N/A: Oh... Cuatro reviews... Soy feliz, ohonhonhon~ Muchas gracias por los reviews, espero que este nuevo capítulo os deje con ganas de más~

Disclaimer: Kuroshitsuji no me pertenece - Ya me gustaría a mi -. Este pertenece a su creadora, Yana Toboso. De los personajes que salen en esta historia - Zefilk, Kai, Sonia y Andrea - me pertenecen Zefilk, Kai y Andrea - aka yo -.

Hablan

Piensan

~ Murmuran


Capítulo 2: Trabajo, reencuentro y una misteriosa familia.

Desde la extravagante escena presenciada por las dos jóvenes, nada había sido como ellas recordaban. Ni si quiera estaban en su país, España, ahora estaban en algún lugar de Inglaterra -Aunque el misterioso lugar donde aparecieron tampoco se encontraba allí-. Cada joven iba por su propio lado, ganándose la vida junto al raro "ser" que habían encontrado en el misterioso lugar en el que aparecieron. Poco podían hacer las jóvenes, no acostumbradas a la vida trabajando. Bueno, la más joven no, pero la mayor si que sabía lo que era trabajar, puesto que su madre era camarera y la veía trabajar constantemente, incluso se ofrecía para ayudar. La chica otra pero, no sabía que era trabajar, no quería trabajar, por lo que tenía problemas para sobrevivir por aquellos lares.

Un largo suspiro escapo de los labios de la joven de pelo rizado, que se encontraba sentada sobre unas cajas, con ropa rota y sucia de chico. Su pequeño cuerpo estaba hecho polvo, tenía catorce años pero era relativamente bajita y bastante floja y frágil. Delante suyo observándola preocupado se encontraba el extraño ser que la había encontrado y que no osaba separarse de ella. Este parpadeo antes de disponerse a hablar.

- ¿Está bien, señorita? - pregunto el "elfo" con su melódica voz, que tenía un deje de preocupación al ver tan decaída a la joven castaña. Esta miro hacía el elfo, el cual reculo al ver la cara de zombi que esta ultima llevaba. ¿¡Como podía estar tan mal! ¡Solo habían trabajado dos horas! Zefilk suspiro con una pequeña sonrisa mientras escuchaba los reniegos de su maestra, Andrea, la cual no dejaba de quejarse sobre cuán cansado era el trabajo. Su maestra era exigente, pero en el fondo él la apreciaba. Si fuera un poco más maja…

~P.O.V Andrea~

No cesaba de quejarme de esto y de aquello, y de lo de aquí y de lo de allí. Estaba harta de t-o-d-o, es decir, de ¡TODO! Estaba cansada, destrozada, hecha polvo… Mi pelo castaño con mechas rojas estaba hecho polvo también, desordenado y luciendo como si fuese el pelo de una bruja ermitaña. Mi ropa estaba rota por aquí y por allá y también se encontraba llena de barro y plantas. No llevaba zapatos, por lo que mis pies estaban negros de pisar las sucias calles de Londres. Todo era un horror… Quería despertar de aquella pesadilla, ni si quiera podía decir mi nombre real, puesto que era demasiado sospechoso. Saltando de la caja con mis muertos ojos clavados en los brillantes orbes de Zefilk, me dispuse a salir del callejón para encontrar algún lugar donde refugiarnos de la inminente lluvia.

- Lloverá. - me limite a decir con frialdad. Todo lo hacía así, con frialdad e inseguridad, con miedo y desdén. No era una señorita, ni mucho menos. Yo era una marimacha, una chica mala y rebelde, ¿No? ¡Yo no era ninguna estúpida señorita que debían cuidar! Bueno, un poco de ayuda si necesitaba. Zefilk me siguió sin emitir sonido, solo nuestros pasos se escuchaban en la oscuridad de la ciudad. Algunas ventanas iluminaban el camino, las tiendas comenzaban a caer y la Luna subía lentamente al cielo. Habían pasado varias semanas desde que mi "mayordomo" y yo habíamos llegado aquí, a la gran Londres. Las noches las pasábamos a la intemperie y los días buscando trabajo. Un pesado suspiro salió de mis secos labios. El frío me calaba los huesos, no podía ni si quiera pensar. Que rabia me daba todo aquello. Decían que el frío ayudaba a pensar, por eso de que con la cabeza en frío se piensa mejor. Ahora sabía que era una burda mentira. Un grito se escucho, causando que mi extraño acompañante y yo diésemos un salto y fuésemos corriendo hacia el lugar del cual procedía el grito. Al llegar, vimos a un extraño joven de pelo rojo pelear con otro hombre, mientras una chica de mi edad más o menos se escondía tras una caja. Con posado frío, típico ya en mi, mire a Zefilk.

