¡Hola! Sí, regresé con otro capitulo del fic. Para muchos que pensaron, no es un one-shot ni un two-shot. Son varios capitulos, en realidad.

Muchas gracias por los reviews, que malamente no tuve tiempo de contestarlos. Pero que proximamente haré.

Bueno, no los molesto más y disfruten del capitulo.

Ya saben. Nada de esto me pertenece... sin fines lucrativos... blah, blah, blah.

Nos vemos abajo.


Capitulo II

En sus dos años de estar en Hogwarts nunca había dejado de sorprenderse de las maravillas que el castillo y sus alrededores le mostraban cada día.

Y desde que había entrado a tercero, nada de eso había cambiado.

Quizás sólo que los fines de semanas se convirtieran en sus días favoritos.

Por una parte, estaban las salidas a Hogsmeade.

Hogsmeade era un pueblo maravilloso lleno de magia.

Y cuando fue por primera vez se encargó de recorrer en el mismo día todo el pueblo ('Aunque tuve que traer a rastras a Albus y a Malfoy para sacarlos de Sortilegios Weasley').

Honeydukes le encantó, hasta se compró dos bolsas repletas de varitas de regaliz, ranas de chocolate, meigas fritas y muchos tipos de dulces más. Aunque eso sí, compró pergamino y tinta en La Casa de las Plumas. Albus compró infinidad de artículos de broma ('El tío George nos dio un cincuenta por ciento de descuento si prometíamos utilizarlo para gastarle una broma a Filch o a su gata mínimo'). Y al finalizar Malfoy los había invitado a tomar una cerveza de mantequilla a las Tres Escobas.

¡Ah! Las Tres Escobas era su lugar favorito después de un agitado día de compras en el pueblo. Uno podía charlar a gusto sin interrupción alguna y el ambiente simplemente le encantaba: El lugar siempre estaba lleno y en invierno se encontraba calientito.

— ¿Estas sosteniendo bien la planta? — le preguntó el profesor Longbottom sacándola de su trance.

— S-si — asintió y cuando la trasladó de maceta se quitó las gafas de protección y se sacudió el sudor de su frente.

— Bien, ahora llénalo de tierra.

Pero por otra parte, estaban los fines de semana en los que pasaba las mañanas después del desayuno ayudando a su profesor favorito en los invernaderos. Ella nunca ha sido buena ni mala en Herbología, pero siempre daba lo mejor de sí en todas sus clases ('Siempre me he preguntado de porqué será' '¡Cállate Malfoy!')

Hace un mes atrás, después de sus caminatas matutinas cerca de los invernaderos ('Estabas espiándolo, no te hagas' '¡Qué te calles de una buena vez, Malfoy!') Neville se percató de su presencia y le preguntó que si quería darle una mano. ¿Cómo podía decirle no? Le fue imposible. Y desde ese día iba todos los sábados y domingos en la mañana a ayudarlo en pequeños trabajos.

— Muchas gracias, Rose — casi eran pocas veces que la tuteaba. Cosa absurda puesto que lo conocía casi de toda su vida, pero cuando entró a Hogwarts las cosas cambiaron y se tuvo que conformar con que la llamara Weasley. — Eres de mucha ayuda, pero ¿sabes? No me molesto si me dices que ya te enfadaste de estar aquí en vez de ir con tus amigos a Hogsmeade.

— No es ninguna molestia. La herbolaria me gusta mucho — casi se mordía la lengua — Además ya me estaba enfadando un poco Hogsmeade — cruzó los dedos. Neville la miro un poco perplejo pero luego sonrió.

— De acuerdo entonces, nos vemos el próximo sábado… ¡Espera! — gritó como recordando algo muy importante— Toma. Es como una forma de agradecimiento de mi parte — Rose observó lo que tenía en su mano: era una rana de chocolate. Ella asintió con la cabeza, un poco feliz, un poco avergonzada y salió de ahí sin decir más.

¿Cómo lamentarse el no ir a Hogsmeade, si pasaba toda una mañana junto a la persona más atenta que había conocido?

