Disclaimer: Los personajes y las situaciones que te puedan recordar a Twilight no me pertenecen, esta inspirado bajo la obra de Sthephenie Meyer. Para ella todos los derechos, me la obra/historia/fic que es de mi autoria. Me permito un poco de diversión a costa de estos personajes.

Gracias a Ericastelo, que sin ella y sus tablas no sería lo mismo, así que ¡Gracias Eri!


Encendiendo fuego bajo la lluvia

"El fin de la esperanza es el comienzo de la muerte" Charles de Gaulle.

Capítulo I

Comienzo extraoficial.

Bella

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Me limpié las manos en mi abrigo al prepararme para salir de la clínica NewLife hacia La Bella Italia. Suspiré reconfortada, al fin habíamos terminado todos los exámenes preliminares y habían sido todos satisfactorios, por eso mismo tenía en mi bolsillo un cheque extendido por 6,000.00 dólares a mi nombre.

Las cosas iban mejorando para Charlie y para mí, finalmente.

Acomodé mi bufanda azul que combinaba con mi abrigo y empecé a caminar hacia la salida calmadamente. La recepción estaba algo más activa que la primera vez que ingresé a la clínica, en esta oportunidad había dos mujeres esperando fuera de la sala de toma de muestras y también un hombre vestido con un terno negro y lentes oscuros, justo afuera de la oficina… extraño.

De todas maneras no podía importarme menos, mientras pensaba en mi padre.

Cuando iba saliendo hacia las puertas automáticas, se escuchó como la puerta del Doctor Gerandy se abría y una pareja salía disparada de allí. En realidad, el hombre salía hecho una furia mientras que la mujer castaña y delgada se veía angustiada siguiéndolo. El hombre del terno que, al parecer los esperaba fuera de la oficina a ellos, tomó su celular apáticamente dando unas órdenes antes de seguir al hombre que se acercaba peligrosamente a la salida, donde yo estaba estática mirando la escena.

Deberían pagarme por curiosa, así Charlie tendría cama en la mejor Clínica de Chicago.

Di un pequeño y ridículo grito cuando el brazo del hombre me empujó contra una de las puertas automáticas, haciendo que cayera teatralmente.

– ¡Edward cuidado!– dijo la mujer que me sonrió condescendientemente pero sin posibilidad de detenerse de perseguir al corredor de los cien metros en traje formal.

– Me importa una mierda – respondió ya en la lejanía. ¡Qué grosero!

Las dos mujeres más la recepcionista se levantaron de sus puestos para socorrerme, pero fue el hombre de lentes oscuros que me ayudó a levantarme finalmente. Mis mejillas estaban rojas y hasta podía sentir como mis ojos se aguaban de la vergüenza.

– ¿Está bien, señorita?– Con una mano en mi codo derecho ya me tenía en pie, me sonrió algo apenado.

– Sí, lo siento.

– Perdone a el señor Cullen, creo que ha tenido un mal día.

Arreglando mis ropas y limpiándome de la suciedad inexistente, asentí restándole importancia al asunto. No era que siempre me cayera pero suponía que si el tipo tenía un hombre gigante que se disculpaba por él, es porque no era cualquier tipo.

Cullen

Me quedé sola en cosa de unos segundos, el hombre amable siguió a toda la procesión que salió de la oficina del doctor Gerandy. Clarie, la recepcionista me abrazó disculpándose de algo que ella no tenía la culpa.

Ella y yo éramos muy cercanas luego de mi inusual llegada al programa de donantes de óvulos. Incluso sabía de mis problemas, había sido una gran ayuda el poder conversar con alguien, una visión femenina de mis problemas, lo cual agradecía profundamente.

– Esos millonarios no tienen modales, mi niña – dijo mientras arreglaba mi cabello.

– Olvídalo, Clarie. Todo está bien – le aseguré mientras formulaba una sonrisa, esperaba que se viera sincera.

La verdad es que el golpe me había dolido y la vergüenza me había dejado casi sin palabras y con las ganas de desaparecer de la clínica hasta que me volvieran a llamar con la noticia de que mi óvulo fue fecundado.

¡Rayos! Escucharme hablar así, era como escuchar otra persona ajena a mí, pero estar casi tres meses yendo y viniendo de la clínica habían dejado su huella en mis pensamientos. Y lo mejor era no pensar.

