Todos los personajes son de Stephanie Mayer.
"NEW DOWN"
"Durante un momento lo primero que repare, fue la ausencia de dolor, y entonces abrí los ojos…"
Parpadee fuertemente ,sorprendida por no encontrarme en el salón de ballet llena de cristales rotos, en cambio, una acogedora habitación me recibió.
Con un habilidad poco característica en mí, me incorpore de la cama, aspire hondo, sentí cada aroma embriagarme, desde la madre de la cama, hasta el algodón de mi vestido. Las motas de polvo las podía ver con precisión , e incluso si me lo proponía podía contarlas cada una de ellas.
-Veo que has despertado- Esa voz .. la voz de el, voltee la cabeza a una velocidad impresiónate, que estaría segura, me provocaría una tortícolis terrible, mis ojos lo encontrón sentado en el sillón a lado de la cama, sus ojos, que no era vedes, como con los que soñaba cada noche, en cambio tenían un color dorado, como la mantequilla derretida, y su piel no era de ese color cremoso como lo recordaba, era pálida como la tiza, había cambiado, pero no le daba importancia, porque al fin y al cabo era el, quien tenía frente a mí.
Me miraba con cautela e incluso con miedo en su mirada, se levantó lentamente de sillón, como si temiera que de un momento a otro, temiera que me descontrolaría y le saltara a la yugular.
Un calor agradable, diferente a ese sofocante en el que minutos antes, me invadió en el pecho, y con una sonrisa, lo volee a ver.
-Al fin y al cabo, si llegue al cielo- susurre, caminé hacia el, y como lo había deseado, desde el día que se fue a la guerra hace cinco años, lo abracé con mucha fuerza, temiendo que me dejara, o que solo fuera una ilusión de mi loco cerebro.
-No Bella, no moriste-Frunció el seño.-Nunca morirás..
No entendía lo que decía, pero sentir mi cuerpo cerca de el, hacia que no me importara lo que pasara a mi alrededor, solo reaccione, cuando sus manos me sostuvieron de mi antebrazos, e intentaron separarme de el, yo automáticamente, lo solté.
Una expresión de dolor se instalo en su rostro, lo mire con duda, y para mi desgracia o para mi fortuna, sus labios se estiraron formando una dulce sonrisa.
-¿Qué ocurre?- pregunté indignada por el resiente despreció, este pareció darle gracia mi puchero, ya que se encamino a mi, y ahora el me envolvió con sus brazos, de manera cálida como yo lo recordaba.
-Es solo que ahora eres muy fuerte- me respondió, no entendía de que hablaba, y a cada minuto me sentía mas confundida, pase mis manos por mi pelo, sentía raro mi cuerpo, parecía que había pasado algo muy obvio y yo no me daba cuente de que era, no me di cuenta, pero el cuarto se había empezado a llenar con personas desconocidas para mi , los voltee a mirar, sin comprender a ciencia cierta que ocurría aquí.
-¿No estas sedienta?- un hombre rubio me preguntó, el mismo que había visto en mi sueño.
-No entiendo nada- susurre, mis ojos se encontraron con los de el hombre, que curiosamente tenia el mismo extraño color dorado de Edward.
-No temas, yo te explicare- me respondió, el cambio de postura unos centímetros, lo que destapó el espejo que cubría con su figura, dejando reflejar una mujer desconocida, se exhibía como una belleza que no conocía, voltee, esperándo encontrarla atrás de mi, pero no encontré mas que motas de polvo bailando por el aire, y sin que me diera cuenta, empecé a moverme al espejo, la mujer copiaba mis movimientos, yo me movía, ella se movía, fue cuando estaba enfrente de este, cuando repare que la mujer de belleza singular, y ojos rojos como manzanas era yo…
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La humedad se sentía densa de una manera desesperante en mi piel, probablemente a un humano normal, no le molestaría y lo más seguro es que no lo sentiría.. pero a mi sí…porque había dejado de ser eso, humano.
