Detrás de aquellas infinitas lágrimas, sus ojos irradiaban odio, rencor y temor. Ya no recordaba el dulce rostro de Olya, tenía presente únicamente el placer que el semblante de su asesino reflejaba, la frialdad de su mirada y la fuerza que su mano ejercía sobre los rasgos infantiles de Alexander. Apretó sus puños con fuerza y recitó para si que no debía de ser débil, el mundo era cruel, despiadado… Era un mártir, todos temblaban, agonizaban bajo el filo de sus armas letales. Pero algo dentro suyo brillaba alucinante, el crepitante instinto asesino se doblegaba ante esa sensación quisquillosa, y él estaba desconcertado. No lloraba la muerte de sus Marías, lloraba porque al fin había entendido que su destino únicamente estaba ligado con la muerte. Por ello desistió de seguir sus sentimientos, los mismos que con exasperación hacían latir su corazón, no quería tener lazos que lo amarraran a la frágil existencia del ser humano. Notó que era demasiado tarde, estaba enamorado y su indiferencia dolía… bastante.

S-sasha-kun – tartamudeó la pequeña castaña sentada a su lado – y-yo quiero decirte algo

¿un secreto? – dijo secamente, sin llegar a verla.

T-tu m-me g-g-gustas - el mártir contuvo su rostro sereno. La enfrentó y notó como ella se sonrojaba.

Fumika-san, yo… - y en aquel preciso instante, la beso, como acto reflejo. Su corazón se mantuvo inmóvil, sin emoción. En cambio ella tuvo el impacto del primer beso, la joven Mitarai, pequeña e indefensa jamás tuvo contacto con otro chico. Alexander se puso de pie inmediatamente y sin explicación corrió hacia su salón.

Vaya vaya, teniendo amoríos, pensé que no tenías ningún sentimiento, Martir Sasha – la presencia de Katia, le enfado aun más.

Ah si que su señoría es una entrometida - tajó

Por supuesto, debo saber lo que pasa en mi reino – dijo amargamente , soltando una risita burlona – a propósito, no la encontraras allá arriba…

¡Katia-hime! – gritó la voz chillona de Hana, agitada por correr medio kilometro, se apoyó en una pared cercana para restablecer su oxigeno – h-hay u-un problema… h-ha –habido una explosión

¡¿qué?! ¿Dónde? – Katia la llamo con un gesto de la mano, la muchacha desabotono su blusa a medida que se acercaba a su ama, Alexander subió a prisa las escaleras.


Sasha-kun, Mafuyu… - observó la ventana estrellada con temor – ¡él se la llevo!

Tomo ¿Qué paso aquí? – susurró, azorado, sintiendo la ebullición de su sangre, el corazón latió salvaje, tan fuerte que sentía le atravesaría el pecho y se retorcería en el piso. Sujetó la mano de Tomo, saltaron sobre la escalera metálica recién formada, Katia estaba en los primeros escalones, consternada.

Alexander, la situación es más grave de lo que pensaba, se han llevado a… - pero antes de que pudiera terminar, Sasha susurró la respuesta. – Si, Sasha… esta será la noche más larga que hayamos vivido – dijo segura, dando por suya la victoria. Alexander apretó la pequeña mano de Tomo, había ocurrido en cuestión de segundos y el ultimo recuerdo de ella, era el de sus ojos brillando por las lágrimas cuando él beso a Fumika. Estaba decidido que aquel que pretendiera dañarla iba a sufrir en el fuego eterno de su venganza.

Desnuda sobre una sustancia que hasta el momento desconocía, su menudo cuerpo trataba de moverse, sin conseguirlo, todo estaba borroso, escuchaba el amortiguado goteo de un liquido sobre el fango. Se arrastró ciega, topándose con un obstáculo que respiraba, se convulsionaba y murmuraba cosas sin sentido, quiso gritar pero su garganta estaba seca, tanto que ardía. Luego una presencia que no había sentido, haló su cabello hacia atrás y le arrebato un gritó potente y doloroso.

Oribe Mafuyu – canturreo suave en su oído, la chica se estremeció – grita, grita su nombre, pídele ayuda – carraspeó conteniendo una carcajada - ¿no lo harás?

N-no

El hombre tomó un puño de su cabello y lo estiró con fuerza, pero ella se negaba a gritar, se limitaba a rezar en silencio, su respiración se volvió brusca, estaba enfadado. Las luces se encendieron de pronto, escociéndole los ojos, su mirada cerúlea contemplo repentinamente la escena, formó una mueca de terror, a escasos centímetros suyos, donde su cuerpo reposaba anteriormente, una mujer de unos 20 años, agonizaba sobre su propia sangre, que escurría y se extendía por el piso. Alrededor suyo percibió la respiración agitada de otras mujeres, la sangrienta imagen se repetía por todo el lugar. Abatida deseo cerrar los ojos pero estaba en shock, le era imposible.

No quería lastimarte, ¿sabes? Eres una chica muy linda, pero si es necesario dejarte medio muerta para que él venga aquí, entonces haré mi deber – Mafuyu se giró, topándose con la melancólica mirada de un muchacho poco mayor que ella.

¿por qué? ¿ Por qué lo haces?

No tengo porque explicarte – golpeó con fuerza el rostro femenino, esta solo gimió – no hagas las cosas difíciles… se que esta vez funcionara.

¿esta vez? – indagó, el muchacho asintió con una sonrisa testaruda.

Pensé que atrayendo a Teresa, él vendría a mi – Mafuyu contuvo la respiración momentáneamente, la rabia subió a sus ojos y le causó un escalofrío. Su desdicha al fin tenía nitidez

Así que, tu, imbécil… la mataste para cumplir tu venganza

No, no, ella aceptó venir conmigo

¡mientes! – gritó usando su propio cuerpo para lanzarlo al piso - ¿Cómo te llamas?

Ahora veo, que eres diferente a las demás… mi nombre es, Mijail Nikolaevich her – el puño de la pelirroja se detuvo a corta distancia de su destino, no puede ser, el hermano de Sasha… Sin previo aviso, Misha invirtió los papeles, ella registró todo los detalles en ese semblante sereno, sonrojándose por el parecido entre hermanos, sus ojos de una tonalidad más clara casi esmeralda, el cabello largo, plateado, despeinado, la piel blanca el rostro maduro de un chico de18 años.

¿le haces esto a tu hermano? – sollozo - ¿por qué?

La supervivencia del más fuerte, señorita y algo que estas lejos de entender - dijo arrogante, y antes de que ella pudiese protestar, posó sus labios sobre los de ella.