Inmoral.
Capítulo 2.
Ella ha salido de la habitación dejándome solo para que pueda cambiarme en paz. Enfundándome en los malditos pantalones que Bulma ha preparado para la dichosa fiesta, me coloqué las medias y los zapatos negros. Con mis brazos deslizándose en la camisa negra, abotoné uno a uno los botones y la acomodé sobre mi torso.
Con casimir negra en mano, encapsulé mi antiguo vestuario y entonces sí que salí volando por la ventana de la habitación que horas antes había sido usada por nosotros.
Volé y en pocos minutos ya me encontraba en los patios de Corporación Capsule, el lugar estaba desolado así que con paso decidido fui a la cámara de gravedad, dentro me senté a esperar que alguien viniera en mi búsqueda o que Bulma hablara por el intercomunicador.
¡Toc! ¡Toc!
-Sh, la maldita sabandija de Kakaroto – siseé cuando supe que la persona que estaba al otro lado de la compuerta era él. Lo hice esperar un poco pero cuando me gritó que sabía que estaba dentro, obligatoriamente tuve que cederle la entrada.
-Sabía que estabas aquí – dijo con esa sonrisa que siempre carga en la cara.
-¿Dónde más iba a estar? – dije con acidez, cruzándome de brazos fui directo al centro de mandos.
-De hecho, yo sí que quisiera quedarme aquí para entrenar, pero ya sabes, Milk y Bulma nos matarían si lo hiciéramos.
-Hm.
-¿Vegeta?
-¿Qué quieres, Kakaroto? – pregunté.
-¿Te parece si entrenamos un poco? Digo, la fiesta aún no comienza realmente, las personas apenas sí están llegando.
-De acuerdo – le dije dándole mi espalda. – Calibraré el sistema gravitacional.
-Sí – contestó con todo el entusiasmo en su voz.
Después de un ligero entrenamiento con Kakaroto, él salió primero argumentando que la terrícola ruidosa que tenía por esposa lo estaba llamando al celular para preguntarle en dónde estaba.
Acomodándome de nueva cuenta el casimir sobre los hombros yo también salí con rumbo al evento. No me tomó mucho tiempo en divisar la mesa que me correspondería, allí estaban todos sentados, y ella.
Estaba sentada de espaldas a mí, con su largo cabello negro suelto y esparcido por debajo de la cintura. Giró en mi dirección y nuestras miradas se encontraron brevemente, pero enseguida ella la apartó.
-Más vale que la comida sea buena – solté sentándome en mi sitio.
-Agh – murmuró Bulma a mi lado, pero ni siquiera atención le tomé a lo que haya dicho después. - ¿Dónde está Kakaroto? – inquirí al no verlo allí, y eso que él se me había adelantado. La terrícola de su esposa me informó que había ido al baño, pero él no tardó en aparecer para saludar a su nieta, para saludar a Pan.
Tomé una copa de vino que estaba allí, y recuerdos de nuestro último encuentro vinieron a mi mente.
"Un color vino es difícil de olvidar, me encanta el vino"
"Vaya que te encanta"
-¿Vegeta? ¿Me estás oyendo?
-¿Ah? – pregunté totalmente desorientado. - ¿Qué quieres, Bulma? – le dije a la que ha sido mi esposa por tantos años.
-He estado hablando contigo y tú no me estabas escuchando ¿Qué demonios te pasa? ¿Eh? – preguntó con el cejo fruncido sobre su frente.
-Nada.
-Agh. Siempre es lo mismo, nada – murmuró ella, estaba molesta, pero yo solo bebí otro trago de mi vino afrutado.
Todos en la mesa hablaban animadamente acerca de la celebración. Casi sin que pudiera evitarlo mis ojos enfocaron a la pareja que tenía en frente. Trunks estaba diciéndole algo a su esposa, y ella solo le contestaba calmada, aburrida, si alguien me lo preguntara. No sé qué fue lo que le dijo Trunks, pero ella solo le dio una media sonrisa.
