Cap2: Patines, tórtolas y familia Evans

El mejor café que haya probado en mi corta vida, de diecisiete años, lo tomé hoy, 21 de diciembre. Odio admitirlo, pero Potter sabe preparar todo tipo de café.

Hoy probé café cortado, lágrima, con mucha crema, descafeinado, bien cargado, puro, con un toque de blandí, algo de ron, capuchino y muchos más. El capuchino es el que más me agradó.

¿Quién diría que James Potter era el rey de la cafeína? Pues es así como se los cuento.

Al quinto café que probaba, ese día, me dí cuenta que no la estábamos pasando tan mal. Yo, sobre todo, por que él me sonreía todo el tiempo, y se carcajeaba de lo lindo con mis historias.

Tengo que reconocer que es gracioso también. Segunda cualidad que le veo. Avísenme cuando le vea muchas, por que no deben igualarse ni mucho menos pasar a la lista de defectos que veo en mi visitante.

-¿Qué hay de tus padres? Digo, sé que vives con Sirius-mencioné y tomé un sorbo del café holandés

-Sí, se peleó con su familia-suspiró mirado al aire-Ellos no son buena gente..¿Sabes..? Gracias a Merlín que Sirius es diferente.

-¡Oh, si!-musité, era de verdad que Sirius era diferente y no le importaba eso de la pureza de sangre, aunque me cayera mas o menos mal y fuera arrogante.-No habla mucho del tema¿cierto, James? Debe dolerle.

-No, no habla mucho-dijo con una sonrisa de medio lado que no comprendí-Me has llamado James, por primera vez.

-¡Oh, eso!-exclamé algo ruborizada, pero apenas-Lo siento.

-No, no..Me encanta, Lily.

-Está bien que nos llamemos por nuestros nombres..Somos jóvenes y eso de los apellidos me suena a Dumbledore-McGongall, pero no le confíes-advertí con una ceja en alto.

-La cafeína te ha hecho mal…¿Por qué no vamos a patinar? Prometiste enseñarme.

-No prometí nada, tú me ordenaste hacerlo.-espeté molesta y llevé las tazas al fregadero.-Aunque te enseño por que además me gusta.

-Es lo único que disfrutas de esta época del año ¿Por qué?-preguntó curioso, con ambos brazos apoyados en la mesada.-Navidad no es solo gordos vestidos de rojo con malas intenciones tras sus barbas como creas, no son estúpidos desafinando en tu puerta, o renos que te comen, Lily..Es..Reunirse en familia, amigos y brindar..Brindar por el momento compartido.

Lo miré, escéptica, pero luego no contuve la risa y él me miró, ceñudo.

-Siento reírme..Pero todo ese discurso no sirvió..No por eso creeré en la Navidad.

-Ya verás, Lily Evans, que al cabo de cuatro días creerás en la Navidad más que en nada-declaró con un dedo levantado. Yo asentí, con los labios apretados para no volver a reírme.

-¿Vamos por los patines? Tengo unos de sobra que te irán bien.

La pista del Parque Central de la ciudad era circular, rodeada de árboles que eran en mayoría pinos, con asientos y un gran puesto donde te cobraban la entrada y estaban los objetos perdidos.

El puesto estaba atendido por un hombre gordo, de cabello y barba blanca que sonreía abiertamente a niños y madres que pagaban entrada.

Cualquiera diría que se trataba de mi peor enemigo, Santa, pero no era más que mi viejo amigo Nicholas.

Eras uno de los pocos amigos que tenía fuera del colegio y lo conocía hace años, desde que vine a patinar por primera vez.

-Lily-llamó con alegría luego de darle su boleto a una mujer-¡Tanto tiempo que no te veía! Tus padres vinieron hace rato con...tu hermana y otro chico..Me extrañó no verte-replicó con los ojos azules entrecerrados. Yo sonreí, divertida. Ese viejito panzón, a pesar de ser similar a mi enemigo, era todo lo contrario.

-Hola Nick-saludé con un beso en la mejilla-No había venido por tarea, ya sabes..Además, dos

semanas de vacaciones no son nada.

James me jaló suavemente por el hombro, recordándome su presencia. Yo asentí y se lo

presenté como "un amigo de la escuela"

-No sé por qué, jovencito, pero me parece haberte visto..antes-proclamó el anciano con una

sonrisilla que no logré comprender.

