"The Only One"

LOS PERSONAJES LE PERTENECEN A STEPHENIE MEYER, LA HISTORIA ES MÍA.

"La confianza no depende del tiempo. Depende de la persona, puedes conocer de toda la vida a una persona y jamás le confiarías nada, y puedes recién encontrar a alguien y contarle algo que jamás le contarías a nadie."

Bella Swan (1 año antes)

— ¡¿Entonces simplemente le lanzaste el pastel a la cara en su cumpleaños?!— exclamo con los ojos bien abiertos.

— Sip— contesta riendo.

— ¿A tu novia?

— A mi novia— afirma Edward riendo más fuerte. No puedo evitar la cara de incredulidad.

— Estas loco. ¡Pobre chica! yo te hubiese terminado en ese momento ¿sabes?

— Lo hizo, de hecho.

— ¡No era para menos! trauma de por vida...— sacudo la cabeza soltando una risita. Mi celular empieza a sonar en mi bolsa y me levanto de un salto.

Alex: Estoy afuera de tu trabajo.

Frunzo el ceño y aprieto el botón borrar. En seguida el buen humor se me pasa y comienzo a morderme el pulgar, me recuesto nuevamente recargando mi cabeza en el respaldo. Y llega otro mensaje.

Alex: Bella, se que has borrado ese mensaje. Por favor, no me obligues a entrar.

— ¿Ocurre algo?— pregunta Edward mientras acomoda unos documentos en su escritorio.

— No.— agito la mano mientras me levando del cómodo sillón de su oficina.— Vuelvo... en un momento.

— No te ves bien.— agrega justo antes de que salga de la oficina.

— Mi esposo esta abajo.

Y con eso cierro la puerta. Me tiemblan las piernas de la rabia ¿Que pretende Alex al venir aquí? cuando sabe que no lo recibiré con los brazos abiertos. Salgo del edifico pisando fuerte, entonces lo veo recargado en su coche azul oscuro, con el cabello perfectamente peinado. Se endereza rápidamente, me apena un poco la cara de afligido que trae pero en seguida mi mente empieza a arrojar las peleas que hemos tenido y todas las cosas que detesto de él.

— Hola— murmura acercándose lentamente a donde me encuentro parada, casi al final de las escaleras.

— ¿Que haces aquí?— pregunto cruzando los brazos para cubrirme del aire gélido que traspasa a mi Bazer.

— Tenemos que hablar, vamos... vamos a dar un paseo.— extiende su manos esperando a que la tome. Me niego.

— No. Estoy trabajando, por si no lo has notado.— me recargo en el barandal de las escaleras y empiezo a observar mis uñas que están pintadas de un lindo color rojo.

— Estas a punto de salir.— me toma de los brazos e intenta hacer que baje unos escalones, me retuerzo y lo fulmino con la mirada.

— No puedes obligarme. — murmuro frunciendo los labios y enseñándole los dientes.

— Bella, por favor escúchame, cariñ...

— ¡Alex por favor, no quiero!— grito exasperada intentando zafarme de sus manos que se aprietan casi dolorosamente en mis brazos.— No ahora, no estoy contenta contigo y puedo decir muchas cosas de las cual me puedo arrepentir.

— ¿Por qué siempre haces esto?— me suelta y se agarra la cara con las manos

— ¿Hacer qué?— subo el escalón que mi marido me obligó a bajar.

— Nunca me escuchas.

— Oh créeme que te escucho, Alex. Y hoy, te escuché perfectamente, ahora vete a casa. No quiero seguir discutiendo afuera del trabajo.

— Bella, no seas así y ven conmigo... arreglemos esto.

— No quiero— me cruzo de brazos y miro hacia mi trabajo ignorándolo completamente.

— Este matrimonio es de dos, Bella... no me puedes hacer la ley del hielo cuando podemos arreglar todo.

— ¡Cállate ya, Alex! ¿Sabes que?— me acerco a él y le empujo en el pecho con mis manos— Vete, vete a la mi...— Siento unos brazos que me jalan hacia atrás y de repente alguien se encuentra delante de mi.

— Chicos, por favor, dejen de hacer un espectáculo aquí afuera— dice Jacob Black, mi compañero de trabajo y gran amigo de Alex. Nos mira a ambos con reproche. Abro la boca preparándome para gritarle a el también unas cuantas cosas, pero la cierro cuando me interrumpe— créanme que están siendo un buen entretenimiento para todo el personal.

Me sonrojo en seguida y miro hacia mi trabajo, me percato de los muchos pares de ojos que hay detrás de la ventana. Pero entre todos reconozco unos hermosos ojos verdes que miran con preocupación hacia aquí. Me sonrojo aun mas fuertemente y retiro la vista justo cuando él me mira.

