieres salir a dar un paseo Kamui san?
−¿Paseo? −cuestionó dudoso mientras ladeaba su cabeza.
−Si, donde se sale a caminar para conocer un lugar −explicó Soyo con paciencia.
−Oh, como una caminata de exploración para ver si el planeta es apto para ser vendido −. Imposible que él no relacionara lo que hablaban con sus labores que hacía en el Harusame.
−Algo parecido, pero sin la necesidad de vender el planeta. −Había veces que le daba un poco de miedo las referencias que él hacia su trabajo.
−Oh claro que no, nunca vendería el planeta que está protegido por tus manos. −Se sorprendió de escuchar eso, él y su tripulación no atacaban la Tierra por respeto a ella −. Además de que hay mucha comida deliciosa. −Se metió otra gran cantidad de comida a la boca, eso daba a entender que la estaba disfrutando en grande.
−¿Entonces el paseo está bien? −cuestionó un poco dudosa ya que no le había dado respuesta afirmativa.
−Si hay más comida deliciosa de por medio, digo que está bien −le dedicó una sonrisa, pero había notado que esa sonrisa se la dedicaba solo a ella. Definitivamente hoy iba a ser el día en que conseguiría la información sobre qué tipo de relación estaban llevando.
Habían estado caminando por el jardín que se mandó a construir especialmente para ella, pero tenía acceso a todo el público. El pelirrojo sólo le seguía como perrito a su ama, pero más de una vez se había dedicado a observar algunas flores.
−¿Hay de estas flores aquí? −cuestionó sorprendido mientras salía del sendero para alcanzar lo que le había llamado la atención.
−Se llama flor de la bahía no son comunes en estos lares, se dan más en lugares cercanos al mar, para su crecimiento aquí requiere de cuidados especiales −le explicó como había conseguido aquellos ejemplares de la flor que tenía en mano.
−Vaya, para conseguirlas en aquel lugar había que pagar precios muy altos −murmuró mientras recordaba días del pasado.
−¿Esa flor le recuerda a alguien Kamui san? −Sabía que no debía preguntarle. Ella conocía la historia por parte de su amiga, y también de como eso al que más le había afectado era a él.
−Era la flor favorita de alguien especial. −Fue lo único que dijo, soltó ese ejemplar, ya que solo lo había agarrado para observarlo mejor, y regreso al camino donde la joven de azabaches cabellos le esperaba −. Huele a algo delicioso− dijo mientras inhalaba más aire para distinguir ese aroma que lo había atrapado.
−Si aquí adelante hay un restaurante que aprovecha los aromas de las flores para hacer comida, vayamos −comentó para también desviar el tema que era todavía doloroso para él, lo percató en sus pupilas.
−¿Comida hecha con flores? Suena algo extraño.
−Pero es muy delicioso. −Tomó su mano y lo guio para llegar a ese lugar.
−Si es así vayamos−. Confirmo su agarre para que lo guiara, eso solo hizo feliz a la pequeña joven.
−¡Wow tenías razón Soyo esto está delicioso!− gritó el chico emocionado por las exquisiteces que probaba.
Los demás clientes del restaurante no dejaban de observar al par de jóvenes, el chico llamaba mucho la atención por su gran capacidad de comer y la mesa llena de comida no ayudaba en nada. Pero eso no importaba, la sonrisa del chico era algo que Soyo encontraba realmente encantador, así que el resto del mundo podía irse a la mierda cuando él sonreía.
−Me alegro que te guste− respondió ella dejando ver su alegre sonrisa.
−Es muy buena− agrego él después de que termino de engullir el décimo primer plato.
−Lo es, he venido muchas veces con Kagura chan y Okita san− dijo ella, la expresión en él cambio, como si le hubiesen insultado.
−Oh el policía de la tierra y mi tonta hermana −murmuro, ella no pudo evitar reír.
Él tal vez no lo notaba, pero ella lo sabía, era todo un hermano celoso.
−También he venido con Nobunobu san –agregó mientras recargaba sus codos en la mesa y su cara en sus brazos para poder observarlo mejor.
−¿Nobunobu san?− cuestionó, había escuchado ese nombre, pero no se le venía un rostro a la mente
−Kamui−san... se han presentado 5 veces −respondió ella−. Es mi mano derecha, quien me ayuda a manejar los asuntos del país y quien siempre me acompaña en reuniones importantes.
−¿Mano derecha? –repitió pensativo −. ¡Ah nariz rota! Nariz rota, le di un golpe apenas lo vi y no lo mate, debo darle crédito, resiste los golpes –explicó como era que lo recordaba.
Soyo comenzó a reír, era oficial, comenzaría a llamar a Nobunobu de esa manera.
−No tenía idea −dijo entre risas, sabia de sus fechorías que cometió en contra del país años atrás, pero nunca se le cruzó por la mente que inclusive había llegado a herir al que un tiempo fue llamado Shogun.
−Pero si has venido aquí con mi tonta hermana y esos tipos, ¿por qué no habíamos venido antes?− cuestiono, en cierta forma se sentía ofendido; él pensaba que era su compañero de comidas.