-No, no lo creo..Vivo muy lejos de aquí-respondió James seguro y tranquilo-¿Vamos?-me tendió

la mano, emocionado. Debería ser paciente con el chico y este deporte muggle nada fácil.

Suspiré, me tomé de la baranda y le indiqué que hiciera lo mismo.

-Todo se basa en deslizarse con el cuerpo hacia fuera-expliqué inclinando mi cuerpo hacia fuera-Como si estuvieras sentado.

-¿Así?-preguntó sacando demasiado el trasero. Oh, Merlín, qué trasero.

Yo solté una risa divertida y asentí.

-Muy bien..ahora debes concentrar todo tu peso en el patín..Distribúyelo en el centro..Sí, así es..Ahora, no queda más que comenzar a deslizarte..Uno, dos, uno, dos-James se deslizaba con cuidado, ayudado por la baranda y mi mano-Muy bien, lo estás haciendo bien.

-Nunca había patinado sobre hielo..Es genial.-espetó emocionado, como un niño-Ahora, suéltame que quiero hacerlo solo.

-James, no creo que sea buena..-Se cayó, de espaldas, inmerso en un ataque de risas de él, mías y de todos los presentes-¿Estás bien? ¡Te dije que no me soltaras!-me hinqué a su lado y él asintió, aún carcajeándose.-¡Arriba, vamos! No me vuelvas a soltar-amenacé con un dedo y el chico asintió, sonriente-¿Qué?

-Que no lo volveré a hacer-Me atrajo por el brazo, y me abrazó. Oh, merlín, que aroma.

-¡Suéltame!

-Pero si tu dijiste que..

-¡Es para que no te caigas, idiota!-le dije molesta, alejada lo suficiente para no olfatear su cuello.-Ahora por pesado, te quedas ahí parado que yo quiero patinar sola.

-Pero Lily no..-Le sonreí, con burla y me deslicé hacia el otro lado. Comencé a patinar hacia atrás, adelante, en círculos, haciendo formas, palomitas y diversos saltos que en mis años de patín sobre hielo yo misma había aprendido, viendo, solamente. Sin profesores ni nada.

-¡Asombroso!-oí que James gritaba cuando dí ese salto triple tan difícil, riesgoso y popular. Muchos niños también se acercaron a verlo, entre unos "Ohh" y "Ahh" de impresión. Yo estaba muy sonrojada, pero orgullosa a la vez.

-¿Qué te pareció eso?-pregunté llegando hacia el chico, agitada.

-Fue..increíble. ¡Nunca había visto algo igual! Eres muy buena..¿Por qué nunca dijiste nada en el colegio?

-Yo..no me gusta llamar la atención por estas cosas-exclamé sonrojada y James me observó, con una sonrisa burlona-Vale, tengo ego como todos y debo alimentarlo..Pero aquí, donde nadie me conoce como la estudiosa de Evans, pero en el colegio.. ¡Pufff! Vé a decirle a todos nuestros compañeros que soy una campeona olímpica de patín y se te reirán en la cara.

-No, lo creo así-contestó pensativo, deslizándose en círculos alrededor de mí. Lentamente, y con cuidado-Debes.,,debes..demostrarles que detrás de los libros hay algo mejor, algo que pueden llegar a ver..y que..les puede gustar.

-¿Algo como qué? No me interesa que me vean nada-espeté algo molesta, sin entender por qué-Yo soy como soy y me basta con que mis amigos me conozcan.

-Yo solo decía..Que si quieres darte a conocer, podrías mostrar todo esto hermoso que haces y que vean ese algo que yo veo en ti-Bajé la mirada, avergonzada pero luego la levanté. No quería que pensara que me intimidaría con esas palabras bajas. No eran bajas, sino altas para mi ego.

-Bueno..¿Vamos yendo? Aún tengo que preparar la cena y decirles a mis padres que te quedarás unos días.-Asintió, con una sonrisa y me tomó de la mano para salir de la pista-Mañana, si quieres, podríamos venir..y seguir con tu entrenamiento.