Mis ojos continuaron enfocándolos cuando un periodista les pidió que posaran para la cámara fotográfica. Al principio parecía que Pan no quería, pero Trunks la convenció, así, en menos de un minuto, él pasó su mano por la cintura de la que era su esposa, aquella niñata, nieta de Kakaroto.
Después de unos cuantos minutos de charla y una firma con el periodista. Este se marchó de allí, reverenciando ante todos nosotros, solo Goten fue capaz de jugarle una broma a Pan, quien solo sonrió.
-¿Pan? – la llamé, y juro que podía oír su corazón a todo galope. Después de acordar que todos- A excepción de Goten y Trunks – iríamos al entrenamiento, concentré mi atención en la celebración por el aniversario de vida, por así decirlo, de C.C.
El tiempo pasó, las personas seguían llegando una a una, la razón, el dichoso evento, empezaría realmente a las nueve de la noche.
Bulma nos citó antes, como la familia, dueña de C.C éramos los anfitriones, así que esa era la razón para no haberme quedado más tiempo con aquella muchacha de ojos negros que tenía justo en mi frente.
Ella no atinaba a darme una mirada, yo diría que esta situación la estaba intimidando en extremo, pero cómo la impredecible mujer que es, de vez en cuando, sus ojos, ahora con un aspecto salvaje, producto del maquillaje, se encontraban con los míos y me retenía la mirada, me desafiaba a que yo también la bajara, como ella lo hacía, pero conmigo no podría.
Después de darme una ligera mirada - un tanto cohibida- sus dedos se enlazaron con los de Trunks. Se dijeron algo y ella le sonrió. La dichosa fiesta por fin empezó y todos en la mesa estaban por demás alegres, hasta el inútil de Kakaroto estaba empezando a ponerse ebrio, por el vino que se sirvió apenas sí se sentó.
Fue un tanto cómico el ver al tarado un tanto mareado, con las mejillas y la nariz rojas producto de los efectos del alcohol.
Después del banquete que nos otorgaron, las personas empezaron a aglutinarse en el centro de la pista. Había llegado la hora del baile.
Todos y cada uno de los terrícolas estuvieron allí, todos con sus respectivas parejas. Y ellos no pudieron faltar.
-Presidente de Corporación Cápsula, por favor ¿Sería tan amable de iniciar el vals? - habló el maestro de ceremonias enfundado en un traje de pingüino, con todo el tono de diversión en su voz.
- Por favor, Sr. Briefs. Concédanos el honor. - bromeó el hombre y una luz se enfocó en ellos. Trunks solo asintió con la cabeza, y tomando la mano de la que era su esposa, se embarcó al centro de la recepción.
La música comenzó a sonar y ellos ya estaban dando vueltas. Y como no podía faltar, murmullos se escuchaban por todo el salón. De seguro eran sobre esos dos. Comentarios positivos o negativos, no importaba, la cuestión era, que los ojos de los presentes estaban en ellos.
Con una mano en la cintura de su esposa, y la otra sosteniendo su mano, Trunks y Pan eran la pareja ideal.
Una lluvia de luces resplandecientes no tardó en aparecer. Los periodistas parecían enloquecidos tratando de tomar una digna fotografía de ellos.
-Hacen una bella pareja - lanzó el comentario la esposa de Kakaroto.
-Vaya que sí, Milk - sumó Bulma - Se ven muy bien juntos. Solo basta con mirarlos para saber que ese par se ama.
Dándole otro sorbo a mi copa de vino, no entendía cómo demonios todos podían ser tan ciegos.
Hm. La pareja ideal.
Pero luego de unos minutos de reflexión me quedó muy en claro que quizá sí que tendrían algo de disculpa para su estupidez.