Me despedí con un abrazo y un movimiento de manos hacía las otras mujeres que esperaban su turno. Miré mi reloj asustada de que quizás estaba yendo tarde tras el episodio de "Tapete Bella" para entrar al turno en el restaurante, pero no, estaba justo en tiempo para tomar el metro y llegar a tomar el lugar de Jessica.

Mientras estaba sentada, mi mente comenzó a vagar…

Charlie se mantenía estable durante estos meses. Gracias a Sue, nuestra vecina, que por buena voluntad se hacía cargo de él mientras yo trabaja. Por ella habíamos reducido la úlcera a una cicatriz. Ella era una gran mujer, trabajadora y esforzada con dos hijos que la sacaban de quicio. Sonreí al recordar la última travesura del pequeño Seth de cuatro años; había estado ayudando a cuidar a Charlie mientras Sue cocinaba el almuerzo para todos cuando, sin que nadie se percatara, tomó la crema que usábamos para lubricar la piel de mi padre y la apretó logrando que su contenido se derramara sobre mi ropa y la olla que Sue tenía en la cocina. Seth aprovechó el momento de confusión para esconderse en la habitación de Charlie.

Pobre Seth, el regaño no se lo envidio, pero le agradezco la sonrisa que colocó en mi padre durante esa tarde. Solo por eso hoy le llevaría un chocolate relleno de manjar como le gustaban. Leah, la hija adolescente de Sue, se mantenía alejada de todo y supongo que se debe a su carácter o su rebeldía adolescente. Ambos hermanos eran como dos polos opuestos, pero los quería por igual, eran como mi familia después de todo.

Entré por la puerta trasera del local justo a tiempo para marcar mi llegada y saludar a Jake que también venía al turno nocturno del restaurante conmigo. Él era chef.

Jacob Black un hombre alto y moreno que intimidaba más de lo que agradaba, era el tipo más simpático de este local. Nos acompañábamos en las horas de descanso para hablar de lo que fuera, nos habíamos hecho buenos amigos. Jake era un inmigrante italiano con sangre nativa americana por parte de padre, había nacido en Italia pero a los tres años sus padres habían vuelto a Estados Unidos. Amaba la cocina más que a nada en el mundo, por eso había estudiando "Cocina Internacional" apenas se le presentó la oportunidad y sin temor a equivocarme me atrevería a decir que era lo mejor que tenía este restaurante.

– ¡Ey, Bells! – saludó y extendió uno de sus largos brazos en mi dirección esperando que lo saludara.

– Jake – respondí, terminando de arreglar mi uniforme que consistía en una falda negra tubo y una camisa de mangas cortas blanca con encajes en los bordes, chocando mi mano derecha con la suya.

– ¿Qué te has hecho en el brazo, cara?– preguntó alarmado con su envidiable pronunciación. Nadie se daría cuenta de que era italiano, quizás por su contextura pero por su acento jamás. Jake aseguraba que su padre era nativo americano y por lo tanto él era descendiente de la tribu Quileute de su padre, decía que sangre americana corría por sus venas y por lo tanto no le era difícil mezclarse con nosotros. Sin embargo y sin que él mismo pudiera evitarlo, a veces se le salían alguna que otra palabra italiana.

Miré mi brazo ante su escrutinio, solo para revisar si había un bicho o algo, pero lo que vi me sorprendió; había un moretón del tamaño de una pelota de béisbol adornado con raspones rojos pero no sangrantes. Quedé impactada pues no me dolía tanto para lo que se veía.

– ¿Qué te pasó Bella? – insistió Jake, cuando me quedé mirando mi brazo más de lo permitido.

– Me he caído en la clínica – dije sin pensarlo mucho, arrepintiéndome al instante.

– ¿Clínica? – cuestionó colocando su mano fría en el área lastimada, se sintió bien.

– Ehm, sí. Cuando venía de camino me caí enfrente de una clínica ¡Me dio mucha vergüenza!– dije alejándome de su toque y caminando hacia la cocina.