-Está bien-asintió sentando, sacándose los patines. Su cabello, caía muy bien sobre sus anteojos. ¿Tiene ojos avellana? Nunca lo había notado. No, no. Otras virtudes: su perfume, sus ojos, su cabello, su trasero. Basta, Merlín, basta. Potter es arrogante, bravucón, mujeriego, presumido y egocéntrico. Un suspiro de alivio se me escapa de los labios. Sí, he recobrado mi imagen de él.-Además, tengo a la mejor profesora.

-No exageres.

-No, no lo hago..¿Acaso no viste como te observaban todos alrededor? Estaban anonadados..especialmente los niños. Tengo a la mejor profesores y aprenderé rápido. Soy deportista nato, recuérdalo-Ahí con su presunción, de nuevo. Le pegué un puñetazo en el hombro. ¿Es que no podía ser malo en algo que yo resaltara?

-¡Auch!

-Eso te pasa por tienes un alto ego..¿Es que no me puedes dejar disfrutar el momento? Soy mala en Quidditch y en todos los deportes que he practicado..pero este, es mío-amenacé con el cejo fruncido. James soltó una risita molesta y luego se calló, asustado.

-Se vé linda cuando se enoja-le oí susurrar cuando salíamos de la pista.

-Adiós, Nick..Volveremos mañana-anuncié a mi viejo y gordo amigo, ataviado en un suéter de color ojo con un reno en el medio. Así se parecía más a mi peor enemigo.-No me gusta tu suéter.

-Sabía que dirías eso-contestó divertido y me obsequió una bota tejida de color rojo y verde, rellena de chocolates-Sé que no te gustan, pero acéptalas por venir de mi persona.

Yo asentí y la tomé por respeto.

-Un gusto conocerte, muchacho-James le estrechó la mano y recibió otra bota, agradeciendo.-Espero que este chico te haga cambiar de opinión con respecto a esta fiesta, Lily.

-Siempre tienes la esperanza-le dije con una sonrisa falsa y me retiré con los patines y la odiosa bota en la mano.

-¿Eres amiga de un hombre que se parece a Santa?-preguntó incrédulo y burlesco-Eres imposible.

Yo le volví a pegar, en el hombro y se quejó escandalosamente, de nuevo.

-Te demandaré por maltrato, mujer golpeadora.

Yo sonreí, maliciosa y paré frente a él, con los brazos en jarra.

-Después de mi súper cena de esta noche, no te darán ganas más que de alabarme.

La compensación de la que hablaba no se hizo esperar, comenzando con galletas de jengibre que había horneado el día anterior. Sí, las típicas en forma de hombrecitos y decoradas con glasé de colores. Es otra cosa que amaba, además de patinar.

-La cocina es mi fuerte-le dije con orgullo brotando por cada poro de mi piel-Gané cuatro concursos regionales de cocina-James asintió, sorprendido, viendo algunos diplomas colgados en la pared de la cocina.

-Están buenísimas…Pero..saben extraño-soltó masticando una, saboreándola-Es como sí..tuvieran un ingrediente que..

-Nadie lo sabe, secreto especial de la familia Evans.

-¡Apuesto que esa receta ha pasado por generaciones!-Asentí, con una sonrisa.-Pero ya sé que tiene: anís y canela.

Lo miré con los ojos desorbitados. ¿Cómo pudo darse cuenta de que..? Nadie nunca lo había adivinado.

-Tienes el paladar muy desarrollado o..

-Mi abuela tenía una despensa llena de especias e ingredientes-comentó limpiando su boca con la servilleta. Era delgada, aunque con gracia y cuando la cerraba, no era más que una línea algo gruesa, pero me gustaba.

-No debes decírselo a nadie, por favor.

Asintió y largó un discurso sobre la solemnidad de palabra de un merodeador, bla, bla, bla. Fue interrumpido por el sonido de unas llaves en el picaporte y la voz de mi madre, pronunciando mi nombre.

-Lily mira quien ha..-Mi madre se sorprendió un poco al ver la compañía-Lily, no nos habías avisado que teníamos visitas.

-Es que ha caído de sorpresa-expliqué sonrojada, sin entender por qué-Es un compañero de la escuela, James Potter.

El chico estrechó la mano de mi madre, pero ella, cariñosa en exceso, lo abrazó dejándolo sin respiración.

-Me da gusto que los amigos de Lily vengan de vez en cuando..¿Sabes..? Se siente algo sola en las vacaciones de Navidad..además de no gustarle, no tiene muchos amigos en el vecindario y..