-Vegeta, vamos a bailar - ofertó Bulma, pero enseguida se retractó al ver mi expresión. - Que aburrido eres. Cambia ya ese genio. - murmuró entre dientes.
No quería tener una pelea, así que le dije que iríamos luego. Cosa que ella aceptó.
Retornando mi vista hacia la parejita modelo, veo que otras personas se les han unido. Una pareja delante de ellos impide mi visión, pero enseguida se alejan y me dejan verla.
Enfundada en un vestido negro que le queda malditamente de infarto, ella da vueltas en la pista, sus largas piernas envueltas en medias nailon de igual color que el vestido, hacen que ese conjunto de ropa, dé una bella visión, y apuesto mi alma a que otros están pensando lo mismo que yo, justo en este momento.
-Quién diría que esos dos terminarían así ¿No creen? – bromeó el niñato de Goten.
-Son Goten - regañó la madre del niñato. - Guarda silencio.
- Solo digo la verdad, mamá. Fue una sorpresa para todos – se excusó.
- Vaya que sí Goten, pero como ya ves, el tiempo pasa demasiado rápido y es increíble que ya tengan seis años de casados – dijo mi esposa.
-Sí, increíble - soltó el niñato. - solo me pregunto ¿Cuándo tendrán hijos? – comentó un tanto pensativo. – Ya es hora.
-Goten - volvió a regañar la madre del mocoso. - Eso a ti no te incumbe. Cierra la boca y deja de ser tan entrometido, que tú ni te has casado.
-De hecho, Goten tiene razón, Milk. - comentó Bulma - Quisiera tener nietos pero... Bueno, es cosa de ellos – soltó con la mano sobre la barbilla y un aire pensativo. - ¿Videl? ¿Pan no te ha dicho algo al respecto? Es decir ¿Si planea quedar embarazada?
- Ah, no – contestó brevemente la esposa de Gohan. - Lo siento Bulma pero según lo que Pan me dijo es que se estaban cuidando y que por el momento tanto Trunks como ella no quieren tocar el tema.
- Que muchachos - suspiró la abuela de Pan, negando de lado a lado – No quería darle la razón a Goten, pero creo que ya es tiempo.
Un silencio incómodo se instaló en la mesa, no era para menos.
El tocar el tema del porqué Pan no quedaba embarazada, y ese par no tenían hijos, estaba colocado allí para que surgieran todo tipo de especulaciones, entre ellas, la más rara, y provino de la abuela de Pan, fue que quizá ella era estéril, quizá ella debería someterse a algún tratamiento o algo por el estilo para lograr embarazarse.
A todos les resultaba extraño que ese matrimonio se encaminaba a siete años de estar juntos y ni un solo hijo podían concebir.
Un mocoso en el vientre, de eso se trataba todo.
- Madre... - empezó Videl con una mano tamboriteando sobre la mesa.
-Dime Videl ¿Pan te ha dicho algo?
– Bueno, lo que Pan me dijo fue que ellos llegaron a un acuerdo mutuo, Trunks por el momento no tiene interés en acrecentar la familia y por otro lado, Pan está más concentrada en el éxito que han tenido todos sus libros. Es más, la editorial le ha dado dos millones de dólares como anticipo por el nuevo libro que se publicará a finales de este año.
- Esa es mi sobrina - declaró orgulloso la copia menor de Kakaroto. - Sí que hace millones por montones ¿No es así? – dijo con la misma sonrisa heredada de su padre. - Trunks sí que tiene suerte, Pan se hizo rica por cuenta propia.
-E-f-e-c-t-i-v-a-m-e-n-t-e, Goten - habló Kakaroto ya en un estado de ebriedad y prácticamente arrastrando las palabras.
Patético.
- Pan no me había dicho nada de eso - soltó Bulma. – Hablamos un poco acerca de eso, la anterior semana en el centro comercial, fue cuando pasamos por el centro comercial y nos quedamos mirando unos cuneros en la vitrina de la tienda. Se lo pregunté, pero… bueno, ella no me dijo nada al respecto, así como tampoco me dijo de los dos millones que la editorial le dio.