Nadie sabía que estaba en el programa de donación de óvulos y cuando digo nadie, realmente es nadie. Ni Charlie, Ni Sue… Ni Jake. La verdad era que me avergonzaba tener que hacer esto para poder tener algo mejor para Charlie, tener que recurrir a la vía fácil de modo de no verme en la obligación de trabajar horas extras o en otro local, pero para mí el tiempo que le dedicaba a mi padre, el tiempo de sus cuidados cuando Sue estaba en su propio trabajo ese no podía delegárselo a nadie. Tendría que superarlo, ninguno se enteraría, si no se lo decía a nadie. Sólo serían óvulos y sólo yo conocería el resultado, si quisiera saberlo cuando sean fecundados. Era como dar en adopción, pero sin sufrir por el periodo de los nueve meses de embarazo. Al final sabías que ese bebé tendría un lugar donde pudieran quererlo y darle todo lo que necesitase. No tenía que alarmarme, menos ahora que tenía el dinero en mi cartera listo para utilizarlo en la mejor consulta médica de la ciudad para una revisión para Charlie y los implementos que le hiciesen falta.

Despedí a Jessica cuando entré a la antesala entre la cocina y el recibidor, mientras me dirigía a atender las mesas.

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– Bella, es tú hora de descanso – llamó el dueño del local, un hombre rechoncho con un bigote típico de esas imágenes de los chefs, mientras dejaba uno de los pedidos de la mesa tres en la cocina.

– Gracias señor Agostino – Respondí mientras me dirigía hacia las cocinas.

Había pasado la mitad del turno y estaba famélica, por lo que mi camino a las cocinas fue mucho más rápido que de costumbre y más amplia fue mi desesperación al oler el delicioso sabor que venía desde las puertas. Los Tortellini olían divino.

– ¿Hambre, eh? – Jake sonrió desde su puesto al otro lado de la gran ventana sin cristal que separaban las cocinas del comedor para el personal.

– Sí – respondí con una gran sonrisa cruzando las puertas hacia una de las mesas más cercanas a la ventana– Tengo hambre–

– Excelente, porque te aparté un plato de Tortellini con salsa de zanahoria…tu favorito –

Hice un sonido de aceptación a penas tuve el plato frente a mí. Jacob siempre me apartaba el platillo principal, según él "Lo mejor de la noche para mi mejor amiga". Un tierno gesto de su parte.

– ¿Cómo va el brazo? – preguntó mientras cortaba otra de las muchas zanahorias.

– ¿Uh? ¿Mi brazo? Pues muy bien, no me duele – miré mi brazo con recelo. La verdad ni me había acordado de él en todo el turno.

– Se ve bastante feo, aún no puedo creer que te cayeras ¿En que clínica me dijiste que fue?

Comí en silencio mientras pensaba que decirle. Tenía que tener cuidado con Jake, era un chico bastante intuitivo y algo me decía que no me creyó mucho cuando le di mi versión de los hechos.

– No te dije Jake y no me acuerdo. No miré el nombre desde el piso – mastiqué un poco enojada y seguí disfrutando el plato.

Entendía la preocupación, Jacob siempre había sido un caballero y se preocupaba por todas las personas que eran sus amigos y tenían su incondicional afecto. Especialmente con su familia que no estaba en mejor condición que la mía; su abuela estaba muy enferma y su padre vivía con ella en la reservación Quileute en el estado de Washington. Aquí vivía solo, en su departamento de dos habitaciones a unas cuadras de este restaurante.

– Ya, ya Bella donna. No te enojes.

El sonido de mi celular hizo que soltara un gemido de sorpresa y un sonrojo inundará mis mejillas. Contesté asustada haciendo que el estruendoso sonido desapareciera, además que era de una canción antiquísima, mi celular era lo último en moda… hace 10 años. Al ver el número de Clarie en la pantalla una alarma se encendió como una bombilla en mi cerebro, aclaré mi garganta y miré de reojo a Jake quien estaba entretenido vigilando una cacerola de risotto, antes de apretar el botón de contestar.

No quería que escuchara esta conversación y siguiera sospechando que andaba en algo turbio.

– ¿Diga? – respondí en un susurro dándole la espalda a todo el mundo que estuviera presente en el comedor del personal.

– Bella, soy yo Clarie.

– ¿Ha pasado algo? – pregunté preocupada, quizás mis exámenes estaban mal o me quitarían el cheque.

No podían, ya había reservado una cita al médico y tenía que pagarla para que chequearan a mi papá. Venía postergando esta revisión hace meses porque no teníamos dinero para costearla.

