Y bueno, ya volví. Espero que les guste la siguiente parte.

Gracias Paula, como siempre . (No, no eres tú xDD)


Pequeños incidentes:

Tom y Bill entran en aquella espaciosa habitación de hotel.

Están en Italia, tal como su padre les había prometido. Habían cogido dos habitaciones, una para ellos dos y otra, continua, para su padre y su actual novia.

- Date prisa en acomodar el equipaje que quiero ir a la piscina. – Decía el mayor mientras empezaba a colocar sus sudaderas en el armario que compartirían.

- Ve tú. Tengo mucho por ordenar, podemos ir mañana también. – Dijo sentándose en una de las camas individuales de aquel cuarto.

- Vamos Bill, hace mucho que no vamos. ¡Un año entero! – Dijo sacando su bañador rojo estampado.

- ¡Uf! – Se resignó. – Pero mañana iremos a ver como es todo esto. – Contestó sacando también su azul bañador. Tom asintió.

En unos minutos bajaron a la piscina del hotel, había poca gente aun, así que lo aprovecharon.

- Vamos Bill. – Decía el de rastas ya en el agua. – ¡No está tan fría!

Bill no se decidía a entrar. – Eso lo dices tú. – Decía tiritando, cruzándose de brazos a media escalera.

- ¡Venga, o tendré que ir a buscarte!

- Vendrás a buscarme, porqué está demasiado fría. No me extraña que esté bacía. – Dijo mientras subía otra vez con intención de estirarse en su tumbona a tomar el poco sol que había a esas horas.

Tom no iba en broma así que lo cogió de la cintura y lo atrajo contra él de espaldas, que estando todo mojado hizo que Bill diera un respingo.

- ¡Tom! – Chillaba mientras intentaba liberarse.

El mayor no lo soltaba, se aferró más a él y lo llevaba cada vez a lo más profundo haciendo que su hermano siguiera chillando y tiritando. Le dio por fin la vuelta.

- Vamos, me has dicho que te bañarías conmigo. No está tan fría como para…

Pero se calló al comprobar que temblaba más violentamente y que sus labios se estaban tornando morados. No pudo apartar la vista de ahí.

- Tom, tengo mucho frío enserio. – Dijo mientras se tocaba por todas partes para darse calor. Tom aún lo tenía cogido por la cintura.

- Vamos a tomar el sol. – Decía mientras se acercaba a la escalera, Bill lo siguió, medio sonriendo.

Se sentaron los dos en sus respectivas hamacas de madera.

- Perdón. – Soltó en un pequeño murmuro el mayor, mientras miraba de reojo cómo su hermano cogía una toalla y se envolvía todo, no sin aun dejar de tiritar.

Bill solo le volvió a sonreír.

- ¿Voy a por algo de tomar? – Preguntó aun un poco nervioso.

- Vale. – Y Tom se giró en busca del bar. – ¡Eh Tom!

El susodicho se volteo a ver a su hermano. – No pasa nada, no te preocupes. – Dijo con una sonrisa en boca. – Tráeme una piña colada, anda.

Tom se quedó más tranquilo, y cuando volvió con las dos piñas coladas en mano se quedó contemplando la escena.

Bill se había puesto las gafas de sol y dejado la toalla a un lado mientras se ponía el bronceador. Salió del trance cuando su hermano levantó la mano pidiéndole su bebida.

Él se la da y se vuelve a sentar en su hamaca, quedando en un comprometido silencio.

- ¿Y que tal con esa tal Sharon? – Pregunta Bill para romper el hielo.

- Bah, sabes que no me gustaba. Solo tonteaba con ella…

- Para después tirartela. Ya se como va eso, no cal que me expliques. – Dijo frunciendo el ceño, Tom se sentía un total pervertido cuando tenían esas conversaciones. Pero con alguna se tenía que desahogar, si él no podía tener a la que más deseaba. – Algún día harás igual que yo…

- Jamás. – Contestó serio, el pelinegro.

El mayor pensó que lo mejor era cambiar de tema, hablar sobre esas cosas con su hermano le hacía sentirse culpable.

- Y bueno… ¿tú qué tal? – Preguntó el rubio.

- No cal que preguntes, si ya lo sabes. – Bill se volteó a ver la cara de su hermano que estaba fijo mirando al suelo. - ¿Algún problema Tomi?