Era obvio que prefería estar en los invernaderos, toda sudorosa y enlodada que en las Tres Escobas tomando una buena cerveza de mantequilla. ¿Así de loco sonaba?

— Por esa sonrisa de idiota, de seguro vienes de los invernaderos — Rose no volteó para saber de quien era esa voz. Scorpius Malfoy estaba pasando por esa etapa en donde los chicos cambiaban de voz y uno que otro gallo le delataba; y a Rose le encantaba burlarse de ello.

— ¿Por qué no estás en Hogsmeade con Albus en vez de estar fastidiáaaandome? — preguntó imitando sus gallos.

— Ja. Ja. Eres muy graciosa ¿lo sabías?

— ¿Y donde está? — preguntó Rose ignorándolo.

— ¿Yo que sé? Soy su amigo, no su sombra — Ella lo miró incrédula — Se fue al estadio de quiddicht, escuché algo como entrenamiento de equipo…

— ¿Y que hace Al ahí? — le interrumpió Rose. Scorpius se encogió los hombros.

— Su hermano se lo llevó a rastras sin decir más. Supongo que nos lo contará cuando lo veamos. ¿Te diriges a tu sala común?

— Sí, estoy toda sucia. Hoy tuve que echarle deshechos de pixie a las macetas, no fue una experiencia de lo más agradable… y me dejó toda maloliente.

— Oh, vaya. Eso lo explica todo — agregó tapándose la nariz — Pero Weasley, que yo supiera tú no vas a los invernaderos entre semana ¿Segura que te tallas bien? — Rose cerró los puños enojada pero se dio cuenta que estaba apachurrando algo…

— ¡Mi rana! — Miró la envoltura que se había abierto y la rana escapó por una ventana, rápidamente sacó su cabeza y observó como unos niños de primero que pasaban corriendo la pisaban

— Creo que ya no podrás comerla. — dijo Scorpius con retintín. Pero Rose no le escuchaba, sólo miraba fijamente los trozos del chocolate embarrados en el pasto… — ¿Weasley? — La chica reaccionó y lo volteó a ver, y no con buena cara.

— ¡Mira lo que hiciste bruto!

— ¡Pero si yo no hice nada! ¡Además era una simple rana de chocolate!

— ¡Claro que no! Ya estarás contento — Malfoy intentó alegar — ¡Ahora déjame en paz! — Y sin más, salió casi marchando hacía la sala común de Gryffindor.

— Por Merlín, Weasley — le gritó desde el pasillo — Tengo cientos de dulces en mi…

— ¡Yo no quiero tus cochinos dulces! — vociferó desde la otra punta del corredor.

— ¡Loca! — murmuró molesto y todavía sin entender nada. ¡Le estaba ofreciendo sus mejores dulces! ¡De los que su abuela Narcisa le enviaba cada mes! Es más, ni siquiera a Albus (a quien lo consideraba su mejor amigo) le había dado alguno

— ¡Oí eso!

— ¡Me alegra saberlo, así no tendré que repetírtelo! ¡Loca!

— ¿Adivina qué? Genio ¡Me lo acabas de repetir!

-

Cuando llegó a su sala común, llegó hecha una furia. Nadie la volteó a ver, más que unos chicos de primero que cometieron el error de señalarla con el dedo índice. Pobres, Rose les regañó al mas puro estilo Granger (tanto así que su madre hubiera estado de cierto modo orgullosa). Solamente subió a su habitación por algo de ropa limpia y una toalla y se fue directamente a los baños.

Al entrar se encontró con Elizabeth Wood, una compañera suya de su curso que estaba en el equipo de quiddicht; le sorprendió encontrársela ahí.

— Hola Elizabeth — saludó educadamente, la chica se estaba exprimiendo su cabello con la toalla.

— Qué tal, Rose. ¿Has estado en los invernaderos? — Preguntó, Rose se sorprendió ¿Tenía razón Malfoy? ¿Tanto se le notaba? — Digo, es que traes la túnica que usamos generalmente cuando entramos ahí.