-Ah, fue reciente, Bulma – Contestó Videl. - Se lo dieron el martes.
"¿Y esa sonrisa?"
"Ah, día de paga."
Recuerdo que se lo pregunté. Vaya, no me dijo que le había ido tan bien.
- Sí, eso fue lo que me dijo, las ganancias por ventas ya le llegarán luego. Me siento muy orgullosa y feliz de ella, aunque por ahora... - por alguna razón, Videl pausó.- estoy un poco preocupada.
Eso sí que llamó mi atención
¿Esta mujer sabe algo?
Fingiendo que no prestaba atención a la plática de mujeres, enfoqué mi vista en las parejas danzantes, y allí estaba Pan con mi hijo, bailaban desplazándose elegantemente.
-¿Y eso, Videl? - se adelantó Milk, tomando la mano de su nuera. - ¿Algo malo?
- Bueno... – empezó la morena de ojos azules.
- ¿Es sobre Pan? – inquirió mi esposa con el cejo fruncido.
-Oh, no. – contestó la morena. Solo entonces mi compostura retornó, aunque no creo que nadie haya notado que contuve la respiración. - Para nada. Es acerca de mi padre.
-¿Sigue enfermo? – preguntó Bra, quien por alguna razón, todavía seguía con nosotros. Quizá estaba interesada en el chisme que las mujeres allí estaban compartiendo.
-El médico dice que le queda muy poco – confirmó Videl.
-Lo lamentamos mucho, Videl. – tomando su mano, mi esposa le dio consuelo. – En verdad, lo siento mucho.
- Gracias, Bulma. Aunque créeme que estoy resignada, mi padre... ha vivido mucho más tiempo del que hubiésemos creído e... hicimos todo cuanto pudimos en cuanto a tratamientos existan para prolongar su vida, pero inevitablemente ahora él tendrá que dejarnos.
-Videl... – siseó Bra y fue una de las primeras en levantarse de su asiento para ir a darle un abrazo.
Las mujeres de la mesa, también le dieron apoyo a Videl mientras nosotros estábamos solo de espectadores. Kakaroto se estaba meneando de lado a lado mientras todavía estaba sentado en el sillón, parecía uno de esos muñecos inflables, que las concesionarias o las heladerías colocaban a la entrada.
-Solo nos queda resignación – dijo Videl con la mirada sobre sus manos entrelazadas debajo de la mesa.
"Hoy no podré ir, será otro día."
Así que era eso. Mr. Satán estaba muriendo, era innegable - aunque era un papanatas – decir que no era importante. Debo admitir muy a mi pesar que sí nos había ayudado en una que otra ocasión.
Eso sí que habría que reconocérselo, sabía cuál era el momento oportuno para aparecer y saber tomar todo el crédito por las batallas.
- Eso fue alucinante, Pan.
- No fue para tanto, Trunks.- comentó ella a medida que se nos acercaban a la mesa.
-¿Se divirtieron? – preguntó Milk.
-Sí, y es que Pan es muy buena bailando – comentó Trunks ya con el celular en la mano.
-Ah… diablos – siseó mirando la pantalla. – Pan ¿Hablamos un minuto?
Al parecer ella ya sabía de lo que se trataba y solo asintió.
Trunks acercó su boca y le susurró algo al oído y Pan solo rodó los ojos. Fui el único en verlo, todos los demás estaban demasiado entretenidos en la conversación con Videl.
Trunks depósito un beso en la mejilla de su esposa y se alejó de nuestra mesa. Con la mirada baja y mordiéndose los labios ella se sentó en su sitio.
-¿Y Trunks? - le inquirió su tío, cuando ella tomó la copa de vino para refrescarse. .