Vampiro, siete letras, tres sílabas, para mi, una palabra sin importancia, solo una parte más de mi vocabulario, nunca me imagine que esta palabra tomara un significado tan importante en mi vida…
Esas criaturas que me aterraba, y hacia que mi piel se erizara tal cual cuerpo espín, con ojos pequeños y piel arrugada, y filosos dientes que bebían sangre no era un cuento de terror, como yo los consideraba, eran igual de real que un venado que corría por las praderas, y los cangrejos por la arena, una especie mortífera, que hace poco yo, había empezado a formado parte de su raza.
Quizás no tuviéramos los ojos pequeños, ni arrugas por todo el cuerpo, éramos de una belleza despampanante, que podía deslumbrar al más insensible del planeta, el problema, era el propósito de nuestra apariencia: atraerlos… enamorarlos, idolatramos para así convertir mas eficaz nuestra caza… como si lo necesitáramos.
Cuando me entere la base de nuestra alimentación, que Carlisle tuvo a bien a informarme, refute enseguida, sangre.. eso era algo bestial, este solo se limitó a encogerse de hombros, y hablar para sí mismos más que para mí "Eso es lo que somos, bienvenida a la pesadilla", no entendí bien de lo que hablaba, pero tarde poco en entender, la sed se hiso presente en mi garganta, sintiendo una sensación similar como si una plancha al rojo vivo, estuviera pegada a mi garganta, pero aún así refute beber sangre, aun fuera de animal, la forma de alimentación que el clan Cullen, o familia como ellos se preferían llamar, me negué rotundamente, dejando profundamente impresionados a todos, si creer que una "neófita" pudiera resistirse por tanto tiempo al llamado de la sangre.
Los Cullen…la familia de Edward.. tengo vagos recuerdos de Carlisle y su familia de mi vida humana, era el médico de cabecera de la familia Masen, y el maestro de Edward. Al parecer, en una visita de Elizabeth al manicomio de Chicago a dejar algunas prendas, descubrió el secreto de este aquelarre de vampiros, cuando vio a el hijo de doctor, Jasper, escapar con una interna, esta amenazó a la cabeza de clan, de revelar su secreto, si no hacia lo que estuviera en sus manos, para salvar como fuese a Edward…
Fue Ever la que hiso que me rindiera, las ganas de verla eran casi tan grande como esta quemazón, así que derrotada, salí en compañía de Edward a mi primer caza.
-A sí que con Newton ¿Eh?- Empezó distraídamente Edward, mientras que caminábamos tranquilamente por el bosque de regreso a la casa, el traída distraídamente sus manos metidas en los bolsillo del pantalón, y veía al cielo, como si este tuviera algo que nunca hubiera observado.
-Si.. con Newton- solté, una risilla nerviosa se escapó de mi boca.-Un pésimo error.
-¿Error? Yo no lo veo así, gracias a el tienes a tu hija- empezó a hablar, su seño se frunció contrariado.-¿Sabes? Si yo hubiera regresado de la guerra…me refiero a siendo humano, me hubiera plantado en tu casa, enfrentándome con tu padrastro, y hincándome con tu madre para que nos diera la bendición y así poder casarnos, aún tu refutaras, y tuviera que hacer labor de convencimiento también contigo, yo hubiera luchado contra todo el que se me pusiera enfrente, con tal de poder estar contigo, yo contra el mundo… -Soltó un suspiro.
- Me imagino a nosotros, en una casa vieja, sentados en la sala, en lo que tu tocaras el violín, y yo leo una revista de medicina, y varias cabezas de pelo café y cobrizo se arremolinaba a nuestro alrededor, cuanto daría por poder haber hecho realidad nuestros sueños…
La nota nostálgica invadía el ambiente, y si mis ojos todavía pudieran producir lagrimas, estaría bañada en ellas.
Pose un dedo en sus labios para que detuviera su perrogata de sentimientos fallidos, no dejaría que se siguiera atormentando con cosas que no tenían sentido.
-Creí que eras más inteligente Edward, Ever es igual de traviesa que tú cuando tenias su edad, es igualita a ti de pequeño.-Este abrió los ojos desmesuradamente, y estampo tiernamente sus labios en los míos, sujetándome con fuerza por la cadera, de una manera posesiva, una clara manera de decirme que jamás me dejaría.