-Mamá, ya está-pedí muy sonrojada viendo como James abría la boca para preguntar algo-¿Margaret?-pregunté viendo a la prima de mi padre, más joven que la última vez-¿Cómo estas?

La mujer, de unos cincuenta años, me estrujó de la misma forma que lo había echo mi madre con el pobre de James. Me toqué el cuello, para verificar mi circulación sanguínea y luego presenté a James con voz entrecortada.

-Gusto en conocerte, jovencito..¿Con qué tienes amigos guapos y nos los traes, eh? Dime, muchachito, ¿Mi sobrina es buena compañera? Por que los Evans siempre se han caracterizado por ser gente buena, solidaria y..

-Lily-la voz grave de mi padre entró en la cocina junto con él, que miró a James algo hosco. Oh, no, a papá no le gustaban los "amigos" que podíamos llevar a casa. Y mucho menos luego de Vernon Dursley, la última desdichada adquisición de mi hermana.-¿A quién tenemos el gusto de tener?-evaluó a James con la mirada, y este se la sostenía con nervios y vergüenza.

-James Potter, señor, gusto en conocerlo-se adelantó extendiendo la mano. Mi padre lo vio con desconfianza durante algunos segundos que me parecieron eternos. Pude ver el rostro impasible y molesto de mi madre, el gesto en los ojos de tía Margaret, extrañada, el rostro de James, deseando que la tierra lo tragase, yo avergonzada y mi padre, duro y serio.

-Gusto, muchacho-la estrechó con una sonrisa bonachona aunque no del todo amable. Un suspiro de alivio compartido de mi madre y de mi, hizo voltear a mi padre, extrañado.-¿Qué?

-Nada, nada-exclamé más tranquila-James se quedará a cenar..Ha venido a visitarme por unos días antes de regresar al Colegio.

-Sí, espero no estorbar.-exclamó James con una modestia que a mí, me sorprendió. ¡Já! Ya quisiera verlo así de mansito cuando le pedía las mil y una citas a cada chica que veía pasar.

-¡Oh, no querido! Claro que no..Será un gusto tenerte estos días con nosotros..¿Te quedarás en Navidad? Por que hacemos unas celebraciones sencillas, pero bien familiares.

Me golpeé mentalmente. Mi madre era demasiado servicial y bocona ¿Cómo iba a invitarlo a pasar Navidad con nosotros? No me imaginaba cantando junto a toda mi familia lejana, con el gordo novio de Pet tocando el piano y James con un gorro estúpido de duende, haciendo los coros. Era horroroso y estúpido.

-No-dijo para mi alivio y seguro que para el de él, propio. Una Navidad en casa de los Evans era tan empalagosamente navideña, peor que la de los Locos Adams.-Mis padres están de viaje pero regresan el día veinticuatro..Así que..Tengo que volver a casa.

-¡Oh, ya veo!-exclamó mi padre con un gesto en los ojos que no entendí. ¿Era alivio como el mío o pesar, como había dicho? Era alivio, obviamente. A mi papá no le hacía gracia invitar a un supuesto amigo mío a las fiestas familiares, aunque era solidario, no era idiota como mi madre, que en Navidades pasadas invitó a un par de indigentes de la calle.-Podríamos charlar del colegio en estos días que vienes, James.

¿James? ¡Qué rápido había agarrado confianza! Ni con el novio-cerdo de mi hermana había adquirido el diálogo que tenía con el chico, al que por lo menos decía por su nombre de pila y no "Dursley" con ese tono pesado y cansado que usaba. No, con James era simpático, en un punto. Y no lo fingía.

-Lily no nos cuenta mucho sobre Hogwarts..Prefiere guárdaselo para ella.-intervino tía Margaret curiosa-Tenemos interés en saber más sobre su mundo.

-James es hijo de magos y él les dirá todo lo necesario que quieran saber..Pero yo, necesito ir a la tienda por las cosas para la cena.

-Lily, yo la preparo-se ofreció mi madre con un deje de complicidad que me horrorizó.¿Pensaba que quería quedarme con James a charlar? Estaba cada vez más chalada.

