Capitulo 2. Una muy confundida Gwen.
Alarmados por la expresión furiosa en el rostro pálido del chico, la gente del pueblo se apartaba a toda prisa del camino de Merlín cuando este huía hábilmente del castillo. Estaba devastado por la noticia de la próxima boda de Arthur por lo cual no prestó atención por donde caminaba hasta que chocó con una muy confundida Gwen.
—¿Merlín?— trató de confirmar, no podía creer que fuera él. —¡Has vuelto!— exclamó jubilosa a la vez que lo abrazaba con fuerza.
El abrazo no le fue de vuelto. Al darse cuenta de la falta de respuesta por parte del chico, se apartó y lo miró con sus ojos color chocolate.
—¿Qué sucede?— preguntó Gwen.
—Felicidades— dijo Merlín forzando su voz para que sonara natural. —Espero que serán muy felices juntos.
—No entiendo— dijo Gwen confundida. —¿Feliz con quién? ¿De que estas hablando?
—Por favor Gwen, no pretendas no saber— replicó Merlín. —Escuche a los caballeros hablando de eso. Quizás incluso venga a verlos y visitarlos por la boda.
—¿Boda? ¿Quién se casa?— preguntó Gwen.
—No tienes que mentir para proteger mis sentimientos Gwen— dijo Merlín, mientras desviaba su mirada hacia el camino. —Soy capaz de soportar la verdad. Siempre supe que llegaría el día en que Arthur se tendría que casar.
—¿Arthur se casará?— preguntó Gwen asombrada. —Eso no puede ser verdad. Estuve con él antes y me estaba diciendo lo mucho que esta esperándote incluso estaba pensando en irte a visitar a Ealdor con la esperanza de que cambiaras de opinión y le dieras otra oportunidad.
—Bien, si eso dijo él, ¿Entonces por qué va a casarse contigo?— replicó Merlín.
—¿Conmigo?— preguntó Gwen mientras abría sus ojos sorprendida, antes de sujetarse la cabeza y caer al suelo desmayada.
—¿Gwen?— le llamó Merlín, en su voz había un ligero tono de pánico, se agacho hasta quedar junto a la chica. Le dio una ligera palmada en el rostro con la esperanza de que despertara. Segundos después abrió los ojos. —¿Estás bien? ¿Cuántos dedos tengo?.
Merlín tenía frente a su rostro tres dedos, pero para Gwen que todo era borroso, le pareció como si tuviera doce.
—Te llevare con Gaius— dijo Merlín cuando escuchó que lanzaba un gemido de dolor.
El joven brujo aseguró su bolsa a su hombro antes de levantar a Gwen en sus brazos de la misma manera que levantan a las novias y la llevaba hacia los aposentos del medico.
—¡Merlín!— exclamó Gaius mientras accidentalmente derribaba una pila de libros.
—Hola Gaius— le saludó cortésmente Merlín, antes de colocar a Gwen en el diván. —Gwen se desmayó y pensé primero en asegurarme que esta bien.
—Estoy bien— replicó la chica mientras hacia el intento de ponerse de pie.
—Nunca esta de más, déjame revisarte— dijo Gaius forzándola a sentarse nuevamente y poder checarla. —Te ves bien por el momento. ¿Qué causo este desmayo en primer lugar?
—Merlín me dijo algo que escuchó, un rumor ridículo sobre que Arthur y yo nos casaremos— respondió Gwen sonando aun confundida por todo ese embrollo.
—¡Oh, felicitaciones!— le dijo Gaius con una sonrisa.
—No es cierto Gaius— respondió inmediatamente Gwen. —Yo no me voy a casar con Arthur.
—¿Entonces, con quien te vas a casar entonces?— Gaius preguntó de manera amistosamente.
—No me voy a casar con nadie— dijo rápidamente.
—¿Entonces con quien se casa Arthur?— cuestionó Gaius frunciendo el ceño en señal de confusión.
—Gwen al parecer— dijo Merlín sin poder ocultar el dolor en su voz.
—Pero creí que habías dicho que no te casabas con Arthur— dijo Gaius mirando a Gwen.
—¡Que no lo hare!— respondió ella sonando ya molesta y desesperada.
—¿Entonces, quién se va a casar con quien?— preguntó Gaius, rascándose la cabeza.
—Nadie se va a casar con nadie— dijo Morgana desde el marco de la puerta. —Hola Merlín— le saludó sin parecer sorprendida de verlo ahí. —Uther me preguntó porque Arthur estaba tan deprimido últimamente. Yo le dije que tenía mal de amores. Entonces él fue a hablar con Arthur y Gwen estaba ahí cuando llegó a su habitación. Uther sacó la conclusión de que Gwen era la persona de quien Arthur estaba enamorado, por lo cual le dio su consentimiento para casarse con ella; de ahí supongo que un caballero escuchó la noticia y corrió la voz.
