...

- ¿Qui-quien eres? – Preguntó confundido

- Yo…yo… ¡lo siento! ¡No fue mi intención! Yo…bueno tú…usted…usted me llamó y me confundió con un tal Jasper yo solo…solo quería notificarle que se había equivocado para que no tuviese problemas con su amigo; pero usted me abrió y la música…era hermosa y yo…bueno yo… ¡Lo siento!

Había hecho el mayor ridículo del mundo y solo deseaba que la tierra me tragase. Cerré los ojos con fuerza y rápidamente me levanté y me dispuse a salir corriendo. Pero de pronto, noté su mano agarrando la mía. Le miré con el corazón latiendo de manera sofocante y los ojos abiertos sorprendidos ante su reacción. Él no dijo nada, tiró levemente de mi mano y me indicó que me sentase a su lado.

- Tú…no tienes la culpa. Si todo ha sucedido como me has contado. Supongo que…soy yo quien te debe una disculpa…

- Supongo… - susurré.

- Lo siento. A veces, soy demasiado…impulsivo y nuevamente te pido disculpas por mi error.

- No…no es nada…

El silencio se izo presente. Sus ojos estaban clavados en los míos y nuestras manos seguían unidas provocando que una corriente eléctrica recorriese todo mi cuerpo. Notaba que mi corazón latía a un ritmo muy poco normal y que si seguía mirándome de ese modo acabaría arrojada a sus brazos. Ese joven me tenía hipnotizada y me estaba teniendo que concentrar para recordarme a mi misma como se respiraba.

- Yo…supongo que…tengo que irme…

- Supongo… - susurró haciéndome sentir una sensación de déjà vu

Nuevamente silencio. Lentamente y concentrándome para recuperar la conciencia, aparté mis ojos de los suyos y nuevamente me levanté. Él no dijo nada. Se quedó quieto y yo notaba que mis piernas fallarían en cualquier momento si seguía notando su penetrante mirada en mi espalda.

Finalmente llegué a la entrada y salí por la puerta, la cual, aun seguía abierta. Caminé nuevamente entre las flores del jardín de la entrada hasta que llegué a mi furgoneta. Me senté con cuidado y una vez dentro respiré profundamente un par de veces. No sabía que había pasado en esa casa, solo sabía que daría lo que fuese para volver a perderme en sus ojos de aquella manera tan endemoniadamente enloquecedora.

Metí las llaves en su lugar y escuché rugir el viejo motor de mi coche. Lentamente fui pulsando el acelerador y cuando la furgoneta estaba alcanzando una velocidad considerable me vi obligada a frenar de golpe cuando el sonido de mi móvil me asustó.

Lo cogí entre mis manos y esta vez no miré el nombre de la pantallita. Simplemente lo acerqué a mi oído y susurré un casi inaudible dígame.

Como respuesta, recibí un silencio sepulcral.

- ¿Sí?

Volví a insistir y esta vez escuché la respiración de alguien y aguardé una respuesta.

- Creo que Jasper me dio un número equivocado. – Inmediatamente reconocí su voz – Siento volver a molestarte.

- No importa…

- Aun así, en el fondo, es bueno poder localizarte, me gustaría preguntarte algo.

- ¿Di-dime? – No sé muy bien por qué me puse tan nerviosa

- ¿Te has dejado aquí una chaqueta marrón?

Mis ojos se abrieron como platos y rápidamente miré la parte trasera de mi vehículo. Me bajé y miré en el maletero, luego en el asiento del copiloto e incluso en los pies de los asientos, y nada. Mi chaqueta no aparecía por ninguna parte.

- Si – afirme - ¿Puedo ir a recogerla?

- Claro, no hay problema.

- Gracias

Nuevamente arranqué el motor de mi coche y volví a dirigirme a casa de Ángel. Nombre que le había otorgado al ver su extremada belleza y la pureza de su alma cuando tocaba aquella canción. Además, tampoco tenía mucha imaginación para ponerle ningún otro apodo.

Tardé menos de un minuto en llegar. Al igual que antes la puerta de la cancela estaba abierta, pero esta vez, él yacía apoyado en el portón de su casa con una sonrisa en los labios.

- Bienvenida de nuevo – sonrió – sígueme, la chaqueta está junto al piano.

Obedecí y fui tras él nuevamente asta aquella magnifica sala. Me quedé quieta en la puerta, esperando a que el fuese por la chaqueta; pero eso nunca ocurrió. Tomó mi mano provocando nuevamente que aquella extraña corriente eléctrica recorriese mi piel y avanzó hasta quedar frente al piano. Tardó unos segundos en soltar mi mano y fue a por mi chaqueta que estaba situada sobre la banqueta. Mientras él cogía la chaqueta. No pude evitar tocar aquel hermoso piano de cola, del cual antes había escuchado la melodía más hermosa del mundo. Lentamente cerré los ojos intentando recordar aquella melodía; pero no lo conseguí del todo.

- ¿Realmente te pareció hermosa? – abrí los ojos de golpe y lo vi recortado a mi lado sobre el piano con mi chaqueta entre sus manos y su rostro luciendo una hermosa sonrisa – Tú dijiste, que la melodía era hermosa…

- Y lo era. Nunca he escuchado nada tan maravilloso.

