Aclaraciones:

En la dictadura debido a la falta de alimento se implantó la cartilla de razonamiento para diferentes comidas.

Antes de la dictadura, desde 1930 a 1936 estuvo la 2a república española. La república se veía como algo ideal y perfecto en el régimen franquista, aunque también había tenido sus desperfectos dando lugar a varios muertos. No obstante, tuvo buenos periodos donde los españoles gozaban de varios derechos. Los que la seguían apoyando son llamados "rojos".

Eso fue todo, creo

...o..o...o...

Los rayos de sol entraron por la persiana ligeramente subida de su habitación. Entre abrió los ojos para luego girar sobre sí mismo y acomodarse mejor. No pensaba moverse de ahí. Se escucharon unos sonidos procedentes del salón, sacándolo del trance en el que estaba. No le dio demasiada importancia. Supuso que sería su hermano abriendo el establecimiento, aunque al ver que todavía eran las seis de la mañana, se preocupó, no asustó ya que él no era asustadizo como su hermano, simplemente se preocupó un poquito.

Se levantó de la cama sin hacer ruido y agarró lo primero que podría propinar un golpe contundente al posible ladrón. Hizo acopio de su valentía y abrió la puerta, despacio. Asomó la cabeza por el hueco antes de salir mientras alzaba todavía con ambas manos la lámpara de su mesilla de noche. El sonido provenía de la entrada.

Abrió de golpe la puerta que conducía al recibidor y levantó con fiereza su arma implacable, pero la dejó caer al ver a su hermano en la oscuridad.

-¿Feliciano?

-¿V-ve? Fratello... ¡Ho-hola!- Sonrió, mostrando nerviosismo y en su rostro y un deje de preocupación en su mirada- ¿Qué haces despierto a esta hora?

-Eso me pregunto yo. Escuché ruidos y vine a ver, pero solamente era mi tonto fratellino. ¿Qué haces aquí?

-Yo... también escuché ruidos y vine a asegurarme de que no era nada...

Lovino alzó una ceja, ofendido por escuchar aquella mentira de su hermano. Este habría ido a la habitación del mayor para pedirle ayuda o similar, pero no atreverse a ir e inspeccionar.

-Está bien. Paso de discutir. Si te estás viendo con alguien, puedes decírmelo. Soy tu hermano. Incluso te apoyaré. Necesitamos una mujer en esta casa, así que...

El joven de ojos marrones asintió con nerviosismo y salió dando un portazo rápido. Lovino volvió a su cama y hasta pasadas las doce no volvió a levantarse.

Con toda la modorra del mundo, salió de cama y bajó hasta el bar tras vestirse con pocas ganas. Su hermano estaba charlando amigablemente con su amigo alemán, Ludwig. Lovino detestaba a los alemanes, aunque en especial ese. Tenía una relación demasiado cercana con el italiano menor.

-¡Mira quién se ha despertado!

-Cierra la boca- Gruñó mientras recogía el periódico de encima de la barra, como solía hacer y luego se giraba para volver a su salón.

-Necesito que vayas a comprar un par de cosas, fratello- Pidió con tono cantarín Feliciano mientras se levantaba a atender a un cliente-. La lista está en la barra.

El italiano de ojos color miel resopló en voz alta y dio una patada al aire, para luego salir del establecimiento con la lista y su cartilla en la mano.

Un frío propio de Noviembre se hizo notar nada más pisar la calle, golpeando sus mejillas.

Lovino se encogió un poco, estremeciéndose. Realmente no tenía ganas de salir.

Con toda la prisa que pudo, llegó a la tienda para comprar todo lo necesario y salir cargado con prácticamente todo licores.

Por culpa de las bolsas, caminó un rato con dificultad hasta que decidió detenerse en el primer banco que encontró. En ese momento deseó que el estúpido guardia civil que había conocido se pasease por allí como había hecho la última vez y que le ayudara con sus fuertes brazos...

Espera. Lovino no había pensado que el otro tuviera buenos brazos, simplemente pensaba que era fuerte, o eso parecía. Había podido cargar a su hermano sin muchos problemas. No tenía pensamientos homosexuales ni mucho menos. No era uno de esos despreciables errores.

Volvió a coger las bolsas, todavía algo confundido, y siguió su camino torpemente y sin ver exactamente porque estas le cubrían parte de su campo de visión. Algo se golpeó contra él, o más bien se golpeó contra algo, terminando el italiano por caer hacia atrás. Ese "algo" recogió las bolsas en el aire, evitando que tocaran el suelo y las botellas terminaran rompiéndose.

