Una vez dentro de la tienda Anna comenzó a curiosear todo, no era su primera vez en el callejón Diagon, pero si en la tienda de Ollivanders. El lugar tenía un aura tenebrosa, Anna de acercó al mostrador con cautela con Elsa siguiéndola detrás.
-Sr. Ollivanders.- dijeron las hermanas al unísono.
Del mostrador 'salto' un señor ya grande con barba y cabello despeinados.
Miró a Elsa y después a Anna.
-Nunca olvidó las varitas que vendo.- mencionó el adulto.- La de su hermana por ejemplo.
Extendió la mano para que Elsa le entregara su varita.
Ella lo hizo más por cortesía que por confianza.
Una vez en sus manos la acerco a su rostro.
-Madera de Acacia, núcleo de cabello de cola de Thestral. Uno muy raro Elsa, sólo dos varitas lo poseen y una está en tus manos. Se pueden esperar grandes cosas de ti.
Elsa enrojeció ante tal comentario, una cosa era que sus padres lo dijeran ¿Pero un extraño?
-27 centímetros de largo y no muy flexible.- continuó el señor Ollivanders.-Una De las mejores obras que han existido.
Se la entregó de vuelta, a continuación desvío su vista hacia Anna.
-Pequeña Arendelle ¿Que varita desea?
-Una que tenga...
La risa del anciano la cortó.
-Olvide mencionarlo, la varita es la que escoge al mago.
Del mostrador saco varios modelos.
Anna las miro.
-¿Qué espera? Pruebe una.
Anna se dispuso a tomar la primera de la fila, estaba a dos de tocarla cuando una extraña luz llamó su atención.
La quinta varita de la fila parecía vibrar, miro a su hermana y ella al parecer no notaba lo que pasaba, volteó la vista hacia Ollivanders y este sólo le sonrió.
-Hay gente que asegura que la varita se comunican para ser elegidas.
Anna tomó esa varita y una extraña electricidad recorrió todo su cuerpo.
-Eureka.- el anciano le sonrió.
-Pero que suerte Anna.- dijo Elsa.- Papá y yo tardamos cuatro horas en hallar la mia.
Justo en ese momento su padre atravesó la puerta.
-Ministro.- Ollivanders inclinó la cabeza.
-¡Papá ya tengo mi varita!- exclamó Anna corriendo con su padre para mostrarla.
-¿Tan rápido?- dijo su padre y la miró divertido.- Elsa tardó casi cuatro horas en conseguir la suya.
-Eso mismo le dije.-opino la mayor acercándose a su familia.
-¿Y cómo es?- preguntó su padre.
En respuesta Anna levantó los hombros y Elsa miró a Ollivanders.
-La de su hija es un modelo "especial", la obtuve al ganar una apuesta con un Norteamericano.
-Genial. - dijo en voz apenas audible Anna.
-Su núcleo es de pelo de gato wampus, madera de manzano, treinta centímetros de largo y flexible.
-Asombroso.- susurró Elsa a su hermana.
La menor asintió con satisfacción.
Después de pagar continuaron con su camino.
-¿Falta mucho?- pregunto Anna impaciente. - Quiero usar mi varita ya.- Saltaba de emoción.
Elsa y su padre sólo rieron.
-Todavía no compramos tu lechuza.- le recordó Elsa.
-Podemos compartir una.
-Por supuesto que no Anna, créeme amarás tener una propia. Además que tal si se le confunden las cartas, no quiero que te llegue mi correspondencia.
-Que privada.- mencionó su padre en tono de juego.- ¿A quien le mandas cartas que son tan confidenciales?
Anna río mientras Elsa rodeó los ojos.
-De seguro a Jack.- mencionó Anna en tono burlón.
-¿Quien?- su padre la miró levantando una ceja.
-Nadie importante.- dijo Elsa tratando de restarle importancia, mientras un pequeño sonrojo se apoderaba de sus mejillas
-¡Es un amigo de Elsa que sabe leer mentes papi!
-Anna él no leyó tu mente.
-Si lo hizo.
-No.
-¡Si!
-No.
-¡Siiiiiii!
-Anna ya basta.
-Es que si lo hizo.
-Querida los magos no podemos leer mentes.- le dijo su padre.
-¿Ah no?
Él negó con la cabeza.
-Liendres.- susurro Anna y dirigió su vista al suelo con la mirada apagada.
Su padre se agachó para quedar a su altura. - Vayamos por esa lechuza ¿O prefieres un gato?
Los ojos de Anna se iluminaron
-¡Un gatito! ¿Oiste Elsa? Puedo tené mi propio gatito.
-Nada es mejor que una lechuza.- opino su hermana en tono soñador.
Y así los tres se encaminaron a la tienda de animales mágicos.
