Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen son propiedad de Masami kurumada.

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Saori solo pensaba sin escuchar ni una sola palabra de lo que hablaban sus santos. Algo le preocupaba y no era solo la liberación de Lucifer. Había algo más.

-Saori- san ¿estas bien? –pregunto finalmente Seiya.

Saori pareció despertar de un trance y le sonrío.

-Si. Estoy bien, Seiya.

-Te ves preocupada. ¿Ocurre algo? –pregunto curioso el santo.

-Solo me preocupa el trabajo en equipo. Creo que ellos no están del todo conformes con la decisión del Papa.

-Pero hay algo que no entiendo Atenea- sama ¿Por qué el Papa pidió nuestra ayuda? Por lo poco que se el Arcángel San Miguel es el mas poderoso y fue El mismo quien encerró a Lucifer en los Abismos. –pregunto Saga de géminis.

-Su Santidad dijo que hablaríamos mañana sobre eso. Pero todavía no estoy segura de porque el Papa le pidió ayuda a una diosa pagana como yo. –dijo confundida Saori que todavía no entendía las intenciones del Santo Padre.

En ese momento la gran puerta se abrió y la Madre Superiora entro al comedor.

-Buen provecho. ¿Ya terminaron de cenar? –pregunto muy amable.

Los santos la miraron sorprendidos y asintieron.

-Si no terminaron puedo esperarlos un rato más. Su Santidad y sus Excelencias me han pedido que los acompañe al lugar donde van a hospedarse y que les indique unas cuantas cosas también. –dijo la monja mientras se sentaba junto a Saori.

-¿Nos mostrara las habitaciones Madre Superiora? –pregunto Saori.

-Si y no Atenea. No pueden quedarse dentro de la Santa Sede. Pero los acompañaré a la ciudad hasta el hotel donde se hospedaran. Que esta solo a unas cuadras de aquí. –dijo la monja mientras miraba las cajas con las armaduras. –Disculpen, ¿Estas son las famosas armaduras? –dijo ella mientras se inclinaba a la armadura de Aries y la tocaba con su mano derecha.

Los Santos la observaron cuidadosamente mientras que ella cerró sus ojos y pudo sentir un inmenso poder.

-Ya veo… –dijo luego de meditar por unos segundos. –Las armaduras tienen vida.

Los santos abrieron sus ojos en señal de sorpresa y Mu se levanto de su asiento mirando a la Madre superiora con asombro.

-¿Pudo sentirlo? –pregunto confundido.

-Si, claro que pude caballero. Estas armaduras están llenas de vida y su espíritu es tan poderoso como el de una persona. –dijo la monja mientras clavaba sus ojos azules en Mu.

-No muchos pueden sentirlo, solo los armeros de la Orden de Atenea. A veces hasta hay caballeros que ignoran la vida de las armaduras. –contesto Mu devolviéndole la mirada.

La Madre superiora suspiro y soltó una leve risita.

-Eso debe ser porque necesitan más entrenamiento.

Mu sonrío mientras que los demás caballeros fruncieron el ceño en señal de enfado.

-Oh por favor. No se enfaden. Fue una broma. –dijo la monja guiñándoles el ojo. –Si ya están listos los llevare a su hotel.

Los santos y Atenea asintieron, tomaron sus armaduras y siguieron a la Madre superiora que los guiaba por muchos corredores. Mientras iban caminando se cruzaban con muchos religiosos, cardenales y obispos que saludaban con mucho respeto a la monja.

-Madre superiora. –dijo un cardenal haciendo una señal de respeto.

-Su excelencia. –contesto ella muy cortes.

Siguieron caminando hasta salir de la Santa Sede y siguieron su camino por la ciudad.

De repente la Madre superiora se paro sin previo aviso.

-Mi maestro, el cardenal di Medici, me ha pedido que les de algunas pautas de cómo comportarse aquí. –dijo ella mirando seriamente a los caballeros. –Atenea me refiero a sus caballeros, se muy bien que usted es una persona que respeta a los demás. –dijo ella mirando a Saori con una sonrisa mientras que Saori asentía.

-¿Pautas de cómo comportarnos? –pregunto el santo del fénix confundido al igual que sus compañeros.