— Ah sí, he estado ayudando al profesor Longbottom en algunas cosas — silencio incómodo — ¿Tu porque no estás en el estadio de quiddicht? — Rose acomodó su ropa encima de una silla y entró a una de las duchas — Escuché algo como que hoy había entrenamiento…

— Así es. Pero yo ya no estoy en el equipo…

— ¿Qué? ¿Por qué? No conozco a otra chica (excepto mi tía Ginny) que ame tanto el quiddicht, como lo amas tú.

— Lo sé — Rose escuchó que murmuraba una maldición — No fue por mi propia decisión ¿Sabes?: Me tuve que retirar, tú sabes, por mi problema del corazón. — Rose asintió, todo Gryffindor sabía de lo delicado que era el estado de salud de Elizabeth Wood.

Ella quiso decir que en verdad lo sentía, pero sabía que con decirle eso no la iba a ayudar en nada, sólo aumentar el mal humor de su compañera. Así que dejó que siguiera hablando.

— El medimago ha dicho que debo evitar las emociones fuertes por ahora. Por supuesto mi papá dice que es una tontería, pero mi mamá no quiere arriesgarse.

— Creo que es lo mejor, Elizabeth. — Rose abrió el grifo y el agua caliente cayó al instante. — No debes perder las esperanzas, encontraran de seguro un corazón compatible contigo pronto y el próximo año estarás como nueva y regresarás al equipo.

— Muchas gracias, Rose. ¿Sabes? Albus Potter ahora va a ser el buscador…

— Ahora entiendo el porque James se lo llevó sin dar ninguna explicación — murmuró Rose para sí, Elizabeth no la escuchó.

— James tuvo que convencer a mi hermano para que lo dejara suplantarme. Albus no había audicionado y no estaba en la lista de suplentes y a mi hermano no se le hizo justo. Pero cuando Alex lo vio encima de una escoba, no lo dudó y lo aceptó. — relató Elizabeth

— Albus es bueno, lo debo admitir, pero no es como James. Él tiene un don innato para el quiddicht, cuando lo ves, no sé como explicarlo pero parece como si estuviera en donde debe de estar, como en su elemento, como si…

—Hablas como si te gustara — bromeó Rose mientras se tallaba su cabello con el shampoo.

— ¿Yo con James Potter? ¿El bromista número uno de Hogwarts? — Rose escuchó como reía. Hubiera jurado que su risa era un poco nerviosa y si la hubiera visto sabría que se encontraba sonrojada. ¿Era posible? ¡Nah! — Bueno Rose, me tengo que ir ¡Hasta luego!

— ¡Hasta luego, Elizabeth!

No siguió con más conclusiones. Elizabeth Wood era una buena chica y conocía lo suficiente a James, como para saber que nada saldría bueno de esa relación…

Soltó una pequeña carcajada.

¿Ella hablando de buenas relaciones?

Salió de la ducha al poco tiempo; más despejada de la mente. Regresó de nuevo a su dormitorio se sentó en su cama. Camille Applebone se encontraba también allí, buscando al parecer algo pero la ignoró. No se hablaban mucho desde el incidente del año pasado: Camille estaba de cierto modo avergonzada con su actitud frente al veritaserum y Rose avergonzada por ponerle veritaserum a su bebida también. Aun cuando hubiera sido un acto justificado.

Miró si tenía algún deber pendiente. Ninguno. Suspiró.

¡Cómo tenía ganas de una cerveza de mantequilla en ese momento!

Sin poder evitarlo el pensamiento de él se le vino a la mente.

Se recostó con una sonrisilla en la cara. ¿Cómo era posible que se sintiera esto a su profesor de Herbología? Digo, ¡Tiene la edad de su padre!… Debía admitir que al principio sentía hacía él una especie de cariño fraternal, como de ese que Lily siente hacía Teddy, pero después todo fue diferente. Su corazón se le aceleraba tanto que casi temía que se saliera del pecho cada vez que la miraba a los ojos y sus piernas se volvían gelatina cada vez que sonreía.

Albus ('Yo se lo tuve que decir. La verdad es que eres muy obvia, Weasley, pero tu primo es medio lento' 'Sigo enojada contigo, ¿lo olvidas, Malfoy?') fue la primera persona en enterarse. Ni siquiera su madre sabía ¡Le daba tanta vergüenza decirle todo lo que le pasaba cuando veía al profesor Longbottom! Así que prometió guardar el secreto.