¿Qué significa exactamente esa pregunta? Con él, la respuesta era difícil de encontrar, lo más probable era que lo preguntara por la comida pero algo dentro de ella no podía evitar sentir ese fuerte golpeteo en su pecho.
−Bueno, lo conocí hace poco a las afueras de la ciudad, mientras hacia un viaje de reconocimiento, y como vi su temática les sugerí que se trasladara a este lugar. Eso pasó después de la última vez que estuviste aquí. A mí me encantó el sabor así que traje a las personas importantes para mí −respondió ella, justificándose. −Amigos...
−¿Amigos? –cuestionó, su tono de voz había cambiado y su mirada reflejaba algo diferente, algo muy parecido a la decepción.
−Si las personas más cercanas a mí, y tú eres una de ellas −le respondió con una sonrisa, pero ella en el fondo quería más que una relación de amistad con él.
−Oh ya veo −su tono se mantenía apagado, hasta su antena capilar se veía decaída, ¿eso se debía a sus palabras?, ¿le había dolido ser considerado como un amigo o por qué tenía que compartirla con otras personas?
−¿Te cayó mal la comida Kamui san? −Le extrañó su lentitud al comer, algo que no era muy propio de él.
−No claro que no −Le sonrió y se miraron a los ojos y ese intercambio duro varios segundos.
−Shogun sama aquí tiene la cuenta. −La mesera interrumpió el ambiente que se había formado, los zafiros que habían permanecido calmos mientras veía a la joven frente a él, se transformaron en cuchillas al momento de ver a la persona que había llegado a su mesa.
−¿La Shogun está aquí?
−Yo quiero una foto con ella.
−Dicen que es una mujer muy hermosa con gracia y elegancia.
−Quiero conocerla
Los murmurios se fueron transformando en gritos de admiración y en lo que la señorita de azabaches cabellos terminaba de pagar en la caja registradora del lugar, había sido rodeada por distintas personas con cámaras y celulares en mano.
−Soyo sama por favor regáleme una foto −solicitó una señora junto a ella.
−Está bien, pero no debemos tardar. Mi acompañante me está esperando −respondió con una sonrisa de comprensión.
Pasaron diez minutos y al fin las personas que querían una foto con ella habían disminuido, solo faltaba una niña y un joven.
−Gracias Soyo one sama −le agradeció la niña haciéndole una reverencia −. Es mi modelo a seguir. −Y después de eso salió corriendo a abrazar a su madre, la escena le causo ternura a la mandataria.
−Shogun sama soy el último, una foto por favor. –Se acercó a ella el joven que faltaba, un poco temeroso.
−Está bien –le respondió con su característica sonrisa.
El chico se colocó a lado de ella ambos sonreían mientras esperaban a que la persona que hacia el favor de tomar las fotos le dijera que había salido bien.
−Muchas gracias. −Para sorpresa de la gobernante el joven se había tomado la confianza de abrazarla y luego empezó a dirigir sus labios a ella. Escena que no estaba pasando desapercibida por el Yato.
−¿Qué intentabas hacer? −Puso su sombrilla entre ambos, dirigiendo la punta hacia el hombre, este temeroso se separó. −Ella es mía −dijo esas palabras sin medir las consecuencias que tendría, pero si sabía que él estaba a cargo de protegerla.
−Lo si... sien… siento... yo... yo... yo no sabía −tartamudeaba de miedo al tener un Yato frente a él amenazándole con su paraguas.
−Kamui san déjalo ir −ordenó el general apaciguador de barbaros, cosa que sorprendió a muchos, ya que nunca hubieran imaginado que su líder pudiera hacerle frente a un Yato y todavía ordenarle.
Él solo bajo su arma y el joven osado había salido corriendo por su vida que hasta que olvido su teléfono móvil.
−Es hora de irnos −indicó mientras tomaba camino a la puerta, intentaba mantenerse lo más seria posible, pues las palabras que el pelirrojo había dicho momentos atrás hicieron que su corazón danzara como loco.
"No sonrías, no sonrías, no lo hagas" se decía a sí misma una y otra vez mientras caminaba junto al chico, agradecía también que el tuviera la costumbre de dejarla caminar adelante, si no, él ya hubiera visto su rostro rojo y sus patéticos esfuerzos por dejar de sonreír.
−¿Estas enojada Soyo? −cuestionó el chico dándole un ligero toque con su paraguas.
Ella sintió como una corriente eléctrica le recorría por la espalda por ese mínimo acto. Pudo haber gritado pero en su lugar se dio la vuelta para quedar delante de él, cruzando los brazos y haciendo su máximo esfuerzo tratando de mostrar una expresión de enojo.
−Lo estoy−. Se limitó a responder.−Ya hemos hablado de esto, no sería nada bueno si lastimas a alguien. –Y realmente no quería que eso pasara, su acompañante seria mal visto y por ende ella también.