—Espera, ¿Entonces Arthur no se casará con Gwen?— preguntó Merlín.
—Por supuesto que no— dijeron las chicas al mismo tiempo.
—¡Oh!, bien… eso es bueno— murmuró Merlín débilmente.
—Supongo que si estas aquí, es porque te vas a quedar— dijo Morgana a la vez que señalaba su costal.
—Solo será por un día o dos— respondió rápidamente Merlín. —Solo vine a visitar. ¿Está todo bien contigo Gaius?
Tu sabes que siempre serás bienvenido aquí Merlín— le dijo el viejo medico con una sonrisa. —La próxima vez que decidas solo irte y dejarme, sería bueno que al menos me dijeras adiós.
—De acuerdo. Lo siento Gaius— se disculpó tímidamente Merlín.
—¿Cuando verás a Arthur?— preguntó Gwen.
—No creo que lo haga— respondió. —Le será más fácil si él no sabe que estoy aquí.
—¡Oh Merlín! ¡No puedes hacerle esto!— se opuso inmediatamente Morgana. —Eso no es justo tanto para él como para ti y lo sabes. Ha sido tan infeliz sin ti, lo menos que puedes hacer es hablar con él.
—¿Me estoy perdiendo de algo?— preguntó Gaius a los jóvenes, sintiéndose fuera de la platica.
Es una larga y corta historia a la vez; Merlín y Arthur están enamorados uno del otro. —explicó Morgana, los ojos del medico se agrandaron cómicamente. —Pero ambos son tan orgullosos y obstinados que no quieren darle una oportunidad a su relación.
—¿Merlín y Arthur enamorados?— repitió Gaius en estado de shock. —¿Entonces por qué Arthur se iba a casar con Gwen?
Los tres adolescentes suspiraron frustrados antes de que Morgana explicara una vez más que lo del matrimonio fue un malentendido.
Una vez que Merlín había acomodado sus cosas en su antiguo cuarto, regresó a la habitación principal y se sentó en la mesa.
—Tienes que ir a ver a Arthur— le dijo Morgana.
—No puedo— respondió en un susurro Merlín.
—Bien—dijo Morgana mientras caminaba hacia la puerta. —Creo que voy a enviarlo a verte aquí.
—¿Qué?, ¡No, Morgana por favor!— le rogó Merlín levantándose de un salto.
—O me das tu promesa de que irás a verlo o lo mando acá— dijo resuelta Morgana.
De pronto Merlín entendió porque Arthur encontraba a esa hermosa mujer tan exasperante. Dejando escapar un gemido de angustia, asintió con la cabeza en señal de derrota antes de hundirse en la silla.
—Está bien iré a verlo. —dijo
—Perfecto— dijo sonriente Morgana— Vámonos Gwen.
Las dos chicas se fueron y Merlín por un momento se preguntó si Gaius no conocería algún hechizo para ellas, nada serio, solo algo que hiciera que se les cayera un poco el cabello.
—No— le dijo Gaius de manera autoritaria, como si hubiese leído la mente del joven brujo. —No debes hacerles lo que estas pensando.
—¿Cuál es el provecho de le magia sino puede usarse para una pequeña venganza personal y diversión?— cuestionó Merlín.
—Tu don no es un juguete Merlín. —le sermoneó. —Por otro lado, Morgana tiene razón. Debes ir y ver a Arthur; asumo que por eso Hunith te envió de regreso.
—Así es— Merlín aceptó.—Pero ¿de que serviría? Incluso si… incluso si aun me ama… no hay manera de que podamos estar juntos, se que no la hay. Uther nunca permitiría tal cosa. El darle el consentimiento para casarse con Gwen es una cosa, pero darle permiso para tener por pareja a un hombre y luego brujo, es algo que jamás permitirá.
—Uther no sabe que eres mago— apuntó Gaius
—Sin embargo no puede dejar de notar que soy un hombre— respondió Merlín. —Seamos realista, nunca voy a poder estar de esta manera con Arthur, no de la manera que yo quiero.
—Quizás no— Gaius estuvo de acuerdo tristemente. —Pero nunca sabrás si te quedas sentado ahí, sino que tienes que levantarte y pelear por tu amor.
—Pelear por mi amor, podría causarme la muerte— le dijo Merlín. —Me gusta mi cabeza donde esta, así que muchas gracias. No quiero que me la corten.
—Si le suplicas bien, quizás el Rey pueda mandarte a quemar— bromeó Gaius.
—No se que hacer Gaius— confesó Merlín. —Tal vez debería regresar a Ealdor ahora mismo.
—Si te atreves a hacer tal cosa, Morgana iría por ti y te traería de nuevo pateando y gritando. —le dijo Gaius.