– No cariño, no te preocupes. Te llamaba extraoficialmente.

Me levanté de la mesa con cautela tomando el plato y dejándolo en el lavavajillas, mientras me alejaba para conversar con mayor tranquilidad.

– ¿Extraoficialmente? – estaba curiosa, Clarie nunca me había llamado para nada "extraoficial" antes. No sabía si preocuparme o alegrarme.

– Sí. Mira Bella, sé de tu mala situación económica y creo que tengo una oportunidad que no puedes rechazar.

– ¿De qué me habla, Clarie? – ¿Una oportunidad que no podía rechazar?

– No es nada que pueda hablar ahora ni menos por teléfono. Mañana ven a la clínica a la misma hora que viniste hoy para que pueda contarte más ¿Puedes querida?

– Sí, sí puedo – aseguré rápidamente, podría salir antes de casa y pedirle el favor a Sue de que cuidara a mi padre. Estaba algo extrañada pero mi curiosidad sacó lo peor de mí. Clarie era una buena persona, me había ayudado en todo lo que pasé en la clínica mientras estaba en el proceso de exámenes, no tenía motivos para dudar de ella.

– Ahí te explico querida.

– Okay.

– Nos vemos Bella, cuento contigo.

– Adiós.

Quedé mirando la pantalla azul del celular unos minutos después de haber terminado la conversación, pensado en lo qué era tan importante que tenía que decirme y que definitivamente, me ayudaría.

– – – – – – – – – – – –

– Regreso a la misma hora de siempre papá – dije acercándome a su cama y besándole su frente como siempre hacíamos al despedirnos. Su sonrisa cansada me dio la respuesta antes que su propia boca.

– Cuídate hija. Te quiero.

– Yo también papá, sé fuerte. Saldremos adelante como siempre – levanté mis manos en puños al cielo, haciendo énfasis en mis palabras y logrando también que una pequeña sonrisa se alojara en sus cansadas mejillas. Le di otro beso en su frente y me despedí de Sue con un abrazo apretado.

Salí de nuestro pequeño apartamento con el corazón en la mano, gracias a que Sue me estaba haciendo el favor de quedarse y que Charlie estaba despierto, es que aguanté las ganas de llorar hasta que estuviera fuera de su vista. Cada vez que hablábamos sobre el futuro mi padre decía que no veía como él podría llegar allí en las condiciones que estaba. Ya ni esperanzas le quedaban y eso me hacía sufrir todos los días un poco más. Charlie no se veía nada de bien y no es que yo fuera experta en el área médica ni mucho menos pero ese color grisáceo de su piel no me pintaba muy buen pronóstico. Gracias al cielo, mañana era la consulta con el médico general para hacerle el chequeo que tanto habíamos retrasado, con los 6,000 dólares estaba segura que tendríamos incluso para los exámenes y los medicamentos que hiciesen falta.

Saqué mi celular para verificar la hora, mientras hacía parar el autobús al centro de la ciudad. Estaba a tiempo para ir a la clínica y luego al restaurante.

Clarie me estaba esperando con una sonrisa, tras la mesa de la recepción. Nos saludamos y me indicó que esperara unos segundos antes de que ella tuviera todo listo para conversar. Saludé a varias mujeres que había visto antes por aquí e incluso al amable conserje que estaba haciendo su limpieza de la tarde.

De un momento a otro, la puerta se abrió de golpe y por ella entró una mujer bastante guapa haciendo repiquetear sus botines con tacones altos sobre el piso pulcro de cerámica de la clínica. Al verla acercarse a la recepción con Clarie, pude observarla mejor. Su pelo castaño estaba recogido perfectamente en un moño alto, mientras que su abrigo color gris brillante le hacía resaltar su esbelta figura, junto a sus botines marrones que hacían lucir sus piernas estilizadas cubiertas por una falda apretada de cuero. No pude evitar compararme con esta mujer. Mis jeans desgastados y mis botas planas no le hacían competencia, mucho menos mi abrigo azul que pertenecía a mi familia por generaciones.

Clarie me miró de reojo mientras conversaba con la mujer de sociedad – nadie con semejante vestimenta y joyas caras podría ser de otro estatus social– y me hizo una seña para que me acercara.