-No, mamá, gracias..Además, también querrás saber más sobre Hogwarts-miré a James con compasión pero el chico me sonrió con sinceridad. Estaría bien.-Cuéntales todo lo que se puede…por que lo que no entiendan luego me lo cargo yo.

Solté una risita, tomé mi bufanda y mi campera color azul. Afuera había una ventisca de nieve, ligera, pero que te calaba el frío hasta los huesos.

Ingresé en la tienda de comestibles y tomé una canastilla de la parte delantera. ¿Qué cenaríamos? Las pastas se me antojaban, y lo primero que vi fueron ravioles. No, no algo más rápido. ¿Fideos? Sí, apuesto que con alguna salsa especial que James nunca había probado. ¿Al pesto? ¿A los cuatro quesos?¿Salsa blanca?¿Con albahaca y cebolla? Aggh. Cebolla nunca más, luego del ex novio de Pet al que le llamaban Cesar, el aliento a muerto.

Un momento. Me detuve en medio del pasillo de heladeras, como si me hubiera dado cuenta recién de algo realmente asombroso, que cambiaría mi vida. Un reponedor, me miró, preocupado, peor no le hize caso.

¿Yo..estaba pensando en qué salsa le gustaría a James? ¿Desde cuando si él para mi era un gillipollas que..? Era mi invitado, por eso era. Yo era tan servicial y buena anfitriona como mi madre, aunque más fría con eso de invitar a quien venga a casa.

A los cuatro quesos, estaría bien. Algunas bebidas, entre ellas cerveza muggle que a mi tía le gustaba un poco y demás cosas para mañana a la tarde y el desayuno.

Fui hasta la caja rápida, de pocos artículos. Tomé un par de chicles sabor menta y una cajita de hisopos. No es que nunca me limpiara las ojeras, pero se me estaban acabando. Delante de mí había una moja, con túnica negra en la parte inferior y blanca, en su cabeza y rostro. Se volteó para sacar el último artículo del canasto. Era anciana, con algunas arrugas, pero linda.

-Son..ochenta y cinco con setenta libras-anunció la joven cajera de párpados caídos y mandíbula cuadrada. Estaba que se dormía.

La monja sacó su monedero y le tendió a la muchacha la plata justa. Luego de "Diós te bendiga, hija mía" salió de la caja con algunas bolsas en mano.

-Soy atea-explicó la chica en susurro-¿En efectivo o con tarjeta?

-Efectivo-contesté vaciando el canasto y viendo como el número en el visor iba aumentando hasta llegar al último producto.

-Treinta y cuatro con doce libras-anunció, le tendí un billete de cincuenta y me dio el vuelto con el ticket de compra-Hasta luego, Feliz Navidad.

-No creo en eso...pero igualmente-respondí con los hombros en alto. Al salir de la caja me topé con treinta libras en el suelo. Giré la cabeza en todas las direcciones y noté que la tienda ya estaba cerrando, pocas personas estaban allí, además de mí, las cajeras, un guardia y dos clientes. No eran míos, y ni pensaba en dárselos a alguien allí. El guardia se los quedaría. Pensé que serían de la monja y de seguro se le habían caído al abrir su monedero. O si no, ella los aprovecharía, por lo menos.

La campanilla de la puerta sonó, y miré instintivamente. La monja recién estaba saliendo, no sé por qué se había demorado tanto, pero agradecí que así fuera.

Corrí lo más que pude, cerrando la puerta con violencia, acompañado de la ventisca de nieve y grité que se detuviera, antes de llegar a la esquina.

Caminé con prisa hasta llegar a ella y le tendí los billetes como pude, cargada de bolsas.

-¡Oh, hija mía! Diós agradece las contribuciones, en especial esta época del año, con tantas necesidades-exclamó emocionada, y tomó el dinero que acabó dentro de un bolsillo de su tapado de lana raída-Los niños de la parroquia necesitan juguetes, chocolate caliente, mantas y sábanas nueves..y con esto, contribuyes a que esos niños sean felices aunque sea en Navidad.

Yo estaba muy sonrojada. Nunca había donado ni dinero ni nada a ninguna parroquia. Me sentía horrible, pero debía decirle la verdad.

-Yo…ese dinero no es mío-expliqué sintiendo que mis pies estaban entumecidos, por el frío-Los hallé en el suelo luego de que usted pagó..Deben ser suyos, y si no lo son, úselos para esos niños.