-Si, verán… no les pedimos que vayan a misa todos los días como nosotros pero que respeten el horario de las misas y si entran a la Iglesia lo harán en silencio. También quiero pedirles que se comporten deben tratar con respeto a las monjas y a los sacerdotes.

-Eso quiere decir que no puedo llamarte María. –dijo Milo con una sonrisa traviesa.

-Te reto a que lo intentes… caballero de Escorpio. –dijo la monja con una mirada asesina que hizo que Milo retrocediera, hasta pudo verse como unas gotitas de sudor recorrían el rostro del santo.

-Bueno continuare. –dijo la Madre superiora. –Se que no se hospedan dentro de la Santan Sede sino en la ciudad del Vaticano, y en la ciudad no todos los habitantes son monjas y sacerdotes pero voy a pedirles a ustedes caballeritos que mantengan su libido y su virilidad encerradas en una jaula hasta que terminen la misión aquí. –los santos y la monja se sonrojaron cuando ella dijo eso. –Les explicare porque: para los cristianos la palabra Santo esta cargada de un fuerte significado, para nosotros un santo es una persona que pregonó con suma dedicación la palabra de Dios en el mundo durante toda su vida. A ustedes se los llama Santos de Atenea, ¿se entiende a donde quiero llegar con esto? no quiero quejas de los habitantes sobre ustedes ¿entendido? –dijo con mirada seria la joven ante unos sonrojados caballeros.

-¡Ay! ¡No tienes que decirnos eso! ¿Quiénes te crees que somos para que nos trates así? –dijo un enfadado Deathmask.

-Me disculpo si los ofendí pero se me ordeno decirles esto. –dijo la monja sin prestarle atención.

-Nos tratas como si fuéramos unos degenerados, o más bien desesperados. Nos comportaremos, no es necesario que nos trates así. –dijo Camus.

-Esta bien, me parece perfecto. ¡Ah! Me olvidaba. –dijo la monja dirigiéndose a Shaka. –He escuchado que usted caballero de virgo es la reencarnación de Buda. Si se siente algo… incomodo… puede hablar conmigo y veré si puedo hacer algo para ayudarlo. –dijo la Madre superiora mientras Atenea y los demás santos abrían sus ojos desmesuradamente de la sorpresa.

-Esta bien, gracias por su amabilidad Madre superiora. –contesto amablemente Shaka.

–Por curiosidad ¿Por qué es tan amable con Shaka? A los demás no nos trato muy bien. –dijo Aioria.

Ella lo miro, su mirada era penetrante y seria. Aioria tragó saliva al verla.

-Porque este caballero es la reencarnación de Buda. Y merece mi respeto. –contesto seriamente.

-Cuanto tiempo sin vernos Hermana María. O debería llamarte ahora Madre superiora. –interrumpió un sacerdote de unos cuarenta años de edad.

El rostro de la Madre superiora se ilumino con una sonrisa y corrió a abrazar a ese sacerdote.

-¡Padre Francisco! ¡Me alegra que haya regresado! ¿Cómo estuvo su misión? –dijo una feliz monja.

-Muy bien Madre. Tengo mucho de que hablar con su Santidad y los cardenales. Así que ellos son los caballeros de Atenea. –dijo saludándolos cortésmente.

-El es el Padre Francisco, uno de los investigadores de su Santidad y de la Santa Sede. –dijo la Madre superiora.

-Un gusto. –dijeron todos al unísono.

-El gusto es mío muchachos. Bueno debo dejarlos tengo que hablar de cosas sumamente importantes con Su Santidad y los cardenales. Con permiso. –dijo el cura mientras se iba.

-Creí que los sacerdotes y las monjas no podían ser cariñosos. –dijo Aioros.

-No podemos pero ese sacerdote salvo mi vida cuando era una niña. Así que me esta permitido ser cariñosa con el. –dijo la monja mientras seguí caminando. –Espero que hayan entendido lo que les dije. Y de verdad me disculpo si los ofendí.

La Madre superiora guardo silencio mientras se detenía en un hotel.

-Aquí se hospedaran. Atenea mañana a las diez de la mañana nos reuniremos en la Santa Sede para discutir sobre la misión. –dijo la monja mientras Saori asentía.

-¿A las diez? A ustedes les gusta dormir. –dijo en tono burlón Milo mientras los demás reían.