A veces se sentía un poco estúpida porque nada podría pasar entre ellos… ¡Merlín! ¡Que era de la edad de sus padres y además estaba casado! Pero no podía evitar pensar en él, por más que intentara. ¡Simplemente no podía y ya!

Temía que ese sentimiento no se alejara de ella pronto y a la vez que lo hiciera. Era tan confuso… Todo en realidad.

— Emm, disculpa… esto ¿Rose? — una voz la trajo de nuevo al mundo real.

— ¿Ah? — no pudo evitar sorprenderse de quien la había llamado. ¡Vaya! Que no todos los días Camille le dirigía la palabra.

— No encuentro a Lynx — recordó que Lynx era el nombre de su gata— Pensé que estaría en la sala común pero tampoco está. ¿La has visto? Ya lleva varias horas sin aparecerse… — Rose pestañeó.

— No, lo siento Camille.

-

No había vuelto a hablar con Camille después del domingo pasado ni mucho menos visto a su gata. Ni tampoco tiempo para soñar despierta con su profesor de Herbología.

Estaba muy atareada, todos los profesores le habían dejado tarea, tenía una reunión en el club de encantamientos y además le había prometido a Albus ayudarlo en un ensayo que el profesor Bins les dejó ('y que gracias a Merlín ya terminé')…

— ¿Y a dónde me dirigía? — se preguntó en voz alta. Y de pronto recordó que tenía que ir a la biblioteca para adelantar por lo menos dos trabajos. Cuando llegó se encontró con su primo y con Malfoy.

Por un minuto dudó en entrar y sentarse con ellos; no le había dirigido la palabra a Malfoy en cuatro días enteros y eso era un record: Si bien se peleaban cada cinco minutos, al minuto se volvían a hablar; pero ahora era diferente.

Rose estaba realmente molesta con él porque ni siquiera le pidió disculpas y Scorpius alegaba que no se iba a disculpar por algo que no cometió y ella nomás buscaba una mínima razón para enojarse con él y degradarlo.

Cuando iba a sentarse en otro lado y hacerse como la que no los vio, Al levantó el brazo y le señalo la silla que tenía al lado de él, claramente invitándola a sentarse junto a ellos. Suspiró y se dirigió hacía su primo.

— Qué bueno que llegas Rose, quise iniciar con el ensayo de historia, pero me di cuenta de que no tenía ningún apunte… — murmuró bajo la atenta mirada de Madame Pince.

— Aquí tienes — le entregó un rollo de pergamino que había sacado de su mochila — ahora tengo que hacer más cosas, así que sólo básate y no lo copies tal cual, ¿de acuerdo?

La cara de Albus y ni que decir la de Malfoy, era un poema.

— ¿Me vas a dejar que copie tu trabajo? — preguntó incrédulo.

— Sí y no, ya te dije que sólo te voy a dejar que te bases en él — volvió a suspirar.

— ¡Gracias Rose! — susurró lo más alto que pudo y se adentró en su trabajo. Ella asintió y sacó de tu mochila la tinta y el pergamino necesario para hacer los deberes.

Siguió un rato mas escribiendo y escuchando el rasgar de la pluma en el pergamino que tanto le gustaba hasta que sintió un par de ojos mirándola. Levantó la vista pero sólo se encontró con su primo concentrado anotando algunas cosas y a Scorpius leyendo un libro de Defensa Contra las Artes Oscuras; se encogió de hombros y volvió a lo suyo. Otra vez lo sintió y levantó rápidamente la vista. Nada. De nuevo volvió a lo suyo pero ahora un poco nerviosa y a la vez molesta. Harta fingió dejar un libro en su mochila y sin pensarlo otra vez se volteó. Fue inevitable y atrapó a Malfoy en la movida.

— ¿Quisieras hacerme el grandísimo favor de dejar de mirarme? — le retó. Si Scorpius estaba un poco avergonzado de verse descubierto, lo ocultó muy bien. Albus mandó al pepino su redacción de historia y miró de reojo la situación.