-Gracias, de todas maneras-cabeceó ligeramente y se dio vuelta para irse, pero la retuve-Perdone, hermana..pero..-busqué dentro de un bolsillo y saqué el poco dinero que me había sobrado-..son..dieciséis libras y centavos..No es mucho pero..espero que le ayude. Feliz Navidad.

La hermana se guardó el dinero en el bolsillo, y tras pensarlo unos segundos, me llamó con un "Ven, chica" muy bajo. Tenía tanto frío como yo.

-¿Sí?

-Mira..No muchos jóvenes se interesan en la caridad-explicó con una sonrisa afable.-Y valoro mucho tu ayuda..Los niños, como te dije, lo valoran-Sacó un adorno blanco de su bolsillo. Eran dos palomas blancas, al parecer, una prendía de la otra-Son tórtolas.

-¡Oh, son hermosas!

-Eran para el árbol de la parroquia, pero quiero que los conserves-me los tendió, bajo su guante gris pero yo los rechacé con una mano-Sí, tienes que aceptarlos.

-No creo que pueda.

-Sí, vamos..Quiero que las tengas-los tomé, temblorosamente, con pudor-Las tórtolas significan paz, compañerismo y unión..Dáselos a alguien que quieras mucho, para que siempre te recuerde.

-Nunca me habían dado algo así..Tan significativo-solté emocionada, viendo al prendedor con concentración.-Gracias, Hermana.

-Soy la Hermana Cecile, de la Parroquia de St. Mary..Pásate si quieres uno de estos días..Los niños necesitan nuevos amigos.

-Sí, prometo hacerlo

-Feliz Navidad-me deseó con una sonrisa, volteó y paró el primer taxi que pasaba.

-¡Feliz Navidad, Hermana!-le grité sacudiendo la mano. Juré, haber visto tras el vidrio empañado del auto, que ella me saludaba con la mano.

Apreté las tórtolas contra mi mano, luego las guardé en mi bolsillo y regresé a casa, para hacer la cena.

Una tórtola, obviamente, me la quedaría yo..Pero la otra, debía dársela a alguien especial. Muy especial. Mis pares, no, a ellos los quería mucho y los tenía siempre. A Pet, no, no lo ameritaba, aunque me dolía reconocerlo. A tía Margaret, no, era muy querida pero no indispensable. A alguna de mis amigas, no, tampoco. Alguien con el cual me sintiera feliz, muy feliz..y si del cual me separara, me dolería mucho. No sé si hasta el punto de querer morirme, pero si desesperarme.

¿A quién se los daría? ¿A quién? Fugazmente pasó el nombre de James por mi mente, pero era imposible. A penas nos conocíamos, y si bien lo había aceptado con esa tonta historia de mi regalo (que de seguro él había averiguado o espiado, y había aprovechado) me asustaba la idea de que fuera verdad.

Si de verdad se merecía la otra tórtola, debía esperar y ver que sucedía.

Durante la cena se pudo decir que James fue el centro de atención, con sus relatos sobre sus aventuras con los merodeadores (así se hacían llamar, haciendo alusión a que vagaban por los lugares más insólitos del castillo. Sabían sobre pasadizos, caminos y trampas del castillo como nadie). Tía Margaret bromeaba con la idea de conocer a alguno de los amigos adinerados de los padres de James, recalcando hasta el cansancio que era soltera, educada y se adaptaba al cambio lujoso con facilidad. James sonrió y dijo que tenía alguien en mente para ella.

Mamá se emocionó cuando James le alabó la decoración de la casa, y el café que al último tomamos, contando que era experto en todo tipo de café, que en otra ocasión, prometió a mi padre que haría.

A papá le cayó tan pero tan bien, que luego del postre( otro lucimiento mío: isla flotante de caramelo), le pidió que volviera cuando quisiera, que esta era su casa y que algún día debía conocer a sus padres. Oh, oh. Esa idea no me gustó para nada..¿Acaso papá pensaba que James y yo..? Oh, no, por favor Merlín y toda tu sabia magia.

En toda la cena yo la pasé, bien, en realidad. Reí al igual que toda mi familia de las anécdotas del chico, y sumé algún que otro comentario respecto de los datos que contaba sobre el mundo mágico. El muchacho tenía carisma, algo de "ángel", como lo llaman que no se puede negar. No tenía que hacer esfuerzos para caer bien.