-¿Estás bien?- Preguntó el alemán extendiendo su mano para ayudarle a levantarse.

-¡No me toques, bastardo patatero!- apartó su propia mano, la cual había acercado por puro instinto.

-Feliciano estaba preocupado porque tardabas y me pidió ir a buscarte.

-Pues vale. No me interesa.

Ludwig suspiró y siguió su camino a casa cargando las bolsas, seguido de cerca por el mayor de los Vargas, el cual refunfuñaba un poco por lo bajo. No le había gustado haber sido "salvado" de romper la compra por el alemán, mas había sido culpa del rubio ese hecho, ya que estaba en medio.

Ambos entraron en el más absoluto silencio en el bar, donde Feliciano charlaba alegremente con un joven pálido y con pelo color ceniza, albino al parecer. Bebía una cerveza y solía señalarse a sí mismo mientras hablaba. Lo hacía a gritos.

-Oh. Si es mi asombroso hermano menor- Dijo el chico de ojos color carmesí mientras dejaba la bebida sobre la mesa-. Tú debes de ser el hermano de Feli.

El italiano con ojos color ámbar se encogió de hombros. Lo que le faltaba. Otro alemán, y este era más ruidoso.

-Yo soy Gilbert, el más asombroso hombre que podrás encontrar. Kesesesese- Rio de forma curiosa-. ¿Y cuál es el nombre de la persona que tiene el honor de hablar con mi asombroso yo?

-Vete a la mierda, segundo macho patatas- Escupió con pocas ganas- No sé qué estúpida manía tiene mi hermano de juntarse con gente de vuestro país pero paso de meterme en medio.

Se quitó el abrigo y entró a su casa, dejando a los otros terriblemente confusos.

-Eso no ha sido asombroso- Soltó el hermano mayor de los alemanes-. ¿Qué bicho le ha picado a tu hermano?

-Ve... No le gustan los alemanes. Los culpa de haber empezado la gran guerra. Tuvimos que dejar Italia por ella...

El castaño entró en su habitación y cogió el primer libro de los pocos que tenía en la estantería para luego echarle un ojo por encima. Al leer aquellas palabras en italiano, la nostalgia le cubrió como un velo negro. Realmente extrañaba su hogar.

Cerca de las siete comenzó su turno. Como siempre, se sentó en su sitio. La taberna estaba desierta. Parecía como la gente ya conocía los horarios de los hermanos y siempre que era su turno, muchas menos personas visitaban el establecimiento. Eso en parte era mejor ya que se libraba de tener que hablar con españoles idiotas los cuales se quejaban de cualquier tontería que se le pasara por la cabeza.

Se preguntó si Antonio volvería. Llevaba dos noches seguidas viniendo, y aunque daba bastante propina, siempre se quedaba demasiado tiempo, y Lovino necesitaba dormir.

El alemán albino entró allí y le dedicó una mirada con cierto desprecio a Lovino, el cual se la devolvió con el doble de desagrado.

-¿Has visto a mi hermano?

-¿Por qué lo iba a haber visto?- Alzó una ceja, molesto- ¿Crees que me importa una mierda dónde está o algo?

-Había quedado con tu hermano, y se nos hace tarde.

-Son las siete. ¿Para los estúpidos alemanes eso es tarde?

-Los alemanes somos jodidamente geniales, ¿vale?- Sonrió tratando de mostrar superioridad-, pero un tonto italiano como tú no puede entenderlo.

El mencionado gruñó, cruzándose de brazos y mirar a ambos lados, bastante molesto. Se levantó de su asiento y abrió la puerta a su casa.

-Voy a buscar a tu asqueroso hermano patatero. No vuelvas a tocarme los cojones. Si quieres pasar por aquí, ni se te ocurra hacerlo en mí maldito turno.

Cerró la puerta de un portazo fuerte y se quedó en el sitio, observando la escena que tenía frente a sus ojos.

-¿Pero qué... cojones?

Feliciano se apartó de Ludwig con brusquedad al escuchar la voz de su hermano mayor, el cual permanecía apoyado en la puerta sin moverse. Le había visto besándose con el alemán. Su hermano era... No podía ser. Debió haberlo alucinado. Se dio un par de golpes en las mejillas para salir del shock y ver que, efectivamente frente a él, estaba Feliciano con el rubio, por lo que lo que había visto no había sido una alucinación.