Merlín palideció visiblemente ante tal pensamiento, era exactamente lo que Morgana haría. En realidad no tenía elección. Si intentaba huir una Morgana furiosa lo perseguiría. Si continuaba negándose a ir a verlo, Morgana le diría al príncipe Arthur que él estaba ahí y por supuesto este vendría a verlo. Su única opción era que el mismo fuese con Arthur por voluntad propia, aunque esa idea le aterraba, aunque jamás tanto como sería enfrentar a la ira de Morgana.
—Voy a ir a verle mañana— dijo en voz alta Merlín, decidido. — Una buena noche de descanso puede ayudarme a estar preparado para saber que decirle. Creo que me bañaré primero.
Se movió por la habitación, apresurándose a llenar la tina para poder lavarse y quitarse toda la suciedad de trabajar en los campos desde que regreso de Ealdor. Una vez que se secó, se fue al dormitorio y empezó a pasearse de un lado a otro, mientras trataba de ensayar que le diría a Arthur al día siguiente.
Cuando llegó la noche se acostó a dormir y aun Merlín no tenía idea de lo que iba a decirle. Supuso que tendría que improvisar, sin duda haría el ridículo en el proceso. Sin embargo si tenía suerte, el mundo podría acabarse antes del amanecer.
Sin embargo, la mala suerte quiso que Merlín despertase y descubriera que Camelot aun estaba de pie y el mundo no se había acabado. Gimiendo frustrado, salió de la cama y rebuscó entre sus pertenencias antes de sacar sus mejores ropas, no había razón para no verse bien, después de todo.
Amarró su pañuelo alrededor de su cuello antes de salir de su dormitorio para encontrar a Gaius sentado frente a la mesa con el desayuno. Merlín se sentó con su mentor y desayunó lentamente durante unos minutos. Después se las arregló para tragarse prácticamente de un bocado, no podía soportar más la espera.
—Solo relájate Merlín— le aconsejó Gaius. —Arthur estará feliz de verte.
Merlín asintió en silencio sin realmente prestar atención a nada de lo que dijo el médico. En realidad estaba comenzando a pensar en huir, el ser perseguido por Morgana no era tan mala idea.
El joven brujo, prolongó lo más posible de tiempo lo inevitable, pero Gaius lo obligo a salir de su casa. Caminó tan lentamente como pudo, Merlín se dio paso al castillo, hacia las habitaciones de Arthur. A medida que subía las escaleras que conducía a los aposentos del príncipe pensó seriamente en caerse, quizás cuando cayera encontraría su muerte, pero con su suerte estaba seguro que Morgana podría de alguna manera contactar a su espíritu y gritarle porque había hecho tal cosa.
Sus piernas temblaban mientras caminaba por los pasillos y sentía que su estomago continuada dando vueltas desde que salió de la casa de Gaius. En cuanto a su valentía parecía haberse quedado en algún lugar de Ealdor, tal vez debería regresar sin ver a Arthur.
Con la boca seca y su corazón latiendo violentamente, Merlín se detuvo delante de la puerta ya familiar del cuarto de Arthur. Se quedó inmóvil por un largo tiempo mirando los dibujos de la madera.
Al otro lado, en la habitación Arhur detuvo su ejercicio de esgrimir su espada en el aire enfrentando un enemigo invisible. Por razones desconocidas su corazón comenzó a latir rápidamente y una sensación de cosquilleo le recorrió toda la columna. En silencio colocó su espada en el piso y se acercó a la puerta de su dormitorio.
El príncipe comenzó a respirar rápidamente mientras levantaba su mano y la colocaba contra la superficie de madera de la puerta, sin saber que Merlín realizaba sus mismas acciones como un reflejo del otro lado.
Cuando los chicos colocaron sus manos sobre la puerta dejaron escapar una exclamación asombrada, mientras su corazón regresaba su latir a la velocidad normal. Al mismo tiempo colocaron las palmas de sus manos contra la madera.
Una sensación de calor se extendió tanto al príncipe como al brujo antes de esparcirse por el resto de sus cuerpos. Un poco después, tanto Merlín como Arthur colocaron su frente contra la puerta.
Nervioso, Merlín quito las manos de la puerta y dio un paso atrás sintiendo un escalofrío recorrerlo enteramente.
Merlín levanto su puño dispuesto a tocar la puerta ante de perder su sangre fría y dejar caer su mano sin fuerza a su costado.
En el interior de sus aposentos, Arthur miró la manija esperando que girara y diera el paso para que alguien entrara, pero al mismo tiempo no podía esperar nada en absoluto. Después de unos cuantos minutos el rubio le dio la espalda a la puerta y caminó hacia su ventana abierta.
Escucho el inconfundible sonido de la puerta que se abría, aún así el príncipe no giró la cabeza. Merlín cerró suavemente la puerta detrás de el y caminó despacio a través de la estancia hasta colocarse a las espaldas del otro chico. Envolvió con sus brazos la cintura del rubio y apoyo la barbilla en el hombro de este.
—Hola Arthur— Saludó.
Continuará…
Arima chan