— ¿No pueden tener esta discusión en otro momento?— pregunta Jake alzando las cejas.

— Es lo que le he dicho a tu amiguito. Pero no entiende— digo entre dientes lazandole una mirada enojada a Alex.

— Lo que sea, ahora vayan y platiquen, es lo más conveniente.

— No— digo rotundamente y me giro para subir los escalones hacia el edificio. Los dejo a ambos murmurando entre ellos y me molesto aún más. Cuando entro por las puertas de cristal, mágicamente todos se encuentran buscando un labor cerca de las ventanas.

— chismosos— murmuro por lo bajo. Pasando por todos ellos directo al elevador. Me siento en la pequeña silla dentro del elevador y suelto un suspiro poniendo la cabeza entre las manos.

— ¿Estas bien?— salto en mi asiento y alzo la mirada mientras veo a Edward sentarse en el suelo junto de donde me encuentro sentada.

— Debo prohibirte hacer esa pregunta desde ahora, Edward.

— ¿Por que?— pregunta curioso mirándome desde abajo con sus largas pestañas.

— Desde que nos conocimos no has dejado de hacer esa pregunta.— respondo mirando hacia el techo donde hay un espejo que nos refleja.

— Bueno, eso es porque desde que nos conocemos tienes esa mirada de tristeza en tu rostro.

— ¿En serio?— pregunto con voz triste, mis ojos pican.

— Sí... ¿Bella, no eres feliz?

— Es una pregunta bastante personal.

— Es una pregunta muy importante, no tienes que responderme a mi, porque si lo eres, lo reflejaras ¿Y sabes una cosa?— sigo mirando hacia arriba cuando Edward también lo hace y me mira atreves del espejo.

Me encojo de hombros en respuesta.

— Tu no reflejas felicidad, Bella.

— No puedes saberlo, tu no me conoces.— esquivo su penetrante mirada y decido bajar la vista hacia mis manos. Me levanto rápidamente cuando el elevador abre las puertas en nuestro piso. Edward me sigue, aun cuando me dirijo a mi oficina.

— Bella— dice antes de que cierre la puerta justo en su nariz. Me quedo en la misma posición, dándole la espalda y con la puerta lista para cerrarse.— No quise incomodarte, tampoco quise decir que no fueses feliz con tu marido, es solo que jamás había conocido a una persona que me... me provocara tanta familiaridad. Es como si... fueses alguien muy cercano a mi, y de repente, quizá me importe saber la razón por la que sufres tanto.

Sus palabras me conmueven y me giro para indicarle que entre a mi oficina, me recuesto en el sillón verde y vuelvo a mirar hacia el techo. El cobrizo entra cerrando suavemente la puerta, y acto seguido se recuesta en el suelo junto a mi.

— No lo sé— murmuro cerrando los ojos— no sé la razón por la que sufro... las cosas... hay cosas en mi vida que están fuera de control, me... me siento perdida.

— Estas perdiendo el control de tu vida.

— Probablemente.

— Si tu estas perdiendo el control de tu vida, tu también puedes tenerlo de vuelta, solo que no has buscado la respuesta.

— ¿Como sabes que no lo he buscado?— pregunto frunciendo el ceño.

— Porque, Bella, eres una mujer inteligente, sabrías la respuesta... pero no quieres encontrarla o bien, una parte de ti ya lo sabe... pero no quieres aceptar esa opción.


Ha pasado una semana exacta desde que conocí a Edward, también desde que hablamos casi personalmente, ha pasado una semana desde que se fue la madre de Alex (por supuesto, destilando veneno) ha pasado una semana desde que hablé con mi marido, ha pasado una semana y aún tengo las palabras que Edward me dijo en mi oficina, he intentado todo para poder olvidarlas pero me es imposible conseguirlo, las tengo bien grabadas en mi cabeza.

¿Realmente puedo tener de vuelta el control de mi vida? ¿Realmente conozco la respuesta para lograrlo? ¿Realmente puedo volver a ser feliz?

Así que esta misma tarde, decido platicar con Alex, la verdad es que no me gusta estar enojada con él. No me gusta estar constantemente ignorándolo, no soporto estar en una misma habitación juntos y no poder acércame a mi marido. Y aun que se que últimamente mis sentimientos por él han estado cambiando constantemente, aun lo extraño... hay días en lo que no puedo decir si realmente lo amo o si él significa todo para mi, son días donde no tengo la menor idea de lo que siento por Alex. También están esos días en donde solo deseo tenerlo entre mis brazos y besarle hasta no poder respirar, sentir sus respiración en mi boca, extraño sus labios arriba de los míos y sus manos recorriendo mi cuerpo en lugares que me provocan un millón de sensaciones.