-¿¡Pero qué cojones!?- Repitió, esta vez furioso. Su hermano gritó al escucharle, cubriéndose la cara con los brazos y siendo protegido por el alemán ya que parecía que en cualquier momento el mayor de los italianos iba a saltar a los ojos del menor- ¡No me jodas!

-¡Ve! ¡Ve! Fratello... No es... Yo...- tartamudeó lleno de terror- No me hagas nada, por favor.

Lovino golpeó al alemán en el pecho repetidas veces con todo el acopio de fuerzas que tuvo. El rubio permaneció en el sitio, recibiendo esos golpes sin parecer importarle mucho. Lo único que quería era proteger al joven que estaba tras de él. El de ojos ambarinos puso una mueca de odio ante la pareja.

-Mi jodido hermano, un maricón- Levantó el dedo, señalando hacia este, el cual se cubrió de nuevo con el rubio- ¿Era él la razón de tus malditas escapadas a la mañana? Me pones enfermo.

-Fratello... Por favor- No cesaba de llorar. Aquellos gritos e insultos le estaban rompiendo el corazón viniendo de su hermano- cálmate...

-Tú, sodomita comemierda- Señaló al fornido hombre frente a él- Lárgate.

El rubio giró la cabeza un poco para observar al protegido, el cual asintió. Sin tardar mucho ni despedirse, salió de allí.

Hubo un silencio incómodo entre los hermanos. Lovino realmente estaba echando humo por las orejas.

-No vuelvas a verlo.

- Pe-pero...-Lloriqueó Feliciano, limpiándose las lágrimas que no dejaban de resbalar por sus mejillas- Veee... No me hagas eso...

-¿Pero qué clase de problema mental tienes? ¿Hola? ¿Sabes que si te descubren te fusilarán sin miramientos?

El chico de ojos marrones se llevó una mano en rostro y volvió a secárselo.

-¿Enserio?

-¿Qué crees que significa "dictadura"? Aquí hay que seguir las normas establecidas o te matan. Ni se te ocurra volver a tener ese tipo de comportamientos. Jamás- Se llevó ambas manos a las sienes y se las frotó, algo exasperado. Estaba completamente alterado. Giró sobre sus talones y puso la mano sobre el picaporte-. Mi propio hermano, marica...

Escupió cada palabra con desagrado y volvió al bar, dejando a su hermano llorando en silencio.

Aunque hubiese visto aquello, no pensaba por nada del mundo delatar a su hermano. Por dios, era su hermano. Además, el propio Lovino había tenido pensamientos similares cuando había sido joven, pensamientos que había mantenido a raya por suerte. El italiano sacudió su cabeza, tratando de alejar aquellos recuerdos de su mente.

Atendió a unos cuantos clientes antes de que el ya conocido moreno entrase por la puerta. Parecía menos radiante que al día anterior.

-Hola, Lovi~- Saludó en tono alegre nada más verle. Su felicidad había aumentado varios niveles.

-¿Y esas confianzas? Llámame Lovino.

-Es un nombre bonito, pero prefiero Lovi. Suena menos... Agresivo- Aquella palabra salió de entre sus labios de forma parecida a un ronroneo (Un jodido ronroneo), consiguiendo alterar al camarero, el cual se había sonrojado ligeramente. Este se rio- Ponme...

-Sí, sí. Cualquier bebida con alcohol, ¿verdad?

El guardia civil pestañeó un poco perplejo un par de veces, para luego mostrar una sonrisa ligeramente avergonzada.

-Me has pillado.

-Parece que siempre haces lo mismo- No pudo evitar esbozar una ligera mueca en sus labios. No estaba sonriendo. Él sólo lo hacía si hacía falta-. Al entrar parecías deprimido.

-Verte me subió el ánimo- Apoyó un codo en la barra y dejó reposar la cabeza sobre su palma de la mano.

-¡No seas marica!- Dijo el ítalo subiéndosele los colores- Ni que me conocieras de hace años o algo.

-Puede que no, pero me resultas agradable.

Lovino refunfuñó.

-¿Y qué te pasaba?

-Ya te lo contaré con el paso de la noche.

Parecía con ganas de jugar, ya que aquellas palabras se habían deslizado por sus labios con cierto tono cantarín.

-Como quieras. Sabes que te ignoraré.

-¿Ah, sí?- Entrecerró sus orbes esmeralda- ¿Quieres que me muestre molesto o algo? Piensa mi rango. Si me enfado puede pasarte algo malo.

