CAPITULO II
Las altas expectativas, el alto estándar y la clase social es algo importante en la ciudad de la moda, Isabella era consciente de ello y aun así, con su vestido color humo de mangas largas, escote cuadrado recatado, su falda volada hasta la rodilla, una bufanda negra y zapatos de tacón combinados a la bufanda, se sentía fuera de lugar, no creía encajar con la alta costura de esa sociedad.
Salió del aeropuerto y se colocó un abrigo negro para cubrirse un poco del frio maldiciéndose internamente por haber usado vestido en ese clima tan frio, siempre había estado acostumbrada a la cálida California y ahora tendría que cambiar su guardarropa por algo mas cálido. Miró su reloj de pulsera por tercera vez y gruñó, nadie había ido a buscarla aun y tenía media hora esperando.
-Señorita Swan? – Isabella levanta la mirada para ver a un hombre alto, su cabello algo alborotado, ojos increíblemente verdes y una sonrisa coqueta.
-Sí, soy yo. Usted es? – pregunta algo cohibida, es un hombre increíblemente hermoso y apuesto, debía tener la edad de su nuevo jefe. Acaso era él su nuevo jefe?
-Soy Garrett, vengo de parte de Edward – ella asiente lentamente aun escéptica – quiere que lo disculpes por no haber venido por ti pero tuvo que asistir a una reunión de último minuto que… bueno, era urgente.
-Eres su chofer? – pregunta algo confusa, lo hubiera mandado mucho antes, el hombre ríe y ella siente que tiembla un poco, su risa es dulce, electrizante y deliciosa.
-No, no lo soy. Edward no tiene ningún tipo de personal de servicio, tu serás la primera y solo porque su tío ha insistido – Garrett la mira de arriba abajo impresionándose de su belleza – debes ser excelente en lo que haces.
-Gracias. Ahora… podría llevarme a donde sea que deba ir, estoy congelándome – musita abrazándose a su cuerpo.
-oh, lo lamento, tengo entendido que eres de clima cálido – Garrett toma sus maletas y las guarda en el baúl del auto negro y brillante. Luego le abre la puerta del copiloto y la ayuda a subir – así, que, señorita Swan…
-por favor, dígame Isabella – le insta ella sonriéndole mientras mira el interior del elegante auto, las palabras BMW brillan en el volante y música clásica suena por los altavoces.
-Lindo nombre, Isabella. Entonces, dime… como es que pasaste de la cálida California y un hombre anciano y enfermo a la fría Nueva York y un agrio joven? – pregunta con cierta burla, Isabella lo mira confundida.
-Agrio? El señor Cullen es un hombre agrio? Cómo? – pregunta con curiosidad, Garrett tamborilea los dedos en el volante tocando las notas del piano de la sonata.
-Edward es… complicado – dice encontrando una palabra sutil – Carlisle nunca conoció de verdad a Edward, lo vio durante su infancia mientras su hermano estaba vivo, luego de que Edward se quedara solo en el mundo Carlisle se negó a quedarse con él, Edward no quería ir a California, Carlisle no quería venir a aquí, Edward fue tratado como adulto pero legalmente seguía siendo un niño. Estuvo en una casa de acogida por un año hasta que él eligió ser adoptado.
-Adoptado? Pero su tío me dijo que él se crió solo, que tomó las riendas de su empresa mientras estudiaba y se ha hecho de una vida él solo. – Garrett bufa mientras niega.
-Carlisle nunca conoció la vida de Edward, solo lo que él quería que supiera. – Garrett suspira y mira de reojo a Isabella cuando se detiene en un semáforo en rojo – debes entender una cosa, Isabella. La vida de Edward fue realmente dura, sufrió mucho y eso lo convirtió en un hombre frio, controlador y algunas veces despiadado. Debes tenerle paciencia, va a tratarte mal, quizás va a correrte en algunas ocasiones o siempre, pero hagamos algo.
-Qué? – musita ella algo asustada y asombrada, Garrett sonríe mientras vuelve a conducir.
-Tu contrato está en la casa de Edward sobre la mesa del recibidor, vas a leerlo bien y si te parecen las condiciones lo firmas. Si no, se renegociará, de eso me encargo yo, por ahora tu trabajaras para mí y…
-No voy a trabajar para nadie más, Carlisle…
-Espera, tranquila – le interrumpe Garrett – no vas a trabajar para mí, te estoy contratando yo de palabra, Edward no podrá despedirte, además de que incluí una clausula en el contrato de que para ser despedida debe haber una aceptación por parte de Edward y mía, si él te despide pero yo me niego, aun seguirás aquí.
-Que ganas tú con eso? También debo trabajar para ti? – pregunta ella confundida, Garrett niega tranquilamente.
-Tengo mi propio personal de servicio en mi casa, Isabella. Es para protegerte a ti, Edward no podrá echarte a menos que yo lo acepte – Garrett se detiene frente a una inmensa mansión, Isabella se queda asombrada, es increíblemente más grande que la de Carlisle.