Decido preparar para la comida nuestro platillo favorito que vendría siendo Lasaña de Carne, en mi mente hago una pequeña lista de ingredientes que me faltan, en la oficina cierro y archivo rápidamente unos documentos que tienen que ser ingresados antes de las 3:00 pm, al terminar cojo mi bolsa y me levanto corriendo de mi asiento, abro la puerta y me apresuro a salir huyendo, hasta que unas manos me agarran mi brazo provocando que me de escalofríos por todo el cuerpo, es una sensación extraña y placentera, me detengo y observo la mano de unos largos dedos y unas uñas bien cortadas, son manos delicadas pero a la vez es una mano de hombre, fuerte.

Miro fijamente a Edward, casi perdiéndome por completo en sus penetrantes ojos verdes, lo noto sonrojarse y me suelta.

— ¿Podemos hablar?— pregunta mirándome, casi calculandome con la mirada.

— Uh... no puedo en este momento.— me muerdo mi labio y señalo hacia el elevador con una mano temblorosa.

— ¿Estas evitándome?— lo noto pasarse una mano nerviosamente por su suave cabello cobrizo, es decir, no he tocado su cabello pero podría apostar que es tan suave como la seda.

— Por supuesto que no, Edward. Hablamos todos los días, ¿Como podría evitarte?— exclamo con fingida sorpresa. La verdad es que lo he estado haciendo, pero es por pura vergüenza, nadie me había dicho nunca cosas de mi vida como el lo hizo, y, mi mierda, ni siquiera me conoce lo suficiente.

— Tengo la sensación de que es así. No hemos hablado ni la mitad de bien... a comparación con el primer día.

— Son ideas tuyas— murmuro bajando la mirada y quitando una mancha invisible en mis pantalones negros.

— Seguramente.— levanto la vista y lo veo negar con la cabeza.— disculpa incomodarte, Bella.

Se gira y empieza a caminar, siento algo oprimirse en mi pecho.

— Hey, espera— le sigo y lo agarro de su saco gris. Siento una descarga al sentir mi mano tan cerca de él, sacudo la cabeza y le suelto.

— No es así, Edward— me muerdo los labios al intentar encontrar las palabras correctas.— es solo que... he estado tan... ocupada, he estado buscando la respuesta, y no logro encontrarla, me...— suspiro afligida y gruño de frustración.

Ahora el se encuentra mirándome con una pequeña sonrisa en los labios.

— ¿En serio la has estado buscando?

— Lo he intentado.— asiento.

— Me alegro.

— Escucha, no puedo hablar en este momento ¿vale? pero... que te parece... ¿quieres tomar algo hoy conmigo?— me sonrojo, aun que no entiendo la razón.— es decir, si tienes tiempo claro, no quiero tener a tu esposa siguiéndome con un cuchillo.

— Me encantaría.— me sonríe, con una de esas sonrisas digna para el comercial de Colgate o Trident, mostrando una hilera de perfectos dientes blancos.

— Quedamos, entonces.

Me despido con la mano y me giro caminando con una sonrisa en mis labios, entro al elevador y presiono el botón para la ultima planta, antes de cerrarse las puertas, lo veo observarme con una sonrisa en los labios, se lleva la mano a la cabeza y me da un gracioso saludo militar, suelo una carcajada y se cierran las puertas.

Entro al coche aun con una sonrisa de boba, contenta de haber quedado bien con Edward, aún nos falta conocernos un montón pero es como si mi vida estuviese esperando por él, por un amigo, porque aun que las cosas aun no están claras, se que puedo confiar en él. Ese sentimiento de familiaridad y de seguridad lo siento en él, me recordó la primera vez que conocí a Alex, pero incluso se siente más fuerte. Intento recordar la lista mental que hice antes de ver a Edward... ¿Que es lo que me hace falta?... ¡Oh sí, lo tengo! Tomates.

Llego a casa corriendo con una pequeña bolsa de compras y quitándome de una sacudida los tacones, empiezo a cocinar tarareando muchas canciones juntas sin ningún sentido, puse a hervir la pasta mientras preparaba el sofrito con tomate, cebolla, carne y los demás ingredientes. Al cabo de una hora, la lasaña ya se encontraba en el horno. Subo a nuestra habitación para vestirme y ponerme algo guapa para mi marido, sin embargo, mi mente inconscientemente se encontraba atrapada en un par de ojos verdes. Para la ocasión, decido vestirme con un lindo vestido rojo de encaje, con pequeñas mangas en los hombros, el vestido (que debo admitir) me queda increíble, es de cintura natural, por lo cual marca lo necesario mi pequeña pero bien formada cintura. Lo combino con unos tacones negros y me pongo algo de maquillaje natural, salvo que me puse en los labios un rojo intenso. Me suelto mi cabello, no hace falta hacerle ondas con la plancha, tan solo con las manos mi cabello ya se encuentra en suaves ondas, al caminar mi cabello hace pequeñas cosquillas en la espalda pero las ignoro lo mejor que puedo.

