Buenas amigos, ahí va el segundo capítulo de esta serie de historias. Espero que os guste.
P.D. Para todos los fans de One Piece que quieran rolear, hablar o simplemente conocer otra gente fan de este gran anime se ha creado un foro, del que yo ya soy parte: forum/Foro-One-Piece-Grand-Line/171119/.
PROTECCIÓN (Sanji & Vivi)
PROTECCIÓN
Aquella era la última noche de los Mugiwaras en Arabasta. Entre celebraciones y festines todos los integrantes del barco estaban disfrutando de un buen momento antes de la partida del barco. Sabían, o al menos lo podían suponer, que Vivi no se iría con ellos. Era una princesa, y debía cuidar de su pueblo. Sin embargo aún guardaban una pequeña esperanza de volver a verla subida al Going Merry. Por esa razón nadie habló de ese tema aquella noche. Se habló de comida, de bebida, de aventuras, de sueños y de amistad. Pero nadie le preguntó a Vivi si había tomado ya aquella importante decisión.
A decir verdad ella era quien peor lo estaba pasando. Aunque estaba en una fiesta en honor a los salvadores de su pueblo, no podía evitar soñar sobre su futuro. Se imaginaba en el barco, acompañada de sus amigos, surcando los mares y viviendo increíbles aventuras. Pero, y si fuera así ¿Que pasaría con su pueblo? ¿Quién se quedaría ayudando a reconstruír su país? No podía dejar de recordar a todas sus gentes llorando de felicidad bajo las primeras lluvias en mucho tiempo. Su sueño estaba a punto de cumplirse, pero tenía que quedarse allí para verlo. La princesa salió del castillo para dar un paseo y aclararse las ideas.
Mientras tanto el rubio cocinero, que había escogido un traje azul marino con una corbata beige para su despedida, estaba sentado en las escaleras observando la luna y fumándose un cigarro. Entonces la vio salir. La preciosa muchacha con el pelo azul que le había dejado sin aliento. Con su preciosa melena al viento, su vestido blanco y dorado y una bella cinta a juego que adornaba su cabello y frente, casi parecía un ángel caído del cielo.
- Eh, Vivi-chan – gritó el cocinero.
- Sanji. ¿Porque no dejas de hacerte el interesante con el cigarro y me acompañas a dar un paseo? - dijo ella.
Los dos algo cohibidos decidieron pasear por los alrededores del castillo. El jardín era un precioso lugar lleno de árboles y arbustos. Aunque estaban algo secos resistían el daño del sol, e incluso alguno podía mostrar sus bellas flores. Había también una serie de cabañas de madera, recubiertas con hiedra verde artificial que crecía a su alrededor. En una esquina un laberinto de arbustos verdes encrucijados rodeaba una estatua de un príncipe antaño famoso. Un estanque, vacío hasta hace poco, decoraba el centro del paisaje, reflejando la luz de la luna llena en sus aguas.
Nadie hablaba esa noche. Se hubiese podido oír el canto de los grillos, de no ser porque el barullo de la fiesta que dentro se celebraba lo impedía.
- ¿No tienes frío? ¿Quieres mi chaqueta? - preguntó el cocinero.
- No, estoy bien, muchas gracias. Sanji, ¿Porqué eres siempre tan caballeroso?
- Es mi deber ¿Y tu porqué haces siempre tantas preguntas, Vivi-chan?
- Soy una persona curiosa – dijo mientras le guiñaba un ojo.
- Bien. ¿Hay alguna otra pregunta que quieras hacerme?
- Ui si. Cientos. No me daría tiempo a hacértelas todas.
- Yo contestaría a todas ellas. Aunque si dices que no tienes tiempo... escoge bien la pregunta.
La princesa se mantuvo un rato callada, en silencio. Trataba de pensar en la pregunta mas adecuada que hacerle al cocinero. Y era una cuestión complicada, era un hombre tan misterioso... Ella tenía una enorme duda que corría por su cabeza, acerca de los sentimientos del muchacho. Jamás lo hubiese dicho en voz alta, pero aquella era la última noche que lo vería, y sentía miedo de perderlo. De ser otra mas en su lista de bellas mujeres.
- ¿Qué sientes por mi?
La pregunta dejó en shock a Sanji. Era la primera vez que una mujer se paraba a preguntarle cuales eran sus sentimientos. A pesar de que el los mostrará tan continuamente, alguien quería que se los dijese. Y no era cualquier alguien. Era Vivi-chan, era su princesa. Aquella que le había robado el corazón con conversaciones hasta altas horas de la noche y muchas horas de cocina.
- ¿Quieres que te diga la verdad? Yo te quiero Vivi. Siento que eres la única persona en el mundo con la que puedo hablar sobre todo. Y siento que si mañana te pierdo no volveré a ser el mismo.
