MAGO

Inicio, voluntad, habilidad…

-Hoy llega al Santuario Quiron y su pupilo, dicen que está muy adelantado solo espero que no tenga el mismo mal genio que su maestro.-

-Jajaja que malo eres Akbar, tiene ya tiempo que no sé nada de él, salvo por sus escuetas cartas.- Contesto con una mirada triste Eneo, caballero de Acuario a su compañero, el caballero de Virgo.

-¿Se siguieron comunicando entonces?.-

-Algunas veces…-

-Por cierto… ¿Como está Camus? Ayer pense por un momento que no resistiría tu aire congelado, lo hizo aunque después salió despedido.-

-Esta muy bien, es un buen alumno, muy dedicado aunque me gustaría que no se tomara todo tan a la tremenda.-

Una voz gritando a todo pulmón les sacó de la apacible plática, la figura de un hombre alto, musculoso, de piel de bronce se acercaba llevaba arrastras a un chico mas bajo que él pero visiblemente más joven, el mismo color de piel y los ojos verdes similares…

-Es la última vez Aioria que quiero enterarme que haz ido a hacer líos al pueblo… te juro que te echaré…-

-¡No hice líos!.-

-Hola Aioros.- Contestó amistoso Akbar.

-¿Otra vez se dio a la fuga?.- Pregunto Eneo al borde de la carcajada.

-Si, otra vez… y ahora márchate al templo… mejor aún márchate a entrenar…- Ordenó furioso Aioros a su hermano que al sentirse libre del apretón en su muñeca se marchó sobándose.

-¿Por qué estás tan ofuscado? Seguro que no es por Aioria ¿verdad?.-

-No Akbar no es solo por él, he vuelto a pelear con Saga, cada vez es más insoportable, no me gustan sus escenas de celos, nos llevábamos muy bien como amigos, pero… no sé… -

-¿A caso esto tendrá que ver con el guardián de la décima casa?.- Interrogó Eneo.

-Eneo, no lo acoses, déjalo estar..-

-…No me gusta que Saga se comporte así, hay algo que no me cuadra, algunas veces está bien y vuelve a ser el de antes, cariñoso y amable pero luego… es como si fuera dos personas distintas, Saga el buen amigo y el amoroso y Saga el que se violenta y se vuelve loco de celos… estoy desvariando no me hagan caso.- Los ojos del centauro parecían preocupados a pesar de que lo ocultó tras una sonrisa… realmente preocupado por que su corazón empezaba a inclinarse hacía el dueño del templo de Capricornio.

Desembarcaron en el antiguo muelle, solo unas cuantas horas había durado el viaje, pero las suficientes para que Milo pensara e imaginara el nuevo giro que daba su vida. Estaba muy ilusionado pero también muy asustado, las arteras palabras de Quirón no le habían llenado de confianza. Había pasado gran parte del trayecto en la borda, sentado en una vieja banca de madera, había observado desde que empezaron a partir la isla, su isla y no quitó la vista hasta que no fue más que un punto en el horizonte. Según palabras de Quiron dejaba atrás ahora si sus últimos recuerdos y lazos familiares, si es que los había tenido, pues no lograba recordar gran cosa por más que rebuscara en sus recuerdos.

-Trae tus cosas.- Ordenó secamente Quiron cuando al fin encontró a Milo sentado en aquel lugar solitario. –Anda muévete que ya hemos llegado.-

-Ahora voy.- Se levantó sin ganas de hacerlo y fue por su vieja maleta.

Ambos salieron del barco con sus pertenencias, parecía muy grande aquel pueblo para los jóvenes ojos de Milo pronto se encontró observando enlelado de un lado a otro.

-A este paso no llegaremos nunca, ¿No puedes apurarte? ¿Te gusta? Por ahora observa bien todo por que no tendrás muchas oportunidades de andar haciendo al vago por aquí.-

Eso ya lo veremos. Pensó para sí Milo, total, las noches eran largas, ya encontraría la manera de fugarse por la noche y visitar el lugar, se preguntaba si el resto de caballeros serían igual de serios como su maestro, tenía entendido que había algunos caballeros con sus discípulos así que seguro encontraba con quien escapar.

A regañadientes obedeció y fue a paso veloz tras su maestro, pronto había perdido el esplendor el lugar pues se hallaban caminando por una zona árida y solitaria, estaba completamente deshabitada y en su mayoría el camino subía haciendo aún más duro su ascenso, el sol les hería los ojos. Tomaron caminos terregosos y ocultos, aunque gastados, era notorio que muchos o unos cuantos caminaban por ahí, todos aquellos que vivían en el Santuario de los cuales el mundo no sabía nada, salvo la gente del pueblo que había escuchado rumores de hombres muy especiales que vivían en el exilio más allá de donde la vista alcanzaba.

-¿Ya te cansaste?.- Preguntó con un toque de burla el joven maestro a su discípulo que iba unos metros atrás de él.

-No pero pesa la maleta.-

-Falta poco.- Comentó en un tono que se antojaba de consuelo pero que no llegaba a serlo, en efecto tras unos minutos llegaron a una especie de poblado mucho más pequeño, las casas eran muy austeras y en su mayoría pequeñas cabañas.

-Aquí se encuentran los caballeros de más bajo rango así que si pensabas escapar te será imposible sin que te vean.-

-¿Qué es eso?.- Interrogó señalando un grupo de cabañas de mejor aspecto y protegidas.

-Es el campamento de las kòres, algo que como bien sabes te esta prohibido, a ti y a cualquier varón.-

Siguieron andando topándose con el coliseo que dejaba escapar el ruido de la multitud que seguramente observaba un combate.