Mi celular suena alterando mis nervios por un momento.

— ¿Hola?— pregunté mientras bajaba las escaleras con cuidado.

— ¡Bella! Soy Alex— su respiración se oía agitada y me quedé para a medio camino de las escaleras.

— ¿Te pasa algo, Alex?

— No, si... Lo que pasa es que me surgió un viaje imprevisto— al otro lado de la linea podía oír a su jefe gritando que dejara ya ese "maldito celular"

— ¿Vendrás a casa?— pregunté ocultando mi decepción.

— No, mi amor.

— ¿Y tu ropa? ¿Llevas dinero? Alex, debes venir a casa, por lo menos por ropa.

— Puedo comprarme ropa y comida en el camino, Bella.— dijo dulcemente.

— De acuerdo.— hice un puchero.

— Te quiero.— dijo, sonreí.

— Yo también.

— ¿Cuando regrese vamos a hablar?

— Por supuesto, Alex... no me gusta estar así.

— A mi menos, cielo. Te he extrañado demasiado.

— Cuídate mucho, cariño. ¿Esta bien? — murmuré, un poco preocupada, nunca me ha gustado que él viaje tan desprevenidamente.

— Siempre. Tu también cuídate. ¿Porque no le dices a Bree que te acompañe?

— Alex— dije poniendo los ojos en blanco— puedo cuidarme por mi misma. Ahora, ¿Cuando regresas y a donde vas?

— Regreso en tres días, viajo a Nueva York.

— ¡Tanto tiempo! esta bien, cuídate mucho, Alexander.

— Sí, Isabella. Te amo, cariño.

— Adiós, bonito.

Colgamos y me senté en las escaleras, mis ojos picaban por llorar. ¡Maldito sea su jefe! Me quedé vestida y alborotada, y con un traste lleno de Lasaña... ¡Lasaña! Me quité los tacones en un segundo y bajé corriendo el resto de las escaleras. Apagué el horno, por fortuna, apenas y se detectaba un pequeño olor a quemado. Suspire tranquila, y después... sin previo aviso, unas pequeñas lagrimas bajaron de mis ojos... ¡Maldita sea! ¿porque estoy llorando? enfurruñada, salgo de la cocina y me siento al pie de las escaleras. Mi celular vuelve a vibrar, y el nombre que trae hace que mis músculos se tensen de anticipación.

— ¿Edward?— contesté, intentando no parecer sorprendida. Lo cual resultó fácil, porque mi voz se escuchaba ronca por las lagrimas.

— ¡Bella!

— ¡Edward!— reí un poco ante su tono alegre.

— ¿Nos veremos hoy?

— Si tu quieres— juguetee con un hilo de mi vestido.

— ¿Estas bien?— preguntó con un tono que detecté como preocupado.

— Triste— suspiré.

— ¿Por qué?

— Tengo un traste lleno de Lasaña y a nadie con quien compartir. ¿Quieres hacerme compañía mientras te aburro con mis penas?

— Sería un placer... bueno, en realidad, no me gusta verte triste... pero si de algo sirvo, estaré ahí en cuanto me pases tu dirección.

Sonreí ante su linda respuesta, y le pasé mi dirección dando algunas instrucciones, y la clave de mi casa.

Todo marchaba bien, hasta que me descubrí mordiéndome las uñas de los nervios, revisé mi maquillaje e hice algunos ajustes, por suerte, había usado rimel aprueba de agua, me quité un poco de pintura roja, pero mis labios se seguían viendo rojizos, como si me hubiese estado besuqueando con alguien, quiero decir, con mi marido, mucho tiempo. Un golpe en la puerta... mi corazón martilleaba... esperen ¿acabo de invitar a un hombre a casa cuando mi marido no esta?... dos golpes en la puerta... y no cualquier hombre, a Edward Cullen... tres golpes... sacudo la cabeza y me dirijo a la entrada con el corazón sufriendo un ataque.

La abro y ahí esta, todo un adonis, resplandeciendo por los pocos rayos de sol que quedan. Trae unos jeans y una camisa negra de manga larga, el cabello usualmente alborotado y sus ojos verdes brillando.

