Hola a tod s, antes que nada quería agradecerles por el tiempo y la oportunidad que le están dando a esta nueva historia. Espero que les guste y las sorprenda.
Quiero agradecerle a Diana y a Flor y a todas las chicas del grupo de facebook por su apoyo incondicional en esta locura que empieza.
Bueno las dejo con el capitulo y espero sus comentarios.
Besos.
Entre el debe y el querer: una historia diferente de amor
I
Capítulo beteado por Flor Carrizo
Betas FFAD www .facebook groups / betasffaddiction
I want to know what love is (Mariah Carey)
Debo tomar un poco de tiempo
Un poco de tiempo para pensar las cosas
Mejor leo entre líneas
En caso de necesitarlo cuando sea viejo
Yo puedo escalar esta montaña
Siento el mundo sobre mis hombros
Veo el brillo del amor a través de las nubes
Esto me mantiene caliente mientras la vida se hace más fría
En mi vida ha habido angustia y dolor
No sé si pueda enfrentarlo nuevamente
Ahora no puedo parar, he viajado demasiado lejos
Para cambiar esta vida de soledad
Quiero saber lo que es el amor
Quiero que tú me enseñes
Quiero sentir lo que es el amor
Sé que tú puedes enseñarme
Voy a tomarme un poco de tiempo
Un poco de tiempo para mirar a mi alrededor
No tengo ningún lugar para esconderme
Parece que el amor finalmente me encontró
En mi vida ha habido angustia y dolor
No sé si pueda enfrentarlo nuevamente
Ahora no puedo parar, he viajado demasiado lejos
Para cambiar esta vida de soledad
Quiero saber lo que es el amor
Quiero que tú me enseñes
Quiero sentir lo que es el amor
Sé que tú puedes enseñarme
Quiero saber lo que es el amor
Quiero que tú me enseñes
Quiero sentir lo que es el amor
Sé que tú puedes enseñarme
El sol del sur de Arizona quemaba su pálida piel. El aire era sofocante, pero nada que no se pudiese aguantar, estaba acostumbrada a los veranos de Phoenix, y, sobre todo, quería disfrutar las últimas tardes junto a su angelito.
Una suave voz la llamó desde la piscina.
—Mami, ven a bañarte conmigo —expresó mientras salpicaba agua hacia la reposera en la que me encontraba.
—Claro que voy contigo, monstruito —respondí mientras me zambullía en el agua.
—No me digas monstruito, mami, yo soy tu princesa —dijo haciendo un hermoso puchero.
—Tú eres la princesa más hermosa de todas, Kate —susurré en su oído mientras la levantaba y le daba un fuerte abrazo.
Chapoteamos un poco más, hasta que nuevamente me abrazó con fuerza, enredando sus piernas a mi cadera y sujetando con sus bracitos mi cuello.
—Mami, ¿te irás de viaje?
—Sí, cielo, ya te expliqué que necesitaba ir de viaje... sólo serán unas semanas y luego volveré contigo y haremos muchas cosas lindas.
—¿Compraremos todo para empezar la escuela?
—Sí, cielito, iremos al centro comercial y compraremos todo lo que necesitas para empezar la primaria.
—Estoy grande, ¿no, mami?
—Claro que sí, Kate, estás muy grande y hermosa... y creces muy rápido, bebé.
—¡Ya no soy una bebé!
—¡Tú siempre serás mi bebé chiquita!
Jugamos durante un buen rato en el agua, y luego salimos para merendar.
Ayudé a mi pequeña de tan sólo cinco años a vestirse y la peiné con dos bellos rodetitos, que la hacían ver adorable.
Después de cenar, llevé a su habitación a Kate y me dirigí a la mía para poder empezar a empacar el equipaje que llevaría a mi viaje. Sí, después de mucho pensarlo y hablarlo con mi terapeuta, había decidido tomarme unas vacaciones con mi amiga de toda la vida, Bree. Entre todos me convencieron de que era lo mejor. Después de una larga depresión logré salir a flote, este viaje pretendía inaugurar esta nueva etapa de mi vida en la que una Bella mucho más segura se enfrentaba al mundo.
Desde adolescentes habíamos tenido el sueño de viajar en un crucero por las islas del Pacífico, pero, lamentablemente, no lo habíamos podido hacer antes. Entre la universidad, mi temprano embarazo y, luego, mi depresión no tuvimos ni tiempo ni ganas de hacerlo una vez que cumplimos la edad suficiente para alejarnos del país por nuestra cuenta.
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Tres días más tarde estaba en el aeropuerto despidiéndome de mi hija, era la primera vez que me alejaba de ella y me dolía. Pero también era consciente de que necesitaba un tiempo a solas, un tiempo en el que poder terminar de cicatrizar mis heridas y devolverle a mi pequeña la mamá que siempre soñé ser.
Con los ojitos llorosos mi pequeña me dijo:
—Mami, no te vayas, ¿qué haré si no vuelves?
—Cielo siempre volveré... te amo y no podría vivir sin ti, princesa —dije secando con mis pulgares las gruesas lágrimas que rodaban por sus mejillas.
—Te amo, mami.
—Yo también, Kate, nunca olvides que te amo más que a nada en este mundo, princesa.
Mi niña le pidió a mi padre una cajita.
—Toma, mami, esto es para ti, para que me tengas en tu corazón.
Tomé entre mis dedos la cadenita con un dije en forma de nena. Ella lo dio vuelta y pude leer:
"Mami te amo"
—Gracias, pequeña —susurré emocionada—, eres mi vida. Te amo.