Miré mi reloj y eran las doce pasadas. ¡Como se había pasado el tiempo entre tanta charla! Entre la cena, el postre, los cafés en la sala de estar, y un juego eterno de ajedrez entre mi padre y un muy concentrado James, se me pasó la noche volando.

-Regresa cuando quieras, hijo-recalcó papá por undécima vez, yo rodé los ojos, cansada-Me debes una revancha por ese partido..¿Cómo es que sabes ganarme a mí, Campeón del Club Central de Surrey?

-¿Suerte?-preguntó arreglándose el cuello de su chaqueta-Aprendí a los seis y de ahí no he parado de jugar con mis amigos.

-Quiero jugar ajedrez mágico-exclamó con la emoción de un niño pequeño, esperando por Santa.

-Prometo traerle uno, Sr Evans.

-¡No seas tan formal, James!-pidió mi madre acercándose con un paquete envuelto. Oh, no. Mi madre y su solidaridad de nuevo.-Llámalo Mark, y a mí, Elisa..Estas son para el viaje.

-Las galletas de Lily son un clásico-chilló Tía Margaret con una a medio comer-Adiós, hijo. Y recuerda tu promesa..Estoy en busca de un nuevo marido.

Yo me pasé las manos por el rostro, avergonzada. Odiaba cuando mi familia salía a resaltar sus defectos o "mostrar la hilacha", algo muy común en los Evans. Y más cuando Tía Margaret andaba por ahí pidiendo marido.

-Ya vas por el tercero, mujer-observó mi padre, con una sonrisa. James rió, levemente, saludó a mi madre con un beso en la mejilla, otro a Tía Margaret y a mi padre le estrechó la mano.-Adiós James, un gusto.

-¡Qué la visita se repita!

-Eso espero, Mark, Margaret, Elisa..Buenos noches-saludó con un ladeo de cabeza, por caballeroso para mi gusto. Pero, eso es lo que vendía ¿no?

-Te acompaño-le dije saliendo a la fría noche. Por lo menos la ventisca había parado, pero el frío me caló los huesos de vuelta. La sensación de entumecimiento me volvió y recordé la escena con la monja Cecile.-Lamento todo eso.

James enarcó una ceja, confundido.

-¿Qué cosa? Son muy agradables.

-¡Vamos! Son pesadísimos..En serio, lamento lo que tuviste que pasar..Debí advertirte que mi padre es muy competitivo y pesado, mi madre agobiante y mi tía una mujer solterona desesperada-expliqué con los labios algo morados. Estaba congelándome-¡Pobrecillo! Debiste ver tu rostro cuando mi tía mencionaba que buscaba esposo.. ¡Es tan vulgar a veces! Lo lamento, de verdad.

-¡Lily, detente!-me pidió con la voz algo elevada. Yo abrí los ojos, sorprendida-No tienes que disculparte por tu familia, es genial.

-¿Qué?-pregunté atónita-¿Cómo..como..puedes creer que mi familia es genial?..Sí ellos..

-Lily, son geniales.-repitió con una sonrisa sincera que me dio a entender que no mentía. No estaba diciéndolo para quedar bien-Ellos son hospitalarios, sociables y muy buena gente..Me alegra haberlos conocido.

-Pero mi padre..

-Lily, tu padre es muy buena onda.

-¿De..Verdad?-alcé las cejas. Era el primero que pensaba eso de mi padre. James asintió, divertido por mi incredulidad- Pues..creo que le has caído bien…Cosa algo rara.

-¿Por qué?

-Es chapado a la antigua y aburrido-expliqué frotándome las manos, por el frío-No le gusta que traigamos amigos hombres-chisté la lengua y James rió-Odia al novio de mi hermana..aunque eso viene de familia.

-Bueno..pues..me alegro haberle caído bien, supongo.

-Sí.

Miré hacia un costado, donde una pareja venía abrazada, dándose calor. Entraron por un callejón oscuro, riendo y hablando bien fuerte. Volví la mirada hacia James y este me miraba con una intensidad que me enfriaba más. Era una mirada que me ponía nerviosa y me dejaba sin qué decir. Merlín, ahí va de nuevo. No, no, no. Puede que sea encantador con tu familia, pero no deja de ser el capullo que siempre fue contigo. ¡No va a cambiar por un día de diversión que ha pasado conmigo!