— Hola— murmura mirándome de pies a cabeza. Me sonrojo y le sonrió.

— Edward. ¿Quieres pasar?— bromeo, haciéndome a un lado para que entre.

— Estaba pensando en quedarme ahí afuera, tienes un patio muy lindo. — sonríe mientras entra a mi casa, de repente, todo se siente muy insignificante, puesto que el lo opaca todo con su belleza. Y entonces me asusto, yo no debo estar pensado acerca de esto... ¡Estoy casada! ¡El esta casado!

— Deja de pensar tanto, Bella.— murmura Edward observándome con una mueca.— se te ha puesto la mirada aun mas triste.

— ¡Yo no tengo la mirada triste!— exclamo frunciendo el ceño.

— Lo haces.

— No.

— créeme.

— Me niego.

Se rie y niega con la cabeza. Agacha la mirada y mete las manos en su bolsillo.

— Te... te ves hermosa, Bella.

Sin pesarlo dos veces me sonrojo, me encanta que me haya dicho eso. Pero odio el hecho de que esto me guste más de lo normal. Niego con la cabeza, debatiendo una pelea interior. Le murmuro un gracias, y me dirijo a la cocina, con Edward caminando detrás.

— ¿Quieres Lasaña medio quemada?— pregunto dándome la vuelta.

Me encuentro con el hermoso rostro de Edward demasiado cerca de mi, sus ojos se han puesto ligeramente oscuros, doy un paso hacia atrás con las mejillas encendidas. Sus ojos parecen en otro lugar mientras me mira directamente, hasta que sacude la cabeza y me sonríe.

— La razón por la que estoy aquí es esa. ¡Lo admito!

Me rio nerviosamente mordiéndome mi labio.

— Alex no esta— digo mientra saco unos platos. Miro de reojo a Edward, lo veo levantar las cejas, y analizo lo que dije, abro los ojos como platos.

— Me refiero a que quizá por eso estoy triste— añado rápidamente— se supone que hoy hablaría con él... pero tuvo que viajar.

— ¿Están peleados?

— ¿No fue obvio hace una semana?— pongo los ojos en blanco.

— Lo fue... pero como ya ha pasado varios días...

— Yo no quería hablar con él— suspiro, saco la Lasaña del horno, mientras Edward coloca los platos que le pasé en la mesa. Saco un cuchillo y me río. Me giro hacia Edward y le señalo.

— Te llegó la hora, amigo.

Lo veo mirarme con los ojos entrecerrados, lo miro seriamente, y entonces veo un atisbo de preocupación en su rostro cuando me acerco lentamente.

— ¿Bella? ¿Que est...

Suelto una carcajada al mirar su rostro crisparse con el pánico.

— ¡Caíste!— chilló, riendo fuertemente. Dejo el cuchillo encima de la Lasaña y me agarro el estomago con las manos mientras no dejo de reír. Edward me frunce el ceño, hasta que lo veo soltar una risita.

— ¡Tonta, Bella!— dice riendo un poco conmigo.

— ¿En que pensabas?— pregunto animada, ya estando un poco mas cómoda en su compañía, sin comérmelo con los ojos, o al menos no tanto.

— Bueno... lo que más me dio miedo fue el cuchillo filoso, pero tu mirada asesina fue casi tan temible como lo otro.

— ¿Crees que debería ser actriz?— bromeo mientras intento quitar las partes quemadas de la Lasañada.

— Tendrás un papel estelar en Mujeres Asesinas, estoy muy seguro.— responde mientras le veo observar todo a su al rededor.

— Tu casa es muy linda— murmura después de unos minutos.

— Es tan común como las demás, Edward.— respondo mientras sonrío satisfecha al extraer todas las pequeñas partes quemadas para no arruinar el rico sabor de mi lasaña.

— No, no lo es.

— ¿Que tiene mi cocina que no tenga la tuya?— le observo con una sonrisa sarcástica tironeando en mis labios.

— No lo sé— admite.— pero me gusta tu casa.

— Mejor, Edward, saca algo de beber de la nevera.— le sonrío y mi amigo me devuelve una sonrisa radiante. Camina como cual modelo de Dior.

— ¿Que te gustaría tomar?— pregunta mirando adentro de la nevera.

— Mmm... ¿Vino tinto?

— Me parece perfecto. ¿Donde los tienes?

Le indico con la mano donde se encuentra, Edward llega sonriendo con la botella y la coloca dentro de lo hielos.

— ¿Siempre estas tan feliz?— le pregunto, bastante curiosa. Saco unas copas y las coloco en nuestros lugares.

