Renuncia: Los personajes de Kuroko no Basuke no son mios son únicamente usados para realizar estos fics. La historia por su parte sí es mía.
Nota: Un nuevo capitulo. Disfrutenlo...
Al ocaso del Sol.
Capítulo I. Cómo jugar Baloncesto
Kuroko estaba sentado en una de las bancas de las canchas de baloncesto ubicadas cerca de su casa. Observaba con detenimiento las palabras escritas en el manual "Cómo jugar Básquetbol" que había comprado junto con su nuevo balón que movía con la pierna cada vez que pasaba de hoja del pequeño libro. Lo bueno de los manuales eran, como su nombre decía, explicativos por lo que en este mostraba en dibujos cuáles posiciones y movimientos se debían seguir para poder jugar decentemente.
Cerró el libro poniendo a un lado de la pequeña mochila. Su madre le había entregado un pequeño bento por si le daba hambre y el croquis de cómo llegar a las canchas. Estaba dispuesto por hoy a aprender a driblear.
Primeramente se encaminó a la mitad de la cancha. Observó por un momento las líneas negras del balón y con la mano derecha hizo el primer rebote; en cuanto el balón tocó el suelo grisáceo obtuvo un impulso de gran fuerza que golpeó la barbilla de Kuroko. El cielo despejado estaba en su campo de visión, había caído.
No era tan fácil como había pensado, en la televisión, los jugadores movían la pelota cual si fuese una extensión más de ellos, sin embargo, a Kuroko parecía que la esfera rellena de aire quería asesinarlo, ya llevaba varios intentos desde el primero fallido y todos, absolutamente todos fueron fallidos. Tomó la esfera naranja y volvió a ver las líneas negras comenzando a girarla para observar mejor los trazos pero, hubo un momento que la movió tan rápido con los dedos índice que, para cualquier observador no podría distinguir las líneas. Aunque para Kuroko no se movían, él sólo veía lo negro, no el movimiento de la pelota.
En brusco la detuvo, una idea comenzó a aparecer en su mente, si rebotaba la pelota le golpearía nuevamente empero, que tal si no giraba totalmente la pelota mientras la rebotaba…
Vio el suelo mientras danzaba entre sus manos el balón, las muñecas se balanceaban tenuemente, de izquierda a derecha lentamente como si limpiase la mesa y de pronto empujó la pelota dándole un giro en contra de las manecillas del reloj y en un minúsculo fragmento de tiempo cuando tocó el suelo giro a la derecha dejando estáticas las franjas negras. Había regresado a su posición original, el balón ya no giraba sino que regresaba. Por fin Kuroko la tenía en sus manos y no en la cara. Ahora el problema era hacer que el balón lo siguiera mientras corría en la cancha.
—¡Ryouta, no corras!
En un reflejo Kuroko viró la mirada hacia donde escuchó aquel grito. Un niño de cabello güero pasó corriendo velozmente con una gran sonrisa en la cara perdiéndose en la lejanía. Ladeó la cabeza dejando caer hebras celeste, no entendía por qué la gente se emocionaba por cualquier cosa. No era la gran cosa correr, únicamente era un logro más, como tener buenas calificaciones o poder dominar un balón. Por enésima vez vio la esfera naranja. Definitivamente no era la gran cosa.
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Era la primera posiblemente. No, absolutamente lo era, porque si analizaba bien todo el tiempo en el que ha conocido a Kuroko, juraría que nunca en su vida lo había visto tan feliz…
Son estos momentos en los que Kagami no sabría qué hacer, además de abochornarse y posiblemente auto castigarse por pensar que no era la gran cosa haberse acordado que a su compañero le fascinaba los batidos de vainilla, en especial en cierto autoservicio donde curiosamente el comprar su dote de hamburguesas.
Kuroko prácticamente estaba idolatrando el botecito donde se alojaba su tan preciado néctar. Se recordó nunca volver a comprarle un batido.
—Gracias, Kagami.
Bueno, de vez en cuando llevarle algo a Kuroko no haría daño a nadie. ¿Verdad?.
Continuará…