-Debo..irme-le dije y volteé para mirar la puerta de mi casa.

-Lily..¿Querrías dar un paseo?..Conozco un lugar donde hay una banda tocando.

-¿A..estas horas?-pregunté y tragué saliva. Debía controlarme y no delatarme.

-Sí, tocan jazz o algo así.-Yo asentí y enredé mi brazo alrededor del suyo. Debíamos pegarnos por el frío, o de lo contrario, nos encontrarían con una hipotermia en la mitad del camino.

Llegamos al final de la peatonal, tras caminar varios minutos, pegados el uno al otro. Yo creía que me iba a dar un vuelco al corazón y lo iba a terminar besando, pero recordé sus frías palabras conmigo en el colegio y la idea se me borró, al instante.

Había varios bancos de plaza, dispersos alrededor de una fuente donde el había hielo en vez de agua y algunas lámparas de alumbrado público alrededor, en forma concéntrica. Había una pareja sentada en uno de los primeros, más allá, un par de chicas jóvenes bailando graciosamente alrededor de una lámpara. Una pareja de viejos escuchaba siguiendo la música con el pie y algo de tarareo, una mujer y su pequeño hijo, escuchaban con atención, como si estuvieran en una clase de escuela. Por último, un hombre fumaba un cigarrillo, al lado de la fuente y sonreía a la saxofonista de la banda.

-Son músicos ambulantes-me explicó James y se sentó en un banco. Al instante se puso de pie, yo sonreí, divertida-Se me está helando el trasero.

-Lo supuse.

Se me quedó mirando el tapado gris y la boina haciendo juego, como si fuera un cuadro de pintura muy interesante.

-¿Qué? Me lo regaló Tía Margaret las Navidades pasadas..y..me gusta.

-No, no lo iba a criticar-se atajó con las manos como un escudo-Te iba a decir que te queda muy bien.

-Gracias.

Él asintió, e hizo una reverencia estúpidamente exagerada con la mano y un pie.

-¿Baila, Mi Lady?

-¿Y si te digo que no?-pregunté, en desafío.

-Te lo pediré a gritos y no querrás dejarme en ridículo en frente de toda esta gente-exclamó con una cara de inocencia infantil que me hizo reír. Tomé su mano, me atrajo por la cintura y comenzamos a movernos lentamente al ritmo bien marcado de la música jazz.

La banda era realmente buena y siguieron con una canción más movida. Un paso a la izquierda, otro a la derecha, esquivar el banco, la farola y una vuelta.

-Bailas muy bien-le reconocí luego de la vuelta, nuestros rostros quedaron cara a cara.

-¿Estás disfrutando tu regalo, Lily?

-Yo..yo..yo..

Me calló con un dedo sobre mis labios, por Merlín. Este chico me desataba mil sensaciones que nunca había experimentado. Tenía frío, estaba temblando y estremecida por el roce.

-No me tienes que responder ahora.

-¿Entonces para qué preguntas?

-Solo quería saber como reaccionabas-respondió, maliciosamente-Y te has puesto nerviosa..Eso significa que sí lo estás disfrutando.

-Tú...me caes bien, supongo.-atiné a decir, con la frente perlada de sudor. ¡Me estaba presionando mucho, el muy maldito! Desearía haber tenido a mi perra Campanita para que lo mordiera y salir corriendo de allí, pero era demasiado aniñado y fantasioso.

-¿Solo..Eso?

-Si..Se está haciendo tarde y mis padres se preocuparán-dije mirando hacia ambos lados, con las manos alrededor de mis brazos-Creo que me tengo que ir.

-Sí, yo también..¿Te acompaño a casa?

-No, está bien.

-Cuídate..-me susurró luego de un beso en la mejilla y una sonrisa de esas que te dejan si aliento. Merlín, ayúdame a recuperarlo.

Cuando llegué a casa Tía Margaret se había ido, y mi madre estaba muy dormida en el sillón, junto a mi padre, sentando en una silla y con los ojos a medio demasiado mal estos viejos cotillas.

Y me enteré cuando terminé de subir las escaleras y mi madre dijo a media voz "¡La niña se ha echado un qué novio!