- Ayúdalo, es una orden. - dije -o más bien ordene- con una frialdad digna de una persona de la realeza, de esas que tratan mal a sus siervos. El elfo solo asintió y salió corriendo hacía los dos hombres mientras yo corría hacía la joven que se estaba escondiendo. Y vaya la sorpresa que me lleve al comprobar que aquella asustada chica era mi mejor amiga, Sonia, la cual hacía varias semanas -concretamente, desde que llegamos aquí- que no veía. Una sonrisa se dibujo en mi rostro y la mire de forma divertida.

- Oh God, ¿¡Que haces tú aquí! - grite en un tono relativamente bajo, para no molestar a nadie. Sonia giro su cabeza y se tiro sobre mí, diciendo cosas que no llegaba a entender de lo rápido que iba. Captaba algunas cosas como "¡Oh Dios, estas bien!" o "¡Dios, en serio me alegra que no te perdieses por Londres!" cosa que ciertamente me sacaba de mis casillas. ¡Tenía mala orientación pero no tanta! Al contrario que yo, como esperaba, ella vestía con un simple vestido blanco, mucho más limpio que mis ropas. Su pelo estaba perfecto, su cara no mostraba cansancio alguno y llevaba unas chanclas blancas también. Se la veía perfectamente, por lo que mi cara se me desfiguro de sorpresa.

- ¿¡Como lo has hecho! - dije histérica, es decir, ¿¡Como podía estar tan bien! ¡Yo casi muero! ¿Sería verdad que ella si sabía ganarse la vida? Ah… Dios, era patética. Yo, no ella, está claro. Emití un gruñido mientras ella me miraba incrédula, fijándose en mi ropa. Oh Dios… Tierra, trágame.

~P.O.V Sonia~

Tras haber huido durante más de una hora de aquel ladrón, Kai se las había manejado para poder pelear con él en condiciones. Solo entonces pude observar que un tercer hombre se unía a la pelea, ayudando a Kai. Una voz conocida sonó a mi lado, solo girarme pude observar a una desaliñada Andrea. Sin pararme a pensar sobre eso me tire sobre ella, lloriqueando todo lo que había sufrido por ella y todo lo que había sufrido yo y lo raro que era todo. Una pregunta me hizo callar y fijarme en las pintas de mi amiga. Completamente sucia, con la ropa rota y la cara sucia. Sus ojos estaban faltos de brillo o color, sus pies sucios de tanto andar. Tenía heridas y cicatrices aquí y allá, el pelo completamente sucio y hecho una masa de pelos que nunca había creído que alguien pudiese tener. Andrea estaba hecha un horror, no había nada más que decir. Mis presentimientos se habían cumplido, mientras yo pude ganarme la vida, Andrea fue de aquí allí como una niña huérfana y solitaria, perdida por Londres. Oh Dios… Ahora me sentía mal…

- Pobrecita… - dije mientras la abrazaba, cosa por la cual gruño mientras intentaba apartarme. Pero que terca y tozuda era a veces… Ahora que me fijaba, ella estaba más morena que yo y mira que estábamos en Londres… ¿A caso trabajaba en sitios donde hacía mucho calor? Esta tía estaba loca… Un leve gruñido felino se escucho y dos personas aparecieron. Parecía que no se llevaban muy bien, puesto que estaban bastante alejados el uno del otro. ¿Quién era el misterioso encapuchado? Mientras me preguntaba esto Andrea se levanto y fue hacía el encapuchado, preguntándole si estaba bien y que por que había tardado tanto. Hay que ver… ¡Pero qué mala era a veces Andrea! Normal que estuviese como estaba… ¡Portándose así con la gente! Pero así era Andrea, borde y tozuda como una mula… ¡Que le haríamos!

~P.O.V Narrador~

Mientras las dos jóvenes conversaban felizmente y los dos mayordomos peleaban sobre tonterías, habían acabado llegando a una gran mansión, rota por aquí, rota por allá. Era un lugar aterrorizante a la vista de Sonia y un parque de diversiones a la vista de Andrea, que corría, seguida por los otros tres, hacía la mansión abandonada. El lugar estaba completamente oscuro, ninguna luz llegaba a la mansión de los bosques. Ninguna de las dos sabía cómo podían caminar tanto sin darse cuenta, pero era una de las muchas "virtudes" que poseían aquel par. Sin duda alguna era un lugar… Bueno, raro. El suelo estaba lleno de polvo y el techo de telarañas que hacían temblar a Andrea de asco y miedo -ya que padece aracnofobia-. Por otro lado, Sonia se encontraba asqueada por el estado de esta. Los dos mayordomos solo miraban a los lados, por cualquier cosa que pudiese pasar. La mansión era impresionantemente grande, como un laberinto. La mansión parecía haber estado habitada tiempo atrás, pero ahora estaba completamente abandonada. Un trueno sonó. La fría lluvia comenzó a caer sobre las viejas ventanas de la mansión, dejándolas empapadas en una fracción de segundo. Un suspiro escapo de los labios de Andrea, que gruñía con desdén al saber que deberían quedarse en aquella mansión a pasar la noche. Mientras seguían caminando, una puerta en bastante buen estado se "interpuso" en su camino. Estaba a un lado, junto a otras puertas que a diferencia de esta estaban hechas polvo. La mirada curiosa de Andrea no pudo evitar mirar aquella puerta y caminar hacía allí, mientras Sonia gritaba histérica que era mala idea y todas esas cosas a las que Andrea no tendía a prestar atención. La mano temblorosa de la cobarde pero curiosa castaña alcanzo el pomo y abrió la puerta. Un destello de luz cegó a las dos jóvenes, pero no por mucho tiempo. La habitación parecía estar en muy buen estado, era una sala de música, con un brillante piano negro en el centro de la sala. Había varios retratos de gente por las paredes y muchos más instrumentos desperdigados por ahí pero con una colocación perfecta para mantenerlos en buen estado. Sobre el piano negro había varios ropajes de noble, sobre estos una nota. Andrea se acerco y cogió la nota, para poder leerla.