— Hasta que te dignas hablarme — Rodó los ojos. — Y yo no te estaba mirando. Deja de pensar que eres la gran cosa.

Una gran sarta de groserías que había escuchado de su papá en todos estos años inundaron su cerebro pero no pudo sacarlas por su boca, por que a ella la inculcaron a no repetirlas.

Con las manos temblorosas de furia tomó todas sus cosas con prisa y las arremetió en su mochila sin delicadeza alguna.

— No. Pienso. Perder. Mi. Tiempo. Contigo. — susurró casi con veneno y sin decir más salió de ahí.

¡Estaba fastidiada! ¡Harta! ¿Nunca iba a llevarse la fiesta en paz con él? ¿Por qué no podía ser como su profesor de Herbología? Amable, responsable y amigable. Pero lo que más le molestaba era que le molestara que le hubiera dicho que no era la gran cosa… Espera ¿Estaba comparándolo con su jefe de casa? ¿Qué no estaba molesto con él porque no le había pedido disculpas y encima le negara porque le estaba mirando aun cuando ella le cachó? Definitivamente necesitaba azúcar en su organismo. ¡Estaba delirando!

— ¡Weasley! — Al parecer Scorpius la había seguido.

— ¡Aléjate de mí, Malfoy! ¡Te lo advierto! — bramó fuera de sí.

— ¿Podrías tranquilizarte? Estas armando un escándalo por nada. — Odiaba cuando usaba ese tono de sabelotodo y que lo usaba cuando marcaba lo obvio. Ella sólo podía usarlo.

— No — empezó a acelerar su andar y Malfoy la siguió de cerca. Ahora no podía calmarse. Necesitaba una enorme tableta de chocolate, leer algún libro, hablar con el profesor Longbottom, romperle la nariz a Scorpius. La cuarta opción era tentadora, pero ella era demasiado pacifista para hacerlo. Así que la tercera le convenció más.

Se dio cuenta en que piso se encontraba y exactamente en que pasillo y dobló una esquina rápido, metiéndose debajo de pasadizo que cubría una cortina y salió corriendo de ahí como alma que la lleva el diablo; sólo por si Malfoy tenía conocimiento de este.

Recorrió pasillos, bajó y subió escaleras hasta que dio con el despacho de su jefe de casa. Tocó la puerta y esperó hasta que escuchó un 'adelante'. Entró pero no le gustó lo que se encontró:

Su profesor se encontraba sentado en el escritorio con una mueca seria y del otro lado se encontraba una compañera de su casa, igualmente sentada pero con la pierna cruzada mostrando algo más que sus pantorrillas.

Era bien sabido por todo Hogwarts de la famita que se cargaba Susan Cadwallader, una chica de séptimo año, bastante guapa e inteligente pero que lastimosamente usaba sus encantos para beneficios propios.

— Oh Rose, ¿Qué te trae por aquí? — le preguntó Neville y ella observó que estaba un poco aliviado por su visita. Susan se volteó a mirarla con una sonrisa simpática que Rose no respondió.

— Yo… — miró como Susan se mordía el labio inferior y acentuó más su entrecejo — Yo sólo quería charlar con usted. ¿Interrumpo algo? — preguntó suspicazmente.

— Por supuesto que no. La señorita Cadwallader ya se iba. — Susan se levantó y sacudió su túnica.

— Así es — se levantó pero luego se volteó a verlo — Espero profesor, que pueda hacer algo con el nuevo compañero que me puso. Gracias. — Y sin más, se retiró.

Neville sonrió conciliadoramente a Rose, pero ella siguió con el ceño fruncido y cruzada de brazos.

— Toma asiento, Rose. — Ella obedeció.

— ¿A qué ha venido? — Bueno, ella no era una chica que le gustaran los rodeos. Y debía admitirlo: estaba un poquitín celosa.

— ¿Eh? ¡Ah! Cadwallader sólo ha venido a persuadirme a que le cambie de compañero en un proyecto que les dejé para fin de año. Pero no creo que sea posible. Creo que se tendrá que acostumbrar a no obtener lo que siempre quiere. — Esa respuesta le encantó y dejó de cruzar los brazos, pero aun un poco recelosa.

