Jeanine estaba sentada a mi lado, con la cabeza, literalmente, metida en los libros. Se había quedado dormida sobre un libro que describía como armar y configurar chips electrónicos.
No quise despertarle, no me hubiera gustado que al despertarla me mirara con ese ceño fruncido tan propio de ella. Así que solo seguí estudiando, y me gustaba. Estar ahí prácticamente solo, ya que la compañía de Jeanine, en ese instante, solo constaba de ronquidos silenciosos.
Agradable conversación la nuestra.
Al día siguiente teníamos escuela. Pero estar en la biblioteca de la sede de sabiduría no significaba que teníamos tareas. Era por el placer de estar entre los libros y olfatear el olor de las hojas viejas. Estábamos ahí porque queríamos leer alguna novela. Pero Jeanine termino mostrando interés por aquel libro con pasta azul. Ningún libro es malo. Pero al parecer, ese era el tipo de libros con los que Jeanine caía dormida.
La recepcionista se nos acercó y me dijo que la biblioteca estaba a punto de cerrar. Así que intenté despertar a Jeanine.
-¡Hey Nine!-moví su brazo y le quité el libro que estaba usando como almohada, e intente que no le pasara nada a su cabeza. Pero esta se golpeó en la mesa con un golpe sordo.
Dio un salto y se arregló el cabello, obviamente desorientada.
-Ya estoy despierta, ya estoy despierta-dijo aun adormilada y después dio un bostezo. Eso me hizo reír-.
Y entonces ella frunció el ceño. Ya volvía a ser la misma.
-Ah, ya vámonos-dije con resignación-.
Salimos junto con otras dos personas, la recepcionista se había encargado de informarles a todos que estaban a punto de cerrar por el altavoz.
Mientras caminábamos vi a Jeanine. Siempre habíamos estado juntos, y siempre hacíamos cosas juntos, tanto en la escuela como en la sede de sabiduría.
Nos conocimos el primer día de escuela, entré a clase y no había ningún otro sabiduría que yo, me sentía solo y tenía miedo de que intrepidez me hicieran algo. Y entonces ella llego con su cabello rubio y sus ojos azules a sentarse a mi lado. Nunca me separé de ella, ya no temía que me hicieran daño, temía que se lo hicieran a ella.
-¿En qué piensas Andrew?- Preguntó Jeanine sacándome de mis pensamientos.
-En…-Nunca había sido bueno mintiendo así que respondí con otra pregunta.- ¿Parece que va a llover no? Hay que apresurarnos.
-Primero vamos por algo de beber ¿Vale?
-Está bien-dije mientras ponía una mano en su cintura y nos dirigíamos a la cafetería más cercana.
Cuando llegamos nos sentamos en una mesa pequeña y alrededor de nosotros habían libros y gente discutiendo o concentrada en sus asuntos. Pedí un café y unas galletas mientras que Jeanine pidió un capuccino.
-Ah, por favor Andrew-Jeanine le dio un sorbo a su taza-. Tanto tú, como yo sabemos que abnegación no debería gobernar.
-Tienen una razón para hacerlo Nine-respondí en tono neutro, con la taza de café caliente en mis manos-. Ellos no ansían en poder, por eso están ahí. Para evitar conflictos después.
-¡Y ese es el problema!-Respondió ella con el ceño fruncido.- Necesitamos gobernar nosotros, avanzar juntos. Crecer como una sociedad moderna.
Escuché como gotas caían en el cristal y volteé para ver que ya estaba lloviendo.
-Deja eso para otro día Nine-señalé el cristal con las gotas de agua agrupadas en las orillas y el viento golpeando-. Tenemos que irnos.
No habíamos llevado una sombrilla, así que tuvimos que cubrirnos con nuestras chamarras. Pero no fue muy útil. Cuando lleve a Jeanine a su casa estábamos mojados. Pero cuando yo llegué a la mía.
Estaba hecho sopa.