— Lo soy. Pero... ahora no tanto.— veo un poco de tristeza en sus ojos, y mi corazón se apretuja,

— ¿Y eso porque?— nos sentamos en el comedor, uno frente a otro y le miro directamente a los ojos.

— Por que hoy... tu no esta feliz. En realidad, no has estado feliz desde que te he visto por primera vez.

— Pero no puedes estar triste por eso, Edward.

— Pero lo estoy, te lo he dicho, me resultas familiar... me caes muy bien. Probablemente seas una de mis muy pocas amigas.— se encoge de hombros y me mira— si tu quieres ser mi amiga, por supuesto.

— Edward— le reprendo.

— Lo siento...— se sonroja— es muy pronto para decir que eres mi ami...

— ¡Pero creí que eramos amigos!— exclamo— me decepcionas, amigo mío.

Sacude la cabeza con incredulidad y se ríe.

— Bella... me sorprendes demasiado.

— ¿Y eso porque?— empezamos a comer y pronto los ruidos de tenedores y cuchillos resuenan por la cocina, es un sonido encantador.

— No se que esperar de ti... cuando hablas. Siempre pienso que vas a decir una cosa.. pero entonces dices todo lo opuesto.

No contesto a eso, porque no se me ocurre nada ingenioso que decir, así que comemos en un agradable silencio. Él me sirve una copa de vino, y brindamos por todo y por nada en especial. Bromeamos sobre cosas comunes, hablamos un poco de nuestros gustos literarios, juzga mi libro favorito, y por un momento me siento tentada a echarlo de mi casa. Pero entonces hace eso que me distrae, se pasa una mano por su cabello cobrizo y yo lo veo embelesada.

Al terminar, como buen amigo que es, me ayuda a lavar nuestros platos mientra yo me siento al lado del escurridor de vajillas, encima de la barra, moviendo mis pies en el aire como una pequeña niña feliz. Le ayudo a secar los platos, y en un impulso que viene de no se donde, le lanzo un poco de agua a la cara que lo hace saltar hacia atrás, me burlo mientras el me mira con una mirada salvaje se acerca lentamente hacía mi, y yo levanto un pie impidiendo que se acerque más.

— Vas a pagarme esta, Swan.

— Estoy casada... ahora es West.— le sonrío y le reto con la mirada.

— Hoy eres Isabella Swan.— me toma del tobillo y una corriente eléctrica pasa entre nosotros. Me río nerviosamente y sacudo mi pie de su mano.

— Tengo cosquillas— alago mientras trato de recuperar mi pie, pero Edward me esta mirando con la cabeza ladeada, como si acabase de descubrir la cura de una grave enfermedad.

— Te dije, me las vas pagar, Bella.— se ríe, mientras su mano sube un poco más, casi rozando mi pantorrilla. Es demasiado, me avergüenza pensar en lo que esta provocando en mi este hombre. Así que casi con brusquedad, retiro mi pierna y de un salto bajo de la barra, pero quizá fue un error, porque ahora tengo a Edward pecadoramente cerca de mi. Puedo sentir su aliento en la cara, puedo saborearlo. Trato de reprenderme y alejar todos esos pensamientos pecaminosos que se alborotan en mi cabeza. La piel de mis pies donde Edward pasó su mano quema deliciosamente. Sin embargo, la vergüenza se impregna en mi.

Edward me queda mirando intensamente, por un momento su mirada se posa en mis labios entre abiertos y le empujo juguetonamente en el pecho, tratando de alejarlo antes de que cometa cualquier tontería... debe ser el efecto del vino tinto, sin embargo, se me apetece otra.

— ¿Quieres un trago, Edward?— pregunto mirando nerviosamente a mis pies porque el cobrizo sigue tentadoramente cerca de mi.

— Por supuesto— contesta, alejándose un paso. Le dedico una sonrisa radiante escondiendo todo el nerviosismo.

Sirvo dos copas, le entrego una y yo doy un sorbo de la mía. Nos quedamos mirando por un rato, hasta que le digo que salgamos al patio trasero a ver la estrellas. Acepta con una pequeña sonrisa. La tensión entre nosotros es palpable, y me enfurezco un poco. Extraño a Alex.

Nos sentamos en el columpio rustico, es uno de mis lugares favoritos porque se encuentra acolchonado y el techo esta despejado, así que ponemos ver las estrellas mientras nos mecemos de adelante hacia atrás, es algo relajador, si el no estuviese junto a mi.

— ¿Te gusta el cielo?— pregunta mi amigo, mientras me observa de reojo.

— Me encanta.

— ¿Porque?

— ¿Debería haber una respuesta?— frunzo ligeramente el ceño antes de hablar.— Solo el cielo sabe porque lo amamos tanto.

