El invierno era generalmente odioso

El invierno era generalmente odioso. Los jueves, al salir de la clase doble de pociones, se le congelaban las puntas del pelo. Y aunque para James Potter era encantador verla acercando los mechones al fuego, intentando no quemarlos en el proceso, para Lily era un engorro.

Pero el Invierno tiene algo maravilloso.

La Navidad.

Y a Lillian Evans le encantaba la Navidad. Y por mas que James se repitiera que acosarla no era buena solución. El día de Nochebuena Lily se despertó acariciada por los pétalos de una preciosa rosa amarilla. Pero ella se repitió durante toda la mañana que aquello era un sueño, que allí no había nadie, y que las rosas no se comportan asi solas.

Al mediodía comenzó a pensar en las posibilidades de que alguien hubiera hechizado la flor.

Pero a la tarde, cuando vio aparecer a la cabeza de James Potter por un pasillo, supo que aquello no era magia, por lo menos, no mas de la que tiene una capa de invisibilidad.

Pero no le gustó nada, saberlo. Porque ahora sabe que James Potter, de alguna manera se cuela en su cuarto. Y también en sus sueños. Y eso no le gusta nada. Porque Lily Evans odia al capullo de James Potter.

-Lily, esto, bueno, mejor es que lo veas tu misma. Aquí tienes tu regalo. Hasta luego.

Y se marcha. No le pide un noviazgo apasionado, ni un matrimonio lleno de hijos. Simplemente le entrega un pergamino y se marcha.

"Querida Lily.

Se que muchas veces me has recriminado que no te llame por tu apellido, como correspondería a dos simples compañeros de curso, y a dos personas que te odian.

Pese a que yo no te odio, he decidido que tienes razon, asi que con esta carta, espero que entiendas, que muy a mi pesar, vas a empezar a ser Evans, aunque sepas que en el fondo te seguiré llamando Lily.

No se me ocurría otro regalo mejor que decirte que por fin te vas a librar del pesado de Potter. Aun asi, espero que como ultima muestra de cariño, aceptes las flores que están en tu cuarto, y no me las devuelvas.

Un saludo.

James Potter."

Al acabar de leer el pergamino, Lily no pudo evitar que unas lágrimas corrieran por su rostro. A santo de que se tenía que volver James un caballero justo ahora.

En los casi 4 meses que llevaba en el colegio, le había visto comportarse de una manera totalmente adecuada, ya no hacia magia por los pasillos, ni levantaba a Severus por los aires, y no sabia si le gustaba mas asi, o cuando tenia un castigo pendiente a cada hora, pero los ignoraba para irse con su ultima conquista, tras jurarle a Lily amor eterno.

Mas bien es cierto, todas aquellas noches que sus compañeras le mencionaban el dicho "Del amor al odio hay un paso" Y ella ya no sabía si aquel paso seguía existiendo en su corazón.

Si embargo, y aunque solo fuera por comprobar, si aquel era James Potter, o se lo habían cambiado, subió a su cuarto y tomó el ya acostumbrado ramo de flores. "Camelias..." Pensó Lily, recordando el paseo desde Hosmeade hasta Hogwarts, cierto día de Otoño.

Lejos de pensar que se estaba volviendo loca, tomo el ramo entre sus brazos y bajo corriendo hacia el campo de Quidditch, donde sabia, o por lo menos esperaba, que estuviese James Potter. No sabía bien que tenia que hacer, ¿Devolvérselo o agradecérselo? Era un detalle muy bonito, y últimamente estaba siendo encantador, pero no era el. Estaba como reprimido, casi le prefería con sus bromas, revolviéndose el pelo a cada segundo, eludiendo algún castigo para ir corriendo a Hosmeade a ligar con la señorita Rosmerta.

Sin embargo, al llegar al campo de Quidditch, se encontró a James rodeado de su horda de admiradoras, las cuales, lejos de utilizar alcohol para limpiar sus heridas, preferían, acribillarle a expresiones tipo "Jamesin, cuchicú de mi vidaaa"

¿Cómo pudo pensar que James había cambiado?

Ni siquiera la imagen de James corriendo tras ella pudo amainar su llanto.