Luego de colocarme el dije, le di un fuerte abrazo y tomé mi bolso de mano, lo mismo hice con papá y Renée, su nueva esposa, para, finalmente, embarcarme en esta nueva aventura junto a mi hermana del alma.
Tomamos el avión que nos llevaría a San Francisco, allí pasaríamos una noche, aprovecharíamos para conocer la ciudad y, al otro día, zarparíamos a nuestras vacaciones de ensueño.
Casi una hora y media después nos encontrábamos en esa ciudad, dejamos nuestras valijas en la habitación que ocuparíamos en el hotel y luego nos fuimos a conocer la metrópoli. Tomamos muchas fotos, visitamos el Golden Gate, Lomabart Street, Grace Hall, que era una de las catedrales más importante del país. Ahí, con Bree, oramos para que Dios nos protegiera en este viaje y yo, fundamentalmente, para que protegiera a mi princesa, pedí especialmente a Dios, que cuidara de mi Kate el tiempo que no estuviese a su lado.
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Dos amigos se encontraron en el aeropuerto internacional de San Francisco, hacía más de cinco años que no se veían. El trabajo de Emmett, como soldado del ejército de los Estados Unidos, había puesto kilómetros de distancia entre ellos, aunque nunca perdieron la comunicación.
Emmett dejó sobre el suelo del concurrido lugar su valija y buscó con su mirada a su mejor amigo.
Edward bajaba por una escalera mecánica, con una valija en su mano y el móvil en la otra, intentando convencer a la joven con la que se había estado acostando el último mes que de ninguna manera la llevaría al crucero que haría con su amigo, era cosa de hombres y ellos, además, no tenían ningún tipo de compromiso, en otras palabras: "olvídate de mí".
Cuando se encontraron, ninguno pudo evitar abrazarse fuerte y palmear la espalda del otro, eran como hermanos y hoy, después de mucho tiempo, se reencontraban para una nueva aventura, para subir a un crucero y divertirse sin ningún tipo de impedimento, sin atarse a horarios, teléfonos, agendas ni superiores ordenando, este era un viaje de placer.
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A las cuatro de la tarde del día viernes 16 de agosto de 2014, el crucero zarpó del puerto de San Francisco, parecía un viaje muy pacífico que los llenaría de felicidad.
Bree y Bella, luego de acomodar sus pertenencias en el camarote que compartían, decidieron salir a la cubierta del barco a familiarizarse con el que sería, por los próximos veinticuatro días, su hogar.
El crucero era muy lujoso, la cubierta tenía dos piscinas y reposeras, donde se sentaron a tomar un trago y admirar el horizonte.
No tardaron mucho tiempo en escucharse los sonidos provenientes de una pequeña orquesta de música que tocaba sobre un escenario, música latina. La gente comenzó a bailar y ellas no tardaron en sumarse.
Por la noche tenían la fiesta de bienvenida, para la cual se pusieron sus mejores vestidos, se maquillaron, peinaron y se subieron a unos tacones altísimos.
Uno de los bares del Celebrity Century estaba completamente ambientado para tal ocasión. Al entrar en el imponente espacio, un camarero las recibió con una copa de champagne, las jóvenes recorrieron el área y, casi de inmediato, varios muchachos se acercaron a entablar una conversación.
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Los chicos, después de un "uno contra uno" en una de las canchas de básquet con las que contaba el crucero, se dirigieron a sus respectivos camarotes para darse una ducha y bajar al "Murano Bar", donde sería la fiesta de bienvenida. Habían decidido que se encontrarían directamente allí.
Emmett entró con su impecable pantalón negro y una camisa de un suave color marfil, con los dos primeros botones desprendidos. Un camarero le ofreció una bebida y se decidió por un Martini. Tras una recorrida general, sus ojos se toparon con los de una joven mujer de cabello castaño, su piel pálida contrastaba con los ojos chocolate que poseía y su cuerpo era perfectamente proporcionado, ni muy delgada ni muy rellena. La medida justa que prefería.
Sin dudarlo, se acercó a ella.
—Buenas noches —dijo con una voz sexy.
—Buenas noches —respondió coqueta, mostrando su mejor sonrisa.
—Soy Emmett McCarthy. —Extendió su mano.
—Bella Swan. —Correspondió el gesto.
Ella admiró al hombre que estaba frente a ella, era altísimo, debía medir cerca de 1.90, tenía el cabello rubio, unos ojos celestes profundos y unos hermosos hoyuelos, que le daban un toque infantil a ese cuerpo de gladiador.
—Un gusto, Bella, ¿me acompañas con un trago? —dijo al notar la copa vacía en su mano.
—Claro.
Con un gesto de su mano, Emmett decidió pedirle al camarero una mimosa para su nueva acompañante. Un mesero moreno, de inmediato, trajo el trago. Ella, de manera sensual, extendió la copa hacia su acompañante.
—Por unas hermosas vacaciones —pronunció él.
—Por unas hermosas vacaciones —siguió ella mientras chocaban sus copas.
Bebieron y bailaron por un rato, ninguno se encontró a sus amigos para presentarse. Cerca de la medianoche, y tras muchos tragos, Bella decidió que era hora de volver a su cuarto.
Él la acompañó hasta la puerta y se despidieron con un beso en la mejilla.
—Buenas noches, Bella.
—Buenas noches, Emmett, fue un gusto conocerte.
—El gusto es mío, preciosa —dijo al tiempo que ella cerraba la puerta de su habitación y se encontraba con su amiga preparada para interrogarla sobre el apuesto caballero con quien había comenzado la velada.
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