— ¿Te hace feliz observar el cielo?

Le miro confundida por su pregunta. ¿No acaso es algo obvio?

— La felicidad del cielo es para quienes saben ser felices en la tierra— responde mirando hacia arriba.

— No, no me parece.— contesto encogiéndome de hombros— para mi el cielo es estar vivo.

— Entonces ¿no eres feliz?

— Deja de decir que no soy feliz.— digo exasperada.— ¿Y que hay de malo si no lo soy? ¡No siempre voy a ser feliz!

— Los vas a ser si tu lo deseas, Bella.— su tono se vuelve mas suave y busca mi mirada.— ¿Porque te niegas a ser feliz?

No le respondo y aparto la mirada de él, suspiro entrecortadamente, mi única salida es volver a mirar las estrellas y la manera en la que todas ellas se encuentran regadas por el cielo.

— No llores.

Suelto un hipido y siento las lagrimas bajar por mis mejillas, calientes y vergonzosas. Me llevo las manos a la cara e intento calmar los sollozos que empiezan a salir de mi boca, siento sus brazos en mis hombros, y segundos después siento su cuerpo pegado al mio, dándome un abrazo que mi alma recibe gustosa.

— L-lo siento.— lloriqueo— es solo que... y-yo...

— Sh... tranquila, Bella. No vine a juzgarte, puedes hablar conmigo, soy tu amigo. Puedes confiar mi, pequeña.

Sus palabras me hacen llorar un poco más, entierro mi cara en su pecho mientras sus manos bajan y suben suavemente por mi espalda, me estremezco un poco al sentir sus manos en la piel desnuda de mi espalda, me muerdo los labios y pronto los sollozos e hipidos abandonan mi cuerpo.

— Alex me ama mucho— murmuro contra su pecho.— me lo demuestra, siempre. Pero a veces... a veces no estoy segura de mis sentimientos hacía él, la ultima pelea que tuvimos... fue agotador, Edward. Estamos estancados, somos como un coche atascado en el lodo, mientras más rápido intentas salir, más te hundes. No sé si lo sigo amando como la ultima vez. Se que él es alguien muy importante en mi vida, Edward. El realmente lo es, he compartido casi toda mi vida juntos, hemos sido amigos, hemos sido novios, estuvimos comprometidos y ahora casados. ¿Pero y que sigue?

"¿Que más hay para nosotros?— sacudo la cabeza— no podemos tener hijos... no hay posibilidades, el doctor nos lo ha dicho.— mas lagrimas bajan por mi mejilla y me separo de Edward, que me observa con una mirada que no reconozco.— él no quiere adoptar, me lo ha demostrado con sus comentarios y la cara que pone de tan solo mencionárselo. No se si hay futuro para nosotros. Yo quiero que haya uno, porque sé que lo nuestro puede funcionar, pero no puedo verle un futuro a nuestra relación. Yo quiero ser madre, Edward.

Las lagrimas bajan por mis mejillas sin permiso alguno, me duele. Todo esto me lastima profundamente. ¿Que esta mal con mi cuerpo? ¿Porque no puedo ser mujer? Un bebé, un pequeño con ojos azules y cabello café, con labios pequeños y rositas, con unas mejillas sonrosadas y regordetas. Siento la mano de Edward agarrar la mía y entrelazarla, mi corazón late a mil por hora.

— Bella...— murmura Edward, puedo ver en sus ojos que no tiene ninguna respuesta clara.

— No tienes que decir nada, Edward. Sé lo difícil que es... hablar de esto, para mi es difícil decir todo lo que te acabo de decir, porque nunca se lo he dicho a nadie.

— ¿Porque no pueden tener hijos?

— El doctor dijo que son problemas de infertilidad... nos hicimos unos estudios, para ver cual es el problema. Probablemente lleguen mañana.— me encojo de hombros.

— ¿Y porque han peleado?

Mi labio inferior tiembla antes de contestar.

— Su madre...— respiro y sacudo la cabeza. Y empiezo a contarle la patética historia.

— ¿Ya hiciste el desayuno, Isabella?— pregunta Elizabeth entrando a la cocina.

— Estoy en eso.— respondo rodando los ojos, mientras hago unas tostadas.

— ¿Y mi hijo?

— Se esta bañando, Elizabeth.

Puedo sentir la mirada de ella, observando cada movimiento, esperando lanzar su veneno ante cualquier descuido. Me enfurezco y la ignoro, sirvo tres vasos de jugo de naranja.

— ¿Y no piensan tener hijos?— pregunta frunciendo los labios.

— Por supuesto.— me tenso enseguida, mirando nerviosa a la entrada esperando que entre pronto Alex.