Había tratado de sonar serio, mas su mirada y aquella tonta sonrisa delataban que no estaba más que bromeando.

-Eres un poco idiota- Le contestó el camarero, devolviéndole la sonrisa de forma inconsciente mientras dejaba la copa delante del cliente.

-Podrías variar un poco. Parece que tu hermano y tú sólo me servís lo mismo. ¿Buscáis deshaceros del whisky ya que se vende poco o porque es caro?- Preguntó mientras se llevaba la bebida a los labios. Lovino lo observó beber, sin apartar la mirada de aquella sonrisa tan cautivadora- ¿Lovi?

-¿Qué?- Salió de su ensimismamiento- ¿Qué pasa?

Antonio se rio ligeramente y apoyó la cabeza en ambas manos, acercándose un poco más al hombre frente a él. Lovino comenzó a sentir como su rostro quemaba, estando completamente sonrojado. Quizás se estaba poniendo enfermo, o eso pensó hasta que el guarda civil acercó su mano a la cara del italiano, tratando de quitarle una pelusa. Lovino se apartó todo lo que pudo, cayendo del taburete.

-¡Menuda hostia!- el español comenzó a reírse, aunque se preocupó al escuchar las quejas del otro.

"Oh, no. Otra vez estos pensamientos no..." Comenzó a maldecir en su cabeza continuamente mientras escuchaba como el moreno le preguntaba si estaba bien. "No, no, no. De ninguna forma. Este hombre no me aparece atractivo en absoluto. Sólo son idioteces por el golpe, pero no, no soy gay, nunca lo he sido. Lo de aquella vez no fue nada, no ocurrió nada."

-¡Estoy bien, joder!

-¿Qué te pasó? Acerqué la mano y la rehuiste como si fuera el anticristo o algo.

-Tu forma de actuar es desagradable- Bufó-. ¿Es raro que no quisiera que me tocaras?

-Eres un quejica.- Y soltó una pedorreta sacando la lengua.

Enserio, no había forma humana de que aquel hombre sentado frente a él fuera un asesino franquista.

Pudo notar como algunas miradas se le clavaban. Ciertos clientes miraban con ojos desaprobadores el hablar de esa forma con alguien apegado al régimen.

-Bueno. Antes tú también parecías decaído. Por cierto- Meció con su mano el vaso, haciendo que resonaran suavemente los hielos cuando se chocaban- ¿Pasó algo?

Pensó en lo ocurrido con su hermano y evitó mostrar siquiera emociones, costándole bastante.

-Digamos que una chica me rechazó- Inventó.

-Menudo fastidio. No has de darte por vendido. Los hombres tienen que insistir. A mí me llevó año y algo conseguir conquistar a mi pareja- Comenzó a reírse.

-Sí- Se limitó a responder.

Hubo un período de silencio entre ambos, aunque rápidamente seguían hablando de cualquier tema. El chico de ojos verdes de vez en cuando le dirigía miradas fugaces para luego seguir tranquilo, a lo suyo. Cuando iba por la cuarta copa, decidió romper la calma de sus charlas irrelevantes.

-Oye, Lovino.

El castaño se dio por aludido, saliendo del trance del cual estaba inmerso hacía un rato. Intentaba ordenar sus pensamientos.

-¿Eh?

-¿Estás al tanto de lo que ocurre en España?

-¿A qué te refieres?- Alzó una ceja, confuso.

-Mira- Señaló con la cabeza hacia atrás a los dos hombres que bebían en una mesa-. Esos dos son rojos. Están mirándome mal desde hace un buen rato y en alguna ocasión han mencionado asuntos los cuales no debería haber escuchado. ¿Sabes lo que ocurre en el país?- Repitió. A pesar del tono serio, permanecía con una ligera sonrisa, aquella perenne la cual estaba fijada en sus labios.

-Vivimos en una dictadura completamente vigilada por si se descontrola. Hay crisis y problemas sociales con el resto de países, ya que permanece neutral.

Antonio asintió.

-Sube el volumen de la música. No quiero que nos escuchen.- Esperó a que se cumpliera su petición-¿Recuerdas cuando te pregunté el primer día que nos vimos?

-Fue hace dos días. Tengo mala memoria pero no tanto.

La puerta se abrió, saliendo los dos últimos clientes aun clavando sus ojos en el joven español. Este se rio. Estaban totalmente solos.