— Ah. ¿Y cómo está Hannah? — Si bien no le agradaba la tabernera del 'Caldero Chorreante' (por obvias razones) era la única mujer que permitía en la vida de su profesor — Mi madre me ha dicho que está enorme.

Neville sonrió ensoñadamente.

— Así es. Está a inicios del tercer trimestre. El sanador ha dicho que el bebé nacerá a finales de agosto. ¿Té? — Rose aceptó silenciosamente.

— Me-me alegro mucho por usted y-y su esposa, por supuesto. — Le picaron los ojos. ¿Ella estaba feliz?

Se volvió a sentir una tonta. Era más que obvio que él estaba perdidamente enamorado de su esposa y de su próximo bebé y que ella nunca tuvo una oportunidad con él. Pero ver como sonreía y que su mirada brillara cada vez que mencionaba su nombre era encantadoramente amargo. Tonta. Ella había ido con él para sentirse mejor, no peor. Y no solamente se sentía tonta por eso, si no por parecer una niñita encaprichada y con los sentimientos a flor de piel. Como si estuviera en una especie de telenovela de las que tanto odiaba por todas las cursilerías e infortunios que le pasaban a la hueca de la protagonista. Y ella no era una hueca protagonista. Ella tenía dignidad.

— ¿Te pasa algo? — preguntó confundido su profesor.

— No es nada— Se talló los ojos y bebió de su taza. — Es simplemente que me causa emoción este tipo de cosas. Es todo.

— Entiendo. Pero supongo que no es precisamente hablar acerca de mi esposa lo que te trajo aquí. ¿O si?

— Emm… — Rose no sabía que decir. Sin predeterminarlo había llegado a una conclusión, que le iba a costar más de lo que pensaba. En realidad… — Sólo vine a decir que no voy a poder ir más a los invernaderos —…la solución ya la había sabido desde antes, pero nunca quiso verla: Tendría que obligarse a ver a Neville con el cariño que se le tiene a un tío o quizás a un padre y tratar de distanciar lazos con él.

— ¿Por qué?

— Pues… he estado pensando y me he sobre limitado. Casi no paso tiempo con mis amigos y tengo que ponerme también al corriente con mis deberes y mis afiliaciones. No lo tome a mal — apresuró a decir — me encantaba ayudarlo, pero es mejor así. Créame. — El profesor Longbottom pestañeó sorprendido pero luego continuó apacible.

— Está bien, Rose. No hay ningún problema — Sonrió y se sirvió mas té. Ella se levantó.

— Bueno, esto. Me tengo que ir, todavía tengo un ensayo de herbología que mi profesor me dejó. Espero que él me ponga un Sobresaliente — Bromeó.

— Sólo si es realmente bueno.

— Yo creo que sí. Lo es.

-

Al salir del despacho no pudo soportar más las lágrimas y las dejó salir. Era extraño como hace unos días soñaba con una vida perfecta, siendo profesora de aritmancia o transformaciones y viviendo al lado de Neville. Y ahora renunciar a algo que quizás nunca iba a conseguir era un poco más difícil que renunciar a algo que tenías por lo menos alguna mínima oportunidad; debía ser el hecho de que hubiera malgastado su tiempo soñando despierta tantos años. Ya no sabía con exactitud. Ya no se sentía segura de muchas cosas realmente.

— Aquí estás.

Se sobresaltó y rápidamente se limpió todo vestigio de su llanto con la manga de su túnica.

— Realmente no estoy de humor, Scorpius.

— Tu nunca estas de… espera un momento ¿Cómo me llamaste? — Preguntó sin poder creerlo. Rose se sorbió la nariz y suspiró.

— Scorpius. ¿Ese es tu nombre, no? — El se sentó a su lado.

— Tú nunca me has llamado por mi nombre. Creí que te gustaba más llamarme 'cretino', 'idiota' o simplemente Malfoy.

— Yo nunca te he dicho idiota.

— Pero debes de haberlo pensado más de una vez. — Se encogió de hombros.

— Eso es muy cierto — miró el suelo y luego lo volteó a ver.