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Cuando mis ojos se empezaron a aclarar, y a adquirir un tono naranja, por fin me dejaron volver a ver a mi hija.
Estaba sentada en una banca del parque, sosteniendo fuertemente la mano de Edward, que este, desde que descubrió los verdaderos orígenes de Ever, empezó a impartir su rol como si nunca lo hubiera ocupado nadie.
Su olor alcanzaron mis fosas nasales, un olor dulce como el chocolate, me ardió levemente la garganta, como un picor después de comer mucho picante, nada que no pudiera soportar.
-¡Mamí!-Exclamó llena de felicidad al verme caminar por el pasto con margaritas, forcejeó con la mano de Edward, hasta que logro liberarse, y correr hacia mí, abrí mis brazos para recibirla, y esta los acepto gustosa, con sus manos, tomo mis cachetes, y empezó a estrujarlos de manera curiosa.
-¡Oh! Mamá, alguien robó tus ojos cafés- comentó viéndome fijamente.- Y tu piel.. ¿No tienes frio?-Sus ojos denotaban preocupación, y miraba, alrededor de mi cara, buscando mas cambios en mi físico.
-¿Qué te ha pasado?- decidió ser directa al cabo de unos minutos de meditarlo, hubo un silencio sepulcral , hasta que yo recibí de parte de Edward un leve asentimiento de cabeza, caí imperceptible, La eleve de el suelo, cargándola, me sorprendió lo liguera que me resultando hacer esto, y quitándole un rulo cobrizo de la cara, empecé a hablar..
-Ever.. yo cambié…- tragué una saliva inexistente – Soy la misma, solo en una diferente envoltura..¿Entiendes? Una versión más fuerte y resistente, para protegerte mejor de los monstros que dices que viven debajo de tu cama..- Su cara reflejaba un mar de preguntas, se tomo el tabique de la nariz con los dedos pulgar e índice, una expresión que definitivamente la había adquirido de Edward, cerrando los ojos fuertemente, como si estuviera pensando algo de suma importancia.
-Solo tengo una pregunta mamá ¿No me vas a volver a dejar sola?, No me importa que me salves de los monstros, tengo a Emma que hace un excelente trabajo con ellos, con la escoba, solo me importa tenerte a mi lado, para ir contigo en lo que ella hace eso.-Sus labios se estiraron, formando una sonrisa torcida, agarre cariñosamente, su cachete rosado, y le di un beso en la frente.- Prometo no dejarte sola, mientras me necesites.- Finalicé.
Nuestro mundo, fue interrumpido, por un aclaramiento de garganta, las dos volteamos sincronizadamente , Edward nos miraba con sus penetrantes ojos, con una sonrisa de oreja a orejea.
-No las quiero interrumpir, bellas damas, pero nos están esperando- comenzó a hablar Edward, extendiendo en una mano, el saco de Ever, en lo que esta hacia un puchero, y resignada extendía un brazo, para que Edward le colocara el abrigo.
-No entiendo porque yo si lo necesito y ustedes no , ¡Por dios!, están mas fríos que unos muertos, y no llevan nada encima.- Sonreí levemente por sus ocurrencias, la baje, y esta corrió, para alcanzar las manos de Edward y mía.
-Estaremos bien- Contesto Edward guiñándole un ojo.
Una gota impacto con mi frente, fruncí el seño, no me gustaba mojarme, me la retire de la frente con el dedo índice, y la mire con enojo- ¡Oh no! Va a llover, no podre jugar en el patio con Emma cuando llegue a casa- Exclamo también disgusta Ever, pero a diferencia de nosotras el rostro de Edward se asomo una sonrisa.
-Se nos hace tarde..
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En el cielo, un color grisáceo dominaba, conforme avanzábamos en el camino, el bosque se empezaba a espesar, a tal punto, que no distinguías entre cada árbol, al final, un claro se exponía, Ever al lado contiguo a mi, parpadeo por el repentino cambio de luz, de la espesura del bosque, a este lugar, donde los miembros de la familia Cullen se esparcían a todo lo largo.
