1.2

Esa chica.

No se había arrepentido de caer a la celebración de cumpleaños de el que era su mejor amigo desde hacía casi veinte años, a pesar de que usualmente los eventos sociales lo ponían de mal humor. No se había arrepentido, a pesar de las constantes bromas que Bankotsu le había hecho sobre ese otro idiota que estaba obsesionado con él. No se había arrepentido ni siquiera cuando el estúpido de Koga se puso a contar sus trilladas historias que divertían a casi todos -menos a él. Y tampoco se había arrepentido cuando Sango, la única en la reunión que le había dirigido la palabra a él directamente, dejó de prestarle atención para ponerse a hablar con su amiga.

Pero ahora que casi todos se habían ido, quedando solo el cumpleañero, su novia y él, empezaba a cuestionarse qué tan buena idea era haber asistido.
Y es que, además de ellos tres, esa chica seguía allí. En un primer momento, cuando recién había aparecido en la sala, detrás de Sango, él sintió que la conocía de algún lado. Pero estaba seguro de que jamás había conocido a nadie con una esencia tan jodidamente intoxicante. Luego de observarla por un largo rato, se había dado cuenta de que en efecto nunca la había visto y de que, si había creído por algún momento que la conocía, era simplemente porque era casi idéntica a Kikyo. Incómodo. De cualquier forma, enseguida se dio cuenta de que esa apreciación no era del todo correcta: esa chica, por muy parecida a Kikyo que pudiese verse, era totalmente opuesta. Gesticulaba demasiado al hablar y su rostro era tan expresivo y transparente... También era más pequeña físicamente y él no dudaba de que seguramente también lo fuese de edad. Además, parecía bastante más naïve que Kikyo. Y no había dudas de que hablaba muchísimo más que ella también, aunque solo había conversado con Sango. Y con el idiota de Koga que, al parecer, le coqueteó. O, al menos, lo intentó hasta que la chica lo rechazó con más cordialidad de la que el imbécil merecía. No entendió bien por qué, pero el hecho de que el lobo idiota se le haya insinuado le molestó muchísimo. Tampoco entendió su desmesurado alivio cuando la chica lo rechazó. O, mejor aún, cuando el idiota se fue. ¿Por qué Miroku era amigo suyo, de cualquier modo?

Había estado sumido en sus pensamientos, escuchando las voces de los tres que quedaban, sin prestar atención a lo que hablaban, hasta que la atención se dirigió directamente a él.

"Entonces... ¿volviste a Tokyo?" la voz de su amigo lo hizo volver a la realidad. Miroku nunca perdía la costumbre de guardarse las preguntas personales para los ambientes más íntimos. Inuyasha se lo agradecía en secreto.

"Sí, llegué ayer."