- Edward

- ¿Ese es el nombre de la melodía? – Pregunté curiosa a lo que él rió

- Ese es mi nombre. Soy Edward, Edward Cullen; pero llámame Edward. Anquen creo que debería haberme presentado antes – Sonrió y me tendió su mano

- Yo soy Isabella Swan; pero por favor llámame Bella – Estiré mi mano para estrecharla con la suya

Silencio. Nuevamente el silencio volvió a reinar en aquella estancia, que aunque algo oscura, podía ser iluminada por el brillo de sus ojos. Tras varios segundos recordándome a mi misma como se respira, separé nuestras manos y me atreví a romper el silencio.

- Esa canción… ¿La has compuesto tú?

- Sí. La he compuesto para mi madre…

- Es…algo triste ¿no crees?

- Tiene que serlo. Ella falleció hace mucho tiempo. Antes mi música era amena; pero desde entonces…no sé porque, nunca fui capaz de componer algo…como decirlo… ¿Alegre? Sí, creo que alegre es la palabra – Sus ojos perdieron su brillo y desvió la mirada a otro punto de la habitación

- Yo…lo siento, no…no quería…

- Tranquila Bella, no es culpa tuya. Además tengo unos padres adoptivos magníficos y unos hermanos a los que quiero mucho.

- ¿Entonces? – me miró curioso esperando a que continuase - ¿Porqué escribes canciones tan triste?

- Buena pregunta. Aunque no tengo una respuesta para ella. Mi hermana dice que algún día, cuando mi corazón vuelva a estar completo, mi música volverá a ser la que era; pero no logro entender a que se refiere con completo. Adoro a mi familia y no podría pensar en unos padres mejores, por lo que no sé qué es lo que realmente quiere decirme.

- Siento no poder ayudarte.

- Realmente me has ayudado – sonrió y volvió a mirarme - Quería que Jasper me diera su opinión sobre esta melodía y tú ya me has dado la respuesta.

- Supongo.

Volví a pasar mi mano por el piano y él dejó de estar recostado para incorporarse y ponerme la chaqueta alrededor de los hombros.

- Te vas a resfriar… – Susurró muy cerca de mi oído haciéndome estremecer

- Gracias – sonrió – Será mejor que me vaya. Mi padre tiene que estar a punto de llegar y no quiero que se preocupe.

- Está bien. Te acompañaré a la puerta.

Tal y como había dicho me acompañó hasta la puerta y no solo eso, también hasta la furgoneta. Vi como reía al ver el trasto que yo tenía por coche y señalarme un resplandeciente volvo en el cual ponía su nombre. La verdad es que mi coche al lado del suyo, parecía que iba directo al desguace.

- Adiós Edward. Espero volver a oírte tocar – sonreí algo nerviosa rogando que no se hubiese dado cuenta de que no deseaba alejarme de él

- Espero que sea pronto.

Lentamente levantó su mano y la llevó hasta mi rostro. Dudó y después cogió un mechó de mi cabello y lo acomodó tras mi oreja. Con cuidado deslizó sus manos por mi rostro y se quedó durante unos segundos o incluso minutos, acariciando mi mejilla. No sabía qué hacer, ni que decir, ni tampoco sabía que había llevado a Edward a hacer lo que izo, solo sé que su mano comenzaba a arder en mi mejilla y supuse debía de estar muy ruborizada. Me atreví a mirar sus ojos, que estaban clavados en los míos y sentí la necesidad de bajar de mi coche y pegarme a él; pero no lo hice, simplemente me quedé disfrutando de sus caricias.

De pronto, su mano se tensó y la apartó rápidamente de mi mejilla metiéndola en uno de sus bolsillos.

- Lo siento. He sido un descarado – se disculpó – No sé, no sé porque he hecho algo así. Perdóname Bella – rogó reflejando un total arrepentimientos en sus hermosos ojos esmeralda.

- No…importa…- susurré – Adiós Edward

- Adiós…

Volví a arrancar mi furgoneta y me alejé de la casa de los Cullen. Podía ver por el retrovisor como Edward seguía en el mismo lugar y en la misma postura que cuando había estado conmigo y que una leve sonrisa surcaba sus labios y una pizca de confusión inundaba sus ojos. No era capaz de comprender que quería decir aquella expresión; pero no le di más vueltas y volví a coger la carretera 101 en dirección a mi casa.

Cuando llegué Charlie aun no estaba en casa. Dejé mis llaves nuevamente tras la puerta y me dirigí a la cocina para preparar algo de almuerzo. Finalmente y tras mirar por varios minutos el frigorífico, cogí un papel en el cual había unos cuantos filetes de pollo y decidí hacerlos con roquefort y patatas fritar. Mientras la salsa estaba preparándose, preparé también una ensalada y corté un poco de queso y jamón. Mientras los filetes se hacían me senté en una silla de la cocina y abrí mi teléfono móvil. Rebusqué en el registro de llamadas el número de Edward y lo guardé en la memoria de mi teléfono. No es que fuese a llamarlo de nuevo, simplemente quería estar preparada por si se volví a equivocar. Estaba a punto de pulsar el botón de O.K, cuando el teléfono comenzó a vibrar.

Quizás con demasiado entusiasme pensando que podía volver a ser él. Me acerqué le móvil al oído y descolgué.

- ¿Sí?

CONTUNIARA...