Tres pisos, grandes ventanales, un inmenso balcón en el último piso, enormes ventanales de cristal, cuatro enormes columnas redondeadas de concreto sostienen los cimientos de la entrada, un jardín con fuente gregoriana en la entrada, hectáreas de jardín alrededor, pasto verde recién cortado y una inmensidad de rosas blancas, toda una belleza arquitectónica y la residía un solo hombre.
-Vamos, te enseñaré la casa – Garrett se baja con Isabella, este toma las dos maletas y entran a la casa de la cual él tiene llaves propias. Isabella se queda de piedra al ver la enorme mansión, solo el recibidor era una hermosa obra de arte, pisos del más hermoso mármol pulido, pareces impolutamente blancas, techos blancos con adornos en oro, obras de arte colocadas estratégicamente en paredes y mesas, alfombras persas y adornos en cristal, plata y oro, rosas en floreros esparcidos por toda la casa y el exquisito sonido de la música de Mozart sonando por todos lados.
-Es impresionante, jamás había visto tanto… lujo. Quien mantiene todo esto así de impecable y hermoso? – Garrett se encoge de hombros mientras Isabella camina lentamente revisando todo a su alrededor, se quita el abrigo cuando el calor de la casa la envuelve. Garrett viene detrás de ella viéndola caminar, no puede evitar mirar su exquisito cuerpo en ese vestido y ese hermoso trasero sensual.
-Vamos, arriba está tu habitación – Garrett camina delante de ella esta vez, sube al primer piso por la escalera de caracol y camina al pasillo izquierdo, al final de este está una puerta doble, Isabella la abre por él y se impresiona de la enorme habitación frente a ella, es el doble de grande de la que tenía en la mansión de Carlisle.
Una enorme cama revestida de blanco, dos mesas de noche igual de blancas, dos puertas la lateral, una para el baño y otra para el armario donde Garrett está dejando ambas maletas, una pequeña salita con muebles blanco y oro a otro lado de la habitación con un televisor de pantalla plana, un ventanal hasta el piso que lleva a un pequeño balcón, un escritorio con una laptop y un teléfono de casa todo en blanco.
-Mucho blanco, cierto? – murmura Garrett al ver la cara de perplejidad de Isabella, esta sonríe y asiente. – Edward, tiene una afinidad por el color blanco y la pulcritud, casi toda la casa es así. – ambos salen de la habitación y Garrett termina de enseñarle la casa, diez habitaciones incluyendo la de Isabella, la principal que es la de Edward que está en el segundo piso, quince baños, la enorme cocina pulcra y limpia, la sala de estar, el recibidor y el salón de reuniones, la biblioteca, el despacho de Edward, un gimnasio y una piscina climatizada a parte del jardín.
-Creo que ya lo tengo todo – dice Isabella mientras van a la cocina por un vaso de agua. Garrett abre la nevera y ella no puede evitar echar un vistazo, no hay absolutamente nada más que unas botellas de agua y té helado, mientras este saca dos botellas de agua ella revisa las alacenas encontrado nada – acaso el señor Cullen no come aquí? – pregunta preocupada, Garrett niega.
-No, Edward desayuna, almuerza y cena en la empresa. Por eso te necesita. – ella asiente lentamente, es un trabajo duro el cual debe empezar a organizar, ella no es una sirvienta, es un ama de llaves que sabe controlar mansiones, personal y a los jefes de casa, será duro pero podrá hacer el trabajo de cocinera por unos días.
-Yo me encargaré de que coma bien ahora.
-Bien – Garrett mira la hora de su reloj y pasa una mano por su cabello – imagino que no has cenado, cierto? – Isabella niega lentamente – ok, yo debo irme, tengo una cena de trabajo pero mandaré un delivery para ti, Edward debe regresar alrededor de las siete, así que no hay mucho por hacer ahora, no va a necesitar comida hoy, quizás llegue despidiéndote si no le fue bien en la reunión, no le prestes atención, solo pregúntale que quiere que hagas en su ausencia y listo, lo demás será pan comido, pasa más tiempo en la oficina que en casa así que… - Garrett palmea una vez y le sonríe – bien, me voy. Suerte y… - la mira una última vez y sale de la casa rápidamente.
Isabella se queda pensativa, Garrett no terminó la frase y simplemente salió, con un suspiro resignado sube nuevamente hasta la habitación que le fue dada para su estadía, se quita el vestido color humo y se coloca un pantalón de vestir ceñido color negro, una blusa manga corta de botones del mismo color y zapatos de tacón combinados, no sabe si su nuevo jefe querrá que ella use faldas así que prefiere ir poco a poco.
La hora dice que son las seis y cincuenta y cinco, según Garrett su jefe llegará a las siete, tiene entendido que el hombre es un obseso del control y el orden así que tiene horarios para todo, solo espera poder aprender rápidamente los horarios y seguir las reglas. Con calma baja las escaleras y entra a la cocina, cinco minutos después tocan el timbre, con cautela abre la puerta para ver a un joven con una bolsa blanca.