Nos bajamos del carro, Edward nos detuvo, cuando pensábamos avanzar, hasta el resto de la familia, Ever los miraba con curiosidad, y refunfuño, cuando su padre la detuvo en su inspección de quienes se trataban.
-Falta sus uniformes, y quitarse esa moletas faldas- no entendía lo que decía, hasta que de la cajuela del carro, extrajo uno pantalones, me quede mirándolo, como si de un momento a otro, se empezara a reír, y decirme que era broma, pero se mantenía serio, esperando que los tomara.
-¿Es broma verdad?- No pude evitar preguntar, este me miro indignado.- No te metas con los pantalones, Bella, yo los uso desde que tengo memoria, y son la cosa mas cómoda que existe, ya lo veras, cámbiense, que ya casi empezamos- Todavía refunfuñando, cargue a Ever, y nos dirigimos a cambiarnos.
Cuando salí, encontré a Edward observándonos, Ever, corría como loca por todas partes, diciendo que cosa mas cómoda no podía existir, y que desde este momento, recordara su imagen con falda con cariño, ya que nunca más la volvería ver así.
-Que sexy se ven- Nos alabo, con una sonrisa picara.
-Yo también pensare que eres sexy cuando te vea con un falda.
Sonrió, y meneó la cabeza.-Aún falta algo- me lanzó un objeto blanco, cuando lo estire, se trataba con un playera con rayas, y en la parte de atrás en letras grandes impresas decía "Cullen #7",me la puse en un movimiento fluido, Edward ya se había puesto la suya, solo que a diferencia de la mía traía las letras "Masen #1".
-¿M-masen#2?- leyó confundida Ever, miro a Edward con duda.-Te apellidas como Emma, pero yo no me apellido así, yo soy Newton.- su seño estaba fruncido.
-Ahora ya eres una Masen.-Se limito a contestar Edward, elevándola del suelo, y dándole un suave beso en la mejilla.
El aire frio pegaba con nuestras caras al avanzar para reunirnos con los otros Cullen. El cielo tomaba cada vez un color más obscuro, un claro indicador de la terrible tormenta que caería.
-¿Qué haremos?-Solté de repente a Edward, este me volteo a ver con una sonrisa en la cara .- Un partido- me respondió simplemente, fruncí el seño.
-¿De qué?.
-Baseball.- Respondió, cuando de la nada, el sonido de un objeto volar resonó, la mano de Edward se levanto, recibiendo una bola blanca.-Buen tiro Emmett.
Alice, en la mitad del campo, aspiraba fuertemente, cuando al mismo tiempo que un trueno resonó, iluminándole la mitad de la cara, ella pronunció.-Es hora…
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Seattle,2011
Un agua torrencial caía del cielo, la noche era fría y húmeda, haciendo que el olor de los humanos fuera mas fuerte y penetrante, cuando entramos por las puertas del lugar.
-Señorita. ¿Me podría dar el número de habitación de Ever Masen?-La aterciopelada voz de Edward , hiso que la enfermera girara al instante de que este hablo, quedándose un minuto embobada al verlo, carraspeé la garganta incómoda, esta me volteo a ver, como si no se hubiera fijado en mi, recorriéndome con la mirada, y torciendo levemente la boca al observarme.
-¿Perdón?-preguntó, una sonrisa amable se instalo en mi cara al momento de repetirle la pregunta .-Quisiéramos saber la habitación de Ever Masen.- Esta asintió, y dio una leve checada en su ordenador.
- Es la 230, segundo piso- respondió, Edward salió disparado al elevador, desesperado, sin siquiera dar las gracias a la recepcionista, le di una mirada de disculpas a esta , y lo seguí.
Al momento que se abrieron las puertas, muchas personas en la sala de espera, se mantenían calladas, solo un voz resonaba, eliminado la tensión que hubiera habido si ella no estuviera presente.