-No es por eso caballerito. Nos levantamos temprano pero Su Santidad celebrara la misa a las ocho de la mañana. Terminara más o menos a las diez. Por eso nos reuniremos a esa hora. Hasta entonces, que descansen. –dijo la monja mientras se daba vuelta y se iba.

-¡Espere Madre superiora! –dijo Saori alarmada.

-¿Si? –se detuvo ella.

-Es de noche ¿regresara sola a la Santa Sede? Insisto en que uno de mis caballeros la acompañe.

-Es usted muy amable Atenea pero…

-Insisto Madre superiora. –dijo muy segura Saori mientras que la Madre superiora la miraba indecisa. Al ver que no contestaba Mu se adelanto.

-Yo voy a acompañarla. –dijo Mu ante la mirada sorprendida de la monja.

-Oh no quiero molestarlo. Deben estar cansados. –dijo ella.

-Insisto Madre superiora. –dijo un seguro Mu.

-Esta bien. –contesto finalmente ella.

Mu asintió y haciendo una reverencia a Atenea comenzó a caminar al lado de la Madre superiora. Durante unos segundos permanecieron en silencio hasta que Mu hablo.

-Lamento si en algún momento uno de mis compañeros la ofendió. –dijo seriamente.

-Esta bien. No se preocupe Mu. Yo no quise tratarlos mal, es solo que se me ordeno aclararles eso. Lamento si lo ofendí. –contesto ella sin mirarlo.

-No se preocupe entendí adonde quiso llegar. Imagino que debe ser difícil para usted y sus compañeros confiar en nosotros pero de verdad queremos ayudar. Madre superiora… me gustaría que confiara en nosotros y en nuestra diosa.

-… si. –dijo ella sin dejar de mirar el suelo.

Ella guardo silencio y Mu también, siguieron caminando por las calles hasta llegar a la Santa Sede.

Al llegar ella se detuvo y miro fijamente a Mu.

-Le agradezco santo de Aries su compañía. Y no se preocupe que seguramente muy pronto aprenderemos a confiar en ustedes. –dijo ella sonriente.

Mu sonrío y con una reverencia se retiro al hotel. La Madre Superiora se dirigió a su habitación y allí quedo pensativa por un largo rato hasta que se durmió.

Cuando Mu llego al hotel un grupo de santos lo estaban esperando, Saga de géminis, Shaka de virgo y Camus de acuario.

-¿Qué paso Mu? ¿Porque te ofreciste a acompañar a la monja? –pregunto Saga.

-Me pareció lo correcto. –contesto tranquilamente Mu.

-Ella no confía en nosotros. Por mas que sea San Miguel arcángel, no nos tiene confianza. –dijo Camus.

-Creo que deberíamos ganarnos su confianza. Camus hay que comprenderla es una joven, que es la líder de los Arcángeles y en ella recae todo el peso. Como el arcángel Miguel ella debe poseer las llaves del Abismo y debe ser la única que posee la fuerza para encerrar a Lucifer otra vez. Creo que es así porque tiene muchas responsabilidades. Piénsalo con tan solo veinticuatro años es Madre superiora. –dijo Mu.

-¿Estas diciendo que debemos comprenderla? Es solo una niña consentida. –dijo Milo haciendo apareciendo desde las sombras mientras que Camus y Saga escuchaban atentamente a Mu.

-Yo creo que Mu tiene razón. Ella es tan fuerte como nuestra diosa y los demás arcángeles también. Además no sabemos nada sobre ellos, no debemos juzgarlos.

-"No juzguéis o seréis juzgados" –dijo Saga mientras sonreía. –Ella dijo eso, estoy de acuerdo con Mu y con Shaka, esperemos a mañana a ver que pasa. Imagino que mañana será un mejor día y empezaremos a tratarnos mejor. –dijo con una sonrisa.

-Lastima que sea monja porque es muy bonita. –dijo Milo con una mirada traviesa.

-¡Milo! –lo regañaron los demás santos.

-Vayamos a descansar que mañana será un largo día. –dijo Saga.

Los demás santos asintieron y se dirigieron a sus habitaciones. Atenea y los demás ya estaban durmiendo placidamente. Pero lo más difícil estaría por comenzar.

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¿Y? ¿que les parecio? ojala les haya gustado, hasta el proximo capitulo. =)