— ¿Has estado llorando?

— ¡Qué observador!

— ¡De verdad lo siento, pero no es para que te pongas a llorar! ¿Sabes?

— ¿Y quien ha dicho que he estado llorando por causa tuya? ¿Eh? ¡Tú tampoco eres la gran cosa! — se cruzó de brazos enojada y Scorpius frunció el ceño.

— ¿Qué ha pasado entonces? ¿O acaso lloras de la nada?

— ¿Desde cuando somos tan amigos para que yo decida contarte lo que me pasa? — Si, debió admitirlo, fue algo brusca.

— Eres cabezona. Yo sólo vine a pedirte disculpas. Pero eso me pasa por querer ser amable contigo. Nada bueno resulta de esto — Se levantó. — Y para que lo sepas, fue sólo una rana de chocolate. No un relicario de tu abuela o algo así.

— El chocolate me lo regaló el profesor Longbottom — confesó como si confesara el secreto mas grande de su vida. Malfoy la miró. — Por eso me molesté tanto contigo. Es todo. — Él se volvió a sentar.

— Ustedes las chicas se complican la vida.

— ¡Eso no es verdad! — Scorpius alzó las cejas — ¡Eres un cretino, Malfoy!

— Pensé que ya era Scorpius — Dijo con mejor humor al ver que Rose sonreía.

— No cuando te comportas como un neandertal.

— Esa es nueva, pero bueno, ¿Me vas a decir por que estabas llorando?

— No.

— Entonces regresemos a la biblioteca, Albus debe estar preocupado.

— Espera ¿No tienes ni una mínima curiosidad?

— No te voy a rogar si es eso lo que piensas. — Se volvió a levantar y ayudó a Rose a hacerlo.

— Lo sé. — Se miró los pies — ¿Scorpius?

— ¿Qué sucede ahora?

— Gracias.

Cuando lo dijo, fue realmente sincera. Y no lo dijo solamente por haberla ayudado a levantarse. Si no por muchas cosas más y esperó que él lo entendiera. Quizás no se lo diría ahora, a lo mejor dentro de muchos años más, pero junto con Albus, ella lo consideraba su mejor amigo.

— De nada, Rose.

Sólo esperaba que su papá lo comprendiera.

¿Cómo ven? Hubo mas acercamiento entre los protagonistas; quizás no del que ustedes pudieron haber esperado pero bueno, algo es algo.

Espero que realmente les haya gustado. A mi me ha gustado como quedó. Con un Scorpius no tan sensible pero tampoco frío. Y una Rose cabezota (como Malfoy la denomina) que es demasiado orgullosa y temperamental como para llorar frente de nadie ni mucho menos decirle a su amigo/enemigo el motivo de su llanto.

Pobre Rose, su amor imposible al final resultó verdaderamente imposible. No la culpemos. Si yo tuviera un profesor como Neville, creo que yo también me enamoraria de él. Pero ella no es tonta y ha sabido como actuar para mantener su dignidad intacta. Y debemos tomarlo en cuenta, muchas chicas a la edad de trece, catorce años no actuan precisamente de forma madura.

Otra aclaración. Scorpius es un pseudo Ron/Draco, ni Rose una pseudo Hermione, ni Albus es un pseudo Harry. Por lo que tienen pensamientos diferentes a ellos y formas de actuar diferentes a ellos.

Con lo que Albus es buscador, bueno pues tengo mis motivos. Él no es tan bueno como su padre lo fue(de hecho, ese merito lo tiene James, como Elizabeth dice) igual, le encanta jugarlo, como igual detesta ser el centro de atención. Pero no ha tenido otra mas que aceptar ayudar a su hermano mayor. Esto ha tenido un porque, definitivamente. Pero no digo más, porque me gusta dejar picada a la gente :)

En verdad aprecié sus comentarios. De verdad muchas gracias. Y espero haber aclarado algunas cosillas.

Nos vemos la proxima. No olviden dejar review, aunque sea para que digan: Me gustó, no me gustó, lo adoré, lo detesté. Vamos, que yo recibo de todo. No discrimino.

Maureen Evans