-Negocios - contestó ella elevando los hombros, restándole importancia al asunto. - Regresará en un momento.
Pasó una hora y el imbécil que tenía por hijo, no apareció.
Todos los demás salieron a la pista, el bullicio era increíble, apenas sí había retornado a mi sitio en aquella mesa y ella seguía allí sentada con una botella de vino a medio beber y una copa de frente ya vacía.
Al parecer, llevaba una hora sin moverse de allí. Con normalidad me acerqué a la mesa para colocar mis manos en el respaldo de la silla vacía, colocada lateralmente a ella.
-¿Aún no regresa? - le pregunté y ella con una media sonrisa en la cara denegó.
- Ah, disculpen. Buenas noches, Sra. Briefs ¿Me permitiría un baile con usted? - preguntó un ricitos de oro, extendiendo su mano para invitarla.
-Ah – dejando su bolso de mano sobre la mesa, ella se levantó a saludar al hombre de mediana edad. - Sr. Timborton. Yo... creo que tendré que…
Dándole mi mirada de que debería ir, ella aceptó la propuesta y se dirigió a bailar.
-…Que decirle que será un placer bailar con el jefe de marketing – le sonrió amablemente.
-El honor es todo mío, Sra. Briefs. Ah… - dándome una mirada, el rubio reverenció y tomándola de la mano, salió con ella a la pista.
No sé qué le decía, pero el caso era que ella se estaba divirtiendo, o al menos eso parecía, en fin, no estaba sola allí, Bra en compañía de Goten estaban cerca de ellos, y de cuando en cuando, el intercambio de parejas se dio.
Una hora más tarde, el inútil de mi hijo apareció.
-¿Y Pan? - preguntó tratando de encontrarla en la multitud.
-¿Quién crees que soy? ¿Tu asistente? ¿Eh? - pregunté con acidez.
Eres el maldito amante de tu nuera.
Recriminó mi subconsciente.
-Papá... - empezó un tanto extrañado por mi comentario, frunció el cejo un poco y me miró cómo si yo fuera un puñetero que se encabronaba con una simple pregunta, pero yo ya tenía suficiente.
- Maldita sea, Trunks - regañé con los dientes casi pegados y mirándole a los ojos. - Es tu esposa, no tu maldita amiga o novia. Es tu jodida esposa y te portas como si ella no importara nada. Dos horas, Trunks. Dos jodidas horas, y recién te apareces.
- Papá... Yo... – intentó excusarse con las cejas levantadas.
-Espero que no sea lo que estoy pensando, Trunks – le solté.
- De ninguna manera - respondió muy firme y un tanto ofendido. – Nada de eso, papá.
- Entonces de una puñetera vez, Trunks. Compórtate como un hombre.
-Papá… - Empezó. - quiero que sepas que… fueron negocios, no es nada de lo que te estés imaginando.
El silencio que se formó después fue un tanto incómodo para ambos, lo oí suspirar un tanto cansino, sé que no le agradó para nada el que yo me metiera en su relación de casados, pues solo les correspondía a ellos dos.
¿A quién engañas?
Inquirió mi subconsciente.
Te estás acostando con la esposa de tu hijo.
Volvió a recriminarme.
Trunks se sirvió una copa de vino, del mismo que antes ella tomó y entonces con la copa en mano, giró en dirección a dónde ella estaba bailando.
No le tomó ni la más mínima importancia al asunto que ella estuviera sin él, y aun así ella se estaba divirtiendo a lo grande.
Cuando ella retornó a ver a nuestra mesa, sus ojos se dirigieron a Trunks, y este como una especie de retribución a su tardanza, levantó la copa en su dirección. Ella solo denegó con una sonrisa en la cara, con las mejillas un tanto coloradas y el cerquillo en su frente.
-¿Papá? - me llamó Trunks.
-¿Qué quieres, Trunks?
-Te preguntaba si querías vino. Tu copa está vacía – dijo con botella en mano.