-Fred, deja de molestar, ya te dije, y te lo repito, no pienso tomar esas horribles pastillas, el dolor de estomago que producen es peor que la muerte, así que deja de molestar, y ve a molestar a quien te haga caso.-Una leve sonrisa se formo en mi cara, incluso estos momentos, Emma, discutía con su hijo, agitando las manos de un lado a otro, mucha personas la veían con reproche, pero a este le importaba menos de un penique. Sus tan azules ojos, como los recordaba, me contemplaron, y con una sonrisa, se incorporo con trabajo de la silla, y camino hacia nosotros.
-¡Bella!, Oh cariño, sigues igual de cómo te recuerdo, ¿Cuál es tu receta?. No seas envidiosa, que buena falta nos hace a Ever y a mi, bueno, mas a Ever, mi tratamiento de jalea real de Lancome me ha caído de maravilla, pero la vieja testaruda de su hija, dice que son falacias lo que dicen.-Se encogió de hombro, la abracé fuertemente, estrechándola contra mi, como ella lo hiso, cuando me vio por primera, apenas siendo una niña.
-¿Cómo esta?- le susurre al oído, su rostro se desfiguro de dolor por un momento.-Me temo que nada bien.-Contesto.-Pero yo se que lo superara, siempre ha sido fuerte como un roble, casi tanto como yo.-Me guiño un ojo cómplice, y empezó a reír descontroladamente, que fue interrumpido por una fuerte tos.
-No me digas que me no me advertiste de fumar en la adolescencia, si lo se, pero ¿Qué se le hace? Ya lo hise.-Me interrumpió antes que yo, siquiera pudiera abrir la boca, a lado mío, Edward pateaba nerviosamente la pared, le envié una mirada de advertencia, si aplicaba un poco mas de fuerza, ropería la pared.
De la puerta del fondo, un chico de ojos verdes, y pelo castaño salió, su mirada era triste, y grandes augeras se formaban en sus ojos, nos miro con duda a Edward y a mi, pero con una leve sonrisa, nos saludo cortésmente.
-Tía Emma, Es tu turno de pasar- Su voz hablo lento, Emma tomo su mano con cariño.- Patrick , eres un hombre ejemplar, a ayudar así a tu abuela, no cualquiera lo hace en estos tiempos, todo un caballero, tu tatarabuelo estaría orgullo de decir que eres su pariente, igualito de complicado y moralista que el-Nos volteo a ver,-Pero creo que cederé el lugar a mi amiga Bella, ¿La conoces?, apuesto que Ever, prefiere ver caras jóvenes, que la de esta vieja, que solo le causa corajes.-Me guiño un ojo, y me alentó a que pasara.
El olor de desinfectante invadía la habitación, me adentre en ella, y tome el lugar a lado de la cama, donde una silla reposaba.
Ever estaba dormida, así que simplemente tome su mano, y empecé a trazar circulo, se removió ligeramente.
-¿Mamí?- Su voz rasposa sonó, la voltee a ver con una sonrisa.
-Si cariño, duerme, yo me quedare aquí- hablé, esta negó con la cabeza enérgicamente.
-Te quiero- Soltó con dificultad.-Yo también más de lo que te imaginas.-Respondí , y para mi sorpresa, esta rompió a llorar.
-¿Qué te pasa?- Solté preocupada.
-Debo de parecerte desagradable, estoy vieja y llena de arrugas, mi pelo es cano, y todo mi cuerpo falla, ya no debes considerarme tu niña- dijo entre sollozos, me incorpore, y la envolví en mi brazos tiernamente.
-Ever.. tengas la edad que tengas, hagas lo que hagas, recuerda..tu siempre serás mi bebé.-Finalicé.
El aparato que indicaba sus pulsaciones cardiacas, empezó a disminuir, hasta que esa línea que tenia leves palpitaciones, se volvió una línea recta, no pude hacer nada, todo fue demasiado rápido, el agarre de su mano en la mía se disminuyo, hasta que esta no me agarro más…
Espero que les haya gustado, muchas gracias por leerme.
Atte::valeriana25