-Señorita Swan? – pregunta el joven educadamente.
-Sí, soy yo – musita ella cautelosamente, el joven le tiende la bolsa.
-Envío del restaurant Parisino, de parte del señor Garrett Denali – ella toma la bolsa inmediatamente, el hambre se hace presente cuando le llega el aroma a comida.
-oh, gracias. Cuanto le debo? – pregunta mientras deja la bolsa en la mesa del recibidor, el chico niega y sonríe.
-Nada, señorita. El señor Denali ha dejado la cuenta paga. Que tenga buenas noches y buen provecho.
-Gracias – musita ella mientras el joven se va, lo que contenga la bolsa huele delicioso, Isabella se va a la cocina y cuando va a abrir la bolsa escucha las ruedas de un auto en la grava de la entrada, maldice en silencio y deja la bolsa en la cocina, respira un momento y se acerca a la puerta abriéndola cuando ve al hombre subir las escaleras buscando las llaves para abrir.
Él levanta la mirada al ver la puerta abierta, molestándose levemente de que Garrett haya irrumpido en su casa nuevamente, las palabras se atoran en su garganta al ver que no es él, es una hermosa y muy sensual mujer la que lo recibe en la puerta con una pequeña sonrisa tímida que no concuerda con ese cuerpo echo para el sexo, su mente se bloquea por un segundo pero se obliga a reaccionar, él es el dueño de esa casa y no sabe quién es ella.
Isabella por su parte quedó aún más impresionada, esa mandíbula cuadrada y tensa, ojos verdes muy profundos pero fríos casi llenos de ira, unos labios apretados y rosados, viste de traje negro con corbata verde combinada con sus ojos, zapatos de cuero negro, cabello semi peinado y cuerpo sexy, también es alto, mucho mas que Garrett
-Quien eres tú? – gruñe Edward mirando a la mujer que se ha atrevido a escanearlo de arriba abajo.
-Soy Isabella Swan, señor Cullen. Su ama de llaves, recomendada por el señor Carlisle C…
-Sí, si – Edward la interrumpe para no escuchar lo que sigue y pasa por su lado inhalando el aroma dulce de la mujer, no sabe que es pero le gusta el aroma de ella mezclado entre sus rosas – ahórrate el discurso – en el recibidor la encara, está lo bastante cerca para darse cuenta que ella apenas le llega a la altura de los hombros y eso que lleva tacones – estas aquí porque mi tío prácticamente me rogó, no necesito de ti ni de nadie, se cuidarme solo, así que solo te limitaras a limpiar mi casa y a desaparecer de mi vista. – gruñe Edward y se gira para irse.
-Disculpe usted, señor – le dice Isabella un poco molesta haciendo que el hombre se detenga, Edward se gira y la mira enarcando una ceja impresionado, nadie jamás se ha atrevido a contestarle ni replicarle nada – pero yo no soy una sirvienta, soy un ama de llaves.
-Y cuál es la maldita diferencia? – gruñe Edward de vuelta, ella levanta la barbilla y le mira a los ojos con desafío.
-Mi deber es mantener el orden en la casa, al personal haciendo su trabajo y hacerme cargo de las necesidades del jefe de casa y sus invitados.
-Para eso son las esposas, señorita Swan – gruñe con sarcasmo – y si no se ha dado cuenta es lo único que no va a ver aquí. No tengo personal porque no me gusta que nadie se meta en mi vida privada, viene una compañía de limpieza cada semana y se encarga de ellos y mi madre se encarga de mandar mi ropa a la lavandería. No necesito nada más así que no tiene nada que hacer aquí.
-Tengo que, señor Cullen – vuelve a replicar cuando él pretende irse, Edward gruñe y la encara de nuevo.
-Mire usted… señorita Swan. O se adapta a lo que hay o se larga, he tenido un maldito mal día y necesito descansar. Haga lo que le dé la gana pero aléjese de mi vista, entendido? – Isabella asiente lentamente y él suspira, pasa una mano por su cara y vuelve a mirar a la mujer de arriba abajo, odia esa ropa, le cubre mucho y el negro no combina con ella – tan solo no se cruce en mi camino, haga los deberes de la casa y estaremos bien. Buenas noches.
-Buenas noches, señor Cullen – musita ella al verlo partir, frunce los labios cuando lo ve subir las escaleras y suspira. Así mismo fue empezar a trabajar para Carlisle así que hará hasta lo imposible para que su jefe de se cuenta de su eficiencia y de que lo necesita. Fue al recibidor y guardó el abrigo del señor Cullen junto con su maletín, fue a la cocina y tomó la caja que decía "compras" que estaba en la alacena, sacó algo de dinero y salió para comprar comida en algún auto mercado, iba a amansar a su jefe a como dé lugar y si era pasando desapercibido también lo logrará.