- Sanji. Creo que exageras tus sentimientos hacia mi. Yo no noto ninguna diferencia en como nos tratas a mi y a Nami.
- Bueno, es que ambas sois importantes para mi. Mi corazón tiene lugar para todas vosotras.
- Lástima. Yo necesito a alguien que me entregue por completo su corazón.- dijo Vivi mientras se iba.
El muchacho rubio sintió un fuerte dolor en el pecho. Había recibido miles de rechazos por parte de miles de mujeres, pero jamás le habían roto el corazón de aquella manera. No podía terminarse así. No con ella.
- Vivi-chan, espera. - dijo mientras la cogía de la mano. - Visto lo visto, mis promesas no valen nada. Prometí que te protegería y te he fallado. No solo te he visto llorar por el dolor de tu pueblo, sino que acabo de herir tus sentimientos. Pero espero que aún confíes en el valor de mis promesas.
La muchacha, que le miraba con cierta ira, comenzó a comprender que aquello iba en serio al mirarle a los ojos. El jóven rubio agarró a la princesa con fuerza y se sentaron frente al lago.
- Sé que necesitas a alguien que te ame a ti y únicamente a ti. Y yo sé que puedo hacerlo. Lo sé porque no puedo verte sufrir. Porque si miro tus ojos no quiero imaginarme contemplando los de ninguna otra mujer. Porque si hablo contigo sé que tengo todo lo que necesito para ser feliz. Porque si te toco – dijo mientras acariciaba su piel – siento que no necesito a nadie mas a quien tocar.
- Recuerda, Mr. Prince, que yo también te hice una promesa. - dijo ella.
- Nos volveremos a ver cuando ambos hallamos cumplido nuestros sueños. Así que mañana no vendrás con nosotros, princesa.- dijo Sanji dándose cuenta por fin de la realidad - Lo sé, tu sueño está aquí.- dijo señalando la tierra.
- Así es. Y el tuyo está allí. - respondió ella señalando el mar. - Te propongo una cosa, Mr. Prince. Cuando volvamos a vernos, si tu no te has enamorado y yo tampoco lo he hecho volveremos aquí, a este lugar. Y retomaremos esta charla.
- Estaré esperando ese momento, Vivi-chan.
La princesa se dió la vuelta y comenzó a andar hacia su habitación. El corazón le latía a mil por hora. ¿Sería eso el amor? Aquello de lo que tantas veces había oído hablar pero nunca había sentido. El muchacho rubio le impedía pensar con claridad, le nublaba la mente. Odiaba ese extraño carácter de darlo todo por las mujeres. Sin embargo era parte de su esencia, de su encanto. Su caballerosidad no tenía límites, al igual que su sentido del honor. Siempre olía a tabaco, pero era agradable, sobre todo cuando te pasabas unas cuantas horas a su lado, conseguía que el olor fuera adictivo. Todo en ese hombre podía ser adictivo. Aquello no podía terminar así. La princesa, sin pensarlo en realidad, dio media vuelta y comenzó a caminar a paso rápido hacia el cocinero. Cuando estuvo a su lado le agarró de la corbata y tiró hacia ella, acercando así su cuello y su cara. Y sin siquiera haberlo decidido le besó en los labios. Ese beso, tan fuerte, tan inesperado y tan deseado; por fin había llegado. El rubio, que se mostró sorprendido al principio pronto empezó a acostumbrarse a la suavidad de los labios de la muchacha. Correspondió ese beso, tan dulcemente como se merecía, y agarró a la princesa, envolviéndola en un fuerte abrazo del que jamás se quiso deshacer. Al separar sus labios ambos se miraron tímidamente.
- ¿Cómo quieres que me vaya ahora, princesa? - preguntó el cocinero.
- Recuerda nuestra promesa. Nos volveremos a ver. Y te estaré esperando, Mr. Prince.
A la mañana siguiente hubo una dura despedida, en la que Vivi dio un precioso discurso. Sabía que la banda de los Mugiwara no la olvidaría, pero aún así se lo preguntó en alta voz. Un vínculo tan fuerte como la amistad que los unía no iba a olvidarse sin mas. Por eso ella también era una nakama. Y sabía que volverían. La princesa echó una última mirada al barco, donde le enseñaban el símbolo de sus muñecas que les había unido en los momentos más difíciles. Antes de que el barco desapareciera en el mar, el cocinero y la princesa se miraron. Ambos sabían que no sería la última mirada, ambos sabían que habría mas besos y mas charlas nocturnas. Cuando el cumpliera su sueño, claro está.
Bueno, aquí termina la historia... ¡Por ahora! El siguiente capítulo sera un ZoRo, así que espero vuestros reviews! :)
