Capítulo I:
¡Último año en el internado y tenía derecho a irme de ésta porquería! ¡SÍ! Mi compañera de cuarto y yo teníamos pensado hacer una pequeña celebración en nuestra habitación, aunque por pequeña se entiende todo nuestro pasillo, donde se encontraba el amor de mi vida… Francisco…
A él lo conozco hace un año ya que llegó de intercambio al internado el año pasado y todas las chicas mueren por él, pasé medio año odiándolo y luego me rendí a sus encantos y sus movimientos tan perfectos… Tiene los ojos color café claro un poco rasgados, la piel color blanca y el cabello color café y desordenado.
Se corre el rumor de que era modelo y sus padres lo mandaron a un internado para que conociera nuestra situación. No me lo creo.
Nunca hemos hablado, aunque sí me ha mirado, dos veces. Una cuando me caí a medio metro de él y cuando estaba dando una disertación al frente de la clase. Catalina me dijo que esas miradas eran obvias… ¡Tiene toda la razón!
- ¿Sabes? Tu bombón está en la cafetería que te parece si vamos a comer algo…
Catalina tenía una sonrisa de oreja a oreja y estaba en el umbral de la puerta, ella tiene los ojos color extraño, no sé si son verdes o celestes o verde agua… Y el cabello largo de color rubio oscuro, su nariz es puntiaguda y fina, es bastante bonita.
Ella encontró a su media naranja hace un año, cuando Francisco y su amigo llegaron, el amigo la miró desde el primer día escolar.
- Oh por Dios.- Me puse de pie y me cepillé el cabello lo más rápido que pude, lo bueno es que ya me había maquillado y puesto ropa. Unos jeans ajustados, unas zapatillas converse y una polera de mi hermano, que es un año mayor que yo, que había cortado en la parte de abajo.
- Tomás te retará por la polera ¿cierto?-. Catalina se reía, quizás por lo rápido que me movía.
- Vaya, estoy muy interesada en mi hermano… Suelo pensar en él muy pocas veces, y este momento no es una excepción.
Él ya se había ido y no tenía muchas noticias de él, solo cartas que me llegaban (es muy anticuado). La última que me llegó y lo último que supe de él, fue que tiene novia, está en Londres y tiene dinero.
Catalina y yo salimos, corrimos el pasillo como unas locas y pasamos por el lado de Gaspar, su novio. Él iba a buscarla y se unió a nosotras corriendo aunque atrapó con sus brazos musculosos a Catalina y seguí corriendo sola.
Los pasillos eran largos con un tapizado antiguo de color rojo con decoraciones de color crema. El piso era de alfombra del mismo color de las decoraciones. La entrada de la cafetería eran puertas grandes de madera oscura.
Antes de pasar por las puertas ya abiertas me arreglé el cabello y respiré lentamente.
La cafetería estaba un poco llena, era muy temprano como para que hubiese fila para sacar pan o café. Entonces lo vi, estaba sentado viendo su café y no probaba nada. Siempre al verlo solo, sin Gaspar me nacía el sentimiento de querer sentarme con él. ¿Hoy lo lograría?
Caminé hacia él lentamente, se dio cuenta de que estaba invadiendo su espacio y me miró.