-Sí – apenas sí contesté. Trunks tenía la intención de verter media copa, pero yo afirmé que la quería llena. Disfrutando el vino, que hacía cosquillas en mi paladar con su suave aroma me perdí en mis recuerdos.
Desde que estamos juntos han pasado cinco meses, y desde la primera vez que nos besamos, ya un año.
Un año.
Justo hoy.
Nadie ni en sus más locos sueños, pensaría que lo que ella y yo tenemos es algo más que la relación que habitualmente un suegro con su nuera debería tener. Sé que es enfermiza la idea de compartir cama con la que se supone debería ser mi hija – por así decirlo – adoptada.
Era enfermo y morboso de nuestra parte, el solo hecho de que nos tratáramos como eso y les estuviéramos viendo la cara a todos.
"Hola, padre"
Decía acompañada de una reverencia, pero en la intimidad de la habitación, siseaba mi nombre, y cómo el infierno, eso solía erizarme la piel. El hacerla temblar de deseo por mí era desquiciantemente adictivo.
Casi son cinco meses, a decir verdad, desde que nuestros encuentros se tornaron en fusiones carnales, dónde siempre espero la llamada de ella, o ella de mí, para encontrarnos en un lugar discreto, siendo ella una figura pública, todo se vuelve sofocantemente riesgoso, tanto que hasta es excitante el pensar que puedan atraparnos.
"¿No tuviste problemas para venir, Pan?"
"No, ninguno"
¿Quién se lo va a preguntar de todos modos?
El hombre que tengo por hijo, casi pasa más tiempo en la oficina que en su propia casa.
-Eso fue muy divertido – dice mi hija acercándose para servirse un vaso con agua helada y cubos de hielo.
-Sí, te dije que el Sr. Potts te caería muy bien – sonríe Pan en la dirección de Bra. – Menos mal llegas – le lanzó a Trunks. Estaba molesta y él lo notó.
-Lo siento, nena, pero todo se complicó un poco – se disculpó él.
-Oh, mejor yo desaparezco de aquí – dijo Bra. Sabiendo a ciencia cierta que el enojo de Pan tenía justificación.
-Nena…
- Hablaremos luego, Trunks. – sentenció ella, y yo solo pude sonreír sin que ellos se dieran cuenta. Esa mujer tenía más pantalones que mi propio hijo.
-Como digas.
-Luego, Trunks – dijo Pan cuando comprendió que él era el que estaba más molesto de los dos. – Este no es el lugar ni el momento. – sirviéndose un vaso de agua con hielo, ella retornó a bailar, pero esta vez, en compañía de su tío.
"Hoy solo entrenaremos"
Me dijo hace dos semanas, cuando fue nuestro penúltimo encuentro. Su energía estaba alterada, terminó lanzándome contra el suelo, y logró partirme el labio. No paró hasta que yo no pudiese ver una de sus patadas, la cual inevitablemente me rompió una costilla. Sí que estaba molesta ese día.
"No quiero hablar del asunto"
Sentenció cuando recogió sus cosas y salió de la cámara de gravedad, dejándome con un hueso roto, ni siquiera retornó a verme al final del entrenamiento y desde entonces, la volví a ver hoy, y fue porque al igual que siempre: Trunks le canceló. De nuevo, como tantas otras veces.
No esperaba que ella me dijera lo que esta noche después de la fiesta, le reclamaría a Trunks, ya que suele guardarse, o mejor dicho, con frecuencia guardamos todo lo que pasamos con nuestras parejas.
Porque esos momentos son solo de los dos, y al diablo el resto.
Son solo para poder fundirnos, solo para sentirnos, porque cada encuentro es jodidamente bueno, es un buen polvo que siempre disfrutamos, y que ya había extrañado.
-¿Papá?
-¿Qué? – respondí.
-Creo que tienes razón, tengo que entrenar, también iré mañana.