Me levanté lentamente y caminé hacia la mesa de recepción algo intimidada. La mujer giró su cuerpo para encontrarse con el mío frente a frente y ahí la reconocí, era la mujer que ayer salió corriendo tras el hombre que me botó al pasar a mi lado.

Sus ojos me inspeccionaron minuciosamente antes de que se formara una sonrisa en su perfecto rostro maquillado. Me hizo sentir extremadamente incómoda la inspección, como si fuera de esos animales en las ferias antes de ser rematados.

– Es perfecta – escuché que decía la mujer a Clarie.

¿Perfecta? Miré a Clarie interrogante y ella me respondió con otra sonrisa.

– Bella, te presento a la señorita Ángela Weber – dijo extendiendo su mano hacia ella, haciendo que Ángela estirara su mano en espera que la estrechara. Así lo hice.– Señorita Weber, ella es Isabella Swan. Es la chica de la que le hablé.

– Mucho gusto Isabella – solté su mano apenas tuve oportunidad. Hablar con extraños no era mi especialidad.– me gustaría hablar de negocios contigo, en privado.

– ¿Negocios? – cuestioné mirándola y ella que mantenía su sonrisa asintió.

– Pero no aquí ¿Me permites invitarte un café, para poder conversar?.

Saqué mi celular para mirar la hora.

– Lo siento, pensé que esto era algo rápido. Tengo que ir a mi trabajo en media hora más – ella me interrumpió apenas tomé aire para continuar.

– Media hora es suficiente para hablarte de mi proposición, podemos hablar mientras te llevó a tu trabajo – insistió alargando su mano para mirar la hora en un lujoso reloj que brillaba a la luz de las farolas de la clínica ¿Eran diamantes?

– Bella, ve. – Dijo Clarie, tomando mi codo para llamar mi atención disimuladamente– Te conviene.

– Está bien – dije movida por la curiosidad más que por el sentido común.

Ángela Weber parecía una dama de sociedad educada por las mejores academias de buenas costumbres, acostumbrada a llevar la mejor ropa y las más lujosas joyas. Parecía irrisorio que tuviera que tratar negocios con alguien como yo, partiendo por la base de que yo no tenía negocios con nadie.

Nos dirigimos hacia un auto blanco brillante estacionado al frente de las puertas de la clínica y me indicó con sus manos cubiertas por guantes de cuero marrón que subiera al asiento de copiloto mientras ella subía y se acomodaba tras el volante.

El auto tenía solo dos puertas y se veía claramente el logo de Mercedes Benz en el capó y en el centro del volante forrado en cuero. En realidad toda la tapicería era de cuero, suave y acolchado que encajaba perfectamente con tu cuerpo al ocupar tu lugar en el asiento. Ángela me indicó que me colocara el cinturón de seguridad mientras ella encendía el contacto y ponía en marcha el automóvil.

– ¿Te importaría si coloco algo de música? – cuestionó mientras que estiraba una mano hacía el panel de comando del IPod que recién notaba que estaba conectado. Negué y por las bocinas empezó a tocar suavemente una canción que me gustaba mucho, por suerte, el viaje se podría haber tornado en un momento mucho más difícil e incómodo de lo que ya era.

– Señorita Weber…

– Llámame Ángela, tutéame – me interrumpió. Al parecer era su costumbre.

– Bien, Ángela. Sinceramente no te conozco y no se que quieres de mí ¿Podríamos conversarlo ahora, por favor?–

– Por supuesto, me presento. Mi nombre es Ángela Weber, soy contadora de CEE Petroleum Inc. Próximamente seré Ángela Cullen, pues estoy felizmente comprometida con Edward Cullen – terminó con una sonrisa triunfal en su rostro. No logré entender porque me contaba su vida amorosa pero no tenía porque quejarme tampoco, si quería ventilar esa parte de su vida, pues que lo haga. Además ni idea quien era Edward Cullen.

– He estado visitando la clínica con mi prometido estas últimas semanas… – se detuvo en esa frase tragando lentamente y parpadeando repetidamente.– Verás, queremos tener hijos y estábamos buscando una fecundación In Vitro para llevarla a cabo, el doctor nos aseguró que el tratamiento no es 100% seguro y es probable que gastemos tiempo y dinero en algo sin resultados. Por supuesto el dinero no es problema para nosotros.

– Entiendo – dije aún confundida del porqué me contaba eso y cómo yo entraba en la ecuación.