— ¿Y para cuando? Cuando quieras tenerlos, ya no vas a poder, niña.

— Soy joven aún.

— No me engañas a mi, Isabella. No puedes tener hijos.

Se me cae la cuchara de la mano y mis ojos se posan en ella, que me mirada con una ceja levantada. Mi labio inferior tiembla.

— No es nada seguro.— respondo en voz baja, mientras levanto la cuchara.

— Por supuesto... ¿Que se puede esperar? No eres capaz ni de formar una familia.— doy un brinco y me acerco peligrosamente a ella.

— Deje de meterse en lo que no le importa.— gruño.

— ¡Bella!— Alex me mira desde la entrada— ¿Porque le hablas así a mi madre?

— ¡Cállate, Alex!— grito. Saliendo de la cocina, con los ojos picando por sacar lagrimas contenidas. Pronto lo siento seguirme, mientras me agarra del brazo.

— ¡Dejaste a mi madre llorando, Bella! ¿Porque has hecho una cosa así?

— ¡¿Hacer qué?!— grito exasperada— ¡No voy a dejar que TÚ madre me este ofendiendo!

— Bella... sabes como es ella, solo ignórala.

— No.— digo— estoy harta de ella. ¿Porque le has dicho que tenemos problemas para tener hijos?

— Porque es la verdad.— responde con sus ojos azules mirándome con enojo.

— Ella me ha dicho que no soy capaz de formar una familia, Alex.— mis lagrimas bajan por mis mejillas.— ¡Pero tú no puedes tampoco!

— El doctor ha dicho que probablemente eres tú, Bella.— le miro con los ojos abiertos como platos. Después de unos segundos, mi marido se da cuenta de lo que ha dicho y empieza a acercarse a mi, me alejo.

— Bella... yo no quise decir...

— Pero lo hiciste.— le miro con desprecio mientras agarro mi bolso.— No quiero verte, ni a ti, ni a tu madre, así que más vale que ella se vaya pronto. Y de tí, no puedo hacer nada por el momento.

— Perdóname, cariño... no debí decir eso.

— Esta bien, Alex. No importa, de todos modos. Lo nuestro no tiene futuro.— le lanzo una ultima mirada letal y salgo corriendo de la casa.

Edward me suelta y se agarra el cabello con las manos, frustrado.

¿Que pasa, Edward?

— Es un idiota.— gruñe— podría golpearlo.

— No importa Edward... el solo... defendía a su madre... y dijo cosas que no debían, pero probablemente sean ciertas.

— Es un pendejo.

— Basta, Edward.— le digo mientras me acerco a él.

— Pero mira como estas, Bella. Los ojos hinchados y la nariz roja. Eres algo muy bueno para él, Bella. No llores por él jamás. Y aun que, suponiéndolo, que tu no puedas tener hijos, eso no te hace menos mujer. Eres tan mujer como cualquier otra.

— No importa, Edward— murmuro bajando la mirada. Sus manos agarran mi barbilla y me obliga a levantar la mirada.

— Eres una gran mujer, Bella— dice, yo asiento para tranquilizarlo— es en serio, pequeña. Repitelo, dilo.

Lo quedo mirando, sin poder decir nada, mientras absorbo sus palabras.

— Dilo, Bella.— insiste

— Soy una gran mujer— murmuro, Edward asiente, y entonces, me abraza... enterrando su cara en mi cabello. Le devuelvo el abrazo, y me siento tranquila, como si de pronto, pudiese respirar mejor. Le rodeo la espalda con mis brazos. Y de verdad lo pienso en ese momento, me hace creer que lo soy.

Soy una gran mujer.


¡HOLAAA!

¡Nuevo capitulo!

No crean que los estoy consintiendo con el hecho de que haya actualizado hoy (y no mañana como dije) es porque mañana no tendré tiempo, pero no quise hacerlos esperar hasta en la noche (I know, soy un amor) Espero que les gusté este capitulo, también espero que compartan mi historia :(

Por cierto, gracias a todos esos lectores ocultos, de verdad, espero que lean mi nuevo capitulo. Y un agradecimiento especial a esos que marcaron mi primer capitulo. Y también muchas gracias a Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn por su lindo comentario, oh y especial saludo a Karen :') por supuesto, le dedico este capitulo, pues con sus dos tweets me ha hecho la vida completa, de verdad aprecio ese apoyo que me dan saben, para escribir es bueno ese tipo de motivación!

PD: ¿Alguien sabe donde puedo conseguir un Beta para mi historia? JAJAJA no se burlen, no sé como hacer esas cosa de buscar beta.

[06.11.15]