Los personajes no me pertenecen.

Disfruten del final de esta pequeña historia (demasiado corta, pero no he tenido tiempo xD)

Sin más preámbulos, les dejo con la historia.


TU LLEGADA

Era tarde. El cielo estaba teñido de un color rojizo, mientras, a lo lejos, se veía el imponente sol alejándose entre las colinas. Me sequé las lágrimas. Aunque hoy fuera un día triste, tú me enseñaste a no perder la fe. Justo cuando falta unos segundos para que el Sol se ponga del todo, y la luna salga con su manto negro cubriendo el cielo, avisto la sombra de una persona, pero al ser de noche no la consigo distinguir bien. Se acerca más a la luz de la ventana, pero aún así está lo suficientemente lejos como para no distinguir sus rasgos. Decido hablarle primero.

-Hola… ¿Desea algo? –le pregunté con una voz quebrada, por los minutos anteriores.

-Sí.-se limitó a decir, secamente.

-Y bien…-le insto a continuar, enarcando la ceja. Me acerco un poco más para verle. Aunque su rostro esté encapuchado, se ve a un hombre bien plantado, bastante alto y elegante. En su mano izquierda lleva un maletín, en el que por la forma en que lo llevaba, debería pesar bastante. El hombre sube la mirada, y, sin pensarlo, nos cruzamos la mirada.

Me quedo anonadada, preguntándome de que me suena esa mirada dorada tan familiar. Tardo unos segundos en reaccionar, y me llevo la mano a la boca. ¿Puede ser que…sea él?

Unas cuantas lágrimas amenazan con salirse de mis ojos. De repente, se levanta la capucha hasta poder distinguir su rostro. Un rostro más varonil, sin rasgos infantiles, con su mirada dorada única en el mundo, su peculiar sonrisa con una pizca de sorna adornando sus rasgos bien marcados, y su pelo dorado recogido en una coleta. Yo me dejo caer al suelo del estupor, sin retirar la mano de la boca, mientras las lágrimas recorren mis blancas mejillas.

-Verá, hace tiempo que no vengo por estos parajes, ¿Le importaría dejarme pasar la noche en su casa? –me dice sonriéndome. Ni en los momentos más nostálgicos puede dejar de bromear.

Me levanto sin esfuerzo, aunque sujetándome con la barandilla del porche, y, acto seguido, me tiro encima de él, llorando de felicidad. Nos tumbamos en el verde césped, a la luz de la luna y las estrellas, como cuando vinieron de recuperar el cuerpo de Al, pero esta vez el momento es más especial. No puedo parar de sollozar de la alegría.

-Tranquila, tranquila. Ya estoy en casa. –me susurra él en la oreja, mientras me acaricia el pelo.

Y en estos momentos, siento como toda la tristeza y amargura que contenía desde hace tres años salga fuera de mi interior, y la felicidad entra de nuevo en mi corazón, como un rayo de luz del Sol.

-Te quiero.-le susurro, ante las últimas lágrimas salinas proceder de mis ojos.

-Yo más.-me contesta él, con las mejillas rojas. ¡Nunca cambiaría! En temas de amor siempre fue tímido. Una pequeña risa se me escapa de entre mi boca al recordar eso, y, tímidamente, me besas en los labios. Un beso cálido, deseoso de esperar tres años tu llegada...Pero todo eso se desvanece con un recuerdo lejano al abrir los ojos y verte sonriéndome otra vez, aquí, conmigo.

Porque cuando amas de verdad, no importa el tiempo, ni el lugar, ni la espera. Solamente importa la persona que amas.

Fin


¿Y bien? Sí. Lo sé. Demasiado corta.

Pero no he tenido casi tiempo, y quería terminarla.

No olviden de comentar esta pequeña historia (si quieren xD)

Gracias por leer,y, como siempre,

¡Nos leemos! ;3