- Nah, estoy bien. – Dijo volviendo a mirar al frente a aquella piscina, que ahora estaba algo más llena.

- ¿Te quieres bañar? – Preguntó el pelinegro.

- El agua está demasiado fría… estoy bien aquí.

- ¡Vamos anda! – Bill se levantó y le ofreció la mano a su hermano. Este la cogió algo sorprendido, y fueron de nuevo hasta el borde de la piscina.

Tom se metió de nuevo sin problemas y se quedó esperando a que su hermano hiciera lo mismo.

Bill bajaba con cuidado los escalones.

- No cal que te metas si no quieres… - Decía Tom.

Pero Bill se metió de cabeza en el agua.

- ¡Ah! ¡Tom, Dios mío que frío! – Chillaba cuando levantó cabeza.

- Jajaja, te lo dije. Ven anda. – Le empezó a frotar los hombros y los brazos para hacerle entrar en calor. – Tozudo.

- Ya estoy mejor. – Dijo eso y los dos se quedaron mirando fijamente hasta que el mayor se alejó un poco. ''Mierda, no puedo seguir así'' Se dijo a el mismo.

Bill siguió a Tom y se fueron a la parte más fonda.

- Mierda, aquí no llego. – Se quejó Tom.

- Yo sí. – Dijo orgulloso Bill. – En esto no me ganas.

- Bueno… - Dice antes de tirarse sobre la cabeza de su hermano y ahogarlo, Bill se intenta resistir y cuando lo consigue ve como su hermano se carcajea de él.

- ¡Uf! Eso no tiene gracia Tom…

- Si que la tiene. – Dice sin poder parar de reír.

Entonces el pelinegro se toma una revancha, y se tira contra el cuello de su hermano, sumergiéndose los dos bajo el agua. Forcejean los dos en broma bajo el agua, hasta que Bill empieza a toser fuertemente y suelta a Tom.

Él en cuanto lo ve lo coge y lo trae a superficie. Lo lleva nadando hasta escalera y le hace subir, pero su hermano sigue tosiendo y atragantándose.

- ¡Bill! ¡Bill, responde! – Dice mientras lo sacude. - ¿Estás bien, o llamo a alguien?

Al ver que su hermano no le respondía y seguía tosiendo optó por lo segundo. Pero no veía a ningún socorrista por ningún sitio.

Se dirigió a una mujer que estaba sentada en una hamaca leyendo una revista.

- Oiga, podría llamar a un socorrista por favor, rápido. – Y volvió corriendo al lado de su hermano que tenía la cara cubierta de lágrimas.

- Bill, Bill tranquilo. Tienes que respirar con calma. – Intentaba decirle, pero el miedo se apoderaba de él también igual que de su hermano.

Se acercó a sus labios y tal como le habían enseñado en la escuela, le hizo abrir la boca para poner la suya encima y regalarle todo su aire. Lo hizo seguidas veces mientras miraba de reojo a el pelinegro.

Justo cuando el socorrista y más gente se les iban a acercar, Bill empezó a respirar calmadamente, aunque al principio le costara bastante.

Pero Tom seguía ahí, sobre él, y las lágrimas salían también de sus oscuros ojos.

Bill acarició el paladar de su hermano con la punta de su piercing y Tom no pudo más que desorbitar monumentalmente sus ojos mientras se separaba lentamente dejándole paso al socorrista.

- ¿Estás bien chico? – Preguntó mientras se arrodillaba a la altura del pelinegro.

- Sí, fue un susto.

- Hiciste bien. – Dijo dirigiéndose a Tom, este asintió, pero no le prestaba caso a aquel hombre, solo tenía en mente lo que su gemelo acababa de hacer en aquel instante.

Los acompañaron hasta la habitación de su padre, que les preguntaba como estaban todo preocupado, también felicitó a su hijo mayor pero igualmente después los castigó sin salir de la habitación.

Pero a Tom todo eso le daba igual, no abría la boca, por lo que le acababa de hacer su propio hermano y el escalofrío que eso había causado.


Bueno lo dejo aquí por hoy n.n

Gracias a los que se molestan en leer

Y ya saben, cualquier cosa, manden REVIEW por favor.

Jess.