El techo blanco de su habitación fue lo primero que vio cuando sus ojos violáceos se abrieron de par en par. Se fue incorporando poco a poco en su cama, notando como el sudor le caía por la frente; otra vez había tenido pesadillas.
Briëlle se levantó de la cama, se llevó las manos a la cadera mientras de sus labios salió un suspiro desolador y tras unos segundos estática, se dirigió a a darse una ducha para despertarse completamente.
Lista por fin, se despidió de su familiar y salió de su habitación con rumbo a la cantina a desayunar.
- Bri! - una voz dulce pronunció la más abreviada versión de su nombre desde el final del pasillo. Ella se quedó quieta a que la brownie la alcanzase.
- Hoola Ykhar.
- ¿Vas a a desayunar? – Briëlle asintió – ¿Te importa que vaya contigo?
- Nunca me ha molestado tu compañía, y hoy no será una excepción – la pelirroja sonrió y acompañó su camino con una amena conversación.
Allí, en la cantina, no había mucha gente todavía debido a la temprana hora pero eso no significaba que la cocina no estuviese abierta. Al estar poca gente allí, tardaron poco tiempo en ser atendidas y servidas. Desayunaron plácidamente en silencio hasta que Yhkar decidió romperlo.
- ¿Sigues teniendo pesadillas?
Asintió mientras le daba un sorbo a su café.
- ¿Me vas a contar sobre que tratan?
Negó con la cabeza mientras le daba otro sorbo al café.
- Oh, venga ya – respondió algo irritada.
- Es que son desagradables, no quiero asustarte con ellas.
- ¿Te crees que voy a asustarme por una pesadilla? - respondió con orgullo – me subestimas, amiga mía - Venga, ahora cuenta.
Briëlle resopló con desgana – Al principio, el sueño es normal. Veo, a través de una ventana, un pueblo encantador, de edificios de diseño sencillo pero elegante , rodeado de una vegetación exuberante y un río cristalino muy cerca de allí. Hay gente haciendo su vida allí, tranquila y pacíficamente.
- ¿Aparece alguien conocido en tu sueño? - preguntó la brownie.
- No – respondió rotundamente – No logro ver ni las caras, ni las razas ni nada. Solo se distinguen siluetas femeninas, masculinas o siluetas de ancianos y niños – prosiguió – De pronto, las plantas empiezan a pudrirse con una velocidad alarmante, el río se tiñe de sangre, el cielo se vuelve gris y de la nada, se ven en él unos destellos de luces rojas y verdes muy intensos, como el de una aurora. La gente comienza a ser masacrada. – hizo una pequeña pausa y tragó saliva – Da igual su edad, todos caen muertos.
Y yo me quedo inmóvil, sin hacer nada. De repente, unas siluetas abren la puerta de la casa en la que estoy y me dicen que les acompañe, que tenemos que ponernos a salvo. Huimos rápidamente del lugar y veo, cada vez más lejos, como un montón de hombres destruyen y queman las pertenencias de esa pobre gente y los matan sin compasión.
La joven miró a su amiga, cuya semblante mostraba mucha preocupación.
– Los asaltantes del pueblo de tus pesadillas ¿tampoco los distinguías?
- A algunos sí - Muchos iban vestidos con la misma ropa que las del hombre enmascarado que me sacó de la celda. Lo último que se escucha, entre los gritos y el derrumbamiento de los edificios, es a algunos de esos hombres gritando "Tenebris in lux". Después de eso, me despierto.
Volvió a mirar a su acompañante, que esta vez estaba pálida.
- Yhkar ¿te encuentras bien?
- Sí...yo...
Una voz la interrumpió.
- Pero bueno, Briëlle ¿qué le has hecho a la pobre Ykhar? - volteó para mirar a la persona que se encontraba detrás de ella – Está toda pálida ¿le has contado alguna tontería sobre tu mundo?
- Está así porque te ha visto la cara – respondió mordaz.
El elfo esbozó una socarrona sonrisa – ¿Intentas herir mis sentimientos? Buen intento.
- Ya, mi fallo es que suelo olvidar que tu no tienes, Ezarel.
Ykhar no pudo evitar sonreír ante la escena que estaban montado esos dos.
- Eres realmente encantadora por las mañanas.
- Lo sé.
- Estaba siendo sarcástico.
- Lo sé. Y un cretino también – respondió sonriendo
Ezarel también esbozó una sonrisa para luego ponerse serio – Bueno, me encantaría quedarme a charlar sobre ropa mientras bebéis té pero a lo contrario que vosotras, yo tengo cosas importantes que hacer. Y lo que se me hace raro es que tu estés aquí, y además tan relajada.
- ¿A qué te refieres? - una de sus orejas de conejo bajó un poco
– Ya lo descubrirás - Ezarel volvió a sonreír, esta vez con malicia – Adiós.
El elfo dio media vuelta y se fue, mientras las chicas vieron como se alejaba de ellas.
- Ykhar – la brownie miró a su amiga – Ahora en serio ¿estás bien?
- Sí, tranquila. Es que tu pesadilla es... chocante.
- Te lo dije.
- No, me dijiste que era desagradable.
- Bah, lo que sea – giró la cabeza para otro lado como una niña pequeña, su amiga sonrió. - Oye, si no te importa, voy a dar una vuelta por el cuartel a ver si hay algo que hacer. Sabes que odio estar de brazos cruzados – dijo mientras se levantaba de la mesa.
- Espera, te acompaño.
Después de separarse de su amiga, Ykhar se dirigió a la biblioteca rápidamente. Estaba tan distraída pensando en sus cosas que llegó a chocarse con otros miembros por el pasillo; cuando se quiso dar cuenta comprobó que los pasillos estaban muy concurridos, y lo peor que no se había dado cuenta hasta ahora.
Divisó a Keroshane nada más entrar en la biblioteca.
- Kero
- Oh – levantó su mirada del libro que tenía en sus manos – Buenos días Yhkar – dijo con una sonrisa.
- Oye ¿por qué hay tanto movimiento por los pasillos? - dijo mientras se acercaba a una de las estanterías – Todo el mundo parece agitado.
- Ah, eso. Verás, Miiko nos ha avisado de que mañana tendremos una visita muy especial y quiere que todo esté bien, como la preparación de la habitación para nuestro invitado.
- ¿Quién es el invitado?
- Ni idea – respondió serio
- ¿No sabéis quién es?
- Yo no, pero Miiko y Leiftan sí. Al parecer son los únicos que han mantenido contacto con esa persona, aunque me llama la atención tanto secreto.
- Cierto – siguió mirando por las estanterías – Personalmente, me pondré a trabajar en cuanto resuelva una duda.
Keroshane asintió y volvió al trabajo mientras Ykhar, ansiosa rebuscaba y rebuscaba por la gran cantidad de libros de la biblioteca, deseando que, entre toda esa información, hallar algo que le pudiera ayudar a contrastar datos, pero a su vez hacerle formular más dudas sobre las pesadillas de su compañera.