Milo observaba asombrado, había bastante gente a pesar de que antes se preguntaba si realmente viviría alguien ahí, le costaba trabajo seguirle el paso a Quiron y varias veces tuvo que correr tras él. Cuando pensaba que su asombro llegaba a su fin dieron con una explanada que por sí sola no daba mucho de sí, lo que le seguía fue lo que le dejó sin aliento, las escaleras que llevaban al templo de Aries, la primera casa del zodiaco y seguido de este los demás templos ascendiendo en orden hasta coronar las escarpadas construcciones en el gran templo del Patriarca. El joven griego siguió andando atontado y se disponía a subir por las escaleras cuando Quiron le detuvo por el hombro haciendo que casi cayera de espaldas.

-Escúchame atentamente Milo, de ahora en adelante tu lugar estará aquí, vivirás conmigo en el templo del Escorpión celeste, desde luego en una habitación adecuada a tu rango hasta que la armadura dorada sea tuya y tomes posesión del templo, seguirás siendo mi discípulo hasta que yo considere que puedes ser un digno portador… - Los ojos de Milo se entrecerraron en un gesto de desafío, como odiaba que lo hiciese menos. – Como bien sabes aquí al igual que tú están los discípulos de otros caballeros dorados, no por ello significa que tengas que mezclarte con ellos y yo te aconsejaría que mientras menos contacto tengas con ellos mejor, la vida de un caballero es así, solitaria, salvo en algunos casos, no quiero peleas ni quejas, nada de escaparse para andar de parranda, recuerda que estas bajo entrenamiento, no de vacaciones, compórtate con dignidad… ya sabes a que me refiero.- Dijo cortante el caballero de Escorpión.

-No, no sé a que te refieres.-

-Vamos Milo, no te hagas tonto, me refiero al tipo de cosas que solías hacer en la isla, andar en busca de mujeres o de hombres, no sé y tampoco me interesa, aquí no es un burdel de carretera, no puedes andar de cama en cama por que además de que es deshonroso para un caballero me enteraré y te arrancaré el miembro, ¿Entendiste?.-

-Si… entendí…- Comentó en voz baja y algo azorado por lo que le había dicho, ¿Así que siempre supo de sus correrías en la isla?, eso le hizo sentirse espiado y sucio, Quiron siempre lograba hacerle sentir culpable de su propia naturaleza.

En un parpadeo habían llegado hasta la cámara del Patriarca, Quiron estaba con la rodilla en el suelo al igual que él, era impresionante lo que podía mirar de reojo hasta que el hombre que era el regente del Santuario ocupó su lugar en la silla.

-Quiron, tanto tiempo lejos del Santuario y veo que has traído contigo a tu alumno.- La voz llana del Patriarca resonaba por todos los recovecos de la estancia, se notaba la autoridad y la sabiduría de años, no le gustaría estar delante de aquel hombre disgustado.

-Su excelencia lo he entrenado largos años y al recibir su llamado lo he traído conmigo para continuar con su entrenamiento aquí en el Santuario.-

-Me pregunto si será digno de ser el guardián de Escorpión, parece muy frágil y a juzgar por su cabello tan bien cuidado tengo mis severas dudas, aquí jovencito no tendrás tiempo de acicalarte ni será necesario, estarás al servicio de Atena y te dirgiras con respeto ante todos aquellos de mayor rango que tú, no quiero que tengas problemas con los demás aprendices y espero una conducta decorosa de tu parte, Quiron procura que lo entienda.-

Milo se quedó de una pieza, ni su propio maestro se había dirigido tan cruel a él, nunca le había hecho sentir como una basura, justo como lo hacía ahora aquel hombre, sus mejillas enrojecieron de la pena y del coraje.

-Lo entenderá, yo me encargaré de ello.-

-¿Ya lleva la marca?.-

-No aún no, esperaba poder hacerlo aquí en el Santuario, para él sería más apremiante, en mi humilde opinión.-

¿De que demonios hablan? ¿Qué marca? Pensó en silencio el joven de los ojos turquesa.

-Bien, tu mejor que nadie conoces a tú pupilo.-

Unas cuantas indicaciones y estuvieron libres del rostro severo de aquel hombre que no parecía más mayor que Quiron, le habían llamado la atención los puntos violáceos en donde debería de haber cejas, pero carecía de estas.

Quirón inmediatamente notó el desagrado de Milo y trató de apaciguarlo.

-No tendrás que cortar tu cabello, muchos aquí lo llevan largo, solo cuida de que no sea motivo de una reprimenda.-

-Nunca he dedicado más tiempo a mi cabello que a mi entrenamiento ¡Es ridículo!.-

-Shion es muy duro pero es un buen hombre, guarda el coraje para el entrenamiento que te espera mañana, es probable que entrenes junto a los demás aprendices y no quiero verte quedar en ridículo ante nadie.-

-No lo haré… ¿De que marca hablaban?.-

-Ya la has visto Milo, en mi cuerpo… el tatuaje en mi espalda, el escorpión.-

Se quedó en completo silencio, se le hacía una crueldad marcar la piel del cuerpo, de por sí odiaba tener una cicatriz por más pequeña que esta fuera, siempre había pensado que la piel era algo especial, era el único vestido que llevaban desde el nacimiento hasta la muerte motivo de más para conservar el cuerpo intacto, dejo escapar un suspiro mientras seguía a Quiron hasta el comedor, por esta vez le permitiría estar presente junto con el resto de caballeros dorados a manera de recibimiento, de ahí en adelante debía permanecer en el comedor de los aprendices. Sin duda las sorpresas iban a ser el común denominador de su vida a partir de ahora.