– No, la verdad es que no entiendes ¿Verdad? – me miró con una sonrisa en su rostro haciéndolo lucir un tanto radiante y un tanto aterrador.

Pronto Ángela Weber estacionó su lujoso automóvil cerca del restaurante donde trabajaba, miré disimuladamente el reloj brillante del panel del automóvil y me sorprendí a ver que solo habían pasado 10 minutos desde que habíamos salido de NewLife.

– Nuestro problema es el tiempo, queremos tener un hijo y pronto.

– ¿Y con la fecundación no es posible?

– No conmigo, tengo un problema en mi útero – aseguró con un tono iracundo acariciando su vientre.– Te lo diré sin más rodeos Isabella, necesito contratar una madre subrogada.

¿Eh? ¿De qué me estaba hablando esta mujer? ¿Madre subrogada? Pronto las palabras de Clarie el primer día que entré al programa de donación me golpearon. Ángela me estaba pidiendo que me embarazara por fecundación In Vitro y que luego entregara el bebé a ella y su pareja cuando este naciera.

– Tengo todo listo con los abogados para el contrato de gestación y los médicos preparados a mi primer llamado telefónico para iniciar el proceso. Esto será un beneficio para ambas partes Isabella, se te recompensará de manera generosa, estoy dispuesta a pagarte el doble de lo estipulado por ley si aceptas. Además de cancelar todas las cuentas ginecológicas, las vitaminas prenatales, la comida especial e incluso la ropa de maternidad que quisieras usar.

Mi mirada se posó en la suya incrédula, incluso creía tener mi boca abierta ante la descripción tan detallada que me hizo de los beneficios que involucraría. Beneficios para mí.

– Debo… debo pensarlo – dije con voz estrangulada. La verdad era que ni siquiera sabía el porqué había dado esa respuesta.

Su boca se frunció ante las palabras que salieron de mi boca.

Sentía que una pequeña capa de sudor se alojaba en mi frente y deseé con todas mis fuerzas tener el valor de salir de ese automóvil y olvidar por siempre esta conversación.

Alquilar mi vientre no estaba dentro de mis planes, ni mucho menos por todo el dinero –que no sabía cuanto era lo que estipulado la ley– me creía capaz de aceptar. Sentir crecer, moverse a una criatura que estaría contigo por nueve meses, compartiendo una conexión especial, no era algo que se hacía a la ligera solo por dinero o porque una persona extraña viniera y te pidiera hacerlo.

– Clarie me habló de tu triste situación, de tu padre enfermo y sus cuidados – una ira insospechada se empezó a alojar en mis manos cuando habló de mi "triste situación", reemplazando por completo a la incertidumbre que me embargaba segundos atrás – Con este dinero, por este favor podrás darle cabida en la mejor clínica de atención a postrados del estado. Me encargaría personalmente de eso, pagaría tus cuentas.

Tomé la manilla de la puerta y me preparé para salir del auto. Por lo menos estaba bien informada de mi vida, tanto que la menospreciaba ¿Creía que porque necesita dinero para mi padre aceptaría como si nada su petición?Él estaba enfermo no muerto y no lo estaría si yo pudiera evitarlo ¡Maldita sea!

– Isabella, por favor. Lo necesito – rogó haciéndome girar y enfrentarla.– Piénsalo, toma – me entregó una tarjeta con su nombre, un número de teléfono y un email.– Llámame cuando te decidas, por favor.

Sin una palabra más de mi parte bajé de su Mercedes Benz y me encaminé sin mirar atrás hacia la Bella Italia.

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Nota del autor: Hola! Subí antes este capítulo porque no podré hacerlo después, espero les haya gustado. Ángela y Bella se han conocido y ha tenido un encuentro extraño con el prometido de la contadora ¿Eh? ¿Cómo encuentran a Ángela? No hay mucho misterio en lo que sigue ¿O sí?

Me cuentan que les pareció ¿Okay? Igual creo que soy un poco dedos locos y avanzo muy rápido, espero controlarme..Eri me ayuda con eso. Gracias por sus comentarios y trato de contestarlos todos en la medida que me alcance el tiempo, gracias por darse el tiempo de leer y comentar.

Actualizaciones los viernes.

Extras en el blog, lo estaré subiendo.

Abrazos~ Enichepi