−Se lo merecía, debí matarlo cuando tuve la oportunidad− respondió dejando ver una sonrisa, aunque la chica sabía que había enojo en sus palabras.
−No digas eso−. Suspiró mientras volvía a darle la espalda.
−¿Por qué no? ¿Acaso no quieres que muera ese tipo?− cuestionó, había algo en el tono de su voz que Soyo noto diferente, incluso por un segundo se sintió preocupada.
−Lo que no quiero es que sigas manchándote las manos− respondió ella, encarándole de nuevo, pero ahora con determinación en sus ojos.
−Si hay más tipos como ese por ahí no puedo asegurar nada− murmuro, pero dejando en claro su amenaza−. No dejare que le toquen un cabello a Soyo.
−¿Eh?− ¿Que seguía? Soyo no podía pensar en nada, ¿cuál era su nombre? ¿dónde estaba? ¿qué estaba haciendo antes de que el corazón comenzara a latirle como un loco?
−Soyo es mía −agrego el chico clavando su mirada zafiro en la pequeña joven.
Las piernas de ella se derritieron, no las sentía, no sentía nada. Era el momento, tenía que saber que era ella para él. Tomó una bocanada de aire en un intento de calmar los latidos de su pecho y adquirir un poco de valor.
−¡¿E... Eso que… que significa?!− gritó, necesitaba saber el porque de esas palabras, si no su corazón no se resistiría a las teorías locas que haría su corazón.
−¿Eso significa que? −Kamui ladeó su cabeza mientras observaba todos los gestos que la pequeña le ofrecía.
−Sig... signi... significa que... que... que tú y yo… −Casi casi estaba hiperventilando por las suposiciones que su cerebro pensaba y hacían que su corazón se acelerará.
−¿Tú y yo qué? −cuestionó algo impaciente y su sonrisa característica se había borrado de su rostro.
−Cuñadito. −Una voz altanera se oyó a la distancia, distrayendo a ambos de su plática inicial.
La pareja conformada por un sádico policía y una Amanto glotona, alcanzaron a sus conocidos que estaban en un puente que adornaba el jardín de flores.
−Te mataré. −Fue como recibió al de castaños cabellos apenas iba colocándose frente a él.
−Hola cuñadito ¿Cómo has estado?, Bien ¿y tú?, Bien paseando con la princesa, oh me alegro que de lleven tan bien. −él preguntaba y él solo se respondía.
−Te mataré~ −Su sonrisa se ensanchó un poco más.
−Estúpido hermano ¿cuándo me ibas a avisar que ya habías llegado? −Interrumpió el duelo le miradas con un golpe en la cabeza de su familiar.
−No te metas que puede que te quedes sin novio en lo que cae la noche −le amenazó volteando a ver al de castaños cabellos mientras tomaba su parasol.
−Cuando quieras cuñadito. −Desenfundó su espada y ya ambos se encontraban en posición de pelea. El pelirrojo fue quien atinó el primer golpe y después de eso se alejaron un poco de sus acompañantes.
−Estúpidos más les vale no arruinar el jardín de Soyo o yo los golpearé a ambos −amenazó al par conflictivo pero ya no la habían escuchado ya se encontraban lejos de ella −. Así que Soyo chan −volteo su mirar a su amiga y la rodeó con el brazo para hablarle cerca de su oído −, ¿qué estaban hablando tú y mi estúpido hermano mayor? −picardía se notaba en su voz, haciendo que a la chica se le subieran los colores al rostro. Era del conocimiento de ambas de los sentimientos que tenía la de azabaches cabellos hacia el hermano mayor.
−Nada −desvío su mirada de la inquisidora de su amiga −, me dijo que yo era suya −murmuro en un tono muy bajo que le costó trabajo escucharla.
−¿Qué? Ese maldito siempre tan egoísta –se quejó mientras alzaba sus puños en señal de lo que le esperaba a su hermano mayor cuando lo viera. −¿Pero eso qué significa? –cuestionó un poco confundida cuando cayó a la realidad, ella realmente no hacía a su hermano un enamorado empedernido. −¿A caso ya son novios y no me lo habías dicho? −. Fingió indignación mientras agarraba su pecho.
−No sé qué significa –suspiró mientras su tono de voz decaía −. Y tampoco somos novios. –Hablar sobre ese tema le deprimía en sobremanera.
−Mejor te llevo de regreso al castillo, esos dos no se ve que vayan a terminar de pelear pronto –dijo cuándo notó el decaimiento de humor de su amiga, mientras la rodeaba con el brazo y la guiaba hacia su hogar.
−Gracias Kagura chan –agradeció a su amiga con una sonrisa. Después de eso buscó con la mirada a esos dos sádicos pero ya no los vio.
N/A: Adivinen quien convenció a the sun is silent para continuar esta historia, así es babys fui yo. Así que al final este cap ha sido escrito entre los dos :3
Espero lo disfruten 3:
I love Okikagu: A los dos nos alegra que te haya gustado el cap :3, ya no tienes porque esperar la conti, aquí esta :D