- Vamos a ver que pone… "Esta ropa pertenece a la señorita Ywen y su hermana mayor Sophie. Un día de estos llevaran la ropa que la persona que más querían les dejo… Un lejano día lo harán". Eso dice… - dijo Andrea con un deje de tristeza. Era triste que aquella persona nunca pudiese darles el regalo a las personas que quería… Andrea suspiro mientras miraba una foto quemada parcialmente que se encontraba sobre la ropa, justo debajo de la nota. Andrea la miro con curiosidad la foto mientras Sonia se acercaba. Por alguna extraña y rara razón a Andrea le parecía que se estaba viendo un espejo. La misma sensación era la de Sonia.

¿Por qué? Bueno, una de las chicas de la foto tenía el pelo rizado y oscuro, con piel también notablemente más oscura que la chica de su derecha, que poseía el pelo marrón y liso y una piel relativamente blanca, como la mayoría de gente de países como Inglaterra o de países de interior donde no hacía mucho Sol. Mientras la joven de piel clara vestía como la realeza, con un vestido simple con algunos adornos, la otra vestía con ropas masculinas y llamativas que Andrea calificaba de "Steam Punk". Otra diferencia entre las dos chicas es que la de la derecha sonreía con una amplia, brillante y feliz sonrisa, la de la izquierda parecía gruñir sobre algo, con una cara defensiva y que reflejaba cierto enfado. En el centro parecía haber una tercera persona, mayor que las dos chicas, pero justo ese punto era el quemado de la foto.

- Sera esa persona… ¿Quien dejo esto aquí? - murmuro Sonia mientras observaba la foto con un deje de tristeza. Andrea prefería no contestar, sabía que lo más seguro era que fuera esa persona. Andrea dejo caer un suspiro mientras miraba el reverso de la nota. En letras grandes y hermosas habían dos nombres: Ywen Dorothy Tori Edelstein y Sophie Edelstein. Andrea se pregunto si acaso odiaban a la primera chica, por el nombre que le habían puesto. Luego miro de nuevo la foto y la nota. Según aquella nota, Ywen era la menor y Sophie la mayor, por lo que según la imagen la sonriente era Sophie y la gruñona Ywen. Sin parar mucha atención a lo que decía su amiga, Andrea camino hacia la ropa y cogió la que parecía pertenecer a la menor de las hermanas. Un deje de tristeza la invadió, cosa por la cual quedo sorprendida. Era como si un cuchillo fuese clavado en su corazón, como si conociese de alguien a las personas de la fotografía. Sonia, que también estaba inspeccionando la ropa también sintió lo mismo al tocar la ropa de la mayor de las hermanas Edelstein. Aquello fue suficiente para Andrea y Sonia como para saber que debían descubrir que ocurrió allí, de quien era la nota y, más importante aún, que hacían ellas allí y por que sentían tanta pena al estar allí. Los mayordomos en ningún momento intervinieron, ni si quiera se notaba la presencia de ellos en la sala. Andrea chasqueo los dedos, movimiento que hizo que Zefilk saliera de la habitación. Kai gruño y miro a Sonia, que asintió. Aquel movimiento hizo que Kai saliera de la habitación y cerrara la puerta. Varios gritos y gruñidos se escucharon mientras las dos jóvenes se cambiaban.

- Bien… - comenzó a decir Andrea mientras salía de la habitación vestida como la menor de las Edelstein, Ywen. - De ahora en adelante seré Ywen Dorothy Tori Edelstein… - dijo mientras miraba salir a Sonia, que llevaba un posado mucho más solemne y de realeza que la rebelde Andrea.

- Y yo seré Sophie Edelstein. - dijo con una gran sonrisa en su rostro. Las dos jóvenes comenzaron a caminar por la mansión, tendrían mucho trabajo ordenando y restaurando aquel lugar… Porque ya no eran niñas abandonadas a su suerte… Ahora eran las únicas descendientes de los Edelstein… Y se ganarían un puesto en la más alta nobleza…

Ahora era el turno de demostrar a la gente que ellas eran alguien en este vasto mundo.