-Yo creo que no todo se basa en "bueno" y "malo", que hay tonalidades grisáceas entre el blanco y el negro. ¿Acaso son peligrosos los que buscan volver a establecer la república, donde gozaban de mayor libertad de expresión? ¿Acaso han hecho algo los homosexuales, los que expresan su opinión o los que simplemente no están completamente de acuerdo con la dictadura?

El italiano prestó completa atención a lo que su compañero estaba diciendo, con los ojos ligeramente abiertos.

-Espera. ¿Estás criticando...?

-Como ya te he dicho, no todo es blanco y negro- Sonrió-. Esto no es perfecto. ¿Acaso es correcto cargarse personas sin razones suficientes, o llevarlas a la cárcel para fusilar después aun siendo algunos inocentes? ¿Que no tengamos más opción que acatar todas y cada una de las normas que se nos imponen, con represión, amenazas, y sobretodo, ignorancia?

Lovino echó una mirada rápida a la bebida en la mano de su compañero, preguntándose en qué momento se le había subido de esa manera. Estaba criticando abiertamente, aunque en voz baja, a la dictadura, un guardia civil a un camarero que conocía de hacía tres días.

-¿Tú qué opinas al respecto?

-No me gusta mucho eso de asesinar, mas el resto me es indiferente.

-Porque no todo es realmente tan malo, ¿verdad? Ya en la otra situación también se engañaba y asesinaba, sólo que de forma más disimulada. Mentir es una buena forma de permanecer en el poder.

El italiano sintió que le daba un vuelco el corazón. Sonaba tan... Serio. Diferente al anterior Antonio que hacía prácticamente nada estaba frente a él.

-Su-supongo...

-Antes me preguntaste mi razón para haber estado deprimido antes. Bien. Esta es mi razón de estar decaído: verme forzado a vivir en algo como esto, fingiendo que me parece bien, que comparto sus ideales mientras lleno de plomo el pecho de personas que solo buscan pelear por derechos que hace 10 años eran suyos. ¿Pero qué hacer si tu padre te inculca estos pensamientos y te mete a guarda? Y ahora por culpa de beber, no puedo parar de soltar estas mierdas, y… ¡Qué a gusto me he quedado!

Las palabras resbalaban de sus labios con demasiado dolor. Era como si hubiese estado excesivo tiempo guardándolas para sí. En tan sólo unos segundos había cambiado completamente.

-¿Y por qué me cuentas esto?

-Porque necesito desahogarme y eres un camarero- Se rio-. Realmente no lo sé. Digamos que siento que puedo confiar en ti.

-Mira que eres raro.

En cierta forma, Lovino también sentía una sensación rara cerca del español, como si se conocieran de mucho antes. Era algo en cierta forma desconcertante.

-¿Te es hora de cerrar?

-Queda un cuarto de hora. Puedes... Puedes quedar más tiempo si quieres.

Antonio miró algo sorprendido al joven frente a él, para luego dedicarle aquella sonrisa tan luminosa de la cual el italiano comenzaba a acostumbrarse.

-No importa, de verdad. Además, mañana tengo que madrugar.

Una pequeña decepción se pudo hacer notar en el rostro del chico de ojos ambarinos. Asintió.

-Lo que sea, bastardo.

- ¿Querías que me quedara más?

-¿¡Qué!? No.- Giró la cabeza hacia otro lado, evitando mirar al español para fingir estar indignado.

-Ya, claro...- Soltó una risita por lo bajo- Al final te he caído bien.

-Eres alguien con quien hablar. Realmente es aburrido este trabajo.

-Yo ojalá pudiera decir eso- Vio hacia su copa vacía un momento-. En fin. Nos vemos mañana, Lovi.

-Lovino.

-Lovi- Repitió con seguridad y tono firme.

-Lovino- Remarcó la última sílaba. Estaba sintiéndose ciertamente ridículo.

-Lovi, no.

El moreno se levantó del asiento e hizo un gesto de despedida con la mano, todavía mostrando una sonrisa llena de mofa en su boca.

-Hasta mañana.

-Hasta mañana.

...o...o...o...

¿Qué os ha parecido este capítulo? Creo que está bien, aunque no hubiera demasiado spamano de momento. Si tenéis prisa, no os preocupes porque no tardará demasiado (El capítulo ya no sé porque con los exámenes y eso tardaré en terminarlo)

Antonio emo es un poeta (?)

¡Espero que os haya gustado y hasta la próxima!